Esta familia española ha mantenido la fiesta viva por más de un siglo

Nos fuimos hasta Barcelona para conocer a la familia Arnau, mejor conocida como 'elrow'.
16.7.16

Sigue a THUMP Colombia en su nuevo perfil de Facebook

Este texto originalmente se publicó en THUMP RU.

¿Cuál es tu filosofía de vida? ¿Qué cliché has oído tan seguido que sin darte cuenta has comenzado a creerlo? Sácale el máximo al día, no muerdas la mano que te da de comer, nunca te acuestes con tu roommate –ese tipo de cosas. Ese tipo de filosofía. Una filosofía tipo Alain de Botton.

Pero, ¿Y qué tal si hubieras tomado un enfoque más hedonista de la vida? ¿Si tu principio de vida se inclinara más a divertirte? ¿Si tu lema solo fuera "Baile y Felicidad"? Bueno, tal vez serías parte de la familia Arnau, el pelotón intergeneracional detrás de elrow, fiesteros mundialmente afamados.

¿Cómo conviertes esa filosofía en una fiesta que tiene lo equivalente a una creencia religiosa? Si alguien lo sabe, es la propia familia Arnau, quienes han pasado mucho, mucho tiempo pensándolo. No lo han hecho solo seis años, o seis décadas, sino que seis generaciones. Básicamente, han estado organizando fiestas increíbles desde 1870; antes de Serato, antes del vinilo, antes del gramófono. La historia de la familia se lee como una novela de Gabriel García Márquez si cambiamos todas esas violentas revoluciones políticas por increíbles noches de fiesta, aunque todavía existe esa pizca tan importante de realismo mágico en la mezcla.

La historia comienza en Fraga, un pueblo rural al norte de España. José Satorres se había cansado ya del negocio familiar (la agricultura) y abrió un café en la comarca de Monegros, lo que se convirtió en un club social conocido como Café Josepet, un lugar popular donde los agricultores podían parlotear sobre las cosechas y esas cosas. Durante el siglo siguiente, la comarca no pasó por un buen momento: hubo dos Guerras Mundiales y numerosos matrimonios, se ganó y se perdió en juegos de cartas. Hoy, el Café Josepet es el Club Florida 135. Todo es similar a cómo era hace 146 años, excepto el interior decorado al estilo Blade Runner.

De todas maneras, esa es una historia ya añeja. Pero como yo soy más precido a Andrew W.K que a Andrew Roberts, me enviaron a la oficina central de elrow en Barcelona para hablar con la familia sobre lo que los mantiene en el negocio después de tantos años.

Aunque nunca había ido a una fiesta de elrow, había oído historias de los inflables y lentes de neón, cuentos del tipo de fiestas con valores de producción que hacen que tu típica noche en un sótano de Kingsland Road parezca… bueno, una típica noche en un sótano de Kinsland Road. Parecía el tipo de eventos que requieren de total y absoluta dedicación. Conocer a las encarnaciones actuales de la familia Arnau no hizo nada para eliminar esa sospecha.

"No tenemos hobbies. Vivimos esta vida", dice Juan Arnau, con franqueza.

"No sé de fútbol ni de carros, no sé de nada más aparte de este negocio", dice Juan padre, uniéndose a la conversación.

Pero parece que saben mucho. Luego de contarme detalladamente la historia de la familia, Juan padre me contó muchas anécdotas de los raves de antes. Raves en Alemania, el Reino Unido, España e Italia, de cuando Laurent Garnier solo tenía 18 años y todo era ilegal y en bodegas enormes. Este hombre debe haberlo visto todo. Así que quería saber, ¿cuál era el secreto para montar la fiesta perfecta?

"La gente tiene que bailar. Si bailan son felices; si paran, se aburren. Es así de simple. La gente no quiere estar quieta, quieren bailar", dice, golpeando levemente la mesa delante de él con sus palmas para acentuar cada palabra.

Relacionado: El Baum Festival estuvo justo y necesario

Parece ser bastante simple, pero entonces, ¿cómo hacen en elrow para asegurarse de que la gente esté siempre bailando, siempre felices? Parece una tarea muy sencilla, pero como muchos promotores de clubes te dirán, no es así del todo.

"La clave de todo es que la gente es la fiesta. La música es obviamente importante, pero el DJ no es la fiesta, sino la gente. No queremos ser los más underground o los más cool con los nombres más grandes, o lo que sea. Los DJ que traemos, los traemos porque sabemos que darán un buen set", dice Juan hijo. "Lo más importante es que la gente se divierta. Mi abuelo siempre me dijo 'Juan, la gente está pagando, así que se tiene que divertir'".

"Para mí, cuando el DJ está viendo sus equipos es un mal DJ. Cuando tiene la mirada arriba y está mirando al público, es un gran DJ," enfatiza Juan padre.

Son un par apasionado cuyas conversaciones están constantemente condimentadas con referencias a "la diversión", "el baile", y "la felicidad", pinceladas de emoción genuina en su lienzo conversacional. Festejar, para ellos, es un asunto serio y tienes que asumir que es la actitud de creer que todo es posible lo que les ha permitido continuar por más de un siglo, aunque no pude evitar preguntarme si alguna vez fueron influenciados por otras fiestas u operaciones.

"Copiarse en este negocio es difícil", explica Juan hijo. "No nos gusta copiar porque siempre tienes que estar a un paso adelante de tus competidores".

Se sentía como si la vibra de patio de juegos para adultos –confeti, colchones inflables, piscina de pelotas– fuera una estética muy amplia en estos tiempos. ¿Acaso sintieron los Arnau que, tal vez y solo tal vez, la competencia estaba diluyendo su propuesta?

"Lo que hacemos es tan complicado que ellos nunca podrían hacerlo". Tenemos un personal de tiempo completo trabajando en una bodega en las afueras de la ciudad, haciendo nuestros disfraces, decoraciones, colchones inflables… Todo", cuenta Juan hijo.

"Todo lo hacemos nosotros mismos. Todo" añade el papá.

Hubo una historia en particular que escuché y que corresponde bien con el nivel de dedicación y atención al detalle que padre e hijo me han transmitido. Antes de su primer show en el Reino Unido, rentaron confeti de una compañía local. El confeti no estaba a la altura de los estándares de elrow, así que mandaron a traer su marca más confiada desde España, lo que tiene comienza a tener sentido después de haber pasado tiempo con los Arnau. Si cosas aparentemente pequeñas como el confeti se tratan con tal reverencia, ¿cómo se mantienen a flote financieramente? Juan padre nos lo explica:

"Por el momento les estamos diciendo que no a muchos promotores alrededor del mundo porque no estamos listos. Bali, Australia, China, a todos esos les hemos dicho que no. Gente en España nos ha ofrecido 200 mil euros para hacer un show, y les hemos dicho que no, y no es fácil decir que no. Incluso ahora perdemos dinero en ciertos eventos que hacemos en Inglaterra".

"No nos interesa el dinero; lo único que queremos es hacer feliz a todo el mundo, incluyendo a mi hijo, mi hija, mi esposa y todos los del equipo, así como a los consumidores", dice orgullosamente Juan padre.

"Pero nos gusta invertir, porque cuando ven lo que hacemos siempre quieren más y más. Pensamos en el panorama completo. Si quieres estar en el negocio por 100 años, tienes que pensar en la idea primero, el dinero vendrá luego", concluye el hijo.

Es una idea noble, y aunque no digo que la familia nunca piense en el lado financiero de sus operaciones, es increíblemente refrescante en estos tiempos de eventos efímeros escuchar a gente hablar con tal devoción sobre el simple deseo de dar una fiesta realmente impresionante.

Durante mi tiempo con la familia, la palabra "mañana" aparecía siempre. Me dijeron que vería todo mañana y que necesitaba estar fresco para la fiesta. Probablemente tenían razón, pero yo solo soy un joven que estaba en Barcelona con ganas de una cerveza fría y el deseo de salir, pero me fui a un set de Villalobos.

A pesar de tener un poco de dolor de cabeza, me desperté cual niño en la mañana de Navidad, listo para destapar el Super Nintendo. Excepto que el Super Nintendo era una rave, y la mañana de Navidad era el último domingo de la semana Off Sonar. Lo más importante era que estaba muy, muy emocionado. Escuchar a los Arnau fue como una charla de equipo antes de un partido de fútbol, y para cuando había llegado a Row14 y fui recibido por Juan padre, que todavía se para en la puerta de cada una de las fiestas que organiza, estaba listo para hacerlo todo.

Y qué montón de cosas había por hacer. Mientras me encaminaba por la tierra polvorienta, vi un súper club que tenía algo especial. Caminé a tropezones sobre un juego de Twister, gané un shot gratis jugando a la ruleta, me bañaron en confeti, bailé con un actor que vendía donas gigantes y compré una gorra de color rosado neón cubierta de caras felices con dinero de la marca elrow, el cual puede ser dinero real, excepto que lo usas para comprar gafas de sol de juguete en lugar de Spirulina. Era un caos; un hermoso caos.

Era casi una sobrecarga sensorial. El shock de los colores desplegados era casi insoportable. Los disfraces de superhéroes y las máscaras tribales abundaban, cada drop explosivo se topaba con arcoíris de confeti, los brazos estaban permanentemente abiertos, y tal como me habían dicho los Arnau, todos estaban bailando. Nunca había visto un público tan grande (había aproximadamente 4000 personas ahí) desplegar tanta energía de principio a fin. Ser parte de todo eso fue algo interminable, agotador y verdaderamente increíble.

Este fue el tipo de fiesta donde el line up no era lo más importante. Aparte de Art Department, De La Swing, y Subb-an, prácticamente no tenía idea de quién iba a tocar y cuándo. No importaba: mi puño solo paraba de agitarse cuando iba por una cerveza o al baño. Tal como me prometieron, tal vez no había escuchado de muchos de los DJ, y quizá terminé no poniendo mucha atención a quien estaba tocando, pero siempre me estaba moviendo, siempre disfruté lo que fuera que estuviera sonando. Era diversión desinhibida en todo su esplendor.

En "Weak Becomes Heroes" Mike Skinner dice que los ravers están donde "ocurren los pequeños eventos descabellados" y eso es exactamente lo que pasa en elrow. Desde el momento en el que entré por la puerta nunca dejé de sonreír, mi rostro emanaba rayos de luz de principio a fin. O sea, ¡hasta me casé, por Dios! Sí, mi esposa de elrow tenía un novio de mucho tiempo y yo no estaba seguro de las credenciales del cura porque solo hablaba español, pero tengo los documentos firmados por los mismos elrow. Es oficial, soy un hombre casado.

Los Arnau crearon su propia marca de realismo mágico. Construyeron pequeños mundos de locura eufórica, lugares y espacios donde el tiempo es elástico. Mientras me iba y después de recibir abrazos de cada integrante de la familia, me sentí un poco triste. He asistido a innumerables raves a través de los años, pero ésta experiencia ha sido la mejor. Creo que ahora tengo una nueva filosofía de vida.

***

Sigue a Tom en Twitter.