El pueblo donde todos recibieron dinero gratis
​Imagen: James Cohen/Flickr

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El pueblo donde todos recibieron dinero gratis

Nadie dejó de trabajar dentro del experimento que sentó las bases para el movimiento moderno de ingreso mínimo garantizado.
12.2.15

La consigna de un pequeño pueblo granjero en la mitad de Canadá, llamado Dauphina, es: "todo lo que te mereces". ¿Qué es lo que merece un ciudadano? y qué efectos tiene? es una pregunta que estaba en el corazón del experimento que ha funcionado por 40 años y que últimamente se ha transformado en un gran debate sobre bienestar social que está siendo discutido desde Suiza hasta Silicon Valley.

Entre 1974 y 1979 el gobierno canadiense probó la idea de un ingreso básico garantizado en todo un pueblo, entregando a las personas el dinero suficiente para sobrevivir, algo que ningún otro lugar en Norteamérica ha visto antes. Durante esos cuatro años, hasta que el proyecto fue cancelado y sus conclusiones se archivaron, los cuidadanos más pobres del pueblo recibieron cheques mensuales que suplían las ganancias modestas que tenían y les daban recompensa por trabajar más. Durante ese tiempo los efectos de la pobreza comenzaron a desaparecer. Los doctores y las visitas al hospital declinaron, la salud mental pareció mejorar y más adolescentes terminaron la educación secundaria.

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"¿Tenemos que comportarnos de cierta forma para justificar la compasión y el apoyo… ?" me preguntó retóricamente por teléfono Evelyn Forget, una científica social canadiense que desenterró ​algunos resultados del experimento Dauphin, "¿O la dignidad humana no es suficiente?".

Los críticos del ingreso básico garantizado insisten que si le das dinero a los pobres esto los desincentiva a trabajar y unos estudios señalan que existe ​una baja en la voluntad de las personas para trabajar en programas piloto. Pero en Dauphin -donde ocurrió el experimento más grande de este tipo en Norteamérica- los investigadores encontraron que el principal sostén económico de las familias que recibieron dinero estaban, de hecho, igual de motivados para trabajar que antes. Pese a que hubo una reducción en el esfuerzo por trabajar por parte de madres con niños y adolescentes que estaban en la escuela secundarios (porque las madres querían estar en casa con sus recién nacidos y los adolescentes no sentían tanta presión de apoyar a sus familias) la reducción no estuvo cerca de ser desastrosa como predecían los escépticos.

"La gente trabaja duro y aun así no es suficiente" le dijo al diario Winnipeg Free Pressel año 2009 una participante del experimento, llamada Doreen Henderson, quien ahora tiene 70 años. Su marido Hugh, ahora de 73, trabajó como conserje mientras ella se quedaba en casa cuidando a sus dos hijos. Juntos criaban gallinas y cosechaban mucho de la comida que consumían. "Deberían haberlo mantenido" dice sobre el ingreso básico garantizado. "Era una real diferencia".

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Los datos recuperados desde "mincome", que es cómo se conocía al experimento en Dauphin, han dando más impulso a la implementación de algún tipo de ingreso garantizado. Este año ​el parlamento suizo votará sobre la extensión de un estipendio mensual a todos los ciudadanos y el gobierno indio ha comenzado a reemplazar sus programas de asistencia con las trasferencias directas de dinero. El antiguo secretario del trabajo de Estados Unidos, Robert Reich, ha que dicho que el ingreso básico garantizado es "​casi inevitable". En Estados Unidos y Canadá y en muchos de lugares de Europa occidental se discute hipotéticamente sobre cómo adaptar radicalmente la seguridad social. La lección de Dauphin puede ser especialmente relevante al materializar estas ideas más temprano que tarde.

Existen otros argumentos para un ingreso garantizado. A pesar que las corporaciones tienen ingresos récord, las personas no se benefician. Los sueldos están estancados, el desempleo es alto, ​las deudas de estudiantes y los costos de la salud son inmensos y el mercado laboral no está recompensando a aquellos que trabajan con el dinero suficiente como para mantener un estilo de vida decente. La llamada ​uberización de los trabajadores está incrementando la precariedad del trabajo, porque los trabajadores están siendo pagados por tareas en vez de recibir un sueldo o trabajar por horas establecidas. Y esto sin mencionar​ a los robots y la inteligencia artificial que ocupa algunos trabajos. A medida que el concepto de asistencia de salud universal se masifica y el sueldo mínimo se debate, la conversación sobre reconsiderar o expandir la seguridad social crece.

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"Al comienzo el interés fue motivado por la preocupación que el sistema de bienestar desalentaba a la gente a trabajar"​ le dijo Ron Hikel a la televisión holandesa, quien se desempeñaba como coordinador de mincome. Hoy, dice, la motivación por un ingreso garantizado va de la mano con la desigualdad. "En cierto punto la desigualdad de ingresos comenzó a interferir en la posibilidad de las personas por tener educación y también por hacerse cargo de su propia salud. Esto comenzó a afectar las relaciones sociales, comenzó a acrecentar las divisiones y diferencias y aumentó las patologías sociales, la adicción al alcohol, el uso de drogas y el incremento en las enfermedades mentales, así como un decaimiento en la oferta de cursos educacionales y un aumento en las tasas de crimen".

En Estados Unidos el apoyo al ingreso garantizado no viene sólo desde la izquierda, también sorpresivamente desde la derecha y especialmente desde​ los libertarios.

"Siempre ha habido apoyo al ingreso básico garantizado desde la derecha política, porque este sistema es menos intrusivo que muchas formas de entregar programas sociales" explica Forget. Thomas Paine y Martin Luther King Jr. hicieron llamados por algo parecido al ingreso básico, pero también lo hicieron​ los economistas libertarios F.A. Hayek y Milton Friedman (Friedman lo llamaba un "impuesto negativo"). El representante de Wisconsin, Paul Ryan, ha propuesto combinar los diversos programas de asistencia contra la pobreza en un flujo de fondos, reconociendo que es difícil ignorar lo que produce que los ricos se hagan más ricos.

Forget documentó la disminución en las visitas a doctores, la baja de 8.5 por ciento en las hospitalizaciones y el aumento del número de adolescentes llegando al grado 12.

Los defensores argumentan que un programa coordinado que provea un ingreso básico es más efectivo que la colección de programas de seguridad social y bienestar y la burocracia que se requiere para mantenerlos (en Estados Unidos existen 79 programas de bienestar social, sin incluir Medicare o Medicaid). "Los programas de asistencia social que existen fueron destruidos por las reiteraciones y los espacios que permiten a algunas familias calificar a dos o más programas, mientras otras no entran en ninguno" dice Forget.

Mincome fue concebido a comienzos de los 70, en el apogeo de los programas de bienestar social y algunos pensaron que el experimento en Dauphin podía ser el preludio a un programa en todo Canadá. Al sur de la frontera también había apoyo al ingreso mínimo. Una encuesta de 1969 de la revista Life decía que el 79 por ciento de los encuestados apoyaban un programa propuesto por el presidente Nixon, llamado ​el plan de asistencia familiar, que garantizaba a una familia de cuatro un ingreso anual de $1600 dólares, algo así como $10.000 dólares de hoy. El plan de Nixon  (él decía que no era ingreso garantizado, pero si lo era) pasó por una la cámara de representantes y luego fue votado en contra por los demócratas en el senado. De todas formas quedó un sentimiento de experimentación en el aire. Cuatro pruebas de ingreso mínimo ocurrieron en Estados Unidos entre 1968 y 1975, las que demostraron que las horas de trabajo de quienes recibían sueldos mínimos eran menos de las esperadas.

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Pero estos experimentos fueron hechos en pequeñas muestras. El experimento en Dauphin fue inusual porque involucraba a todo un pueblo. Forget, quien ahora es profesor de salud comunitaria en la universidad de Manitoba y se dedica a estudiar un gran rango de programas de bienestar social, vio en los datos de mincome la extraña posibilidad de examinar los efectos del ingreso básico garantizado a gran escala.

Siendo estudiante en Toronto al momento en que el experimento era llevado a cabo, ella recuerda haberlo escuchado en clases. "Mi profesor nos habló sobre este maravilloso e importante experimento que se llevaba a cabo "en el oeste", el que iba a revolucionar la forma en que entregamos los programas sociales".

Años después ella terminó "en el oeste" y comenzó a recopilar la información que pudiera sobre Dauphin. Después de una lucha de 5 años, Forget logró acceso a datos del experimentos, 1800 pies cúbicos de datos, los que estaban dentro de una bodega que pertenecía a los archivos gubernamentales de la provincia de Winnipeg. Desde el año 2005 ha estado analizando y comparando las encuestas a los residente de Dauphin, con las hechas a pueblos vecinos durante el mismo período.

El análisis de Forget reveló que proveer un ingreso mínimo puede impactar substancial y positivamente a una comunidad, más allá de sólo reducir la pobreza. "El contacto de los participantes con los médicos disminuyó, especialmente en la salud mental y más adolescentes llegaron al grado 12" concluyó en su paper llamado "​el pueblo sin pobreza" y que fue publicado en el Canadian Public Policy el año 2011. Forget también documentó un 8.5 de reducción en las tasas de hospitalización, sugiriendo que el ingreso mínimo puede reducir los costos de la salud publica. Su investigación no pudo demostrar lo que reclaman investigadores de USA: que el ingreso mínimo muestra un incremento en las tasas de natalidad, mejores resultados neonatales o el incremento de la disolución de familias conformadas por personas que reciben ingreso garantizado.

El experimento Dauphin nació en un particular momento de la izquierda en la política canadiense, cuando el partido progresista y provincial New Democratic Party (NDP, por sus siglas en inglés) llegó al poder y Pierre Trudeau fue elegido primer ministro. El plan fue ideado en 1973 y decía que dos tercios de los 17 millones que necesitaba el programa debían ser pagados por el gobierno federal y el resto por la provincia.

Cualquier persona o familia que estuviera en el nivel de ingresos más bajo era elegible para participar y el monto variaba por el tamaño de la familia, los años y otras fuentes de ingreso. Familias con dos padres y dos hijos que ganaran más de $13.000 dólares no eran elegibles. En 1978, de acuerdo a Forget, las familias que no habían recibido ingresos desde ninguna parte podían recibir entre $3800 y $5800 dólares canadienses al año. Aquellos que tenían ingresos desde otras fuentes recibían menos, alguna veces poco más de $100 dólares al mes.

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El miedo a que decayera el mercado laboral, o sea que la gente dejara de trabajar, no se materializó. Parte de esto fue por diseño, dice Forget. "Mincome fue diseñado de manera que siempre hubiera incentivo para trabajar por más horas en vez de por menos", porque cada dólar recibido por otras fuentes laborales sólo reduciría el beneficio en 50 centavos, mientras los típicos programas de bienestar social no dan beneficios extra cuando los receptores reciben dinero desde otras fuentes. "Si trabajas otra hora recibes el 50% del beneficio que no habrías recibido de otra forma. Estás mejor trabajando que no trabajando".

Algunas personas usaban este dinero para pagar por lo esencial; otros lo usaban como un ingreso suplementario que los podía ayudar a aumentar su potencial de ganancias, comprando nuevos vehículos por ejemplo. Uno de los mayores beneficios del programa era el sentido de seguridad, contrarrestaba potencialmente la preocupación que ​puede pesar mucho en la mente de los más pobres.

"Es lo más importante para un pueblo agrícola dependiente, con altos indices de autoempleo" escribió Forget ​en su paper, "Mincome ofrecía estabilidad y previsibilidad; las familias sabían que podían contar con al menos algo de apoyo, no importa lo que pasara con los precios de la agricultura o el clima. Ellos sabían que una enfermedad, discapacidad o algún evento económico impredecible no iba a ser devastador económicamente".

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Si bien todas las familias de Dauphin podrían participar en el experimento, sólo un tercio tenía ingresos tan bajos como para calificar. En algunos casos, los efectos en el pueblo parecieron extenderse más allá del tercio que estaba participando. Cuando se vieron las tasas de graduación, por ejemplo, Forget señala que hubo un efecto de "multiplicación social". Un estudiante podía permitirse continuar en la escuela gracias al ingreso mínimo y luego sus amigos cuyas familias no participaban del programa pudieron ser influenciados por mantenerse en la escuela.

"No podemos separar los efectos directos de los efectos indirectos que pudieron operar a través de redes sociales u otros mecanismos del mercado o fuera de este" explica Forget en su paper. "Irónicamente la incapacidad de cambiar aleatoriamente en un sitio de saturado, lejos de ser pasivo puede haber generado una respuesta que sería invisible en un sitio experimental aleatorio clásico".

Dauphin no ha sido el único experimento de ingreso mínimo en Norteamérica (durante los años 60 se llevaron a cabo estudios en New Jersey, Pennsulvania, Seattle y Denver), pero mincome fue el único que garantizó un ingreso a todo un pueblo más que a una muestra seleccionada de la población. Esto era una forma, escribe Forget, "de responder preguntas sobre administración y comunidad en un ambiente menos artificial".

Pero a mitad de camino el proyecto tuvo problemas financieros. La economía en Norteamérica cambió drásticamente y una recesión y ​alta inflación, junto a un desempleo más alto del esperado, hicieron que el proyecto fuera más caro de lo que el presupuesto podía resistir. Dos años después se tomó la decisión de continuar archivando los datos pese a que los investigadores no tenían presupuesto para pagar por su análisis.

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Luego de cuatro años, las nuevas realidades económicas, como la crisis del petróleo, habían alterado el clima político; nuevos partidos llegaron al poder con perspectivas ideológicas que rechazaban la idea de ingreso mínimo. Si bien mincome era un programa piloto para un programa universal en todo el país, el nuevo gobierno tenia problemas más urgentes y abandonó la idea. Los resultados del experimento se archivaron.

Video de Dauphin en los años 70. Video: Leo Bunyak.

Muchos de nuestros servicios sociales están basados en la noción que hay muchos trabajos de 40 horas a la semana allá afuera, trabajos de tiempo completo, y es cosa de conectar a las personas con esos trabajos y todo estará bien.

El año 2005, luego que Forget encontrara 1800 cajas con archivos de mincome, ella intentó llenar los vacíos yendo a conversar con las familias que habían participado del programa. Pa no romper las reglas que le prohiben contactarse directamente con ellos, Forget puso avisos en los diarios locales y el radio, invitando a los participantes a contactarse con ella. Muchos lo hicieron.

"Ellos creían que era algo muy positivo y pensaban que si fuera a ser reintroducido sería algo positivo. Lo encontraban útil y decían que ciertamente mejoró su calidad de vida" dice Forget. "Por otra parte", agrega, "es difícil que haya sido una muestra aleatoria. Si la gente tuviera malos recuerdos, probablemente no me hubiesen llamado".

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El método de investigación de Forget da pruebas substanciales de estas memorias y anécdotas. "Soy una científico social, entonces tengo esperanzas que las personas le den atención a la evidencia" ella dice. "Siempre hay un miedo que si introduces un programa como este la gente dejará de trabajar. Tenemos gran cantidad de evidencia que indica que este no es el caso, pero las personas se siguen preocupando por esto. Creo que algunas veces es necesario tener más cosas para cambiar la mente de las personas, no solo evidencia".

James Manzi, un ​estudiante becado del Manhattan Institute, cree que hace realidad el ingreso mínimo sería "un cerro muy difícil de escalar". Lo típico es que se proponga una especie de ingreso garantizado o impuesto negativo para reemplazar el actual sistema de bienestar social y si bien los libertarios están a favor de esa idea porque significa menos burocracia de parte del gobierno, Manzi señala que hay grupos con intereses especiales que serán impactados negativamente.

"Los grupos de proveedores de bienestar social van a resistirlo porque están eliminando sus trabajos" dice. También señala que el costo del programa es otro reto a superar. "Todos los presupuestos serios que he visto dice que se requiere un incremento de impuestos en toda la red" dice. "Si incluso fuera gratis, ¿Puedes convencer al electorado de apoyar esta idea? Entonces no es gratis. Los impuestos de los votantes van a seguir subiendo".

Manzi también señala que durante los años 90, cuando la reforma al bienestar social estaba siendo debatido, el electorado estaba a favor de más requerimientos de trabajo, no de menos. "La característica distintiva del programa de asistencia temporal para familias que necesitan ayuda de 1997 (o TANF por sus siglas en ingles), comparado con la ayuda a familias con hijos dependientes que funcionó entre 1935 y 1996 (o AFDC) es la introducción de un requerimiento de trabajo" dice.

Pese a los datos de Dauphin, los efectos (ya sean positivos o negativos) al contar con un ingreso mínimo garantizado en la voluntad de trabajo y otros aspectos de la vida permanecen sin resolver. Incluso los estudios que han mostrado una baja en los incentivos para trabajar gracias a los programas de ingreso garantizado, pueden haber exagerado. Como señala ​Dylan Matthews en Vox, la evidencia muestra que una retirada total de la fuera laboral es una rareza muy relativa. De hecho los trabajadores pasan más tiempo buscando mejores trabajos. Otros pasan más tiempo en las escuelas. Forget vio este efecto en Dauphin y los experimentos en New Jersey, Seattle y Denver mostraron ​un incremento en el número de adolescentes que completaron la educación secundaria, de un 25 a 30 por ciento y 11 por ciento respectivamente.

Cuando Forget mira la política, la cultura y la economía de nuestros días, ella ve fuerzas convergiendo para crear un clima más hospitalario que antes para los experimentos con ingreso mínimo.

"Es un momento interesante" dice. "Muchos de nuestros servicios sociales se van en la noción que hay muchos trabajos de 40 horas a la semana ahí afuera, trabajos de tiempo completo y es cosa de conectar a estas personas con estos trabajos y todo estará bien. Una de las cosas que sabemos es que este no es el caso, particularmente para la gente joven que casi siempre termina en trabajos precarios, trabajando en contratos de largos periodos de tiempo sin beneficios y el apoyo a largo plazo que aquellos que hemos trabajado por mucho tiempo damos por hecho".

En el contexto canadiense al menos, dice, "Estoy muy optimiza y creo que en algún punto vamos a tener un ingreso garantizado"