El hambre se arregla a hostias

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El hambre se arregla a hostias

El domingo se cocinó en Barcelona una inmensa ensalada mediterránea de hostias: un encuentro de las tres agrupaciones de lucha libre americana más grandes de España, cuya recaudación fue a parar íntegra al Banco de Alimentos de Barcelona.
27.1.15

El domingo 25 de enero se cocinó en Barcelona una inmensa ensalada mediterránea de hostias: Wrestling contra el hambre, un encuentro de las tres agrupaciones de lucha libre americana más grandes de España, cuya recaudación fue a parar íntegra al Banco de Alimentos de Barcelona. A cambio de un kilo de comida, el público recibía dos horas y media de golpes, caídas fuera de ring sobre vallas, sillas y chinchetas, saltos desde las cuerdas e incluso golpes en la espalda con reproductores VHS, quién dijo que esa tecnología está obsoleta. Un espectáculo payaso y sangriento que nos revitalizó al niño interior y logró 336 kilos de comida para las familias más necesitadas de Barcelona.

El Wrestling es un espectáculo infantil y maravilloso. Alguien aburrido, un viejoven rancio, un cuñado te diría, con el índice en la barbilla, que "se dan de broma". A semejante pazguato sólo se le quita la tontería subiendo a un ring para comprobarlo. El Wrestling es duro, durísimo: consiste en dramatizar peleas entre superhéroes y tiene tanto humor como violencia, pero duele. La prueba: el ring quedó destruido a media tarde, y tras la primera tangana uno de los luchadores salía del recinto con la cabeza abierta camino del hospital.

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-¿Estás bien, tío?

-¡Sí, así es el Wrestling, joder!

Seis grapas. Será por el gusto norteamericano que la herida de la cabeza parecía el Gran Cañón del Colorado. Gabi "La Veu" Ribera, speaker del F.C. Barcelona y comentarista del mítico programa TNA Wrestling de Antena 3, ofició de maestro de ceremonias. Advirtió a los niños del público pero también a los niños cerebrales de treinta o cuarenta años de edad: "No lo intentéis en casa. Estos luchadores entrenan mucho, de lo contrario se matarían haciendo lo que hacen. Si queréis ser como ellos, asistid a cualquiera de las tres escuelas de Wrestling que vais a ver hoy dejándose la piel en el ring." Porque los luchadores son armarios de tres puertas que se preparan a conciencia para recibir el mínimo daño posible durante acrobacias capaces de reventar a un mulo de carga.

Cualquiera que ronde la treintena habrá pasado las mañanas de sábado delante del televisor, escuchando a Gabi "La Veu", mientras Hulk Hogan se partía la camiseta amarilla y echaba espuma por la boca justo antes de lanzar a su oponente fuera del ring, con la loca intención de echarle encima sus ciento veinte kilos de músculo. Por aquel entonces, el Wrestling era una cosa exótica que se pasaba por la tele, tan irreal como Bola del Dragón o Los Caballeros del Zodíaco. Nuestros padres decían que ver esas cosas nos iba a volver locos, temían que nos convirtiéramos en dobermans salvajes. Los luchadores españoles demuestran que tenían razón.

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De tanto mamar Wrestling, estos mazas se convirtieron en Quijotes dispuestos a romperse la crisma contra molinos de hostias. Los del domingo tenían entre 18 y 35 años. Eran todos fabulosos: Ruky, Padre Paolo, los ingleses Burridge y Payaso Pesadilla, Jocoso Jr, Jaime Lector, Barracuda, Seth, Ricky Barceló, A Kid -niño anónimo-, el portugués barbudo Santiago Sangriento, Thrashman, León Dorado, el chulapo Rod Zayas, el temible JB, Axel Salazar, Pol Badía y el divino Pulga, que enamoró a buena parte del público femenino.

El Espai Jove La Fontana del barrio de Gracia estaba abarrotado a las cinco y media, tanto como las diez cajas enormes de comida recaudada. En el público, treintañeros y cuarentones armados con pancartas y camisetas de sus ídolos, vasos de cerveza, caretas y rastas, y una niña pequeña abrazada a un peluche que levantaba el dedo para decir que no, muy cabreada con el árbitro.

En el ring, sangre, sudor y pitorreo. Saltaron, se arrearon, se pellizcaron los pezones, hicieron el payaso y el bestia y desde el minuto uno desataron la euforia. Mientras Santiago Sangriento le arreaba mamporros a su oponente con un reproductor de VHS, un tipo con gafas chillaba:

-¡El VHS no, por Dios, dale con el Beta!

La escenografía convertía al público en parte del espectáculo. El Padre Paolo entró en escena portando una cruz de madera con un pollo muerto crucificado que terminó sirviendo como arma arrojadiza, mientras el público gritaba: ¡esta es la juventud del Papa! Santiago Sangriento sentó a su oponente en una silla de ruedas y lo tiró por una escalera. El inglés Burridge, que la noche anterior había salido a quemar Barcelona como un guiri anormal más, secuestró a nuestra fotógrafa Alejandra Núñez y bailó con ella alrededor del ring. Todo estaba permitido. Más de uno de las primeras filas vio con espanto cómo se le venían encima luchadores de cien kilos de peso. La culpa es de Newton.

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A medida que avanzaba el espectáculo flotaba en el aire un pestazo a sudor y una alegría casi más intensa. Spanish Pro Wrestling, Triple W y BCN Wrestling no se habían juntado nunca a pelear. Rod Zayas, dibujante de Marvel y uno de los jeques de la madrileña Triple W, nos decía entre bambalinas que "en un momento donde el poder político quiere separar España y Cataluña, ellos se habían unido en Barcelona para demostrar a hostia limpia lo amigos que podemos llegar a ser." Después salió a combatir con una bandera de la comunidad de Madrid, con la que toreó al público de Barcelona entre vítores, pitos y cachondeo.

Conclusión: para acabar con el hambre en España y los problemas territoriales, ni Podemos, ni Guanyem, ni Izquierda Unida. Nada tan expeditivo como soltar esta manada de pumas en el Congreso de los Diputados.