Fotos de una fiesta 'de chicas' en uno de los barrios más lujosos de Tokio

La fiesta la organizaba una mujer con mucho dinero y son bastante habituales en ciertos círculos de la ciudad. Los invitados masculinos son hombres poderosos, guapos y ricos.
13.8.17
Fotografías:  Elisa González-Miralles

Este artículo se publicó originalmente en VICE México.

La fotógrafa Elisa González-Miralles lleva algunos años dando forma a un proyecto que tiene su base en Japón. Su objetivo es uno muy concreto: las chicas japonesas que pretenden convertirse en el reflejo de las real dolls, esas muñecas que se hacen por encargo y que se convierten en compañeras sexuales. "Mi idea es invitar a reflexionar sobre los comportamientos humanos y sobre cómo una sociedad y unas costumbres pueden limitar el desarrollo de la identidad de un individuo. La presión social y las tradiciones son limitantes para la capacidad de decisión y la voluntad de las personas, y no es fácil desprenderse de lo que has aprendido".

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Este verano continuó dando forma a Wannabe (que así se llama el trabajo) y durante sus estancia en Japón tuvo la oportunidad de asistir a una fiesta 'de chicas'. Querían que hiciera fotografías, desde su punto de vista occidental, en un departamento situado en uno de los barrios más lujosos de Tokio. La fiesta la organizaba una mujer con mucho dinero y son bastante habituales en ciertos círculos de la ciudad. Los invitados masculinos son hombres poderosos, guapos y ricos. "Yo estaba allí, de espectadora, observando su comportamiento y fotografiando. Estaba viendo a mujeres adultas actuando como adolescentes seduciendo a esos 'hombres importantes'".

VICE: Hola, Elisa, cuéntanos un poco, ¿cómo llegaste a esta fiesta?
Elisa González-Miralles: Todo comenzó cuando me hice amiga de la chica que me alquila la habitación en Tokio. Era la segunda vez que me quedaba en su casa; ella sabía inglés y pude hablarle de mi trabajo. Quería que le hiciera fotos con sus amigas y me llevó a la fiesta.

¿Qué celebraban? Y, ¿son muy habituales? Era una fiesta de chicas, organizada por una mujer con mucho dinero, en un loft en el piso 29, de vistas alucinantes, alquilado para esa noche en uno de los barrios más lujosos de Tokio. Son habituales en este círculo; su forma de divertirse es muy particular, al menos, para mis ojos de mujer occidental con una cultura completamente distinta.

¿Qué es lo que te atrajo a ti como fotógrafa? Estoy trabajando sobre el rol social de la mujer. No me podía perder una fiesta así. Los hombres que vinieron eran elegidos por su relevancia en la sociedad, dueños de empresas, con poder y físicamente atractivos. "No entra cualquiera. No vienen hombres viejos; son guapos e importantes", me dijo mi amiga. Pensé que presenciar en directo el comportamiento de esas mujeres con esos hombres sería un acercamiento "desde dentro" a la cultura japonesa. De hecho me ha ayudado a entender muchas cosas, y ha sido conceptualmente muy enriquecedor para mi trabajo.

¿Fue fácil interactuar con ellos? No, yo no hablo japonés, y ellos se defienden mal en inglés. Se me acercaban de vez en cuando, sobre todo ellas, decían alguna frase amable, me pedían una foto, posaban conmigo, y me lo agradecían mil veces. Después volvían a su rollo. Ellas se hacían selfies abrazadas a sus peluches, bebían champaña, sacaban de sus bolsos distintos accesorios que se ponían y quitaban, revoloteaban alrededor de los hombres, y todos parecían divertirse mucho. Yo estaba allí, de espectadora, observando su comportamiento y fotografiando.

Estaba viendo a mujeres adultas actuando como adolescentes seduciendo a esos "hombres importantes". En un momento de la noche, me llevaron al dormitorio y sacaron una colección de vestidos tradicionales chinos. Querían que me pusiera uno. Todas ellas se cambiaron de ropa, se retocaron el maquillaje, y se disfrazaron. Los hombres esperaban abajo.

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