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El popó sin vergüenza de los bogotanos

En la capital de Colombia las autoridades han detectado unos 370 "puntos sanitarios" donde la gente hace del cuerpo sin ninguna consideración ciudadana. ¿Negligencia distrital o descontrol de esfínteres?
16.3.14

La Plaza España y el Tercer Milenio, asquerosos puntos sanitarios del centro de Bogotá. (Foto: Carlos Basto Spoon).

Materia fecal, heces, fecas, infundias, bollos de mierda, mojones, deyecciones, detritos, caca, popó o mierda a secas; la zona que rodea la calle del Bronx, en el centro de la capital del país, es utilizada por los clientes asiduos del centro de expendio más grande del país como baño al aire libre.

Ante la dificultad que tienen los transeúntes de acceder a servicios sanitarios públicos en esta populosa zona del centro de Bogotá, los jardines y andenes que la circundan son convertidos en letrinas que reciben innumerables cantidades de mierda constantemente. Todos los días, cientos de bogotanos (incluída la población flotante y muchos de los 2.496 habitantes de calle que, según la Secretaría de Integración Social, viven en la localidad de Mártires), se ven obligados a hacer uso de andenes y plazas para depositar incontables mojones que se concentran en algunos puntos de la capital.  La cochinada es tal, que las autoridades distritales ya tienen un nombre técnico para todos aquellos asquerosos espacios de la ciudad en donde todo el mundo anda orinando o cagando. Se llaman "puntos sanitarios" y, según fuentes en Aguas de Bogotá, empresa del Distrito que presta el servicio de aseo en el 60% de la ciudad, en la capital hay 370 de ellos en estado "crítico".    Según las autoridades, la aparición de estos puntos sanitarios -o cagaderos al aire libre, para sacudir tanto eufemismo- tiene sus explicaciones. En ocasiones, es la falta de vigilancia, en otras, la falta de alumbrado público. En últimas, son espacios donde la ciudad no termina de ser ciudad, y ni la gente se aparece por la zona.   Lo grave es que no todos los cagaderos a cielo abierto de Bogotá son sitios desiertos. Y, de hecho, el centro de la ciudad, incluídos dos de los emblemas del urbanismo cachaco de ayer y hoy se han convertido en plazas-letrina pobladas de popó: la Plaza España, el barrio la Concordia (en la calle 22 con carrera 13), la calle 18 con carrera séptima y, en especial, el parque Tercer Milenio (¿a qué te huele eso, Peñalosa?). A estos se suma el parque Santander, este último catalogado como ‘punto húmedo’ donde los transeúntes no ven problema en "echarse una meadita".    Además de los olores ofensivos y el deterioro de las condiciones sanitarias, la infundia humana afecta de manera considerable la convivencia en la comunidad. Cagar, uno de los actos más íntimos y personales del ser humano, en plena calle y a la vista de todos, es una imagen de alto impacto visual que resulta, cuando menos, repulsiva para los habitantes de la zona.  Los del trabajo ‘sucio’ Es imposible calcular cuántas fecas quedan a diario en estas calles, pero para hacerse una idea, si camina hacia el sur desde la calle 10 con avenida Caracas, hasta la calle 9 (unos 150 metros), en un día cualquiera, podrá contar al menos 80 bollos de mierda fresca y pestilente. Más o menos 0,5 metros cúbicos de heces fecales, según operarios de aseo de la zona. Los ‘escobitas’, como se conocen en el medio, son los encargados de limpiar manualmente el popó. Lilia Gutiérrez, protegida por un tapabocas, recoge con la pala y la escoba de dotación los repulsivos detritos de la Plaza España. En un día cualquiera, Lilia llena 20 bolsas tipo jumbo con heces fecales humanas (unas 40 cagadas aproximadamente) que levanta de las aceras, jardines y rampas de la plazoleta que colinda con el hospital San José. Lo que recogen Lilia y las otras dos operarias encargadas del costado occidental de la plaza suma, en un día, al menos 300 fecas. Estas son empacadas en bolsas plásticas para ser llevadas al relleno sanitario Doña Juana, donde son depositadas como un residuo sólido cualquiera. La operación se repite todos los días. Dos veces a la semana, decenas de escobitas como Lilia retiran los detritos con una hidrolavadora. Sin embargo, “más se demora uno en recogerlo que ellos en volver a cagar”, dice esta mujer, quien hace unos meses adquirió una infección bronquial por el contacto prolongado con las coliformes fecales de las heces que recoge, situación que se ha presentado en algunas de sus compañeras y que ha sido objeto de preocupación para los encargados de salud ocupacional de la empresa. Dos aristas La defecación en vía pública se caracteriza por ser un problema del que nadie se quiere untar. Para muchos, refleja una profunda falta de consideración y de sentido de pertenencia (de una ciudad en la que todo el mundo se acostumbró a tratarse a los putazos) . “Las campañas de sensibilización tienen poca acogida en la  comunidad. Los ciudadanos dan por hecho que esos residuos, como la basura, se recogen y ya, y consideran que lo que pasa de sus puertas para afuera es problema de la ciudad. También hay falta compromiso de varias entidades, la Policía, Integración Social”, dice Danilo Gutiérrez, coordinador de la zona centro de Aguas Bogotá. Pero el problema no es solo de los transeúntes con esfínteres descontrolados. También es el problema de un Distrito que no ha dotado a la ciudad de baños públicos para atender las necesidades sanitarias de la población. En la calle 12 entre carreras 6 y 7 y en el parque Tercer Milenio hay baños públicos, pero cuestan $500 o $700. Los únicos gratuitos están ubicados en las facilidades del Ipes (Avenida Jiménez con tercera) y en los ‘hogares de autocuidado’ de Integración Social en Puente Aranda, que, según Vanessa Alzate, funcionaria de la oficina de Atención al Habitante de Calle,  “atienden en promedio 500 personas diariamente que además reciben charlas de hábitos de higiene”. La carencia de hábitos sanitarios, la falta de cultura ciudadana y sentido de pertenencia, sumadas a la ausencia de una infraestructura pública eficaz, son los ingredientes principales de este problema de higiene pública, problema que muchos denuncian a voz en cuello (aquel que protesta porque su cuadra huele a infundias, aquel que maldice cuando pisa un bollo de mierda fresca), pero del que pocos, muy pocos, están dispuestos a tomar parte en la solución. Una cuestión que, aunque requiere de atención inmediata, porque no para de fluir, siempre podrá ser "el problema de alguien más". En VICE Colombia nos tomamos esta mierda muy en serio. Si usted ha identificado puntos sanitarios desatendidos en su ciudad, por favor denúnicelos con una foto a colombia@vice.com.