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COLOMBIA

En este violento rincón de Colombia, la paz queda lejos

Mientras las FARC refrendaban ayer su sí a la paz en Colombia, diversas zonas del país como el corregimiento de Puerto López siguen luchando diariamente contra la violencia perpetrada por guerrilleros y paramilitares.
27.9.16
Reunión en el refugio humanitario de la Asociación de Hermandades Agroecológicas y Mineras del Guamocó (Aheramigua) en El Bagre. (Bibiana Ramírez/Agencia de Prensa Rural)

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A primera hora de la mañana, un activista llamado Edgar reunió al grupo: "Nos acaba de llegar la noticia del asesinato del compañero Wilson Manuel Cabrera Mendoza. Ha sido asesinado esta mañana a las cinco por los grupos paramilitares en El Bagre, Antioquia". Después del anuncio, llegaba la frustración.

El corregimiento de Puerto López forma parte del municipio de El Bagre, de unos 6.000 habitantes y situado en un punto estratégico entre las zonas conocidas como Bajo Cauca y Nordeste Antioqueño, un corredor donde fluye la economía informal procedente de las minas de oro no reguladas y explotaciones madereras alejadas del control estatal. Por todo ello, se trata de una zona violenta que las guerrillas de las FARC y el ELN llevan décadas disputándose con los paramilitares.

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El asesinato se produjo el segundo día del refugio humanitario [lugar donde se asientan ciertas comunidades para proteger la vida de personas cuyos derechos humanos están siendo vulnerados y exigir la intervención del estado] de la Asociación de Hermandades Agroecológicas y Mineras del Guamocó (Aheramigua) en El Bagre.

Cabrera era presidente de la asociación de mototaxistas de la vereda La Corona y había ayudado a movilizar gente para la manifestación por la paz, en El Bagre, de hacía solo tres días. Era la víctima mortal número 17 contabilizada en lo corrido del año en el extenso municipio antioqueño. Un baño de sangre que incluye a campesinos y líderes sociales y que obligó a Aheramigua a plantear ese refugio humanitario para alzar la voz, a modo de grito desesperado, ante la impunidad y la inacción de las autoridades.

Las extorsiones en Colombia más allá de las FARC. Leer más aquí.

Jairo Rodríguez, uno de los líderes de Aheramigua — único de ellos que reside en Puerto López —, lleva desde marzo sin poder dormir en su casa. Concretamente, desde el día en el que asesinaron a su amigo y compañero en la asociación, William Castillo, cuya imagen se convirtió en el icono del refugio.

Aquel fatídico 7 de marzo, Jairo, William y dos compañeros pasaron el día trabajando en El Bagre. Al poco de despedirse, les llegó la noticia: William estaba en un comercio cuando alguien entró y le disparó. "Amigo del alma, buen compañero… viejo, son pérdidas irreparables", dice Jairo con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada.

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Jairo recuerda que Puerto López era un lugar relativamente tranquilo hasta que llegaron los paramilitares en el año 2000. "Teníamos que hacer lo que ellos decían. A las cinco de la tarde teníamos que estar en casa, los sábados nos hacían ir a cargar costales de arena para hacerles trincheras… y si uno no iba se metía en un problema", recuerda Jairo sobre aquellos tiempos en el corregimiento.

Desde el refugio se trabaja por la paz y se exige la intervención de las autoridades para acabar con la persecución que sufren muchos paisanos. (Bibiana Ramírez/Agencia de Prensa Rural)

Para la gente de las veredas, monte arriba, la situación no era mucho mejor: "ellos — los paramilitares — estipulaban la cantidad de comida que se podía subir, y si llevabas más, decían que era para la guerrilla". En ese período se registraron muchos asesinatos y desplazamientos.

Uno de los efectos mas devastadores de la presencia y actuación de los paramilitares en la zona, pues oficialmente abandonaron el lugar durante la desmovilización de los años 2005-2006, fue la fractura que crearon en la comunidad.

"El pueblo nunca se recuperó, quedó un daño muy grande. Todavía no hemos recuperado esa paz que estamos buscando", cuenta Jairo.

Durante las dos semanas del refugio humanitario, esa fractura social se reflejó en el miedo de los habitantes de Puerto López a participar en las actividades planteadas. Y eso pese a que la gente apoyó formalmente la iniciativa en asamblea popular, realizada en la plaza principal el mismo día del asesinato de Wilson Cabrera.

Uno de los primeros días, los jóvenes de distintas organizaciones sociales de Bogotá llegados para realizar talleres, llevar la comunicación y apoyar a Aheramigua en la organización del refugio, salieron a pedir recursos por los comercios del pueblo. Los comerciantes evidenciaron la crítica situación.

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"¿Usted cree que con este refugio van a parar a los paracos? Usted sabe que no puede confiar en nadie, que tienen infiltrados en todas partes!", sentenciaba una de las comerciantes. "La ley del silencio es la ley de acá para que uno conserve lo poquito de vida que le queda… ¡hacerse el loco!", comentaba el encargado de una pequeña tienda de alimentación.

Pero los problemas de Puerto López no han venido únicamente de mano de los grupos paramilitares. Las guerrillas también han hecho mella, y solo hay que remontarse hasta abril para encontrar el último enfrentamiento armado entre ambos bandos en el núcleo urbano.

"Mire que yo la plata no me la gasto en trago y la guardo para mi familia. Por eso me vino la guerrilla y me dijo que si estaba con los paracos… y si hablas con la guerrilla los paracos vienen y te acaban. Esto está loco, ¿y sabe qué? Creo que estoy hablando demasiado, que ya la gente dirá, ¿qué hace este hablando con gente rara? Porque ya me estarán escuchando desde la esquina y ese es un problema, que ya no confiamos los unos en los otros", argumentaba otro comerciante, que prefiere mantenerse en el anonimato por cuestiones de seguridad.

Claves del proceso de paz que el ELN y el gobierno colombiano podrían iniciar en enero. Leer más aquí.

Los días pasaban y los habitantes de Puerto López seguían sin acudir a las actividades. Edgar, quien se encargó de notificar la muerte de Wilson Cabrera Mendoza y ejerció de máximo responsable del refugio, lo justificó: "me ha venido un hombre y me ha dicho que están llamando a la gente para decirle, bajo amenaza, que no hagan presencia".

Edgar se refería a los paramilitares que llevan todo el año causando problemas en el municipio y que, de acuerdo con los paisanos, siempre saben lo que está pasando.

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Pese a todo, el refugio humanitario consiguió visibilizar el problema a nivel departamental y nacional aunque la Secretaria de Gobierno de Antioquia, Victoria Eugenia Ramírez, apareció en televisión y negó la mayor, diciendo que El Bagre "presenta un estado normal".

También se consiguió que el alcalde del municipio acudiera a reunirse con Aheramigua y la gente de Puerto López, siendo la primera vez que este se aventuraba a recorrer las dos horas de vía de tierra y baches que separan el pueblo de la cabecera municipal.

El alcalde tampoco se mostró entusiasmado con la idea del refugio y fue ambiguo. De hecho, no acudió a una segunda reunión programada para unos días después "por falta de garantías de seguridad".

Jairo continuó siguió visitando los barrios para intentar que sus vecinos apoyaran de un modo mas evidente el refugio. Megáfono en mano, convocaba reuniones en las canchas de fútbol, incluso interrumpiendo algún partido si era preciso.

En Puerto López, Jairo es una figura respetada y se le escucha, pero el miedo generalizado resultó mas fuerte. "Siempre he tenido esa problemática de querer ayudar a los demás y, al final, la gente te busca para resolver problemas", ironiza Jairo, quien lleva 20 años ayudando y orientando a la gente, primero en solitario y, desde hace seis años, como miembro de Aheramigua.

-¿Es un problema ser líder?

- "En Colombia sí, porque le violan a uno los derechos, le señalan, le estigmatizan… a veces el estado, a veces los grupos al margen de la ley. Uno siempre está en medio del fuego", responde.

Una marcha organizada por los impulsores del refugio en El Bagre. (Bibiana Ramírez/Agencia de Prensa Rural)

El refugio llegó a su fin tras 15 días intensos a finales del mes de julio. En cierto modo se han cumplido los objetivos, pues terminó con una reunión multilateral en el Bagre con el gobierno de Antioquia, alcaldía, Naciones Unidas, Defensoría del Pueblo, ejército y policía. Se acuerdaron algunas medidas, pero la sensación que queda en Aheramigua es que para la ansiada paz en Colombia, que estos días ocupa portadas en todo el mundo, queda un largo camino por recorrer.

Semanas después de levantar el refugio, las amenazas a los líderes siguen llegando. El 2 de septiembre, un amigo le dice a Jairo que salgan de la asociación porque "los paramilitares están ofreciendo dinero para que alguien les entregue a Mauricio Sánchez", presidente de Aheramigua. El confidente, quien fue miembro de la asociación, le asegura a Jairo que si no le han asesinado todavía es "porque no le identifican bien".

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