Me di cuenta de cuánto daño hacía el alcohol hasta después de haberlo dejado
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Me di cuenta de cuánto daño hacía el alcohol hasta después de haberlo dejado

Tal vez hacen falta fotos de hígados cirróticos en las botellas de ginebra.
20.1.18

Hace dos semanas, a la perfectísima hora de las 4:20 AM, me terminé mi última botella de gin. Ojalá la última de mi vida.

El consumo excesivo de alcohol ha sido un problema crónico para mí. El año pasado, estaba gastando una cantidad obscena de dinero en alcohol —entre 100 y 250 pesos por día, dependiendo de dónde y qué estaba tomando— y mis esfuerzos por perder peso estaban siendo seriamente socavados por la cantidad de calorías vacías que estaba tomando. Además, despertar crudo la mayoría de los días no era una sensación divertida.

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Una app práctica que tengo en mi teléfono me dice que desde que dejé de beber diario, me he ahorrado casi 1,500 pesos. Pero una serie de síntomas de abstinencia —incluyendo pesadillas vívidas, fatiga extrema, y cambios de humor— me llevaron a ver más a detalle los impactos de salud del consumo regular de alcohol.

No es que no hayan miles de estudios sobre el tema, simplemente nunca los había buscado. Tal vez tenía miedo de lo que iba a encontrar.

Y con toda razón.

Uno pensaría que los gobiernos, quienes regulan y obtienen ganancias de los impuestos a la industria de alcohol, informarían al público sobre sus peligros a la salud. Pero al parecer, se han dado por vencidos en adoptar ese rol y han dejado que los productores de alcohol propongan las reglas.

“El gobierno es más responsable de que haya un público desinformado que la industria del licor”, dijo Timothy Stockwell, director del Instituto Canadiense de Investigación sobre el Uso de Substancias y profesor de psicología en la Universidad de Victoria, en una entrevista con VICE Canadá. “Un día, los ciudadanos van a demandar al gobierno canadiense—como ocurrió con el tabaco— por no no estar informados sobre los riesgos a la salud y bienestar.”


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Los canadienses gastaron unos 328,000 millones de pesos en alcohol año pasado. Un total de 5,082 canadienses murieron por alcohol en 2015. Además, unas 77,000 personas fueron hospitalizadas por haber tomado demás en 2016 —cirrosis del hígado, síntomas de abstinencia, trastorno de uso de alcohol, y otros padecimientos— lo cuál es mayor que el número de personas hospitalizadas por paros cardíacos. Más de 200 enfermedades y condiciones están relacionadas con el consumo de alcohol, incluyendo depresión, derrames, y diversos problemas de corazón. Cuando hablamos sobre la prevención del cáncer, no hay un “límite sano” de consumo de alcohol.

Según un estudio del 2010 escrito por el neuropsicofarmacologista legendario David Nutt, el abuso del alcohol es más peligroso para el que lo toma y para la sociedad que cualquier otra droga incluyendo la heroína y el crack. Estos impactos se manifiestan mucho más lento que otras sobredosis, pero igual son resultado de un abuso crónico de la droga.

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Mi ignorancia sobre los peligros no era algo anómalo. Stockwell dijo que sólo 25 por ciento de los bebedores en Canadá están conscientes de la relación entre el alcohol y el cáncer o conocían las guías para beber con bajo riesgo (10 tragos a la semana para las mujeres sin más de tres bebidas en una sesión, 15 tragos a la semana para los hombres sin más de cuatro bebidas a la vez; y dos “días de descanso” por semana).

“La mayoría del tiempo, la gente no sabe los daños que provoca el alcohol, entonces suelen escuchar ciertas cosas, pero no conocen la evidencia concreta que hay sobre el tema”, agregó Jenna Valleriani, tutora estratégica del Canadian Students For Sensible Drug Policy y experta en política de cannabis, en entrevista.

Según los expertos, esto de debe a las decisiones que han permitido políticas relajadas por parte del gobierno canadiense, incluyendo la falta de etiquetas de advertencia como las de las cajetillas de cigarros en las botellas y latas o campañas de información a escala nacional o restricciones sobre cómo puede anunciarse la industria del alcohol. Pero cuando obtienes 90,000 millones de pesos al año en ganancias, es probable que disminuyan tus ganas de criticarlo.

Ann Dowsett Johnston, periodista y autora de Drink: The Intimate Relationship Between Women and Alcohol, dijo en entrevista que hay tres factores importantes que influyen en cómo la gente toma: marketing, precios, y accesibilidad. Cada una de estas políticas varían mucho de provincia a provincia. Pero Stockwell dice que para implementar algo como precios mínimos dependiendo del porcentaje alcohólico —lo cual vio un 10 por ciento de aumento de precio y un 22 por ciento de caída en ventas de cerveza potente en un estudio del 2012— el público tiene que tener una comprensión sólida de los riesgos a la salud.


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Etiquetas de advertencia en botellas y latas, como las que están en las cajetillas de cigarros, son una buena primera medida desde el punto de vista de mitigar los daños. Aunque todavía no haya una conexión clara entre conocer los riesgos y dejarlo, puede hacer una mayor cantidad de personas tengan la intención de dejarlo, y eso es un buen primer paso.

Pero esto está basado en investigaciones sobre el sistema estadounidense de etiquetas, que Stockwell dijo que es “bastante confuso porque las etiquetas son tan malas”. Introducido por primera vez en 1988, la Ley de Etiquetación de Alcohol requiere que haya una pequeña etiqueta en blanco y negro que informe al usuario sobre los riesgos del consumo y el espectro de desordenes fetales, cosas que la gente ya sabe.

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Entonces, por primera vez en el mundo, el instituto de Stockwell y Public Health Ontario colaboraron a finales de noviembre para aplicar etiquetas coloridas, bien posicionadas, e informativas en todas las botellas y latas de una tienda de licores en Whitehorse, Yukon. Las etiquetas incluían gráficos que informaban al público sobre los vínculos comprobados entre alcohol y cáncer, además de las previamente mencionadas guías para beber con bajo riesgo.

Pero después de tan sólo un mes, el gobierno de Yukon suspendió el estudio gracias a presiones de la industria del alcohol, que incluían alegatos de difamación.

“Nos han criticado por no consultar con la industria,” dijo Stockwell. “Pero sabíamos que se iban a comportar así. Nuestro estudio no hubiera pasado de la planeación si los hubiéramos consultado. Ellos nos hubieran acusado con los ministros relevantes y habría habido amenazas de inmediato. Ni siquiera habrían considerado nuestro proyecto”.

Estas mismas fuerzas ayudan a mantener lo que los críticos describen como regulaciones increíblemente laxas y voluntarias sobre la promoción de alcohol, algo que fue parodiado por South Park en un episodio del 2014. Y Valleriani dice que el marketing y la entrega de licencias de alcohol se está volviendo todavía más laxas ahora que Canadá se acerca a la legalización del cannabis.

“Si alguien tratara de hacer un festival de mamás procannabis, la gente se quejaría”, me dijo Valleriani. “A todos les gusta una cerveza o una copa de vino de vez en cuando. Por eso, no podemos ver el alcohol por lo que es. Ahora que se está legalizando el cannabis podría presentarse una oportunidad para dar un paso atrás y analizar cómo vemos el alcohol. Y tal vez sea hora de ponerse un poco más restrictivos sobre el alcohol porque sabemos cuánto daño causa a la salud”.


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Al final del día, tal vez se necesario deshacer lo que Johnston considera "una cultura alcogénica” o “alcocéntrica”, en la cual muchos de nosotros no nos podemos imaginar relajarnos, celebrar, o divertirnos sin el “lubricante social” que es la bebida. Johnston dijo que navegar una vida social sin alcohol sí es una habilidad que se debe adquirir. Pero considerando la forma lenta y progresiva en la que se abusa del alcohol, ella cree que vale mucho la pena y que puede llevar a un nuevo mundo de autoconocimiento y respeto a uno mismo.

“No creo en propagar miedo y me preocupa que la gente me vea como una prohibicionista,” me dijo. “Pero sí creo que si nos abrimos más al diálogo sobre el alcohol y el rol que juega en nuestras vidas, sería benéfico para nuestra sociedad”.

¿Recuerdan ese estudio del 2010 que concluyó que el alcohol era la droga más peligrosa para la sociedad? Pues sucede que tres de las drogas menos peligrosas son los hongos, el LSD, y el MDMA.

No estamos calificados para dar consejos médicos, pero sepan que hay drogas que son mucho más seguras según la evidencia para ayudarte a lidiar con las realidades del cambio climático y la guerra nuclear inminente.