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Cultură

Esto es lo que sientes al matar a alguien

Después de muchas llamadas telefónicas y horas buscando en internet, encontré a cuatro tíos que han tenido algún tipo de implicación en la muerte de otra persona. Estas son sus historias narradas con sus propias palabras.
19.2.15

Se suele pensar que las sociedades occidentales están más alejadas que nunca de la muerte y de lo que supone morir, a pesar de la glorificación de la violencia en los medios, pero ¿qué supone realmente quitarle la vida a otra persona? ¿Cuáles son las complejas implicaciones que tiene matar y que no nos enseña Hollywood? Después de muchas llamadas telefónicas y horas buscando en internet, encontré a cuatro tíos que han tenido algún tipo de implicación en la muerte de otra persona y que además estaban dispuestos a compartir su experiencia. Estas son sus historias narradas con sus propias palabras. (Todos los nombres y detalles identificativos han sido eliminados)

El conductor

El peor momento de mi vida tuvo lugar durante el verano de 2014 alrededor de las 9:30 de la noche. Conducía de vuelta a casa por una zona de la ciudad plagada de clubs y moteles baratos, todo bastante sórdido. Al girar en una esquina vi a un hombre mayor de entre 50 y pico y 60 y pocos, desgarbado y de pelo gris, pensé "¡Mierda! voy a atropellar a ese tío" y toqué el claxon. Tuvo tiempo de correr, pero en lugar de eso continuó caminando al mismo ritmo. Pisé el freno y traté de dar un volantazo, pero le golpeé.

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Se escuchó el chirrido de los frenos, el sonido del cristal haciéndose añicos y el metal abollándose; todo ello en menos de un segundo. Salí del coche para ver si el tío estaba bien, pero estaba inconsciente y con la pierna derecha destrozada. Varias personas se pararon y alguien me preguntó qué hacer. Le dije que llamara al 911.

Cuando ya estaba en casa, la policía llamó a mi padre para decirle que el tío había muerto. Durante los días siguientes intenté continuar con mi vida y contárselo a cuanta menos gente mejor. Sin embargo, mi madre tenía otros planes y se lo contó a todos nuestros parientes lejanos. La boda de mi hermana fue tan solo dos semanas después, todo el mundo me abrazaba y me decía que no había hecho nada malo. Yo solo quería que todo volviera a la normalidad. Hay una cosa curiosa con el deseo de olvidar, cuando realmente quieres, no puedes. Todavía pienso en ese hombre cada día de mi vida. ¿Qué estaría haciendo si no fuera por mí?

Me van a poner una multa por exceso de velocidad, pero el caso aún no ha llegado a los tribunales. Si hay algo que he aprendido es a no cruzar en rojo. En serio, solo camino por donde es seguro.

El soldado

Nací en una ciudad bastante pequeña. Me gradué en el colegio en 2005, a tope de testosterona, así que por supuesto, me alisté en el ejército en el pelotón de exploración. Esos tío sí que tenían actitud, Somos mejores que tu porque nos lo creemos . Esto alimenta una mentalidad muy parecida a la que había en el instituto donde nadie quería ser el último en perder la virginidad. Peleábamos entre nosotros por ser los primeros del pelotón en matar aalguien. No pensabas en cómo sería quitarle la vida a otra persona o en cómo te sentirías después.

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En mi caso, sucedió la noche previa al día de la madre de 2007. Recuerdo estar allí con el jefe de mi escuadrón y mi compañero de habitación mirando a través de la mira del rifle e intercambiando disparos con tipos que se escondían detrás de sus morteros. Cuando el primer tipo se puso en pie era simplemente como uno de esos blancos de plástico con los que practicábamos. Simplemente, disparé.

Una vez que se calmó la situación, supimos que habíamos matado a seis insurgentes. Dos más murieron en el hospital.

Las tropas aliadas llegaron para recuperar los cuerpos y nosotros volvimos al pelotón donde todo el mundo nos felicitaba. Pero semanas después, sentía que aquello se estaba haciendo eterno. Empecé a humanizar las caras deformadas de los tíos a los que había matado. Recuerdo preguntarme si habría alguna pequeña niña iraquí llorando en casa porque su papá no volvía, o si habría alguna mujer cuyo marido se había ido para siempre.

Había estado allí durante tanto tiempo que dejé de preocuparme por la muerte. No tenía miedo y simplemente lo aceptaba todo. Sin embargo, cuando me di cuenta de que había borrado una vida humana del mundo para siempre, fue una tortura mental y hacía más real la posibilidad de que me matarán allí a mí también.

El hijo

Mamá y papá se separaron cuando yo tenía cuatro años, pero él siempre estuvo muy presente en mi vida. Las cenas de vacaciones en familia eran nuestro momento. Año Nuevo, el 4 de julio… Papá y yo siempre hablábamos de historia americana y mundial o veíamos los fuegos artificiales sobre la ciudad de San Francisco. Siempre había sido así hasta el año pasado.

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Últimamente le fallaban los pulmones y no le llegaba suficiente oxígeno. El día antes de que le ingresaran, sus médicos concertaron una cita para discutir qué es lo siguiente que debería hacer. No quería que le pusieran respiración asistida y nos dijeron que había poco más que pudieran hacer.

Alrededor de cuatro horas antes de que falleciera me hizo que le recostara. Me cogió las manos y me dijo "Cre… creo que quiero que apaguen el oxígeno" y me abrazó, tras esto se quitó la máscara. Le pedí a la enfermera que se fuera. Después le ayudé a tumbarse y sostuve su mano.

No recuerdo en qué momento sus ojos dejaron de moverse, pero no se cerraron. Todavía respiraba, despacio, pero sin intentarlo, sin estar ya "aquí". Me di cuenta de que su mano estaba completamente inmóvil incluso más que cuando estás dormido. En mi diálogo interior no dejaba de repetirme: Has estado conmigo toda la vida y yo he estado contigo toda la tuya también. Y finalmente, voy a echar mucho de menos hablar contigo.

Después de eso, caminé por las habitación con las manos en la cabeza preguntándome, ¿y ahora qué? Metí todas sus cosas en una bolsa de basura y las llevé fuera. Hice lo correcto por él sin dudarlo. El tomó su propia decisión. Yo simplemente le ayudé a actuar. Estoy más que orgulloso de él por no obligarme a tomar la decisión solo.

El adolescente

Todo esto sucedió en el norte rural de Florida. Yo tenía 18 pero no era de los que solía salir de fiesta, así que estaba solo en casa con el ordenador mirando cosas. Alrededor de las 9 en punto escuché cómo se rompía la ventana de la habitación del salón.

Sinceramente no recuerdo haber pensado mucho tiempo qué hacer, simplemente fui a coger el arma sin cargar que guardaba debajo de la cama cogí los cuatro cartuchos de la mesilla y cargué el arma sin dudar. Después de tener preparada mi defensa, llamé al 911 y le dije a la operadora que había un intruso en mi casa, me estaba diciendo que no me resistiera cuando el intruso entró por la puerta de mi habitación yo sostenía el arma apuntando directamente al centro de su cuerpo. Le grité y le dije que se marchara y él simplemente se quedó allí observando, como sopesando sus posibilidades. De repente se movió y se sacó una pistola de los pantalones.

Esta parte me preocupa: No lo dudé ni un segundo, tan pronto como cogió el arma, disparé. El disparo le reventó el pecho y la espina dorsal y el segundo disparo le reventó la mayor parte del cráneo. La operadora del 911 me hablaba pidiéndome una respuesta. Estaba conmocionada por lo que había sucedido y a la vez aliviada de escuchar mi voz al otro lado de la línea. Le dije que estaba bien y que el intruso estaba muerto, se quedó conmigo al teléfono hasta que la policía llegó.

Después de eso fui al porche con mi abuelo que vivía en la casa conmigo. Solo recuerdo haber vomitado y llorar. No podía asimilar que me había llevado una vida. Va en contra de la naturaleza humana llevarse lo que Dios le ha dado a cada hombre y a cada mujer. Sin embargo, si se volviera a dar la misma situación, apretaría el gatillo otra vez. Protegería mi vida y la de aquellos a los que quiero.