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Los Pájaros del Alba, el grupo mexicano que mantiene vigente el son jarocho

Todo preparado para recibir este sonido que, desde el mestizaje, carga con toda la potencia de la juerga popular.

Cosoleacaque es un municipio al sur del estado de Veracruz, México, en donde actualmente viven un poco más de 100.000 personas. Fue fundado antes de la conquista española por los nahuas, en el centro de la civilización Olmeca. En esta ciudad nacieron Óscar Castellanos y Sael Bernal, integrantes que han permanecido desde la formación original de la agrupación Los Pájaros del Alba en el año 2000. Desde entonces, ellos dos -junto a cinco músicos más- se dedican a recopilar y reinterpretar canciones populares del ritmo tradicional mexicano son jarocho.

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Óscar y Sael se conocieron por ser visitantes asiduos del fandango, una fiesta tradicional donde se congregan decenas de músicos, poetas, bailarines y, por supuesto, personas del pueblo dispuestas a vivir un ritual artístico y gastronómico durante varios días seguidos.

Hay bailes que involucran al espectador. A Óscar le llegó la música por unos vecinos que eran soneros: "sus hijos me invitaban a los fandangos que se hacían cotidianamente desde el 25 de diciembre hasta el 2 de febrero. La música siempre ha estado alrededor de nuestros pueblos".

Los fundadores de Los Pájaros fueron Sael Bernal, Luis Lara, Cipriano Lara y Eriel Torres. Un tiempo después, la mayoría tuvo que migrar a otras ciudades para trabajar, y el único que se quedó en Cosoleacaque fue Sael. Para la segunda generación invitaron a Óscar. Y para la tercera generación invitaron a Kevin, a Adrián, a Chopo, a Nazario. Con este último equipo se han mantenido 9 años hasta la fecha.

Han publicado un único disco: El gallo. Óscar sostiene que "el grupo es una organización independiente de cualquier institución gubernamental. Se sostiene por el amor a nuestra música, el interés y el deseo de volvernos a ver".

Al indagar sobre la vigencia del son tradicional en México, Óscar cuenta que hace un par de décadas años era música para ancianos, "únicamente estaban los señores de 60, 70, 80 años tocando alrededor la tarima, y nadie se acercaba. Pero de 15 años para acá esto ha crecido entre los jóvenes: traspasó fronteras".

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La alineación de los Pájaros consta de un requinto, que lleva la melodía y lo dibuja todo; una leona, que es un bajo acústico; jaranas primera, segunda y tercera, que son el acompañamiento; un marimbol, que es la atmósfera, el entorno que le da fuerza; y una tarima de madera, que es la percusión, zapateada por una bailadora. Esta tarima es la base del fandango. Yahil, la percusionista de Los Pájaros, cuenta: "fui desarrollando el estilo en las fiestas del pueblo, en las rancherías… cada vez que había fandangos de los santos, o de quince años, o de bodas o velorios, iba al fandango a ver cómo zapateaban las señoras, viejitas y niñas, y ahí fui desarrollando otras maneras de bailar".

Saúl recuerda que tuvo la fortuna de aprender con diferentes maestros que tenían la misión de encaminar a una nueva generación musical en los ritmos jarochos. "Mi abuelo tocó la jarana durante mucho tiempo, y cuando migraron de Juan Rodríguez Clara -que era el pueblo donde él nació- a Cosoliacaque -que es el pueblo donde yo nací- a trabajar en la industria petrolera, toda la familia estaba en una nueva religión y él dejó de tocar muchos años. Pero cuando Saúl y yo empezamos a tocar la jarana, él volvió a la música. Por un lado teníamos a los maestros en el pueblo y por otro teníamos al abuelo que nos contaba la historia de los fandangos de su época, la música, la forma de tocar y cómo se desarrollaba la fiesta".

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El eje vital del son jarocho lo constituye la fiesta, que por igual lo ambienta y lo hace posible. A diferencia de otros géneros de la música mexicana, el fandango tradicional ocurre sin grupos pre-establecidos: alrededor de una tarima se pueden juntar 10, 20, 30 o 100 músicos. Esto hace que en un mismo escenario se encuentren intérpretes de distintas generaciones con diferentes estilos, de acuerdo a su región y a su edad.

Aunque directamente influenciado por tradiciones musicales afrodescendientes e indígenas, el son jarocho también guarda relación cercana con la música barroca popular española. Piezas del cancionero popular mexicano como "Cielito lindo" o "El butaquito" tienen gran similitud lírica con obras españolas de inicios del siglo XVIII.

Cuenta Sael que en los años 50 hubo una mezcla del son jarocho con el ballet folclórico importado de España: "todas las mujeres tenían que bailar el mismo paso, con el mismo traje -blanco y elegante-, el mismo maquillaje y la misma sonrisa. Pero la música jarocha tiene más de tres siglos de historia y nació de la gente más humilde. Negros e indígenas: campesinos, gente de los arrabales, gente pobre".

Aunque muchas personas asociaban al ballet folclórico con el jarocho, en comunidades como Chacalapa, Santiago Tuxtla, San Andrés Tuxtla o Santa Rosa Loma Larga nunca dejó de haber fandango. Dice Sael: "el ballet folclórico buscaba la perfección, el fandango la comunión. Ese es el objetivo del fandango: allí la gente se conoce, se relaciona. El fandango de Chacalapa para San Juan Bautista se hace para todos los que cocinan. El tercer día, el mayor domo sale con una bandera a pasear por las calles. Detrás de él van los jaraneros, y detrás de ellos va todo el pueblo. Y él va caminando con esa bandera y si la lleva a tu casa allá toca la fiesta, seas el más rico o el más pobre. A veces toca en casa de gente rica que hace fiestas bonitas. Pero los mejores fandangos que yo he visto en mi vida han caído en la gente más pobre, porque los barrios apoyan a su gente. El que puede poner dinero pone dinero, comida, maíz. Ves 300 mujeres haciendo tamales o 50 hombres destazando una res. La fiesta es un vínculo para que la gente trabaje unida".

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Al preguntarle por el historial de un cancionero de protesta en la música tradicional mexicana, Sael cuenta que el son jarocho surgió del descontento frente a la iglesia española: "En esa época cantaban picardías en contra de la iglesia, como: en la esquina está parado / un fraile de la merced / con los hábitos alzados / enseñando el chuchumbé."

Además, el son atravesó también la revolución mexicana, como es el caso del emblemático Arcadio Hidalgo, que peleó en las últimas batallas de la revolución y quien entonaba: Yo fui a la revolución a luchar por el derecho / pa' sentir sobre mi pecho una gran satisfacción / mas hoy vivo en un rincón cantándole a mi amargura / pero con la fe segura y gritándole al destino / que es el hombre campesino nuestra esperanza futura.

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Los pájaros del alba fueron invitados al , celebrado en Tinjacá, Boyacá los días 13, 14 y 15 de agosto. En medio de su viaje por Colombia también aterrizarán en el y en *matik-matik*, el martes 9 de agosto a las 9 pm, para cerrar con broche de oro su paso por la capital.