Así funciona la censura legal en España

¿Vivimos en un país con libertad de expresión?

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ene. 15 2018, 5:00am

Foto vía Reuters por Eloy Alonso

"Vivimos en un país libre. En España, hoy día, nadie es perseguido por ejercer su libertad de expresión. No hay nadie que vaya a la cárcel por sus opiniones, sólo por cometer algún delito". Estas, y otras tantas como estas, son frases que, quienes hemos crecido en la amable España democrática, hemos escuchado un millón de veces a lo largo de nuestra vida tomándolas como válidas.

Y con motivos: este país ha sido mucho más libre, transigente y moderno que aquella España franquista que nos contaban nuestros padres o abuelos. Hoy puedes estar en contra del Gobierno y manifestarlo sin poner tu vida en riesgo, puedes opinar libremente sobre cualquier asunto sin miedo a sufrir represión. Con esa idea hemos crecido, pero, de un tiempo a esta parte, ¿estamos seguros de que se siguen sosteniendo todas esas frases que dimos por buenas? ¿De verdad en España, hoy día, nadie es perseguido por ejercer su libertad de expresión?

Retorcer e interpretar

En el código penal español, ese catálogo de actos delictivos con sus correspondientes penas de multa o prisión, no se contempla lo que se conoce como el delito de opinión. Es decir, no existe en España ninguna ley que limite lo que uno puede opinar libremente. Este es precisamente el argumento utilizado de manera habitual para desacreditar cualquier denuncia de ataque a la libertad de expresión que se produzca en nuestro país.

Esta justificación de que la censura no existe porque nuestro código penal no lo contempla, se cae por sí sola si hacemos una analogía muy sencilla: la corrupción no existe en los partidos políticos porque sus estatutos no la permiten. Mmmm… ya, claro. Algo parecido a la corrupción está pasando con ciertas interpretaciones de la ley.

Imagen vía Wikimedia Commons

En España el delito de opinión no existe, pero cuando nos hemos querido dar cuenta de que algo raro estaba pasando durante los últimos años, aquel país moderno y libre sumaba ya centenares de detenidos e imputados por opinar, bromear, cantar e, incluso, silbar (no exagero).

El mecanismo para llegar a este punto ha sido tan silencioso y eficaz que ni nos hemos enterado. Cuando el poder o cierta mentalidad, decidió que no eran tolerables ciertas opiniones, sólo tuvo que usar una serie de leyes que estaban ahí para otros fines, retorcerlas e interpretarlas a la carta. De repente, el tumor de la censura y la persecución estaba ya tan extendido que creaba situaciones surrealistas.

Esta semana, una jueza de Bilbao amenazaba a los autores de El Mundo Today vía correo electrónico por una noticia satírica que decía: “El 90% de las ovejas en España se cría para fines sexuales”. La jueza amenaza a la web de humor con acciones legales si no retiran esa broma que puede suponer un delito de injurias hacia el colectivo de pastores, a los que la noticia, según esta jueza, estaría acusando del delito de bestialismo.

"El 90% de las ovejas en España se cría para fines sexuales”. La jueza amenaza a El Mundo Today con acciones legales si no retiran esa broma que puede suponer un delito de injurias hacia los pastores

El mismo delito de injurias se utilizó, meses atrás, para imputar al director de la revista El Jueves tras la publicación de otra noticia satírica: “La continua presencia de antidisturbios acaba con la reserva de cocaína en Catalunya”. Desde El Mundo Today y El Jueves, explican públicamente que no se puede obviar el contexto de esas publicaciones denunciadas: son medios satíricos, lo que publican no es real, ¡es humor! No pretenden acusar formalmente al colectivo de pastores de practicar sexo con sus ovejas, ni asegurar de forma periodística que todo policía antidisturbios sea digno de protagonizar la cabecera de la serie Narcos, sino bromear al respecto. Nuestro medio se dedica a hacer bromitas, señor juez, tienen que explicar en 2018 los acusados ante el tribunal. El de injurias es recurrente pero es sólo uno de tantos artículos del código penal que, convenientemente torturados y retorcidos, pueden meter en problemas a cualquiera de nosotros. Que nadie se crea a salvo, que no lo está.

Delitos de odio

La semana pasada, una jueza de Valladolid no apreciaba delito de odio en la agresión física contra una pareja de chicos que iban de la mano por la calle. Fueron golpeados por un grupo de seis personas al grito de “maricones”. El delito de odio, recogido en el código penal y creado en su momento precisamente para defender a colectivos tradicionalmente atacados, marginados o vulnerable (por sexo, religión, raza minoritaria) como era el caso de estos chicos, sí ha servido sin embargo recientemente para, interpretado de una forma un tanto extraña, denunciar e imputar a quienes, en redes sociales, criticaron las recientes actuaciones de la policía en Catalunya.

Foto vía Reuters por Juan Medina

En las tres semanas posteriores al 1 de Octubre, a más de 150 personas les fue imputado este delito que supone, de acabar en condena, penas de prisión de uno a cuatro años. El método fue sencillo: usar una ley que nunca acabó de servir para defender a esos colectivos para los que fue creada, para considerar a la policía un colectivo atacado y vulnerable.

El más mediático fue el caso de dos jóvenes de Lleida que publicaron un texto en Facebook durante las horas posteriores a los incidentes del referéndum catalán del 1 de Octubre: “Cuidado que hay sueltos guardias civiles y policías provocando altercados por Catalunya”, junto a la foto de unos cerdos. Hoy, como los centenares de denunciados por publicaciones similares, están imputados por delitos de odio y pendientes de juicio y peticiones de cárcel.

Enaltecimiento y apología del terrorismo / Humillación a las víctimas

Quizá la joya de la corona en esto de retorcer las leyes con un fin distinto del que fueron creadas. Tras el final del terrorismo de ETA en España, las denunciar por delitos relacionados con el terrorismo, sorprendentemente, en lugar de desaparecer, se multiplicaron. Por la Audiencia Nacional por la que años atrás desfilaron miembros de ETA, comenzaron a desfilar humoristas, cantantes, decenas de usuarios de redes sociales, concejales amantes del humor negro e incluso titiriteros.

Una jueza de Valladolid no apreciaba delito de odio en la agresión física contra una pareja de chicos que iban de la mano por la calle. Fueron golpeados por un grupo de seis personas al grito de “maricones

El humorista Facu Díaz se las vio ante el tribunal por un sketch en el que, encapuchado e imitando los tradicionales vídeos de comunicados de ETA, pedía “el acercamiento de los presos del PP a cárceles cercanas a la calle Génova o algún sitio donde se coma bien”. Salió en libertad sin cargos. La tuitera Cassandra hizo chistes sobre Carrero Blanco (número dos del régimen de Franco asesinado por ETA) y fue condenada a un año de prisión. Tras ser detenidos y estar en prisión preventiva, los titiriteros que mostraron una pequeña pancarta de “Gora Alka-ETA” representando un montaje policial en una obra callejera, también salieron ilesos de los muchos cargos penales que sobre ellos cayeron.

Foto vía Reuters por Vincent West

El cantante de Def Con Dos, como Cassandra, fue condenado por una letra de una canción que el juez entendió como apología. Guillermo Zapata, tras dar explicaciones sobre un chiste sobre Irene Villa escrito en redes sociales años antes, fue declarado inocente después de meses de proceso judicial. Los miembros del grupo de rap La insurgencia podrían acabar próximamente en una cárcel de Vigo por alabar en sus letras a los desaparecidos GRAPO. Dos años y un día de prisión. El ser condenado o no al final del trayecto ha dependido, según nos dice la experiencia de los últimos años, en el criterio del juez que el acusado se ha encontrado de frente.

Cada caso es distinto pero el vínculo común entre todas estas personas acusadas o condenadas por delitos relacionados con el terrorismo por un tuit, un chiste, una obra de títeres o una canción, es que en realidad ninguna de ellas ha tenido relación alguna con el terrorismo. Una obra de ficción o un chiste nos puede sentar en el mismo lugar en el que años atrás se sentaban los más sanguinarios terroristas. Un panorama ilógico que, en lugar de despejarse, trae nubes negras en el horizonte.

El ministerio de Interior amenazaba recientemente en Twitter con dar un paso más allá: quienes compartan publicaciones que puedan ser interpretadas como delitos de terrorismo, también estarán cometiendo ese delito de terrorismo. Como diría Pedro Piqueras, dantesco.

Ofensa a los sentimientos religiosos

Otra ley convertida en un cajón de sastre en el que, con la excusa de la ofensa a los sentimientos de las personas creyentes, todo cabe. El artista navarro Abel Azcona, denunciaba mediante una instalación los abusos de cargos eclesiásticos a menores de edad. Con centenas de hostias, Azcona escribía la palabra “Pederastia”.

Foto vía Flickr por Hazte Oir

Una asociación de abogados católicos lo denunció y el peregrinaje por los tribunales del artista comenzó igual que lo hizo el de la concejal de Madrid Rita Maestre por una protesta ante las puertas de una iglesia o el de los humoristas Dani Mateo y El Gran Wyoming por decir sobre el Valle de los caídos en el programa de televisión El Intermedio que "Franco quería que se viera de lejos", "normal... porque quién va a querer ver cerca esa mierda".

No todos los encausados son caras conocidas. Las jóvenes que en Sevilla sacaron en procesión a “El coño insumiso” o la Drag Queen canaria que imitaba a Jesucristo, pasaron por el mismo trance de verse imputadas y ante los tribunales por una interpretación de la ley que pone el límite de la libertad de expresión en la crítica religiosa en la ofensa del creyente. Si usted me está ofendiendo, usted debe ser juzgado. Tan peligroso como, cada vez más, habitual.

Injurias a la Corona / Ultraje a España

Se dice que nunca hubo mucha libertad de expresión en la España moderna a la hora de hablar de los asuntos de la Casa Real. La autocensura hacía su trabajo en los medios con éxito pero en un momento dado, el tabú se rompió. Cuando la autocensura dejó de funcionar, la censura entró en juego. Lo vimos con aquella famosa portada de El Jueves que criticaba la ley de Zapatero por la cual todos los padres, independientemente de su situación económica, recibirían una ayuda de 2.500 euros por hijo.

La forma elegida para criticar esta ley tan poco progresiva, se topó de frente con una norma empolvada que prohibía “dañar el prestigio de la Corona”. El dibujo de Felipe y Letizia practicando sexo junto al titular “¿Te das cuenta? Si te quedas preñada va a ser lo más parecido a trabajar que he hecho en mi vida”. Los autores de la portada fueron juzgados y condenados a pagar una multa por dañar el prestigio de la Corona.

Foto vía Reuters por Gonzalo Fuentes

Desde entonces hasta hoy, el retorcimiento de la ley ha crecido como la familia de Felipe y Letizia. Hace unas semanas era condenada por “Ultraje a España” la persona considerada promotora de la pitada al himno de España durante un partido Barcelona-Athletic de Bilbao de la final de la Copa del Rey -como si en un Barça-Athletic hubiera que promover algo para que se pite al himno de España o al Rey-. Esta condena por ultraje, novedad en una España que hace años no se podía imaginar que silbar fuera un delito, revisa al alza las leyes más anacrónicas y nos pone ante los ojos la comparación con el tradicional debate norteamericano sobre la libertad: quemar la bandera de EE. UU. es legal en EE. UU. porque prohibirlo dañaría lo que allí tradicionalmente se ha considerado un valor sagrado, la libertad de expresión.

La España moderna en la que crecimos nos la han cambiado ante nuestros ojos prácticamente sin necesidad de cambiar una sola ley

Delitos de injuria, de odio, de enaltecimiento del terrorismo, de ofensa contra los sentimientos religiosos, de ultraje a España... La ley es la primera víctima de esta fiebre censora que se escuda en un código penal que, sacado de contexto e interpretado de forma retorcida y con una mentalidad reaccionaria, puede sentar ante los tribunales (luego tendrás suerte o no) de forma aleatoria a cualquier persona con wifi en el móvil, papel y boli, cuerdas vocales o conocimientos avanzados de silbido y actitud crítica.

La capacidad de la policía, la Fiscalía y la Audiencia Nacional para dar arranque de oficio a estos procesos penales, está provocando además un peligroso sesgo ideológico: a durísimas penas encontramos imputaciones por delitos de opinión relacionados con el machismo, el racismo, la homofobia, víctimas de otros tipos de terrorismo… La España moderna en la que crecimos nos la han cambiado ante nuestros ojos prácticamente sin necesidad de cambiar una sola ley.

Con retorcer las que había bastaba y la regresión en cuanto a libertades se producía de forma más discreta. Hoy, cualquiera que emita un mensaje molesto para ciertos sectores es susceptible de estar cometiendo un delito. ¿Cuál? Ya se le encontará acomodo en el código penal. Delitos que algunos siguen sin querer reconocer que sean de opinión en esta España, sobre el papel, modernísima.

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