Salir de club es más divertido con una identificación falsa

¿Se acuerdan de esa adrenalina que sintieron al comprar su primera contraseña?
25.8.16
Photo via Wikipedia.

Sigue a THUMP México en Facebook


Este artículo se publicó originalmente en THUMP Reino Unido.

Newquay estaba frío, pero afortunadamente nuestro grupo había decidido dos semanas antes tener sudaderas con impresiones para nuestro viaje, así que fui capaz de envolverme en un gran calentador azul que tenía una hilarante adaptación de mi nombre en la espalda. Sin embargo, no fue suficiente para detener los escalofríos. Los nervios continuaban mientras me acercaba al punto de requerir mi licencia. En mi mana tenía una pieza laminada de papel, del tamaño de una tarjeta de crédito, que había hecho en Powerpoint el fin de semana antes de partir.

Publicidad

Una vez que la mostré, hubo un momento sin aliento mientras el vendedor la revisaba. Entonces, tras lo que para mi pareció como una hora, el volteó y me preguntó qué era lo que quería. Con el pánico de mi éxito, le pedí una botella de Bailey, pagué y salí rumbo a un montón de amigos que estaban medio impresionados de que hubiera funcionado, y medio confusos de que hubiera usado esta oportunidad para comprar una botella de licor irlandés.

Captura de pantalla vía Youtube.

Esta noche comenzó el breve pero próspero imperio de mi identificación falsa. Una vez que se pasó la voz de que exitosamente había hecho un pase para obtener bebidas sin tener la mayoria de edad, de pronto me convertí en todo un personaje con nuevo look. Comenzó con los amigos, pero conforme nos movimos a puntos más altos y todos comenzaron a tratar de entrar a terribles clubes de strippers abiertos en el centro de la ciudad, comencé a recibir textos de números que no reconocía: "Vaya, dicen que tu puedes hacer identificaciones falsas. Tengo dinero".

No pasó mucho tiempo antes de que comenzara a hacer veinte billetes por cada identificación que creaba. Colectando pasaportes después de la escuela, fotocopiando, cortando los ceros, comprando plástico a granel para pegarlos y aplastarlos con la pesada obra de Los Trabajos Completos de Shakespeare. Rechonchos chicos deportivos de mi año, que en otra situación se burlaría de mi vestimenta, me buscaban. yo era su topo, escondido en mi recamara editando sus documentos legales a la luz de la lámpara muy de noche. Era el Leonardo DiCaprio de Catch Me If You Can, yo era "el chico" que alguien conocía, era el Lobo de Pulp Fiction, era la mente maestra criminal. El magnate de medianoche.

Foto via Flickr.

Mis servicios, por supuesto, no eran la única forma de que mis conocidos entrara a los clubes. Había unos cuantos sitios ofreciendo "genuinas identificaciones", todos ellos señalando que sus identificaciones de conducir falsas sólo debían ser usadas para realizar bromas. También estaban los amigos de los conocidos que tenían más de 18 años que salían esa noche. Claro, si estabas muy desesperado, siempre estaba la posibilidad de que fueras capaz de dibujar el sello en tu mano si se te había ocurrido traer un Sharpie contigo.

Entrar a un club con una identificación falsa es una sensación inigualable. Es una sorprendente mezcla de orgullo y una oportunidad de ser descubierto. Es el equivalente de un desconocido equipo de fútbol de segunda liga que progresa lentamente en la copa o a descubrir que no te han cargado el aperitivo en el restaurante. Las posibilidades y la ley están completamente en tu contra, al igual que los cadeneros, quienes se transforman en un tremendo escuadrón de calvos. En la fila te la pasas memorizando el cumpleaños falso y los códigos postales, a menudo sometiendo a un grupo de vertiginosos chicos de 17 años de edad en un estado de preocupante contemplación. Tan pronto como la seguridad consideraba que lo que le hayamos dado, ya sea una de mis identificaciones alteradas o la licencia de conductor de un hermano mayor de gran parecido, tenía su aprobación, las puertas del club abriéndose se sentían como aterrizar en otro planeta. La fuerte mezcla de luces rotatorias, el dulce olor de las bebidas energizantes y el ruido ensordecedor de la terrible música popular, todo combinado, golpeandonos en el rostro con el sudado abrazo de un mundo nuevo.

Este es el lado triste de las identificaciones falsas, ir de club nunca ha sido, y nunca será, tan gloriosamente desconcertante y emocionante como cuando nos colamos. Los clubes que solían verse más grandes que catedrales ahora parecen lobbies abandonados de hoteles. La música que ves sonaba como tirarte a la persona más hermosa que hayas conocido, ahora suena el radio incluido en un Renault Clio. Las bebidas que antes me artaban antes de terminarlas, ahora me parecen un chiste. Salir cuando eres menor de edad era una mirada al brillante mundo del mañana de la edad adulta, un universo donde todos lucíamos mejor, fumábamos y le mostrábamos a los demás dónde nos habíamos emborrachado, aunque nunca lo hubiéramos hecho.

Las matemáticas detrás de esto son muy directas: te estás saliendo con la tuya con algo que no deberías. Más allá de eso, también es un breve lapso de tiempo donde salir significa rebelarse. Ahora parece ridículo sugerir que pagar $100 pesos para entrar a un bar, sólo beber cerveza y escuchar "Day 'n' Nite" de Kid Cudi pueda ser visto como algo interesante. Ahora sólo la excusa más débil para una actividad nocturna desde que "mirar The Big Bang Theory" ha sido visto algo de interés. Me pregunto si mi generación fue la última en realmente triunfar con identificaciones falsas. La mayoría de los clubes ahora usan todo tipo de scanners y luces UV para descubrir los fraudes. Esto se ha convertido en un mundo mucho más duro para quienes quieren beber sin tener la edad requerida.

La reputación de mi producción de pasaportes llegó a un alto perfil y a un vergonzoso fin. La mayoría del año la pasamos en la fila de la noche más importante de la semana, Propaganda. Una noche de club indie en un lugar enorme que normalmente tenía a más de mil molestos asistentes gritando "A-Punk" a un DJ en lo alto, muy fuertemente. La mayoría en la fila usaba licencias de conducir o pasaportes editados por mi; sin embargo, cuando la primer persona llegó con el cadenero, coincidentemente mi mejor amigo, todo se derrumbó. El jefe de seguridad había comenzado a doblar la esquina del pasaporte, eventualmente rompiendo el laminado por un lado, mostrando la verdadera fecha de nacimiento, gritando en toda la fila: ¡Él sólo tiene diecisiete años!

Lo mismo siguió con todos los que usaban mi identificaciones falsas, con una gran parte de la fila siendo echada a la calle como perros corriendo del carnicero. Fue una masacre y mi nombre se vino abajo. Con el pasar de las semanas, comenzaron a darse las fiestas de dieciocho años, y volví a ser otro tipo anónimo con una pésima playera y una botella barata de loción para afeitar.

Pero nunca olvidaré los días de gloría. El extraño encanto de la nostalgia en reversa cuando se nos dio una mirada al burbujeante futuro de las fuertes líneas de bajo y los tragos. La emoción aún se puede sentir, como cuando fui a Berghain, tomé mi primer pastilla, o la primera vez que me pusieron en la lista de invitados. Pero ninguno de esos momentos ha igualado a un pasaporte alterado, cuarenta billetes en mi cartera y una vida de decepciones por delante.