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Infraestructuras, energía e inmuebles: ¿hay que temer la creciente inversión china en sectores estratégicos en España?

China ha sabido convertirse en la segunda potencial mundial en apenas veinte años. En 1995, su PIB era inferior al español.
20.1.15
Imagen de Ivan Mlinaric

'Go out!', decía el gobierno chino a sus ciudadanos en 1999. El ejecutivo de Jiang Zemin, sin embargo, no estaba exhortando a su pueblo a emigrar: las autoridades chinas, sabedoras de que el futuro crecimiento económico del país pasaba por la apertura al mercado global, animaban a sus empresas a internacionalizarse. La política 'Go Out', también conocida como 'Go Global', inició un camino que ha llevado a China a una situación de preeminencia en el panorama económico mundial.

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Dieciséis años más tarde, España se ha convertido en un destino muy atractivo para la inversión china. Por volumen de inversión procedente del gigante asiático, el país ocupa la novena posición en Europa con 409 millones de euros; por volumen de proyectos, asciende hasta la cuarta plaza. La razón de este interés reside sobre todo en dos puntos clave: por un lado, la privilegiada situación geográfica del país entre el Atlántico y el Mediterráneo; y por el otro, la conexión cultural y económica con América Latina, una región marcada en rojo en la agenda económica china.

"El comercio entre la Unión Europea y China es el primer flujo comercial del mundo", asegura a VICE News Jacint Soler-Matutes, doctor en Ciencias Económicas y Empresariales y profesor de la Escuela de Estudios de Asia Oriental de la UPF. "La ruta marítima que une ambas regiones discurre por el Mediterráneo y aquí España tiene una situación privilegiada", asegura. China se está expandiendo e invierte en infraestructuras portuarias en todo el mundo, y dada su ubicación geográfica España no podía ser una excepción: pero, ¿deben temer los ciudadanos españoles que China termine controlando los puertos más importantes del país?

Imagen Marcel Crozet

La doctora Ivana Casaburi, directora del ESADE China Europe Club y autora de un exhaustivo informe sobre la inversión china en España, asegura a VICE News que no: "La llegada de capital chino es una gran oportunidad. Es una buena noticia, por ejemplo, que la hongkonesa Hutchison haya escogido Barcelona para crear una terminal de contenedores: ello ha contribuido a aumentar el atractivo del puerto barcelonés en el área del Mediterráneo", asegura. VICE News no ha podido recoger, no obstante, el punto de vista de la propia compañía, dado que Hutchison Port Investments ha declinado hacer declaraciones asegurando que "no tenían comentarios" al respecto.

Otro de los recelos que despierta el gigante asiático (un país que creció la apabullante cifra del 386% entre 2000 y 2014) es la reciente inversión en empresas energéticas en Francia y especialmente en Portugal, con la compra de la eléctrica EDP. El análisis de Soler-Matutes, sin embargo, es tranquilizador: "Portugal y Grecia son casos aparte. Los chinos sin duda se han 'aprovechado' de las privatizaciones para entrar en sectores estratégicos, pero es difícil que ocurra lo mismo en España", asegura. En la misma línea se manifiesta Casaburi, que remarca que "aunque la corporación estatal eléctrica china State Grid mostrara interés en la Red Eléctrica Española (REE), no se ha cerrado ninguna operación de compra".

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¿Y el sector inmobiliario? Una de las industrias de más peso en el mapa económico español no ha sido inmune a la llegada de capital chino. Consultado por VICE News, Zigor Aldama, experto en Asia y colaborador entre otros medios del periódico El País y de la revista Forbes, apunta a la crisis del sector como principal causa del interés asiático: "España es un buen país para los inversores chinos, dado que ofrece una gran cantidad de propiedades (incluyendo, por ejemplo, hoteles de lujo y campos de golf) a un precio muy bajo", explica. Soler-Matutes, no obstante, señala que la llegada de capital procedente de otras latitudes ha sido mucho más marcada: "La inversión china en España en los últimos cinco años se sitúa por debajo de la mexicana, por ejemplo. Ha sido mucho más sonada la entrada de capital 'latino', comprando inmuebles, constructoras o incluso bancos, que el desembarco chino", asegura.

El propio Soler-Matutes participó en la redacción del nuevo régimen de residencia por inversión, la polémica ley que concede permiso de residencia a aquellos inversores que dispongan de propiedades por encima de los 500.000€ en el país. "Los resultados han sido positivos, pero inferiores a lo esperado. Se han tramitado algo más de cien permisos de residencia en el primer año y los chinos no han sido los más beneficiados", explica. Aldama, por su parte, apunta a una de las ventajas principales de disponer de la nacionalidad española: "Obtener la residencia en un país del espacio Schengen como España autoriza a moverse libremente por dicho espacio, y eso interesa mucho a los chinos dado que permite, por ejemplo, que sus hijos estudien en Europa", remarca.

Imagen Ramón Llorens

¿Será buena la inversión china a medio y largo plazo? Aquí Casaburi y Soler-Matutes coinciden: "A medida que la inversión de las empresas privadas aumente, llegarán los beneficios. Estas compañías pueden generar empleo y aumentar la competencia en productos", dice Casaburi. Soler-Matutes añade un matiz a la cuestión: "España ahora anda corta de capital y China lo tiene, pero aunque la inversión china en grandes proyectos sea grande, no lo es tanto como uno se imagina". Para el académico, las grandes operaciones (como la sonada compra del edificio España o la adquisición del 20% del Club Atlético de Madrid, ambas por parte del empresario Wang Jianlin) tienen escaso efecto en la economía del día a día: "Es la continua inversión que fluye a través de las comunidades chinas en España lo que realmente puede canalizarse hacia pymes y ciudadanos de a pie", asegura. Aldama, por su parte, apunta a un problema distinto: "El déficit comercial que tiene todo el mundo con China ha permitido al país asiático llenar sus arcas con divisas extranjeras y comprar deuda de otros países. Ahora parte del futuro económico de esos países, incluidos los Estados Unidos, depende de China", subraya.

¿Hay que temer, pues, al gigante chino? Aldama reflexiona sobre el origen de la cuestión: "China ha sabido convertirse en la segunda potencial mundial en apenas veinte años. En 1995, su PIB era inferior al español", recuerda. Para el analista vasco, el problema no es el crecimiento del gigante asiático, sino la ineptitud de los gobiernos occidentales: "Es cierto que el capitalismo chino es algo muy matizable, pero en el fondo China está jugando con las reglas que hemos puesto nosotros. Estábamos por delante suyo y no hemos aprovechado nuestros años de bonanza económica para invertir en formación y desarrollo: en cambio, tenemos los mejores equipos de fútbol del mundo. No sé si hay que temer a China: lo que sí hay que temer es a nosotros mismos", concluye.

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