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Viajes

Fotografiando a los hijos de los nuevos ricos de Rusia

Son jóvenes y con el poder de mandarte asesinar.
25.1.12

Miren a este tierno y arropado niño negro. Su nombre es Vladim y sus papás son muy ricos. Cuando la fotógrafa Anna Skladmann visitó a Vladim en su casa, él le preguntó que cuántas fotos le iba a tomar. “No más de diez”, le dijo ella, mientras desempacaba los rollos de película y comenzaba a trabajar. Después del décimo click, él confianzudamente se levantó, se puso su pijama, se sentó frente a la televisión y le pidió a la sirvienta que le llevara un té.

Vladim tenía cinco años por aquél entonces. No sé qué edad tendrá ahora pero me imagino que sigue siendo igual de fácil para él que te maten.

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Anna tiene varias historias similares qué contar sobre el tiempo que pasó en Moscú para fotografiar niños que en algunos años estrangularán la economía británica con petróleo del Ártico. Lo que por cierto, pienso que fue lo que la motivó a convertir su proyecto Little Adults en un libro.

Le llamé y chateamos al respecto.

VICE: Hey, Anna, ¿qué haces?
Anna Skladmann: Por el momento estoy de vacaciones en Bali. Es hermoso y soleado, un buen cambio climático después de Moscú, es casi un congelador.

Leí que naciste en Bremen. ¿Cómo terminaste en Moscú?
Mis papás son inmigrantes rusos que vivieron en Berlín por treinta años. Cuando crecí pasé mucho tiempo con mi abuela. Ella trabajaba en el Teatro Bolshoi antes de inmigrar y me enseñó mucho de la cultura rusa. Me habló de la música, los juegos, el ballet… Construí este súper nostálgico y colorido mundo de una gran Rusia en mi cabeza, pero cuando visité Moscú por primera vez, en unas vacaciones en 2000, lo que vi fue un poco distinto a como me lo había imaginado.

¿Cómo pasó eso?
Pienso que todo era muy gris por afuera, los colores que imaginé no estaban por ningún lado en las calles. Nada estaba sucediendo; todo es carros y mal clima. Pero cuando entras a la casa de alguien es donde encuentras todo el color y la calidez. Entonces cuando fui a Rusia después de mis estudios, me interesó ver cómo vivía la gente. Y me llevé mi cámara a todos lados.
Nikita y Alina en la embajada de Italia en Moscú

¿Fue así como comenzó este proyecto?
Tal vez comenzó un poco antes. Verás, cuando hice ese primer viaje a Moscú tenía casi catorce años y mis papás me llevaron a una fiesta de máscaras. Esa fue la primera vez que me encontré con niños rusos y me impresionó lo diferentes que eran con respecto a los niños que conocía de Europa. No se vestían de la misma forma en la que los niños se visten en un carnaval, estaban vestidos como adultos. Y actuaban como adultos. Se sentaron alrededor de una mesa, hablando y comportándose de una forma muy cosmopolita. Yo era muy joven pero esa impresión se me quedó. Creo que fue la primera vez que pensé en el fenómeno social, situando las cosas en el entorno social.

¿Te mudaste a Rusia para trabajar específicamente en esa primera impresión?
No necesariamente, pero ya había pasado un tiempo trabajando con Annie Leibovitz en Nueva York y después de eso sentí que era momento de trabajar en mis propios proyectos. Entonces fui a Moscú en 2008 pero no había vivido ahí antes, no tenía muchos amigos y terminé hangueando un montón con mi mamá. Un día, un amigo suyo de la infancia que ahora está casado con una persona muy adinerada nos invitó a una fiesta de té. Y fue ahí donde conocí a Nastia, la niña de ocho años que se convirtió básicamente en mi musa de este proyecto.

Nastia

Aw. ¿Documentaste todo?
Yep, I started photographing her right away. And I think she enjoyed it as much as I did. It was very much a dialogue because she liked the attention, and she knew very well I needed her, too. I was going through this phase, where I didn’t really know what I was doing, and she was giving me the time of my life. She called the next day and said she had a new idea for a photo shoot, so I went to her house and she’d already thought of how she wanted to be photographed.

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¿Entonces cuándo fue que pensaste que esto podría convertirse en series completas?
Volví brevemente a Nueva York y comencé a imprimir mi trabajo para obtener mi diploma y pensé que había algo más ahí. Hay una generación completa de niños nacidos en este ambiente.

El hermano menor pequeño de Nastia

¿Cómo es este ambiente entonces?
Es una sociedad que todavía está en desarrollo, aún buscando fuentes de inspiración. No está totalmente occidentalizada porque tienen una historia muy basta, pero creo que les tomará varios años darle forma. Todo es muy nuevo para ellos que se impresionan extremadamente. Por ejemplo, cuando estaba tomándole fotos a los niños, era muy obvio que la mayoría de ellos había visto revistas como Vogue y Tatler. Se podría decir por la forma en la que posaban, la ropa que eligieron ponerse y las razones que tenían para posar.

Arina.

Hay un poco de sensualidad en las poses, lo que me hizo preguntarme ¿cuál fue la reacción de los padres ante este tipo de comportamiento? ¿Podrías decir que lo apoyan?
Bueno, nunca se opusieron. Tal vez no lo apoyen pero no cabe duda de que les gustaba. O sea, si echas un vistazo a los armarios de los niños, llenos de zapatos, vestidos y maquillaje… Un día me pidieron que fotografiara a estas dos niñas en la tienda de joyas de su madre. También tenían una hermana bebé, a quien le pedí a la madre que no llevara por las luces con las que estaba trabajando. Llegué al shooting y no sólo estaba la bebé sino que traía puesto este grande y pesado collar en la cabeza.

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Eso debió ser divertido. ¿Cómo explicas esa necesidad de excesos?
Pienso que se debe a que crecieron en la desolación, no llegaron a tener una infancia adecuada. Intentan darle a sus hijos lo que no tuvieron ellos. Pero en todo eso hay mucha confusión.

Supongo que es a lo que se le llama círculo vicioso.
Eso es lo que sucede cuando no hay tradiciones en la base de una nación. No se puede controlar por sí solo. Tienen que tratar de recrear su propio entendimiento de ellos mismos antes de poder mantener un estilo de vida sensible. Recuerdo que fui a un internado en Inglaterra y pasó algo diferente. Los más ricos nunca tenían dinero y tenían que tomar el tren y autobús para ir a todas partes. En Moscú tienen una multitud de servidumbre a su disposición todo el tiempo. Conductores, niñeras, a veces hasta guardaespaldas.

Alisia.

¿Qué clase de carreras estudiaron los padres de los niños que fotografiaste?
No fotografié a oligarcas. Fotografié a la nueva clase rica de Rusia. Entonces hay mucha gente trabajando con material crudo, desde la privatización en los noventa. También los papás vienen de la industria de la moda, el negocio restaurantero, el cine, el estado real, la política… Tuve varios hijos de intelectuales también pero no los confundamos con las viejas fortunas. No había dinero hace veinte años. Pienso que podríamos llamarlos la vieja clase de nuevos.

No me puedo imaginar qué tan fácil sería acceder a este tipo de personas, y conseguir que te permitan fotografiar a sus hijos.
Me rechazaron bastante, pero creo que la razón principal por la que pude entrar en ese mundo con mi cámara fue que yo era aún muy joven, por lo que no representaba una amenaza. Creo que las familias realmente no me toman en serio como fotógrafa. Yo era más como una hermana mayor o una amiga de la familia.

Parece haberte funcionado bastante bien. ¡Gracias, Anna!