Recordando la amistad de Hemingway con un plomero neozelandés
Illustration by Michael Dockery
FIGHTLAND

Recordando la amistad de Hemingway con un plomero neozelandés

Tom Heeney, el boxeador neozelandés, también enfrentó a Hemingway en la playa.
1.4.16

Fue en la playa frente al Hotel Compleat Angler en la Isla Bimini, donde dos amigos se quitaron las playeras, subieron los puños en guardia y pelearon.

Era el verano de 1935 en las Bahamas, y el duelo de peso pesado que se sintió como pocos otros en la historia estaba a punto de llevarse a cabo.

Uno de los combatientes era Tom Henney; un boxeador neozelandés apodado "the Hard Rock from Down Under". Tan solo siete años antes, enfrentó a Gene Tuney por el título de peso pesado frente a 46 mil personas en el estadio Yankee.

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El otro era Ernest Hemingway; escritor estadounidense en camino a convertirse, tal vez, en el mejor del siglo veinte. Como boxeador era bravucón —alguna vez retó él mismo a Tuney para una pelea— pero era estrictamente amateur.

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Intercambiaron golpes por un rato y atrajeron público, antes de que se escuchara a Hemingway decir, antes de regresar a su hotel: "tenemos que parar ahora, Tommy; cualquier caridad lo daría todo por pedir monedas aquí".

Es una historia contada incontables veces por Hemingway —supuestamente volviéndose más _ en cada ocasión que la contaba— y también por la escritora neozelandesa Lydia Monin en su biografía sobre Heeney en 2008; el único boxeador neozelandés en pelear por el título de los pesados.

Hemingway contaría su versión en From Poverty Bay to Broadway, Monin escribió que George Brown, dueño de un gimnasio de Nueva York que conoció a "Papa", dijo que la única manera que el escritor podía conectar un golpe era si Henney estuviese tumbado en la arena.

Algunas figuras literarias se han sentido atraídas al boxeo desde que inició el deporte. Charles Dickens fue espectador en la primera pelea de título en Inglaterra en 1860, mientras que escritores como Jack London, Arthur Conan Doyle, Joyce Carol Oates y Norman Mailer, famosamente en La Pelea, escribieron sobre el deporte.

¿Por qué la fascinación? Cuando suena la campana en el boxeo, el peleador está ahí solo contra su oponente. Puede ser emocionante pero también un lugar solitario para estar. Sólo una mezcla perfecta de trabajo duro, dedicación, aplicación y suerte te da la oportunidad de tener éxito. Lo mismo se puede decir sobre la literatura.

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"El boxeo estaba pasando por un periodo dorado y las personas querían leer al respecto —así que atrajo a grandes escritores", dijo Ron Palenski, distinguido escritor neozelandés sobre el famoso amigo de Heeney.

"Pero creo que el drama humano del boxeo profesional atrajo a estos tipos. Les gustaba observar la vida y escribían al respecto".

La primera vez que Hemingway escuchó sobre Heeney fue cuando el escritor vio su pelea de título el 28 de julio de 1928. Si hubiese sabido de la formación del neozelandés en ese momento, el escritor hubiese estado encantado.

Nacido en 1898, Henney aprendió a boxear gracias a su padre irlandés en un cobertizo de lámina en el patio, según Monin.

Fue plomero y soldado, y Heeney ganó una medalla de valentía por rescatar a dos mujeres en la playa Waikanae de Gisborne. En 1921, representó a su provincia en un partido de rugby contra el equipo nacional de Sudáfrica.

Foto vía Flickr, por el usuario: Archives New Zealand

Su habilidad de boxeo brilló rápido, y se elevó en los rankings en Nueva Zelanda, ganando el título pesado de la NZBA en 1920 en su tercera pelea profesional. Peleó y perdió peleas de título por los cinturones Australiano y del Imperio Británico, antes de terminar en los Estados Unidos.

Ahí tuvo un empate contra el futuro retador de peso pesado Jack Sharkley, antes de derrotar al canadiense Jack Delany en el Madison Square Garden en marzo de 1928. La victoria le aseguró al neozelandés un lugar en el top cinco de los rankings internacionales y lo colocó en las discusiones sobre el título.

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El campeón Gene Tuney había derrotado al excampeón Jack Dempsey en dos de las peleas más famosas de la década en los dos años previos, pero como lo notó Monin, le había prometido a su esposa, la heredera Polly Lauder, que dejaría el boxeo cuando se casaron en 1928.

Tunney estaba interesado en una pelea fácil para retirarse, así que eligió a Henney.

Por primera vez desde Bob Fitzsimmons —el excampeón irlandés que creció en Nueva Zelanda— la decisión de Tunney impulsó a un kiwi a recibir la atención de los medios estadounidenses.

Heeney se preparó para la pelea haciendo sparring con el futuro campeón James J. Braddock. Dempsey, que ahora era esquina de Henney, le dijo a los reporteros, según la biografía Cindirella Man de Jeremy Schaap, que "sólo un súper hombre podría derrotarlo".

El famoso escritor, Paul Gallico, describió el boxeo de Henney muy diferente a la manera en que lo describieron en The Daily News: "un triunfo de mediocridad, formalidad, coraje y durabilidad".

De regreso en Nueva Zelanda, los radios en todo el país estaban sintonizados para escuchar los comentarios de la pelea. El gobierno incluso suspendió actividades para que los miembros del parlamento pudieran escuchar. "Era la primera estrella deportiva de Nueva Zelanda", dice Palenski.

Aunque Heeney duró once rounds en el Estadio Yankee, su único momento brillante llegó en el segundo asalto cuando conectó un gancho de izquierda contra Tunney, quien eventualmente ganó por nocaut técnico.

Junto con Fitzsimmons y David Tua, Heeney es uno de los tres boxeadores con relación a Nueva Zelanda en pelear por la corona de peso pesado. El sentimentalismo al respecto, mezclado con el tiempo, ha creado el mito de que estaba a un golpe decente del título.

Sin embargo, el magnate Sir Bob Jones, quien también es uno de los historiadores de boxeo más importantes de Nueva Zelanda, dice que el kiwi era "sólo un golpeador decente".

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"El lugar de Heeney en la historia del boxeo, en general, es bastante insignificante, dice Sir Bob. "Estaría en los rankings de miles de peleadores poco exitosos en pelear por el título de peso pesado".

"Heeney era perfecto para que Tunney lo conectara con jabs —se vería rebasado", agregó.

Pero Hemingway estaba impresionado. Ambos se conocieron en Nueva York a inicios de 1930 y Hemingway desarrolló una amistad con Heeney, quien dejó el boxeo en 1933.

Hemingway lo visitaba regularmente en un bar que Heeney inauguró en Miami en 1937. El par a menudo pescaba en Florida juntos, y hacían viajes secretos a Cuba para beber, según Monin.

A Hemingway también le gustaba impresionar a las mujeres al presentarles al boxeador. Martha Gellhorn, la reconocida periodista, y tercera esposa de "Papa" era una de sus visitantes frecuentes.

"Ese tipo es un hombre real y es un buen escritor también", dijo Heeney en una ocasión, según Monin. "Siempre llega aquí cuando anda por Cuba".

Papi en su bote "Pilar" en 1935. Imagen vía WikiCommons

Sir Bob ve la amistad de Hemingway con Heeney como un intento de ser macho.

"Hemingway era un fanfarrón", dijo Sir Bob. "Le gustaba considerarse un personaje pugilístico, aunque hacía el ridículo".

"La masculinidad con la que Hemingway se rodeaba en sus últimos años —hizo el rídiculo, en mi opinión. Puedo verlo pasando el rato con Heeney".

Aunque Hemingway escribía sobre Heeney en cartas para sus amigos, los dos comenzaron a frecuentarse menos en los años 50.

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"El mundo nos rompe a todos, y después muchos se vuelven más fuertes en los lugares rotos", escribió Hemingway, en Fiesta. "Pero mata a aquellos que no rompe".

Hemingway nunca se hizo fuerte como lo necesitaba. El escritor se quitó la vida en 1961.

Heeney vivió en Florida hasta 1984 y fue un hombre feliz. Entró al Salón de la Fama de Nueva Zelanda en 1996.

En el bar de Heeney en Miami colgaron fotografías de boxeadores durante décadas, incluyendo una de él mismo, joven, sin playera y con los puños en guardia.

Había dos fotografías pequeñas al lado del poster; fotos de Hemingway firmadas, sosteniendo cañas de pescar y un atún.

Nadie sabe donde quedaron las fotografías; el antiguo bar ahora es un antro que sirve alas de pollo y recibe reseñas generosas.

Pero según Monin, mientras Heeney estaba vivo, las fotografías de "Papa" se contaban entre las cosas más preciadas que poseía el boxeador.