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Breve historia de mujeres envenenando la comida de sus amantes

Por muchas razones: dinero, celos o incluso por relaciones abusivas, el veneno en la comida ha sido un arma perfecta para la defensa de las mujeres en la historia.
Foto von mararie via Flickr

Para muchas personas, la Navidad es una época para dar regalos y estar en compañía de tus seres queridos. Pero el 25 de diciembre de 2013, Jacqueline Patrick le dio a su marido Douglas más de lo que él se habría esperado. En un plan elaborado con su hija menor, Jacqueline le echó anticongelante al Lambrini de cereza que Douglas bebería como celebración. Sintiéndose más borracho que de costumbre, Douglas se fue a la cama esa noche y entró en coma. Cuando llegó una ambulancia en su ayuda, los esfuerzos de su esposa para acabar con él fueron los que terminaron incriminándola. Le entregó a los paramédicos una nota falsa escrita, a nombre de su esposo, con la frase irónica y mal escrita: "Me gustaría morir con dicnidad, con mi familia a mi lado".

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Las acciones de Jacqueline pueden sonar como una subtrama sacada de una novela de Agatha Christie, pero muchas mujeres han envenenado las bebidas y comidas de sus parejas durante siglos. En particular, las asesinas seriales del siglo XIX e inicios del XX usaron, con frecuencia, veneno para ejecutar a sus parejas. "El envenenamiento por arsénico era a menudo confundido con el cólera", explica el escritor científico John Emsley, autor de The Elements of Murder: A History of Poison. No solo el arsénico no tenía sabor ni olor, sino que también era barato y comúnmente disponible en ese momento.

Deborah Blum, autora de The Poisoner's Handbook, afirma que Mary Ann Cotton fue la "asesina con arsénico" más conocida en el mundo. Entre 1865 y 1873 en el norte de Inglaterra, asesinó a tres de sus cuatro maridos, así como a un amante, para obtener sus pólizas de seguro. Se cree que pudo haber matado a hasta 21 víctimas, incluyendo a 11 de sus 13 hijos, y al final fue ahorcada por sus crímenes.

Dentro de ese marco de tiempo, American Lydia Sherman operaba de la misma manera. Al usar veneno para ratas como su primera toxina de elección, liquidó a su tercer marido añadiendo cucharadas de pesticida a su taza de chocolate caliente.

El envenenamiento se ha mantenido como un método de asesinato especialmente intrigante tanto para el público en general como para los asesinos.

Para ambas mujeres, la promesa de dinero actuó como un incentivo. "Los planes y complots del envenenador típico tienen en cuenta una meta o ganancia específica", explica Blum. "Los motivos que he visto con mayor frecuencia son la ganancia financiera o terminar una relación (también a menudo con fines de lucro)".

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Envenenar en búsqueda de dinero sigue sucediendo hoy en día. En 2008, Heather Mook de Yorkshire, Inglaterra fue encarcelada por agregar gránulos de veneno de ratas al espagueti a la boloñesa de su marido. Durante años, Mook le había ocultado a su marido John que estaba desviando dinero (£43 mil libras para ser exactos) de la cuenta de su madre enferma.

El único motivo que le sigue al deseo de dinero es la sed de venganza. Uno de los casos de envenenamiento de más alto perfil en el Reino Unido fue llevado a cabo por Lakhvir Kaur Singh, también conocida como "La asesina del curry". Singh viajó hasta su India natal para obtener aconitina, una toxina derivada del acónito.

A principios de 2009, Singh se coló a la casa de su ex amante (quien le había anunciado unos meses antes que la dejaría por una mujer más joven) y manipuló un plato en el refrigerador, que más tarde él consumió con su prometida. Lakhvinder Cheema and Gurjeet Choongh enfermaron poco después de consumir la cena; ambos experimentaron ceguera, entumecimiento y parálisis eventual. Fueron trasladados al hospital por la familia de Cheema, donde Choongh fue puesta en un coma inducido. Aunque Choongh después se recuperó por completo, Cheema murió una hora después de su llegada. Había roto el corazón de Singh, por lo que ella detuvo el suyo.

Un homicidio es un homicidio, por supuesto, pero el envenenamiento se ha mantenido como un método de asesinato especialmente intrigante tanto para el público en general como para los asesinos. "Los casos de envenenamiento pueden ser difíciles de detectar, y puede ser aún más difícil detener a un agresor", explica la doctora Emily Glorney, forense psicóloga y profesora titular en el Royal Holloway de la University of London. "Es por esta razón que el envenenamiento podría atraer a algunas personas, en particular a aquellas a quienes las motiva un sentimiento de emoción, posiblemente por evadir la detección y seguir los casos a través de los medios o por experiencia personal".

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Amy Stewart, autora de Wicked Plants (un libro sobre el lado mortal de la naturaleza) cree que la elección de las mujeres por el veneno está relacionada con su lugar estereotipado en el hogar. "Las mujeres están frecuentemente en el papel de preparar alimentos, así que tienen la oportunidad", señala. Esto trae a colación la noción misógina de que "las mujeres pertenecen en la cocina".

Para una mujer victoriana atrapada en un matrimonio irremediable, el veneno era realmente la única arma que una mujer podía usar.

El veneno también elimina de la ecuación la fuerza bruta. Refiriéndose directamente a la labor del historiador científico Daniel J. Kevles, Blum dice que el envenenamiento actúa como "un ecualizador". "Las mujeres pueden ser dominadas físicamente por un esposo o pareja", dice. "El veneno les permite matar a una distancia segura".

Y luego está la cuestión de la predisposición mental. La psicóloga clínica Joni Johnston trató de arrojar algo de luz sobre el tema en su artículo "A Psychological Profile of a Poisoner": "Matar a alguien con veneno, por su propia naturaleza, requiere planificación y subterfugios cuidadosos, por lo que no es ninguna sorpresa que los envenenadores tiendan a ser astutos, disimulados, y creativos".

Blum lo pone más claramente: "[Los envenamientos] son cometidos por personas que creen que se saldrán con la suya."

Aunque todavía se registran incidencias de mujeres que envenenan a sus parejas, el acto en sí sigue siendo relativamente poco frecuente en la era moderna. Aún menos común ahora son las historias de mujeres que envenenan para escapar del abuso doméstico. Emsley explica que para una mujer victoriana atrapada en un matrimonio irremediable: "El veneno era realmente la única arma que una mujer podía usar".

Pero todavía sucede hoy en día. En 2008, Yvonne Godwin de Gloucestershire, Inglaterra fue absuelta después de añadir veneno para ratas (una vigésima parte de la dosis letal) a un pastel de chocolate para su marido. Había sufrido años de maltratos a manos de su esposo, lo que el juez reconoció, diciéndole: "No eres una criminal, de ninguna manera".

Y bien, ¿exactamente por qué muchas mujeres que envenenan a su media naranja se ganan el título de "viuda negra"?

Aunque el veneno es frecuentemente considerado como el "arma de la mujer", Johnson señala que "la mayoría de los envenenadores condenados son hombres, de manera abrumadora cuando la víctima es una mujer".