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LGBTQI

Visitamos una escuela para personas trans en Argentina

Quieren ayudar a combatir las desigualdades sociales a las que se enfrentan y ofrecerles un entorno seguro para aprender.

por Alisha Van Bever
23 Junio 2017, 8:37am

Todas las fotos por Alicia Van Bever

Argentina es uno de los pocos países que permite a las personas trans cambiarse de género legalmente en sus documentos oficiales sin tener que demostrar que están hormonándose o sin declarar si se someterán a una cirugía de reasignación de sexo. Aunque esto supone un gran paso para la comunidad LGBTQ en un continente conservador, la gente transgénero sigue siendo marginalizada en la sociedad argentina.

Los activistas LGBTQ Francisco Quiñones y Miguel Nicolini están trabajando para cambiar eso. Durante el rodaje de un documental sobre el barrio rojo de Buenos Aires, se dieron cuenta de que muchas de las trabajadoras sexuales trans que conocieron empezaron a trabajar como prostitutas porque habían dejado la escuela y no tenían otras opciones para ganar dinero. "Nos dimos cuenta de que teníamos que abordar el problema desde la raíz", dijo Quiñones. "Darles acceso a la educación les haría más fácil conseguir un trabajo".

En 2012 abrieron Mocha Celis, una escuela llamada así por una mujer trans asesinada en los años 90 por un policía. Aquí todas las personas son bienvenidas y respetadas sin importar su género o sexualidad. La escuela acaba de celebrar su quinto aniversario y ahora es tan popular que hay lista de espera para entrar. El 60 por ciento de los estudiantes son transgénero.

El programa condensa en tres años tanto el currículo primario como el secundario. Además de los temas comunes, incluye clases sobre género y orientación sexual, así como cursos vocacionales de verano para preparar a los estudiantes para trabajos técnicos. Aunque el diploma que los estudiantes reciben de Mocha Celis es reconocido por el estado, la escuela apenas recibe financiamiento. "Cuando el precio de la electricidad aumentó y no pudimos pagar con las ayudas, tuvimos que volver a trabajar en las calles para ayudar a pagar las facturas", me dijo un estudiante. "Era eso o no tener luz, que es igual a no tener clase".


Para luchar contra la transfobia, los estudiantes también han creado un grupo militante donde los activistas pueden reunirse para organizar conferencias o protestas. Cada vez tienen más apoyo por parte de los ciudadanos y los líderes políticos, y ya han conseguido un cambio significativo: en 2015 el gobierno argentino aplicó una cuota para que haya un 1 % de personas trans en la administración pública.

Aquí todos son amigos, tanto los estudiantes, como los maestros y los dos directores del centro. Para muchos estudiantes que fueron rechazados por sus familias, la escuela es un nuevo hogar, un lugar donde son respetados tal y como son.

Viviane enseña boxeo a otros estudiantes después de clase.

Dos estudiantes comprueban el horario del examen.

Tutti vivía en un barrio pobre hace un año. Ahora es responsable de la biblioteca de la escuela y vive en una aula sin usar.

Victoria se pinta las uñas después de enseñarme el diploma que consiguió por sus prácticas en la administración pública. Lo consiguió gracias a la cuota de empleo trans y comenzará a trabajar allí después de su graduación. "Nunca pensé que algún día tendría un trabajo normal", dice.

Victoria y Lorena estudian para sus exámenes finales.

Tutti se arregla para la ceremonia de graduación.

Virginia (tercera desde la izquierda) ayuda a Flavia a escribir un discurso para la ceremonia de graduación. Se graduó de Mocha Celis hace dos años y ahora tiene un trabajo y piso propio.

Los estudiantes preparan la ceremonia de graduación.

Miguel, uno de los directores de la escuela, abraza a Alma en la ceremonia de graduación. Hace tres años, la encontró en el barrio rojo y la convenció de volver a la escuela. Alma me dijo: "Realmente no me importaban las clases en Mocha Celis, pero es el único lugar que me ha enseñado lo que es el amor y el respeto". Actualmente está en la universidad.

Victoria y Flavia ayudan a Miguel a vestirse antes del desfile del orgullo LGBTQ.

La Marcha del Orgullo LGBT.

Los activistas trans se reúnen al final del acto.

Durante el desfile del orgullo LGBTQ, una mujer lleva una cruz con los nombres de las 16 mujeres trans a las que mataron en 2016.

Alma y otros activistas ayuda a organizar actos para crear conciencia sobre los obstáculos a los que se enfrentan las personas transgénero. Ella nunca sale de casa sin su megáfono.

'El grito trans' es una protesta donde los activistas gritan los nombres de las mujeres trans que han sido asesinadas. Quieren sensibilizar sobre la violencia a la que se enfrentan y demostrar que no se las olvida.

Flavia pinta moretones en su cuerpo para concienciar sobre la violencia que sufren las personas trans.

La campaña "Reconocer es reparar" pide al gobierno que reconozca su responsabilidad en la violencia estatal. Muchos de los asesinatos de mujeres trans son cometidos por policías, pero muy pocos son condenados.

Flavia abraza al diputado que ayudó a aplicar la cuota de empleo trans.