Ceniza eres y en ceniza te convertirás

FYI.

This story is over 5 years old.

Así es como el mundo se acaba, no con una explosión

Ceniza eres y en ceniza te convertirás

Prisioneros en una cárcel cerca de un tiradero de ceniza de carbón en Pensilvania se están enfermando; esa prisión debe cerrarse.
16.6.15

Cuando Manie Foskey le dijo a su madre, Geraldine Waters, que había perdido más de 40 kilos, ella supo que algo andaba mal. Fossey, de 45 años, siempre había tenido un poco de sobrepeso, pero siempre había sido fuerte. En 2004, Foskey fue enviado a la Institución Correccional Estatal (ICE) de Fayette en La Belle, Pensilvania, Estados Unidos, de por vida y se acostumbró a pasar las tardes compitiendo con otros prisioneros sobre quién podía levantar más peso. Sin embargo, en marzo pasado, la persona que salió al cuarto de visitas para ver a su madre era un hombre delgado en silla de ruedas y muy débil. Un fluido como pus salía de sus dedos y parte de su complexión morena oscura se había vuelto blanca en áreas callosas. Waters y su hija, Tracey, apenas lo reconocieron.

Publicidad

Cuando Waters obligó a su hijo a ir a la enfermería, él dijo que sería una pérdida de tiempo. "Nadie quiere ir a la enfermería", dijo. El personal médico era cruel e indiferente con los pacientes de la prisión. Foskey le dijo a su madre que un compañero fue a la enfermería por vomitar y escupir sangre. El personal médico insinuó que estaba fingiendo para poder salir de su celda. El mismo Foskey fue acusado varias veces de fingir síntomas.

Insatisfecha, Waters empezó a llamar a los oficiales de la cárcel para pedir atención médica adecuada para su hijo. "Ya perdí a un hijo. No perderé otro", le dijo a un oficial de la cárcel. Al principio, el personal médico se resistió a enviar a Foskey a un doctor externo, pero eventualmente le hicieron una biopsia de piel y estuvo en el Hospital General Allegheny, en Pittsburgh, durante seis semanas. Fue diagnosticado con esclerodermia difusa, una enfermedad de la piel y los órganos internos que se da comúnmente entre trabajadores de las minas de carbón debido a su cercanía al sílice de las cenizas de este combustible. Foskey fue transferido a la prisión estatal Laurel Highlands, la cual tenía instalaciones médicas más avanzadas donde podría recibir diálisis, ya que la esclerodermia le había causado problemas en los riñones.

Waters estaba confundida ante la esclerodermia y ante cómo era que su hijo había contraído una enfermedad tan rara después de haber estado sano durante mucho tiempo. Mientras investigaba sobre la enfermedad, Waters encontró un artículo de 2010 en la Pittsburgh Post-Gazette sobre los problemas de salud en La Belle. Una cantidad alarmante de residentes estaba desarrollando cáncer, enfermedades en los riñones y extraños problemas en la piel. En una calle con tan sólo 18 casas hubo nueve casos documentados de cáncer. En el condado de Luzerne, donde se encuentra La Belle, la tasa de mortalidad por enfermedades cardiacas es 26 por ciento más alta que el promedio nacional de EU y los niveles de mortalidad de enfermedades relacionadas a la contaminación del aire son "elevados". Otro artículo mencionaba un informe y la labor de promoción del Centro de Leyes Abolicionistas (ALC, por sus siglas en inglés) y de la Coalición de Derechos Humanos de Pensilvania. Ella los contactó para contarles lo que le pasó a su hijo. Mientras tanto, el hecho de que Foskey fuera transferido no significaba que Waters dejaría de hacer ruido en el ICE Fayette: "Sé que la gente se está muriendo", le dijo a un oficial de Fayette por teléfono. "Voy a ser la primera persona en decirle al mundo lo que están haciendo y cómo tratan a los presos". Se refería al hecho de que el ICE Fayette se encuentra encima de un basurero de cenizas de carbón.

Publicidad

En 2000, el gobierno de Pensilvania arrancó la construcción de una nueva prisión de máxima seguridad para hombres en un área de casi un kilómetro cuadrado que La Belle recibió por

parte de Matt Canestrale Contracting, Inc., una compañía contratista de EU. La nueva cárcel compartiría el terreno con el negocio principal de MCC, un vertedero de carbón con un basurero de cenizas y dos estanques de lodo de carbón, producto de una mina cercana. Los residentes de La Belle se habían estado quejando de las cenizas: minúsculas partículas residuales del proceso de minería de carbón. Estas cenizas habían estado cayendo desde la apertura del sitio, en 1997. En sus múltiples quejas al Departamento de Protección Ambiental de Pensilvania, los residentes recalcaron que las cenizas se acumulaban alrededor de sus casas y dificultaban la respiración. Aún así, el estado decidió que sería un buen lugar para una nueva cárcel, por lo que en 2003 la Correccional Fayette abrió sus puertas a muchos nuevos prisioneros que tendrían la tarea de manufacturar las placas de automóviles del estado. Tuvo que pasar un año para que la cárcel llenara su capacidad de 1,825 prisioneros. En 2004, cuando Foskey llegó tras declararse culpable de dispararle a dos personas, fue encerrado en el bloque F, el último que recibió prisioneros. (Desde entonces ha apelado su condena diciendo que tenía una enfermedad mental y que tuvo asesoramiento jurídico poco efectivo). La cárcel, la mitad de cuya población es negra, ahora tiene 11 por ciento de sobrecapacidad, pues hay 2,031 prisioneros.

Publicidad

Al poco tiempo de haber llegado a Fayette, Foskey empezó a darse cuenta de que "los camiones depositaban una cosa negra en la montaña". En ese entonces no sabía lo que era, pero no fue el único que se dio cuenta. Eric Garland, un guardia de la cárcel, sabía de los peligros de la ceniza de carbón, pues su padre había trabajado en una central eléctrica de carbón durante 30 años. En 2010 contactó al Centro de Coalfield Justice —una organización cuyo objetivo es educar al público sobre los efectos de la minería en el ambiente y en las comunidades mineras—, ya que estaba preocupado por el basurero de ceniza (él había sido diagnosticado con hipertiroidismo). Las preocupaciones por los efectos de la ceniza de carbón en el ambiente y en la salud han sido algo común en Pensilvania durante años. El estado produce más de 15.4 millones de toneladas de cenizas al año —el mayor productor de este desecho en EU—. Las cenizas de carbón generalmente contienen arsénico, plomo, mercurio, cadmio, cromo y selenio, toxinas que, en caso de ingerirse, pueden causar cáncer, paro cardiaco, enfermedades pulmonares, problemas respiratorios y muchos más padecimientos. Si se bebe agua de un pozo cercano a un estanque de lodo de carbón, como el que se construyó La Belle, las posibilidades de desarrollar cáncer aumentan de 1 a 50.

Cuando el CCJ habló con Garland, remitió la queja al ALC, un despacho de abogados de interés público en Pittsburgh que trabaja en casos de violación a los derechos humanos dentro de las cárceles. En agosto de 2013, ALC empezó a interrogar prisioneros sobre sus problemas de salud. En total, 75 reclusos aceptaron participar, pero sólo 14 aceptaron dar su nombre, ya que temían represalias por parte de la cárcel. En No Escape (Sin escapatoria), un informe que se publicó el 2 de septiembre de 2014, ALC dio una idea general de los problemas de salud que los prisioneros experimentaban, incluyendo condiciones dermatológicas, enfermedades de garganta y respiratorias, problemas de la tiroides y tumores. De las 75 personas encuestadas, 61 dijeron experimentar dificultades para respirar y sinusitis, 51 habían tenido problemas gastrointestinales, 39 tenían problemas en la piel y nueve habían sido diagnosticadas con una enfermedad de la tiroides o tenían un problema con esta glándula que había empeorado después de su ingreso a Fayette. El informe también notó una alarmante tasa de cáncer: 11 de los 17 prisioneros que murieron entre 2010 y 2013 en Fayette fallecieron a causa de esta enfermedad.

Publicidad

Quizá lo más preocupante del reporte eran los testimonios de los reclusos sobre la falta de atención médica y, en algunos casos, negligencia. Darin Hauman, un prisionero de Fayette desde 2010 que trabaja en la enfermería de la cárcel, destacó cómo el personal médico le negó agua a un hombre enfermo (que después murió de cáncer cerebral). Él dijo a ALC: "En sus últimas semanas de vida algunos médicos deliberadamente le indujeron deshidratación al simplemente negarle que bebiera agua. Tampoco lo hidrataron por vía intravenosa. Yo iba al ala donde estaba Greg, me mojaba el dedo con agua para hidratar sus labios, ya que estaban como pegados, y luego le dejaba caer gotas de agua en la lengua sólo para que pudiera usar un popote y dar unos cuantos sorbos. Me regañaron muchas veces por hacerlo. Cuando me acuerdo, me encabrono. Negarle agua a una persona habla mucho de la ideología del personal médico que nos atiende en esta cárcel".

Otro recluso dijo a ALC que "[el personal de enfermería] acusa a casi todos los reclusos que entran a la enfermería de fingir síntomas". Otro de ellos dijo que no había visto a un médico en dos años y medio, a pesar de tener problemas respiratorios y dolores de cabeza crónicos, debido a que "cobran mucho por una llamada al doctor y no hacen nada para aliviar los síntomas. (Muchos reclusos, que ganan a lo mucho 42 centavos de dólar [unos seis pesos] por hora, no pueden pagar el precio de cinco dólares por llamada al médico). En algunos casos de cáncer, "a los prisioneros se les negó ser evaluados hasta que el cáncer empezó a amenazar sus vidas, evidencia del peligroso nivel de negligencia mostrado por el personal médico", decía el reporte.

Publicidad

Para Derek Downey, un prisionero de 28 años que ya lleva tres años encarcelado, la negligencia médica de la que ha sufrido ha tenido graves consecuencias. La historia de Downey no apareció con su nombre en el reporte de ALC, pero a mí me la contó después de su publicación. El 30 de junio de 2013, después de un mes de exámenes de orina y sangre, Downey fue enviado a la sala de emergencias del Hospital General Allegheny. Le diagnosticaron colitis ulcerosa y le dieron varias medicinas con instrucciones para el personal médico de Fayette. Sin embargo, el personal de la cárcel se negó repetidamente a seguir las instrucciones e intentaron retirar el tratamiento más de una vez. Cuando esta negligencia ocasionó que la salud de Downey se deteriorara y que sus síntomas volvieran a estallar, un doctor de Fayette le prescribió medicamentos que le causaron una hernia. En diciembre pasado, el doctor de nuevo le prescribió medicamentos que los especialistas externos le dijeron que no tomara. (El portavoz del Departamento Correccional de Pensilvania se negó a dar declaraciones sobre las acusaciones de tratamiento médico deficiente).

Antes de llegar a Fayette, Downey dijo que siempre había estado saludable. Ahora, los efectos ambientales, combinados con el pésimo cuidado médico de la cárcel, parecen haberlo afectado seriamente. "Me están deshaciendo", me dijo. "Sólo quiero estar sano de nuevo".

Publicidad

A fin de cuentas, los investigadores de ALC alegaron que si los reclusos son expuestos a contaminantes que afecten su salud, se estaría violando la Octava Enmienda, que prohíbe la aplicación de castigos crueles y abusivos. ALC aceptó que sus hallazgos estaban limitados debido a que sólo hablaron con una pequeña fracción de los prisioneros. No obstante, esperaban que sus esfuerzos llevaran a que los reclusos fueran transferidos a otro complejo y que Fayette cerrara.

Una semana después de la publicación del reporte, Anthony Willingham fue a la enfermería de la cárcel por un músculo dorsal que se lastimó tras haber tosido muy fuerte. Willingham, un afroamericano de 55 años de 1.70 metros de altura, empezó a experimentar dificultad de respiración, tos crónica y secreciones mucosas unos seis meses después de su ingreso a Fayette, en diciembre de 2011. En ese entonces le prescribieron un inhalador y le dijeron que lo que tenía era una infección en la garganta. No le permitieron ir al hospital durante año y medio, cuando al fin pudo hacerlo, los doctores encontraron que era más que una simple tos. Tenía una enfermedad pulmonar obstructiva crónica y le tuvieron que extirpar un tumor cancerígeno de garganta. Cuando supo de la investigación de ALC, Willingham decidió participar y fue uno de los pocos prisioneros de Fayette que aceptó que lo citaran por nombre.

En septiembre pasado, el personal médico le examinó la espalda, pero sólo le dio ibuprofeno. Sólo lo dejaron "acostado y gritando durante siete días", dijo. Su dolor era tan fuerte que no podía usar las piernas ni salir de la cama. Aun cuando sabía esto, el personal ponía su bandeja de comida en una silla a tres metros de distancia. Le negaron un calentador de cama y terminó orinándola varias veces. Durante una semana ni siquiera le cambiaron las sábanas ni la ropa. "Fue brutal", describió la reacción del personal médico frente al hecho de que hubiera participado en el reporte de ALC. "La conducta de todos cambió. El asistente médico que siempre me revisa se volvió arrogante y me obliga a maldecir".

Publicidad

El personal de la enfermería también le quitó los tratamientos respiratorios que debía tomar dos veces al día. Sólo le regresaron el tratamiento cuando, según Willingham, su doctor del Hospital General Allegheny, Billie Barker, llamó a la prisión y lo exigió. Sin embargo, la frágil salud de Willingham sigue deteriorándose. Ha perdido 16 kilos en las últimas diez semanas, sus tobillos están hinchados y tiene los ganglios linfáticos inflamados.

En otoño, Willingham estaba buscando un trabajo en la cárcel para poder ganar más de los 14 dólares al mes que se les dan a las personas desempleadas encarceladas en Fayette. Pero después de que el artículo se publicara, nadie quiso contratarlo. Willingham escribe partituras de jazz y esperaba obtener un trabajo en reparación de instrumentos musicales. Se había ofrecido como voluntario durante varios meses, pero a finales de septiembre su supervisor le dijo que no lo contrataría. Ahora Willingham apenas tiene lo suficiente para conseguir una llamada al doctor, y ni hablar de las llamadas a familiares o comprar artículos de primera necesidad en la comisaría.

Sorprendentemente, Willingham no se arrepiente de dar su nombre para el reportaje. "Quiero que el mundo sepa lo que he pasado", dijo. "Tal vez muera mañana, pero me niego a morir antes de que se sepa que hay hermanos en esta cárcel siendo maltratados. Ésta es una forma de maltrato". Willingham está preocupado por los prisioneros jóvenes de Fayette. "Yo estoy aquí de por vida, pero muchos no. Ya te sentenciaron una vez; no viniste a que te sentencien a muerte".

Publicidad

"Yo estoy aquí de por vida, pero muchos no", me dijo un recluso con una enfermedad pulmonar obstructiva crónica. "Ya te sentenciaron una vez; no viniste a que te sentencien a muerte".

En Año Nuevo, el Departamento Correccional anunció que había terminado una investigación sobre los efectos del basurero de cenizas en la salud y se publicó un comunicado de prensa de dos cuartillas. Éste declaraba que el suministro de agua de Fayette había sido analizado en agosto y que cumplía con todos los estándares. La dependencia también comparó las tasas de mortalidad de Fayette con las tasas de cáncer de otras cárceles de Pensilvania desde 2010 hasta 2013. Aunque la tasa de mortalidad por cáncer en Fayette (1.34 por cada mil reclusos) era más alta que el promedio estatal (1.09 de cada mil), ésta tenía el séptimo lugar dentro de un rango de 26 prisiones. (Dos días antes de la publicación de los resultados, el Departamento de Salud estatal anunció que, basándose en su propia revisión de los diagnósticos de cáncer en los reclusos de Fayette, "no existe indicación alguna de que el ambiente contribuye a tal riesgo"). El Departamento de Correccionales también observó el número de medicamentos que la prisión ordena para el tratamiento de enfermedades pulmonares, respiratorias y gastrointestinales y lo comparó con el número de prescripciones de otras instituciones: la Correccional Fayette quedó en medio o un poco debajo del promedio.

Publicidad

Sin embargo, después de que el informe saliera, muchos expertos ambientales cuestionaron los hallazgos y metodología del Departamento de Correccionales. Lisa Evans, una abogada ambiental de Massachusetts, me dijo que analizar el agua potable de la cárcel una sola vez no era suficiente para obtener un resultado exacto de los niveles de contaminantes. "El monitoreo del agua no es confiable si la analizas sólo una vez", dijo. "La orden de monitorear el agua subterránea no es sólo un requisito anual. Generalmente es semestral, a veces trimestral". (El Departamento de Correccionales me dijo que los resultados de un análisis más reciente del agua, que no compartirán con la prensa, son "buenos").

El Tri-County Joint Municipal Authority, una empresa que brinda el suministro de agua para la prisión y los residentes de La Belle, ha sido atacado durante años por el Departamento de Protección Ambiental de Pensilvania. Desde —al menos— 2008, el nivel total de trihalometanos —los derivados a menudo cancerígenos de la desinfección del agua— de la compañía ha sido mayor al nivel máximo de contaminante (MNMC) de .08 miligramos por litro. En el último trimestre de 2014, el nivel llegó hasta a los .11 miligramos por litro. Cada vez que el nivel esté más arriba del estándar de agua potable, se requiere que las autoridades envíen un aviso. El aviso de la compañía advierte que "algunas personas que beben agua con trihalometanos en exceso pueden desarrollar algunos problemas de hígado, riñones o del sistema nervioso central y tienen un mayor riesgo de contraer cáncer". Estos anuncios han sido enviados a los residentes de La Belle cada trimestre desde al menos 2008; el más reciente tenía fecha del 2 de marzo de 2015. Sin embargo, los reclusos de Fayette no ven estos anuncios, aun cuando son la única población expuesta a este suministro de agua a la que no se le permite beber agua de otra fuente. (En la Correccional Fayette, no se permite el agua embotellada).

Publicidad

ALC criticó al Departamento de Correccionales por medir la tasa de enfermedades gastrointestinales, respiratorias y pulmonares basándose en la cantidad de medicinas prescritas. Varios reclusos han señalado el fracaso del personal médico para brindar tratamientos adecuados. También declararon que éste sólo prescribe ibuprofeno y antihistamínicos para problemas que claramente necesitan medicación más fuerte, y que se niegan a llevar a cabo más análisis, aun cuando los medicamentos no alivian los síntomas. A un preso que tenía una gran formación en las cuerdas vocales que debía ser extirpada sólo se le prescribió Claritin. A otro que había tenido espasmos musculares durante seis meses le prescribieron Motrin, a pesar de que es alérgico a tal medicamento. Me dijo estar tan frustrado que desde entonces "prefirió dejar de hablarle al doctor".

La investigación del Departamento de Correccionales no tomaba en cuenta la calidad del aire de la cárcel ni las historias de los reclusos sobre partículas negras en los conductos de ventilación y en las ventanas, las cuales al parecer venían del basurero de cenizas. Los altos niveles de partículas finas son una de las mayores preocupaciones en cuanto a la ceniza de carbón. Si se alojan en los pulmones durante mucho tiempo, podrían causar enfermedades respiratorias y contribuir a una muerte prematura.

En julio de 2010, Analytical Laboratory Services, Inc. (ALSI) —una empresa que analiza el agua, la tierra, e incluso los desechos tóxicos— llevó a cabo un estudio de dos días de la calidad del aire dentro y fuera de Fayette. Probablemente sea el único que se ha llevado a cabo dentro de la prisión. ALSI encontró que los niveles de partículas finas eran tan altos como 390 microgramos por metro cúbico (mcg/m3) afuera y 213 mcg/m3 dentro de la cárcel. En total, 25 de las 31 secciones de la prisión —incluyendo a diez de once bloques— estaban encima del nivel recomendado de 50mcg/ m3. La medida promedio de los niveles de partículas finas en las celdas era dos veces y media mayor de lo que se considera sano. El informe también reconoció que la causa más probable de los niveles altos eran los "niveles de partículas al aire libre" y "que los conductos del aire acondicionado estaban llenos de polvo o sucios en algunos puntos", lo que corroboraba los testimonios de los reclusos. Cuando se le preguntó sobre la calidad del aire en la cárcel, el Departamento de Correccionales dijo que el análisis de 2010 mostró que los niveles de partículas eran saludables.

Publicidad

ALC, insatisfecho con los resultados del Departamento de Correccionales, anunció que expandiría su estudio para incluir a las 2,031 personas encarceladas en Fayette y en febrero empezó a enviar cuestionarios por correo. El estudio pide a los reclusos describir los síntomas y diagnósticos de cualquier enfermedad o cáncer pulmonar, respiratorio o gastrointestinal. Dustin McDaniel, de ALC, predice que recibirán unas 500 o 600 respuestas en total; ya han recibido más de 300. Este estudio está a la par con uno que se está llevando a cabo en los residentes de La Belle, el cual documentará los diagnósticos y síntomas de los 300 habitantes.

"Lo que sabemos de la revisión del Departamento de Correccionales es que fue un estudio muy pequeño diseñado para negar y descartar cualquier problema en Fayette", dijo McDaniel en un comunicado de prensa. "Muchas personas que viven al lado de este basurero, tanto en la cárcel como en la comunidad, están enfermas. Lo que no sabemos es cuántas personas ni en qué medida sufren los mismos problemas. En este estudio, los abogados de los reclusos y los líderes vecinales están trabajando juntos para descubrirlo".

Los pueblos donde se construyen prisiones a menudo son hogar de toxinas que dañan al ambiente y la salud de la población, a veces las prisiones incluso están encima de tierras tóxicas.

Después de ponerse en contacto con ALC, Geraldine Waters, cuyo hijo fue transferido tras su diagnóstico de esclerodermia, asistió a dos reuniones en Pittsburgh con familiares de los reclusos de Fayette y a dos reuniones en el Departamento de Bomberos de La Belle, donde los residentes se reúnen una vez al mes. Los objetivos de la comunidad son simples: que cierren el tiradero de cenizas, que reciban compensación por sus problemas de salud y que obtengan ayuda financiera y logística para irse a otro lado. Para los que están del lado de los prisioneros, la meta principal es cerrar la cárcel. Los familiares de los reclusos, que se llaman a sí mismos Fayette Justice Project (Proyecto de Justicia Fayette), lanzaron una petición que exige al gobernador de Pensilvania, Tom Wolf, llevar a cabo una auditoría de tanto el Departamento de Protección Ambiental como del Departamento de Correccionales para determinar "si y cómo [es que los departamentos] han puesto la salud de los prisioneros, del personal de la cárcel y de los miembros de la comunidad en riesgo debido a la contaminación del basurero y el suministro de agua. Esta auditoría también debería determinar si han sido negligentes o cómo han intentado esconderle al público la evidencia de contaminación y de problemas de salud".

Publicidad

Un mes después de que el primer reporte de ALC fuera presentado, Shirley McIntyre,* una mujer de Filadelfia, cuyo nieto está encarcelado en Fayette, escuchó el rumor de que dos guardias tenían planeado demandar a la cárcel por los daños ambientales y a la salud. Los cuatro guardias con problemas documentados de tiroides negaron estar preparando una demanda, pero otro guardia me dijo que los oficiales no quisieron aceptarlo por temor a represalias por parte de la gerencia y a que su unión se deshiciera. (Él pidió que mantuviera el anonimato por las mismas razones). "No quiero decir que haya sido un encubrimiento, pero creo que la investigación [del Departamento de Correccionales] fue insuficiente", me dijo. "Están haciendo un mal trabajo para proteger a la gente que trabaja aquí". También era bastante crítico del personal médico. "Lo que escuches de los reclusos probablemente sea verdad", dijo. Cuando McIntyre supo de los guardias enfermos, se preocupó de que, aunque la cárcel hiciera algo para protegerlos, ignorara las inquietudes de los reclusos. Decidió unirse a Fayette Justice Proyect.

McIntyre ha estado yendo a la cárcel en los autobuses para familiares que organiza la Pennsylvania Prison Society —una institución que ayuda a prisioneros y sus familias— desde que su nieto de 32 años fue enviado a Fayette en 2009. Después de saber de los problemas de salud empezó a subirse a los autobuses con volantes que detallaban los hallazgos del informe del ALC. McIntyre ya había empezado a contactar a sus representantes, pero también sintió que era su deber informar a los familiares que tomaban el autobús hacia Fayette. "El agua es turbia", me dijo. "Si algo está pasando en la cárcel, siento que nosotros deberíamos saber, al igual que sus seres queridos, ya que nosotros también entramos a la propiedad; también usamos las instalaciones".

En un reciente viaje de regreso de La Belle a Filadelfia, McIntyre pasó información sobre el reporte, el cual incluía una lista de síntomas que podrían tener los reclusos de Fayette. "¿No tienes miedo de que se metan con tu nieto?", le preguntaron las otras madres. "La razón por la que no puse mi nombre es porque no quiero que [los oficiales de la cárcel] molesten a mi nieto", me dijo.

En marzo conocí a las familias en el punto de encuentro en Filadelfia para subir al autobús de las 2AM hacia la cárcel. El camino de siete horas fue muy tranquilo y los pasajeros en su mayoría durmieron, pero llegar a Fayette en la mañana era un asunto trascendental. La gente que visitaba a los reclusos se ponía al día con los demás; muchos se habían hecho amigos cercanos después de haberse ido tantas veces en el mismo autobús. Una cosa era segura: no había nada triste ni solemne sobre el día de visitas. Era emocionante —era cuando las personas volvían a ver a sus parejas, hermanos, padres o amigos por primera vez en meses—. No había vergüenza. En lugar de eso había un entendimiento entre los visitantes sobre las complejas capas del sistema de justicia penal estadunidense. Había impaciencia para pasar a través de los filtros de seguridad y llegar al cuarto de visitas lo más rápido posible; mientras más tiempo estuvieran con sus seres queridos, mejor.

McIntyre me dio un codazo suave mientras bajábamos del autobús. "No olvides ver el agua", dijo. Cuando entré, fui al bebedero para rellenar mi botella. Era turbia y podía ver pequeñas partículas flotando, por lo que decidí no beberla. McIntyre luego me presentó a su nieto, un hombre joven de poco menos de 1.82 metros con una complexión morena clara y un asombroso parecido a su abuela. Con esa cara de bebé, bien podía pasar por alguien de 20. Está sentenciado de por vida, sin posibilidad de libertad condicional, por asesinato. McIntyre lo está ayudando para apelar el caso, que ya les ha costado diez mil dólares. Ella dijo que estaba en la cárcel por un asesinato que no cometió. "Fue un homicidio y él ni siquiera estaba por ahí, no sabía nada", me dijo. "Soy su abuela. Sé lo que hace y no voy a encubrir a nadie".

Yo estaba en la cárcel para conocer y entrevistar a Willingham después de algunos meses de mandarnos cartas y hablar por teléfono. Nos sentamos de un lado del enorme cuarto de visitas, lejos de la mirada de los guardias. La voz de Willingham era rasposa y tranquila. A la mitad de la entrevista empezó a toser y tuvimos que parar. Se acercó con el guardia para obtener su inhalador, deteniéndose unos 20 minutos mientras se tocaba el pecho. La gente está "muerta de miedo", dijo. Los prisioneros han estado "haciendo su mejor esfuerzo para ser transferidos: o se portan bien y lo piden o son desagradables y hacen cosas para salir de aquí.

"Es horrible ver que todos se deterioran y mueren", dijo, señalando a los prisioneros a su alrededor. "Siempre se preocupan por mí". Pero Willingham también está preocupado. Hace pocos meses, John Perry, uno de sus amigos de Fayette, murió tras ser diagnosticado con cáncer de pulmón en etapa 4. Perry tenía muchos de los síntomas de Willingham. "Le dieron diez meses de vida; no duró ni cuatro", dijo Willingham desconcertado.

Antes de morir, Perry estaba en un grupo de reclusos que se organizaba desde adentro. Liderados por un preso a quien le diagnosticaron enfermedad de Graves el año pasado, tras haber pedido la función motora en brazos y piernas, los reclusos se inscriben en la misma actividad a la misma hora para poder reunirse sin crear sospechas. Sus esfuerzos son para lo mismo que busca el Fayette Justice Project. Todo este tiempo, Foskey también ha estado agitando las cosas desde su celda a 120 mil kilómetros, en la cárcel Laurel Highlands, tal como su madre lo hace en el exterior. "Deberían cerrar [la prisión]", dijo. Él también está abogando para que los reclusos reciban compensación por sus problemas de salud. "Cuando los pones en un ambiente que sabes que es injusto, los pones en riesgo. Eso es un castigo cruel".

La justicia ambiental y los derechos de los prisioneros se han visto como dos asuntos diferentes desde hace mucho tiempo, pero frecuentemente están entrelazados. Los pueblos donde se construyen prisiones a menudo son hogar de toxinas que dañan el ambiente y la salud de la población, a veces las prisiones incluso están encima de tierras tóxicas. En Nueva York, tres cuartos de la cárcel Rikers Island están construidos sobre un vertedero de sustancias que no se dan a conocer al público. En demandas recientes, oficiales de las prisiones han acusado al vertedero de causar cáncer. El Valle de San Joaquín, en California, es hogar tanto de un tercio de las cárceles estatales de adultos como de varios contaminantes, basureros de desechos tóxicos e incineradores. En 2011, Pensilvania permitió que la tierra de 24 prisiones estatales fuera rentada para fracturación hidráulica e infraestructura de perforación de pozos.

Little Blue Run, el embalse de cenizas de carbón más grande de Estados Unidos, está a unos 120 kilómetros de La Belle, en la frontera de Pensilvania con Ohio. Los residentes del área han lidiado con decenas de fugas y derrames que han contaminado el agua potable y han acabado con la vida silvestre. Durante años han protestado y pedido su clausura —un acto que finalmente ocurrirá gracias a un acuerdo logrado en 2012 entre el operador del sitio y el Departamento de Protección Ambiental—. El gobierno ordenó que la compañía se abstuviera de tirar sus desechos en Little Blue Run para finales de 2016, aunque la planta de energía que produce las casi 3.4 millones de toneladas de ceniza al año aún seguirá operando. ¿El plan? Enviarlas en barcazas por los ríos Ohio y Monongahela hacia la propiedad de Matt Canestrale Contracting en La Belle y tirarlas frente a la Correccional Fayette.

* Éste no es su nombre verdadero.