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Fotos

Instantáneas de la era nazi y la banalidad del mal

Recorriendo mercadillos, propiedades en venta y los vericuetos de internet, Daniel Lenchner ha hecho acopio de más de 500 fotografías de nazis tomadas por nazis que relatan su vida diaria: sus familias, sus amistades y sus actividades de ocio.

por Roc Morin
20 Mayo 2014, 10:05am

No hay Lakotas en la foto. Todas las fotos pertenecen a la colección de Daniel Lenchner.

"¿Has oído hablar de los indios Lakota?", me preguntó Daniel Lenchner, pasándome una foto ligeramente descolorida de principios del siglo XX. Era una orla en cuya parte inferior aparecía el nombre de un lugar: Lakota, Dakota del Norte.

"Bien, ahora, a ver si puedes encontrar a algún indio en esa foto", me retó Lenchner.

Me puse a repasar las hileras de rostros caucásicos.

"No lo encontrarás", continuó. "Nos libramos de ellos. No más Lakotas en Lakota. Esa foto parece un retrato, pero también podría decirse que es la foto de un genocidio."

La ausencia implícita es una constante en la colección fotográfica de Lenchner. Recorriendo mercadillos, propiedades en venta y los vericuetos de internet, Lenchner ha hecho acopio de más de 500 fotografías de nazis tomadas por nazis que relatan su vida diaria: sus familias, sus amistades y sus actividades de ocio.

Como judío cuyos antepasados murieron en el Holocausto, estas miradas a la intimidad de las vidas de los persecutores de su familia enfrentan a Lenchner cara a cara con lo que la filósofa política Hannah Arendt ha dado en llamar "la banalidad del mal".

Visité a Lenchner, de 68 años, en su amplio apartamento de Nueva York para echar un vistazo a su colección y hablar sobre sus implicaciones.

VICE: Lo más chocante de muchas de estas imágenes es que, sin los uniformes, es difícil adivinar que esta gente es nazi, ¿no?

Daniel Lenchner: Sí, realmente esa es la tesis que pretendo demostrar: estas personas son normales en apariencia, pero las apariencias engañan. Ha surgido un fenómeno en el mundo de las noticias consistente en entrevistar por la calle a gente que acaba de saber que su vecino es un asesino en serie. Siempre se muestran sorprendidos y aseguran no haberse dado cuenta, que deberían haberlo sabido. Siempre subyace la idea de que lo deberían haber supuesto, pero la verdad es que no hay forma de saberlo, por lo que no hay razón para sorprenderse.

Una vez entrevisté a la sobrina nieta del líder nazi Herman Göring. En sus álbumes familiares podían verse fotografías como estas. Recuerdo que me contó cómo podía sentir el amor que emanaba de muchas de las escenas: padres cogiendo a sus hijos en brazos, matrimonios abrazándose, amigos riéndose. ¿Cómo reaccionas ante ese tipo de emociones?

Sí, esos tipos regresaban a casa con sus esposas e hijos y probablemente les cantaban hermosas canciones de cuna en alemán, pero eso no los exonera de sus actos. Es decir, a Hitler le encantaban los perros y era vegetariano. Genial, pero eso es irrelevante. Al fin y al cabo, son aspectos conciliables. Bueno, quizá no exactamente conciliables, pero que pueden coexistir. El mal y la ausencia del mismo pueden coexistir en una persona. Sin embargo, en Nuremberg no se habló de que eran buenos con sus mujeres, porque eso no tenía importancia.

Parece que el hombre de esta foto no era tan buen marido. ¿Lo que hay escrito detrás es una carta de ruptura?

Sí, algo así.

¿Podrías describirme lo que estamos viendo?

Pues tenemos una foto de estudio de un oficial alemán, y en la parte de atrás hay un mensaje, aparentemente escrito por su amante. En el mensaje anuncia que le devuelve la fotografía porque le ha traído mala suerte. Él es un playboy. Ella hace referencia a sus "escapadas a Weimar" y habla de su mujer.

¿Qué es lo que más te gusta de la foto?

Es tan normal, tan banal... Un hombre engañando a su esposa, nada raro. Es el típico sinvergüenza. Pero si le pones un uniforme nazi, ya tienes a un sinvergüenza especial.

En este caso, la historia la encontramos en la misma imagen, pero hay muy poco contexto para la mayoría de las fotos. ¿En qué medida lo que ves es producto de lo que proyectas al ver las imágenes?

Esa es la pregunta del millón, ¿no? Te voy a enseñar algo que trata sobre eso. Esta es una de las fotos más sorprendentes que he comprado y no hay nada escrito en el reverso. Mírala y dime qué ves.

Una masacre.

Sí, una pequeña masacre, y lo que creo que es una violación. Esto es una mujer con un pañuelo en la cabeza. Está tumbada sobre la mesa con las piernas separadas, y le han puesto un poco de paja bajo la cabeza para que estuviera más cómoda. Me parece que todo el mundo está muerto: cuerpos, cuerpos y más cuerpos. Los alemanes ya han acabado, aquí. Se dirigen a lo que parece una pequeña estación de tren. Todos están de espaldas a la cámara. "Ya hemos hecho nuestro trabajo y nos vamos".

Los más perturbador de todo quizá sea el detalle de ponerle paja bajo la cabeza a la mujer para que estuviera más cómoda mientras la violaban y la mataban. Ahí se reconoce un atisbo de humanidad.

Este hombre muerto también parece rodear a esta persona con el brazo en un gesto protector.

Como si pudiera protegerlo de las balas.

Como te decía, no hay nada escrito detrás de esta fotografía, pero la historia está muy clara. No es necesario dejar mucho a la interpretación.

Aún así, cuesta no proyectarse, ¿verdad? Esto no es tan diferente de las fotografías de guerra que tantas veces hemos visto...

Exacto, esta foto bien podría haberla hecho Robert Capa.

La composición es excelente y el enfoque extremadamente preciso.

Correcto. Si algo se puede decir de los nazis es que iban a la guerra con cámaras muy buenas. No iban con baratijas de usar y tirar. Llevaban Leicas, buenas cámaras con buenas lentes. Puedes ver el número en el tren, las briznas de hierba, los ojos del hombre muerto.

Como dices, se parece a lo que hace Robert Capa, pero —y volviendo al tema de la proyección— el hecho de saber quién hizo la foto la confiere de un grado de intimidad que supera las fronteras del periodismo fotográfico. Está casi a la altura de una foto de familia, solo que en lugar de posar sonriendo, todo el mundo está muerto.

Y luego viene la pregunta para la que no hay respuesta: ¿por qué hicieron esa foto?

¿Por qué crees?

A veces te preguntas si estaban orgullosos de lo que hacían. Quién sabe. No tengo una respuesta para esto.

Bueno, está claro que no la hicieron por tu bien. Hay algo profundamente subversivo en el hecho de que la foto haya acabado en tus manos. Quiero decir que el fotógrafo ni siquiera sabía de tu existencia.

No. Pero entonces, ¿para quién era? ¿Un oficial superior, sus amigos, su mujer, sus hijos?

Resulta estremecedor ver esa foto en la misma colección que esta otra. Esta es muy alegre: un montón de gente riéndose de algo que no aparece en la imagen.

Pero mira ahí. ¿Ves la esvástica? De repente se convierte en una imagen siniestra. ¿De qué se ríen? Nunca lo sabremos. Y se lo están pasando de coña. Es genial. Aquí tienes ejemplos de todo tipo de cómo se ríe la gente. Algunos se tapan la cara, otros se doblan por la cintura, algunos se ponen la mano en el estómago, este de aquí se inclina hacia atrás, esta se cubre la boca y esta señala para llamar la atención de su amiga.

Hay que estar condicionado para ver la esvástica. He tardado un segundo.

Sí, cierto. Estoy tan predispuesto que veo esvásticas donde no las hay.

Al estar tan condicionado, ¿cómo ves a los alemanes en la actualidad?

Viví cinco años en Alemania, donde trabajé como profesor universitario para el ejército estadounidense. Enseñaba literatura comparativa a los soldados. Eso fue a mediados de los 70, así que muchas de las personas que me cruzaba por la calle habían vivido la época nazi. Era, cuando menos, raro. Cuando te subes a un tren alemán, no puedes evitar pensar en todos esos vagones atestados de seres humanos. Pero también te sorprenden las cosas buenas. Es un país limpio, los trenes van en hora y la gente es muy honesta.

¿En qué sentido es honesta?

En los baños de las autopistas, por ejemplo, hay unos platos en los que puedes dejar una propina para la persona de la limpieza. Entras en el baño y ves un plato lleno de dinero. Haz lo mismo en las estaciones de servicio de Nueva Jersey y el dinero no duraría ni tres minutos. Se llevarían el dinero y el plato. En Alemania no solo no roban el dinero, sino que ponen más. Cuando ves eso, piensas ¿esta gente es la misma que la responsable del Holocausto? ¿Cómo puede ser? Supongo que sí habría gente honesta, en sentido estricto: poniendo dinero en el plato para luego ir a construir campos de concentración.

La familia Lenchner en Lodz, Polonia, en 1935. El padre de Lenchner (en la fila de atrás, el segundo por la derecha) fue el único que sobrevivió la guerra.

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