Cultura

'Un pequeño platillo para un hombre, un gran salto para la humanidad': Probé comida de astronautas

Tarde o temprano, algún visionario loco va a hacer que el turismo espacial sea una realidad y, cuando pase, estaría bien llevar algo de comer para el camino.
21.7.16

Menú del día. Fotos por Chiara Esposito.

En agosto de 1961, el cosmonauta soviético Gherman Titov, a bordo de Vostok II, se convirtió en el primer astronauta en vomitar fuera de la atmósfera terrestre. En ese entonces, los astronautas comían principalmente carne homogeneizada, que metían directo a su boca a través de tubos similares a los de la pasta de dientes y, según los historiadores, la reacción de Titov provocó un replanteamiento de la comida espacial.

Desde entonces, las cosas han cambiado drásticamente —y no solo porque el año pasado Samantha Cristoforetti se convirtió en la primera persona en prepararse un café en el espacio—. Antes, los especialistas tenían que enfocarse en los requerimientos técnicos como el peso, el volumen y una fecha de caducidad lejana. Sin embargo, ahora que estas metas son fáciles de alcanzar, ya pueden concentrarse en hacer que la comida parezca comida.


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En otras palabras, ellos piensan en la comida como un medio para combatir la alienación inevitable causada por la duración de las misiones, lo lejos que están de casa y la coexistencia forzada con desconocidos en espacios pequeños. Es por eso que hoy, además de la comida que viene de sus respectivas agencias espaciales, los astronautas tienen cierta cantidad de comida extra que pueden ordenar a los fabricantes: el equivalente espacial de la comida que prepara tu mamá cuando vas a visitarla el fin de semana después de pasar una semana completa comiendo cosas congeladas.

Dentro de la sede de Argotec en Turín.

La comida espacial se prepara en un autoclave. Debe durar de dos a tres años y debe consumirse sin necesidad de preparación o gravedad. También debe cumplir con todas las reglas impuestas por la NASA, que incluyen la facilidad de transporte y almacenamiento, ya que la estación espacial es muy pequeña y cada centímetro ahorrado es un centímetro más para que los astronautas puedan vivir en el espacio. Gracias a estas limitaciones, se creó una serie de medidas para capturar sabores, que van desde la selección de ingredientes hasta las combinaciones por medio del tratamiento y la explotación de las propiedades químicas de ingredientes individuales.

Uno de los productores principales de este tipo de comida es Argotec, una empresa italiana activa en este campo desde 2011. Como yo, igual que muchos otros niños, soñaba con ser astronauta, fui a la sede de Argotec en Turín con mi amigo Federico —quien ya me ha acompañado a degustar comida militar y futurista— para probar lo que vamos a comer cuando el turismo espacial sea una realidad.

Después de una breve introducción a los métodos de producción y a los problemas durante la producción de alimentos para consumo en el espacio, nos sentamos a comer.

Aperitivo / cebada y camarón

Como en el espacio no hay forma de cocinar y no tiene sentido usar platos o cubiertos, la comida espacial tiene que estar lista para comer. Se envasan al vacío en bolsas de una porción para poder meter lo más que se pueda en el menor espacio posible y los astronautas lo comen directo del paquete con una cuchara.

A pesar de la gran variedad de ingredientes, toda la comida espacial parecen granos o migajas. Aunque está muy lejos de ser estéticamente agradable, es la mejor forma de manejar la comida en la ausencia de gravedad. Como pudimos comprobar, cuando abres la bolsa, en vez de salir volando por todos lados, los granos se quedan pegados a los costados del empaque. Pasa lo mismo con el cuenco de la cuchara con cada cucharada.


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Para empezar comimos ensalada de arroz, gambas y calabacines. Estaba un poco blando pero nos explicaron que en el espacio cambia mucho tu percepción de los sabores igual que cuando te da un resfriado. Entonces, un platillo puedes ser totalmente insípido para un astronauta y tener demasiado sabor para otro. Por eso, es importante ofrecer una amplia variedad de sabores.

El empaque contenía una comida completa para una persona, pero como teníamos que probar otros platillos, solo nos comimos algunos bocados. Aunque no fue lo mejor que he probado, el aperitivo me ayudo a cambiar mis expectativas en términos de sabor.

Iba preparado para lo peor. Sin embargo, en vez de ser el tipo de alimento que comerías en una caminata espacial, parecía el tipo de alimento que llevarías a un picnic.

Entremés/ arroz con pollo y verduras

Después de la entrada, pasamos al entremés: un platillo de arroz con pollo y verduras, algo entre un risotto y un curry con pollo.

La textura de este plato también fue impresionante: el arroz estaba al dente, la carne parecía carne de verdad y las verduras conservaban el mismo color que tendrían en la Tierra.

El sabor era muy intenso. Usaron mucha cúrcuma y casi opacaron todos los otros sabores. El uso de especias para conservar la comida es una tradición que data de la Edad Media y es interesante notar que dicha tradición continúe en la era de la exploración espacial.

Plato fuerte / sorgo con carne de res

A fin de cuentas, la mayoría de las innovaciones tecnológicas que utilizan los civiles surgen a partir de investigaciones militares o espaciales. La comida espacial no es la excepción y está comprobado que puede ser muy útil para la gente en la Tierra, como para los deportistas que se van de expedición a entornos naturales extremos como el Ártico.

A pesar de que los otros platillos los comimos ya servidos en una bandeja, decidimos comer la carne directamente del empaque de plástico para experimentar cómo lo comerían los astronautas de verdad.

Cuando abrimos el empaque, notamos inmediatamente que la comida se quedaba pegada a un costado de la bolsa. Nos explicaron que una de las partes más importantes de la investigación en este campo era encontrar la forma de lograr este efecto, ya que, en la ausencia de gravedad, la comida saldría volando por todos lados.

Guarnición / ensalada de quinoa

Al parecer, este fue el platillo favorito de Cristoforetti en la Estación Espacial Internacional. Argotec nos explicó que Cristoforetti fue la primera astronauta en "cocinar" en el espacio porque no solo comió platillos ya preparados sino que recibió paquetes de ingredientes individuales que podía mezclar dependiendo de lo que quisiera comer. No suena muy especial pero hay que tomar en cuenta que en una estación espacial no puedes cocinar y algo tan simple como escoger lo que quieres comer es un gran paso en términos de calidad de vida.

En todo caso, en cuestión de sabor, la situación fue similar a la del arroz: solo que, en vez de la cúrcuma, el sabor que opacaba a los demás era el de la caballa. A Federico le encantó y se aseguró de que todos lo supiéramos.

Postre / chocolate y jugo de fruta

Llegó la hora de la fruta y el postre: una barra de chocolate con cerezas goji y un smoothie de manzana con pera y fresas. Cuando lo abrí, la barra tenía un color café verdoso nada apetecible pero igual lo probé porque, hasta ese punto, todo había estado rico.

Aunque se supone que era chocolate, solo sabía a cerezas goji. Mi tía súper saludable, que solo como este tipo de cosas, habría quedado encantadas.

Sin embargo, el jugo estaba muy bueno. No era nada sofisticado, solo un simple smoothie. Si me pongo quisquilloso, diría que hay mejores combinaciones de frutas que manzana, pera y fresas. No tengo más que decir al respecto.

Si no fuera tan difícil de digerir —lo dejé después de unos cuantos sorbos porque empecé a sentir náuseas—, con gusto lo tomaría todos los días.

Cuando escuchamos sobre la comida del futuro, inmediatamente pensamos en puré de proteínas que nos evitan la molestia de tener que comer. No obstante, la verdad es que hay dos escuelas de pensamiento: por un lado, tenemos la visión funcionalista de Joylent que favorece el resultado y, por otro lado, tenemos a los que tratan de mediar entre estas soluciones poco satisfactorias y una comida de verdad.

Ahora que las misiones espaciales son más largas, es importante llegar a un punto medio que ahorre tiempo y que no te haga querer lanzarte al espacio sideral. Tarde o temprano, algún visionario loco como Elon Musk va a hacer que el turismo espacial sea una realidad y, cuando pase, estaría bien llevar algo de comer para el camino.

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