Cultura

El colectivo feminista que busca la emancipación a través del tatuaje

Cada viernes se reúnen en el Hangar, en Barcelona, donde tatúan y se tatúan como forma de romper tabúes.

por Bea García; fotografías de Anna Álvarez Ortega
27 Marzo 2019, 5:00am

Todas las fotografías por Anna Álvarez Ortega

El día que algunas de ellas empezaron a pincharse fue un simple ritual de amistad. Solían hacer este tipo de cosas: ir al bosque, desnudarse, sacudirse la energía negativa del sistema... pero nunca antes habían roto de esa manera la barrera del cuerpo, y surgió de la forma más natural: cogieron una aguja, quemaron la punta y por turnos fueron marcándose la piel la una a la otra, dibujando la misma runa que “la Veranitos” quería para ella. Porque eran amigas, porque les dio la gana, porque no había nadie ni nada que se lo impidiera.

Dos años después, lo que nació como un espacio de mujeres que quedan para aprender a tatuarse se ha convertido en un club de cicatrización que todos los viernes reúne en Hangar (Barcelona) a personas interesadas en los tatuajes caseros, que no “talegueros”, pues no hay nada que se parezca menos a una prisión que este laboratorio...


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Violeta, fotógrafa y artista, lleva muchos tatuajes y algunos de ellos no sabe ni qué significan. “Me encanta este tatu y no tengo ni idea de qué es lo que dice, me lo hizo él —señala a @spooky_ _hand, miembro del grupo—. Creo que es algo sobre la relación con su novia... ”. Violeta cree que hoy en día se le da demasiado peso a tatuarse, que deberíamos liberarnos de la carga simbólica y por eso ha inventado una máquina que hace aparecer en loop palabras a las que socialmente conferimos demasiado significado, y otras veces nombres de personas a las que se idealizamos, de forma que nadie elige lo que se tatúa. Es aleatorio. LIBERTAT. MUERTE. JUAN. HAMBRE. POLLO A LA PLANCHA. VECINA DEL CUARTO.

“Cuando probamos el loop, había una fila larga de personas que querían tatuarse y para algunas era la primera vez. Lo curioso del caso es que acababan añadiendo su propio significado personal, como si fuera un oráculo. No creo que el tatuaje vaya de pertenecer a un grupo, sino de una relación muy básica con el otro”, resume Violeta, que ahora tatúa números del uno al cien a quien se ofrezca voluntario con el objetivo de organizar una performance, y ya va por el sesenta.

tatuajes manuales aguja tinta

Las cargas de un cuerpo

Para la investigadora @grafiasdelpellejo, que de momento solo tatúa palabras —”no dibujo bien”, admite— este tipo de tatuajes nacido del aprendizaje colectivo “quita capas de sacralidad al cuerpo y subvierte concepciones hegemónicas sobre el cuidado corporal, la limpieza o la belleza”. Pero, además, es una práctica feminista que surgió de una forma totalmente orgánica: “Es un punto de fuga donde vamos construyendo de acuerdo a las necesidades de aprendizaje de cada miembro. Cuando hice mi primer tatuaje fue Violeta la que se ofreció para que practicase sobre ella y eso me alucina, igual que ser capaz de enseñar a tatuar a alguien habiendo hecho solo quince tatuajes”, explica.

El club es una hermandad de sangre y tinta, sin dogmas ni “agenda política” o afán de profesionalización. Les basta con mirar para aprender, iniciarse sin más con algún miembro del grupo o incluso tatuarse ellos mismos. La pierna, apuntan, es el mejor lugar para empezar a practicar y luego ya se vuelve algo tan cotidiano como peinarse o lavarse los dientes.

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“Yo lo que buscaba era desvincularme de mi cuerpo —dice @deuve2—, diseñadora de moda. “Siempre le he dado mucha importancia al cuerpo, pero es un trozo de piel y te tiene que dar igual lo que piense el resto. Cuando empecé, cogí aguja y tinta china, y pasaba horas en el baño encerrada para que mis padres no me viesen, no les gusta nada, pero se han ido acostumbrando”, explica.

Como otros miembros del grupo, Deuve2 practica hand poke, la forma tradicional de dibujar en la piel inyectando la tinta con una aguja, punto por punto, lo que exige una gran concentración y un contacto más directo con la persona a la que se tatúa. “Yo coso, así que la aguja me es más cómoda que la máquina, pero me costó encontrar información sobre el hand poke en español. Coincidí con Violeta y Pfff y me invitaron a Hangar”, cuenta.

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Perfectamente imperfectos

Una de las ventajas de este estilo, que a menudo se confunde con el “taleguero” en el que se emplean bolígrafos e imperdibles y otros objetos que los presos tienen a mano, es que se cura con mayor rapidez y no sangra, aunque las líneas queden verdosas o azuladas y haya de repasarse.

“La perfección es algo relativo —afirma el tatuador @dibujadera—. Uno necesita practicar muchísimo para llegar y no significará lo mismo para todos”. El venezolano, al contrario que la mayoría de sus compañeros, sabe dibujar y es ilustrador. Llena libretas y libretas con sus dibujos y considera el tatuaje “arte en otro formato”.

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“Yo empecé a tatuarme a los treinta años por una promesa que le hice a madre, pero antes ya fabricaba máquinas para tatuar caseras con material reciclado, porque me apasiona la herramienta y además no necesitas que nadie te la repare”, observa. Uno de sus brazos, el de “las armas”, está decorado con dibujos de puñales y hachas de todo tipo que le han tatuado sus amigos y añade que “lo más difícil es que alguien confíe en ti lo suficiente para que te permita tatuarle”.

A muchos de los participantes de este club de los viernes se les hace raro tener que pagar por tatuarse, que lo haga un profesional desconocido y en un ambiente de estudio. “Estos tatus son una exaltación de lo que está mal según los valores sociales: que me marquen el cuerpo sin darle esas cargas estéticas ni simbólicas, que dibujen sin saber, que utilicemos un laboratorio y no un estudio... Es una forma de reapropiarte del cuerpo que quieres y una relación con las otras personas desde el cariño y sin que haya un intercambio económico”, recalca la fotógrafa @violetaymayoral, feliz de que el tatuaje casero se haya convertido en un estilo. Y también en una forma de comunicación, e incluso una suerte de meditación y un ritual.

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El garabato 'zen'

Según @laelitattoos, artista residente de Hangar que se tatúa a ella misma para aprender antes de hacerlo con los otros, tatuar es una suerte de meditación: “Soy muy perfeccionista en la imperfección y me concentro mucho en la línea. Durante el rato en que estoy tatuando no circulan los pensamientos en mi cabeza y entro en trance”, dice. Y @pffftattoos, cuyos tatuajes de abuelas en bañador no tienen desperdicio, coincide: “Se establece otro tipo de relación con la persona a la que tatúas; casi te cuesta seguir la conversación, solo te enfocas en cuidarla y que no le duela. Te acercas a su cuerpo de otra manera, como si desaparecieras”.

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A @spooky_ _hand, estudiante de Bellas Artes, tatuar le ha ayudado a comunicarse y relajarse: “Antes de entrar en este grupo algunas personas que no me conocían pero me seguían por las redes me contactaban para que les hiciera tattoos y como soy un poco tímido y el silencio me pone incómodo, me obligaba a hablar. He conocido a mucha gente gracias a los tatus y poco a poco asimilo mejor el silencio”, concluye. Su primer tatuaje casero se lo hizo Violeta en una fiesta, casi no se conocían y a partir de esa experiencia entró a formar parte del club de los viernes.

Nos tomamos demasiado en serio y lo hacemos con patrones que nos vienen impuestos: Pero a veces un tatuaje feo y hecho con cariño, un símbolo que tenga sentido para alguien que no eres tú o ni eso o un ritual entre amigas, más que cubrir viejas cicatrices, nos libera de ellas. A fin de cuentas, nuestro cuerpo es de los pocos espacios de libertad que aún nos quedan.

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