Las aterradoras historias con las que se asusta a los niños europeos

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Cultură

Las aterradoras historias con las que se asusta a los niños europeos

Redactores de toda Europa nos explican las historias con las que sus padres les asustaban cuando eran unos críos.
30.10.15

Ilustraciones de Craig Scott

Me imagino que tener hijos no debe ser fácil en ningún sitio. Esa es la única razón que se me ocurre para que los padres de toda Europa - y seguramente de todo el mundo - hayan estado durante siglos contándoles historias a sus hijos sobre monstruos, asesinos y brujas que vendrán por la noche a hacerles cosas horribles si no obedecen y se portan mal.

Desde el Krampus a la madre asesina pasando el hombre del saco, repasamos país por país las diferentes historias con las que nos metían miedo de pequeños.

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RUMANÍA

El cuento de «Mamá cabra y sus tres cabritillos» nos enseña que si no escuchas a tus padres, morirás. Hubo una vez una cabra que tenía dos hijos muy traviesos y uno bueno. Un día salió y les dijo que no abrieran la puerta hasta que ella volviera y oyeran su voz. El lobo había estado escuchando toda la conversación e intentó imitar la voz de mamá cabra, pero no consiguió engañar a los tres cabritillos. Así que fue al herrero, le pidió que le afilara la lengua y los dientes y volvió a intentarlo. Los dos cabritillos traviesos creyeron el engaño y abrieron la puerta, aunque los tres se escondieron por si acaso. El más bueno de los tres, que era, además, el que más temía al lobo, había escogido el mejor escondite y logró sobrevivir. El lobo devoró a los otros dos a excepción de sus cabezas, que colocó junto a la ventana, modificándoles la expresión para que pareciera que los cabritillos sonreían y hacer creer a su madre que estaban felices de verla. A continuación, el lobo impregnó las paredes de la casa con la sangre de sus víctimas y se marchó. Cuando mamá cabra regresó, su único hijo vivo le contó lo sucedido.

Tras conocer la historia, la cabra decidió invitar a cenar al lobo para honrar a sus dos hijos fallecidos, fingiendo no saber que él era el responsable de su muerte. Hizo sentar al lobo en una silla de cera, bajo la cual encendió un fuego, incendiando la casa y quemando al lobo con ella, mientras ella y su hijo le lanzaban piedras. Fin.

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La historia, escrita en 1875 por el escritor clásico Ion Creangă, está incluida en el programa educativo de guardería rumano, para niños de entre 2 y 5 años. Supuestamente sirve para enseñar a los pequeños las consecuencias que tiene desobedecer a sus madres. Con ella también se pretende ayudarles a expresar mejor sus sentimientos.

ITALIA

En el norte de Italia no solo tenemos a Santa Claus, también está su malvado compañero, Krampus. Según las historias que nuestros abuelos nos contaban cuando éramos niños, cuando llegaba la Navidad, el diabólico ser peludo –mitad cabra, mitad demonio- se aparecía en las calles pertrechado con varias cadenas y campanas, un manojo de ramas de abedul y un cubo de madera cargado a la espalda.

A diferencia de Santa Claus, que premiaba a los niños buenos con regalos, Krampus recorría las calles en busca de los que se habían portado mal para golpearles con los palos. A veces se colaba en las casas por la ventana en plena noche y clavaba sus garras y colmillos en la piel de los niños traviesos para liberar la rabia que había acumulado después de un año aislado. Finalmente, cogía a los niños malos, los tiraba al interior de su cubo de madera y se los llevaba a su guarida, donde los castigaba. Bonita forma de poner a los niños a dormir, ¿no? Lo cierto es que no se trata solo de un cuento para dormir: la noche de Krampus, el 5 de diciembre, los jóvenes de las poblaciones alpinas salían a desfilar por las calles disfrazados como demonios, a menudo estimulados por el alcohol.

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Según el folclore alpino de la región de habla alemana, el origen de Krampus es incierto, aunque muchos coinciden en que está vinculado a las tradiciones precristianas. Un breve estudio del tema realizado en 1958 concluía que «en ninguna otra forma están los ropajes del Dios Astado de las Brujas mejor preservados. El abedul –además de su simbolismo fálico- puede estar relacionado con los ritos iniciáticos de algunos aquelarres de brujas».

POLONIA

Baba Yaga es una bruja malvada que aparece en las versiones no oficiales de muchos cuentos infantiles polacos. La historia cuenta que si te peleabas con tus padres y decidías irte de casa, acababas perdido en los bosques, donde Baba Yaga moraba subida en una pata de pollo (muy guay) o en una casa hecha de pan especiado (muy estándar). Se desplaza volando en una estupa, una especie de mortero o urna de hierro, tiene una pierna esquelética y suele acompañarla un gato, un cuervo, un búho o una serpiente. Pese a que es ciega (total o parcialmente), es capaz de moverse con total soltura gracias a su sentido del olfato. Baba Yaga puede seguir el rastro de tu olor, así que no esperes escaparte de acabar en una olla hirviendo.

Es imposible determinar el origen exacto de esta historia, aunque los expertos afirman que su figura se corresponde con la de una deidad importante de la mitología eslava, pero lamentablemente no quedan registros escritos de esto y la información disponible procede de los cuentos tradicionales. Podía tratarse de una diosa de los bosques vinculada a la muerte (en la cultura eslava, los cadáveres se incineraban y las cenizas se depositaban en una urna o un pilar, de ahí la estupa y la pata de pollo) o un espíritu animal muy poderoso. Con la aceptación del cristianismo, las comunidades eslavas redujeron a Baba Yaga al estatus de demonio o monstruo (algunos académicos la ven como la transición del matriarcado a la sociedad patriarcal).

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Baba Yaga está presente en otras culturas eslavas, pero en Polonia siempre encarna a un personaje malévolo. En Rusia es algo más ambivalente y en ocasiones ofrece ayuda y consejo a quienes se cruzan con ella. Curiosamente, aquí en Polonia siempre hemos pensado que Baba Yaga es rusa, probablemente porque su nombre no es polaco y porque ambos países nunca se han profesado mucho amor. La triste verdad es que probablemente estemos asustando a nuestros hijos con la historia de una señora rusa con un gato. Lo bueno es que, al menos, todas las versiones modernas que conozco muestran un poco de empatía por ella.

ESPAÑA

En España tenemos la historia del hombre del saco. Se trata de un tipo muy feo que recorre las calles de noche con un saco vacío a los hombros, en el que mete a niños perdidos, a los que se han portado mal durante el día o a los que no quieren irse a la cama por la noche. Una vez en el saco, nadie sabe qué les pasa a esos niños o adónde los lleva el hombre del saco.

Lo más preocupante de esta historia es que ese hombre existió de verdad, más o menos. Había varias personas implicadas en el caso, que ocurrió en 1910 en Almería. Según los informes policiales de la época, un hombre al que llamaban «el Moruno» pagó un montón de dinero a un curandero para que le curara de la tuberculosis. El «médico» le indicó que bebiera la sangre de un niño y que se masajeara el pecho con sus tripas. Y así lo hizo; el curandero y otros dos hombres secuestraron a un niño y lo metieron en un saco; luego le rajaron la axila para extraerle la sangre, que ofrecieron a «el Moruno», y finalmente aplastaron el cráneo del muchacho con una roca. Después vino la carnicería: lo abrieron, le sacaron la grasa y las tripas y las restregaron sobre el pecho de «el Moruno». El trabajo ya estaba hecho, pero debido a desavenencias económicas, uno de los hombres acabó denunciando todo lo ocurrido a la policía. Los tres hombres fueron sentenciados a muerte.

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Todavía hay gente en Almería que recuerda las canciones que se solían cantar en la época sobre aquella horrible historia. Era tan jodida que todavía hoy asustamos a los niños diciéndoles que si no se portan bien va a venir el hombre del saco.

DINAMARCA

Se supone que la historia de Karius y Baktus sirve para que los niños se cepillen los dientes y coman cosas sanas. Si no lo hacen, unos amenazantes troles les agujerearán los dientes para crear sus hogares y establecerse en ellos.

La historia es la siguiente: había una vez un niño llamado Jens que nunca se limpiaba los dientes y al que le encantaba comer dulces. Como consecuencia, el trol de pelo negro Karius y su hermano pelirrojo, Baktus, agujerearon los dientes de Jens, los convirtieron en horribles casas de trol y vivieron una vida próspera en su boca. Aquellos monstruitos sádicos, armados con picos, se pasaban el día componiendo rimas sobre sus comidas azucaradas preferidas y cantando mientras martilleaban y perforaban los dientes de Jens, discutiendo si sería mejor crear su vivienda en el incisivo o el molar del muchacho. Lo que más temían era –lo habéis adivinado- el cepillo de dientes. Mientras Karius comentaba alegremente que hacía semanas que Jens no se cepillaba los dientes, Baktus se encogía al pensar en aquella época horrible en la que el chico solo comía zanahorias y pan de centeno. Los troles se alegraban enormemente cada vez que Jens se comía una pasta o alguna chuchería cargada de glucosa y cantaban sobre cómo crecían «gracias al caramelo y al pastel». Soñaban con el día en que la boca del pobre Jens estuviera tan podrida que pudieran invitar a toda su progenie a vivir allí. Al final, Jens se arma de valor y va al dentista, quien desaloja de su boca a aquellos malvados bichos de una vez por todas.

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La historia original fue creada en 1949 por el escritor infantil, compositor e ilustrador noruego Thorbjørn Egner y se publicó por primera vez en Dinamarca en 1958. Desde entonces, se ha convertido en un cuento obligado de buenas noches que ha pasado de generación en generación. Hoy puede encontrarse en formato de libro y audiolibro, y se representa en gran número de espectáculos de marionetas y obras de teatro. La historia ha sobrevivido a su autor y sigue con su misión de fomentar los hábitos de higiene dental y alimentación sana entre los niños.

AUSTRIA

Uno de los cuentos breves que han tenido que soportar la mayoría de niños austriacos es el del «Chupadedos». La historia la escribió en el siglo XIX un médico alemán llamado Heinrich Hoffmann, que tenía un concepto de la educación infantil bastante jodido. El tipo escribió muchos cuentos populares, como el del niño que se ahogó porque se pasaba el día soñando despierto o el de la niña que murió quemada viva porque «no se juega con cerillas». Así que este señor es un ejemplo perfecto del estereotipo del «cuidado infantil teutón de toda la vida».

Como ya habréis supuesto, el «Chupadedos» trata sobre un niño llamado Konrad que no dejaba de chuparse el dedo. Su madre le decía que parara, pero él la ignoraba, así que le advirtió de que, si no dejaba de hacerlo, vendría un sastre chalado y le cortaría los dedos. Quizá ahora suene un poco raro, pero en el contexto del siglo XIX podría ser una forma muy adecuada de asustar a tus hijos para que te hagan caso.

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Y entonces viene la parte rara. La madre de Konrad tuvo que salir, momento que aprovechó el sastre para hacer su aparición y perseguir a Konrad con sus enormes tijeras. Cuando lo atrapó, le cortó los dedos al pobre muchacho. Aunque aquí se ha contado la historia de forma prosaica, originalmente estaba escrita con rimas que la hacían aún más espeluznante. ¿Qué clase de rima infantil fácil de recordar cuenta la historia de un niño que casi muere desangrado porque le han cortado los pulgares por… bueno, por chupárselos?

ALEMANIA

Como la mayoría de las historias horribles que se les cuenta a los niños antes de irse a dormir, «La terrible historia de las cerillas» tiene una moraleja: si no haces caso a tus padres, acabarás muriendo de una forma horrible. La protagonista de esta historia es una chica llamada Paulinchen, a la que sus padres dejan sola con sus dos gatos. Como está aburrida, cuando encuentra unas cerillas decide que son un pasatiempo genial e intenta encenderlas, como tantas veces había visto hacer a su madre. Sus dos gatos intervienen y le recuerdan que su padre le ha prohibido que lo haga, pero ella no hace caso, enciende una cerilla y se pone a bailar con ella en la mano, fascinada por la belleza de la llama en movimiento. Por supuesto, la historia no acaba bien. Paulinchen acaba prendiendo fuego a su vestido y segundos después todo su cuerpo está en llamas. Los gatos, desesperados, piden ayuda a gritos, pero nadie puede oír sus súplicas ni los terribles alaridos de la niña. Poco después, todo termina, Paulincher está muerta, ha quedado reducida a un montón de cenizas y solo sus zapatos quedan intactos. Los gatos siguen ahí, llorando y preguntándose, «¿Dónde están sus pobres padres, dónde?», como si ellos fueran las verdaderas víctimas de la situación. El cuento termina con unas extrañas observaciones del autor, en las que decía que las lágrimas de los gatos le recordaban a pequeños arroyos que atraviesan un campo.

«La terrible historia de las cerillas» forma parte del «Struwwelpeter», el equivalente de la literatura infantil de Saw. Fue escrita en 1845 por el psicólogo Heinrich Hoffman. Esta colección de breves historias de miedo hace que El resplandor parezca Los Minions y quizá sea uno de los motivos por los que en Alemania no seamos populares por nuestro sentido del humor. Pese a ser horrible, la historia se cuenta a los niños desde muy pequeños. Por lo visto nunca se es demasiado joven para aprender que lo más importante en la vida es hacer caso a tus padres.

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GRECIA

«La madre asesina» es una historia/canción clásica del folclore griego que contaban las abuelas a sus nietas.

El cuento narra la historia de Constantine, único hijo de la familia. Un día llegó a casa de la escuela y se encontró a su madre durmiendo con otro hombre. La amenazó con contárselo a su padre y, por mucho que su madre le suplicó, el niño se mantuvo firme en su decisión.

La madre de Constantine lo mandó a su habitación, donde lo asesinó. Luego cocinó su hígado. Cuando llegó el padre, se preguntó dónde estaría Constantine, y la madre le dijo que seguía en la escuela. El padre fue a buscarlo, pero la profesora le aseguró que el muchacho se había marchado hacía mucho rato.

Cuando el padre regresó a casa, la madre le sirvió el hígado de Constantine para cenar. En ese momento apareció el espíritu del niño asesinado, explicó todo lo ocurrido y reveló a su padre que se estaba comiendo los órganos de su hijo.

Naturalmente, el relato molesta un poco al padre, quien decide decapitar a la madre con una espada. Muchos historiadores creen que el cuento se escribió originariamente entre los siglos XVI y XVII y aparece en distintas variantes en muchos libros de folclore. Se dice que el propósito de la historia era advertir a las jovencitas sobre las consecuencias del mal comportamiento. Mensaje captado.