Así es el 'BierYoga' (yoga con cerveza)

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Así es el 'BierYoga' (yoga con cerveza)

Una rubia efervescente e instructora de yoga certificada, permanece tranquila a pesar del alcohol.
3.6.15

Después de media hora en nuestra sesión, escucho el sonido de vidrio rompiéndose, seguido de risas ahogadas. A nadie le sorprende lo ocurrido, sino que tomara tanto tiempo que ocurriera. Quiero decir, ¿qué esperas que pase si tratas de balancear una botella de cerveza en la cabeza en la pose del árbol?

"Continuemos con el Vorglühen [pre-copeo]— digo, yoga", nuestra instructora imperturbable eleva la voz, manteniendo el equilibrio en una pierna con los brazos levantados. La habitación se distrae brevemente, antes de recuperar la postura para tomar un trago al mismo tiempo.

Es viernes por la noche y estoy arrinconada en la esquina de atrás del Loftus Hall, un club del vecindario berlinés Neukölln. Bolas de disco cuelgan por encima de nosotros, el bar está completamente vivo, y el piso está lo suficientemente sucio para que las plantas de mis pies descalzos estén negras. Ya he estado aquí unas cuantas veces, pero nunca sobria y ciertamente nunca antes de la medianoche. Como los otros veinteañeros, 30 más o menos, vestidos con Spandex y ropa deportiva, estoy aquí para empezar mi fin de semana con un poco de vinyasa y algunos tragos. Si bien el BierYoga —el nombre lo dice todo— suena como una extraña combinación, claramente ha encontrado su lugar. Las clases se llenan con semanas de anticipación y la habitación está tan atestada que apenas y puedo evitar golpear en más de una ocasión a mis compañeros dizque yoguis en la cara.

Al frente de la sala, Jhula, una rubia efervescente e instructora de yoga certificada, permanece tranquila a pesar del alcohol.

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Todas las fotos cortesía del BierYoga.

"Ahora inhalen," ordena serenamente. "¿Hay alguien que no haya terminado su primera botella? Si no, ¡empinen botellas!" No estoy segura de haber visto a alguien tomar media pilsner con la gracia de un cisne antes, pero esto se acercó demasiado. Intento imitar el gesto, sólo para balancearme hacia adelante y apenas evitar caer sobre mi cara.

Aunque la idea de beber mientras haces saludos al sol —o "saludos a la cerveza," si quieres— en un club techno parece casi ridículamente propio de Berlín, no se originó aquí. Varias cerveceras artesanales en Estados Unidos permiten a los visitantes tomar una clase y luego beber, pero algunas integran la cerveza con la práctica al mismo grado que esta clase en particular. En BierYoga, los participantes levantan sus botellas hacia el cielo en la posición de montaña, las extienden hacia el frente cuando están en la pose del danzante e intentan levantarlas y tomar un trago—usando solo sus dientes— en una versión modificada de la paloma. Esta última suena como el tipo de movimiento que un universitario ebrio haría, pero admito que requiere cierto nivel de consciencia evitar que mi bebida caiga sobre mi vientre.

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Mientras la clase permanece concentrada en la tarea en cuestión, cada tanto alguien se detiene a instagramear el momento o a pasearse por el bar. Los sorbos frecuentes forman parte importante de las secuencias tanto como inhalar o exhalar profundamente, o sea que todos están agradablemente alegres y flexibles 20 minutos después.

"Básicamente, juego en mi casa con un Radler [mitad cerveza, mitad limonada o refresco]", me dice Jhula. "Hago secuencias normales de vinyasa, que las personas han hecho muchas veces, y trato de averiguar cómo puedo integrar la cerveza con ellas".

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La primera vez que Jhula vio las dos palabras mágicas juntas fue en el desierto de Burning Man, donde un campamento llamado HomeBrau Haus ofrecía clases de relajación. Con todas las otras diversiones en el desierto de Nevada, nunca pudo asistir, pero la idea se quedó con ella.

"Creo que encontré un zeitgeist. A la gente de esta ciudad le gusta la cerveza y el yoga", dice riendo. Este año, tiene planes para llevar su programa a varios festivales, incluyendo Fusion. "He tenido todo tipo de personas: estudiantes, pero también citas de Tinder, policías. Algunas personas traen a sus padres. Es un grupo muy diverso".

Es fácil ver por qué los que vienen por Tinder están interesados: la cerveza y el yoga rompen el cielo de manera excelente. A mitad de mi segunda cerveza, cuando mi confianza es alta y mi coordinación baja, Jhula anuncia que haremos ejercicios en pareja. Algunos de ellos requieren un poco más que habilidades motoras básicas (de por sí un reto para este punto), aunque una maniobra más avanzada consiste en que mi nuevo amigo de yoga y yo nos recostemos con las plantas de los pies suspendidas en el aire y Prost [brindemos]. Después de unos cuantos fallos abismales, chocamos las cervezas exitosamente y acabamos con el resto de nuestras cervezas tibias. Un logro moderado, seguro, pero aún así quiero presumir.

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Para ser honesta, me acerqué a esta pequeña iniciativa con una dosis sana de escepticismo. Como residente del área de Kreuzberg-Neukölln a veces demasiado vanguardista, donde cada fin de semana un bloguero de moda abre un nuevo café vegano y todos y sus madres quieren abrir un camión de comida, naturalmente sospecho cada vez que alguien me cuenta acerca de la "próxima gran idea". Caminar bajo la lluvia torrencial abrazando un tapete de yoga no me ayudó exactamente a levantar mi ánimo.

Después de dos cervezas y un montón de perros boca abajo, me siento un poco mareada y menos molesta por el clima y el mundo. Cualquier sentido de la dignidad o de la autoconciencia acerca mi propia falta de flexibilidad ha escapado del encierro proverbial. Ponerle un poco de alcohol a la mezcla (en lugar del smoothie con semillas de kale, açaí, chia que normalmente se espera) baja de nivel la ceremoniosidad y permite a todos rodar libres en la pose del bebé. Para cuando el Ommmmmmmm final suena, podré no estar completamente zen, pero me estoy acercando.