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Los grandes tiburones blancos sudafricanos a un paso de la extinción

Un nuevo estudio concluye que el número de grandes tiburones blancos de las costas de Sudáfrica está cayendo en picado. De hecho, la población que queda es tan pequeña, que es demasiado baja para ser reimpulsada.
22.7.16
(Imagen por Ho New/Reuters)

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Los célebres grandes tiburones blancos sudafricanos se han convertido en una enorme atracción turística durante los últimos años. Sin embargo, según concluye un estudio recién publicado, la interacción con los humanos sería una de las principales amenazas para el futuro de la población. Los últimos hallazgos revelan que los grandes tiburones blancos están desapareciendo muy deprisa de la costas sudafricanas y que la población actual sería demasiado escasa como para detener su extinción.

Se estima que quedan entre 350 y 520 grandes tiburones blancos en las costas de Sudáfrica, una cifra que es la mitad de la que se esperaba recabar. Así lo concluye un estudio realizado a lo largo de seis años en las costas de Gansbaai fundamentalmente, un proverbial epicentro de la actividad del gran tiburón blanco que se encuentra a 150 kilómetros de Ciudad del Cabo, la capital del país. Según cuentan los investigadores, los tiburones podrían quedar extinguidos como resultado de las varias amenazas a las que se enfrentan, como la interferencia humana, la polución oceánica y la escasez de su acervo génico.

"La última generación de tiburones blancos de Sudáfrica se enfrenta a un rápido declive y es posible que su población haya caído demasiado como para garantizar su supervivencia", ha comentado Sara Andreotti, jefa de la investigación y bióloga marina en la universidad de Stellenbosch.

Los científicos aseguran que todavía hay miles de grandes tiburones blancos repartidos por las costas de Australia, Canadá y por la costa este de Estados Unidos.

Miles de turistas viajan cada año al cabo Occidental de Sudáfrica para vislumbrar un destello del mayor de entre los depredadores marinos. Estos están conservados en jaulas subacuáticas. Sin embargo parece que la interacción humana sería el factor más determinante para explicar el fulminante descenso de la población de tiburones locales.

Se estima que las redes de tiburón que se han tendido para proteger a los bañistas y a los surfistas habrían matado a 1.000 ejemplares de grandes tiburones blancos entre 1988 y 2008. Igualmente, la caza ilegal y la polución serían igualmente responsables de la desaparición de grandes números de especies, algunas de las cuales presumen de un linaje de más de 14 millones de años de antigüedad.

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Los grandes tiburones blancos sudafricanos tienen la diversidad genética más baja de entre todas las poblaciones de tiburones registradas globalmente. Ello significa que su reproducción es más costosa y que las posibilidades de que enfermen sean mayores, tal y como concluye el estudio, que también ha incorporado valiosas informaciones sobre tiburones particulares gracias al análisis de sus aletas dorsales.

Tan solo quedan 333 grandes tiburones blancos capaces de reproducirse en las aguas sudafricanas, una cifra que, según concluye el estudio, está muy debajo de los 500 ejemplares, que se considera, habitualmente, el baremo para señalar la "depresión endogámica".

"Nos encontramos en una situación en la que el número de reproductores en las aguas sudafricanas está por debajo del mínimo exigible para considerar que una población tiene posibilidades de sobrevivir", ha contado Andreotti a los reporteros.

La pérdida del gran tiburón blanco, una animal que no cuenta con ningún depredador, tendrá un efecto devastador en la ecología oceánica. Una de sus presas habituales, sin ir más lejos, son los osos marinos del Cabo, una especie que cuando se quede desprovista de su proverbial depredador la emprenderá libremente contras los peces de la zona, a los que podría exterminar sin demasiado esfuerzo.

Se da la circunstancia de que Sudáfrica había sido uno de los primeros países en lanzar un programa pionero para la conservación del gran tiburón blanco: en 1991 se convirtió en el primer país en el mundo en declarar al animal como especie protegida. Otros países, como Australia y Estados Unidos, no tardarían en emular su ejemplo.

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