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Cultura

¿Realmente eres un “artista muerto de hambre”, o solamente un imbécil pretencioso?

No necesitas ser un comemierda para ser un buen artista.
6.8.14

Collages por Marta Parszeniew

Auvers-sur-Oise, Francia, 29 de julio 1890 – Por primera vez en sus 37 años de edad, todo parecía estar saliendo bien para Vincent van Gogh. Había pasado ocho años siendo un trabajador incansable y, finalmente, veía que su momento estaba llegando. Así como lo hicieron con todos los grandes artistas de la segunda mitad del siglo 19, cuyos trabajos ignoraron por años, los críticos estaban empezando a devorar sus obras. Manet, Monet, Renoir, Degas… todos estos empezaron como el hazmerreír del Salón de Paris. Y después rompieron el molde. Ahora, era el turno de van Gogh. Pero antes de que pudiera hacer algo, murió, llegando a su casa un día con lo que él insistío era una herida de bala auto infligida en el pecho.

¿Qué fue lo que lo llevó a patear su propia lonchera, aunque, durante un periodo de tiempo fue casi escandalosamente impasible? No hay manera de esconder la verdad de que van Gogh era maníaco depresivo, pero ¿por qué perforar su pecho y no su cabeza? ¿Por qué fingir su propio fin en un entorno bucólico, el cual había descrito hace dos semanas (en una carta a su hermano) como “saludable y vigorizante”? Y, ¿cómo hizo van Gogh, un hombre reconocido entre los residentes de Auvers por ser un demente, lograr conseguir una puta pistola?

Desde “Las cuitas del joven Werther” hasta Fat White Family, la gente ha estado jugando con la idea de ser un artista muerto de hambre. Preferimos pensar en nuestros artistas como personas que untan su pincel con una mano mientras se limpian las lagrimas con la otra; gente que tiene que vivir con las adversidades en la manera más llamativa posible. Pero no deberíamos exaltar la adversidad de esta manera, porque el arte se puede manifestar como cualquier cosa que esté debajo del sol. Es más, correría el riesgo de decir que, una mayor cantidad de arte se ha creado en estados de felicidad absoluta, que en el abatimiento. (Si quieres pruebas, mira cualquier pintura impresionista de van Gogh). Mientras que la felicidad puede que escriba en blanco, definitivamente no pinta de la misma manera.

El combustible que hace que este mito continúe no es más que una mímica deplorable (nada más que un cosplay pretensioso para los estudiantes de Saint Martins en Londres). Sufrir nunca le ha hecho bien a nadie. Y marcar a un artista o escritor con la etiqueta de la angustia o de la tortura  es un insulto a cualquier tipo de credibilidad que puedan llegar a tener. Es marcarlos con un prerrequisito que solamente existe como una fascinación en la mente del público, como si el dolor fuera lo único que uno viera cuando observa una obra de arte. Pareciera que si los artistas no están discapacitados con las ansiedades y neurosis que supuestamente necesitan tener para poder lograr ser genios visionarios, la gente común y corriente no podría admirar el mundo del arte porque les parecería demasiado similar a sus propias vidas.

La desgracia no tiene porqué ser un elemento fundamental en todo lo que una persona hace en su trabajo. No tiene que ser aquello, sin lo cual no podrían vivir. Lo más molesto es que ahora después de unos buenos 70 años de que Hollywood consuma y nos alimente esa alegoría monótona de los guionistas fallidos, los vagabundos llenos de talento y los artistas muertos de hambre, la necesidad tribal que compartíamos de ser creativos, se fue a la mierda.

Tienes que reconocer que esto no sucede en ningún otro ámbito de la vida. No tengo que sufrir de epilepsia para poder hacer un muy buen sándwich. Los futbolistas no tienen que tener un tendón herido para meter buenos goles. Cuando a Neymar le enterraron una rodilla en una vértebra en el partido contra Colombia, no rechazó ni la camilla, ni la fisioterapia, no se paró de su herida de vértebra y dijo “ya que lo pienso, este estado de media parálisis y agonía absoluta le van a hacer maravillas a mi desempeño”.

Entonces con lo que quedas es con un montón de estudiantes de bellas artes que sienten la necesidad de revivir cualquier tipo de herida que les pasó en alguna vida pasada para que puedan sentir la justificación de hacer la mierda mediocre que están haciendo. Un viaje alucinógeno en una fiesta se convertirá en una historia de dependencia a las drogas; ver que a tu amigo lo toca un carro cuando eres niño, te convertirá en el nuevo Stephen King contando sobre el momento en el que atropeyaron a tu amigo; verte obligado a tener una raya al piso en tu usuario de Twitter, se volverá tu propio Holocausto. Estas personas se tiraron en todo. No entienden nada. Han convertido el arte en locura y la apreciación del arte en simpatía.

¿Qué pasó con el frente que se pasa por alto al final del espectro del artista muerto de hambre? ¿Ruebens, Velázquez, Picasso, Einstein, Newton, Mozart, Shakespere, Dickens, Wodehouse, Raphael, Van Dyck, Matisse, Bach, Tolkien? Ni siquiera el baño de sangre que fue la Primera Guerra Mundial los pudo llevar a un viaje sin fin de autocompasión.

Este mito ha creado una incompatibilidad entre el arte grandioso y el dinero, efectivamente llamando a los que venden, algo malo. Pero todos los artistas lo hacen por el dinero. Siempre ha sido así. Lo único es que ahora no pueden admitirlo, porque se puede volver perjudicial para su reputación, entonces los artistas se quedaron varados entre una paradoja de hipocresía. Miguel Ángel se estaba ahogando en un pantano de su propio lucro antes de que estirara la pata. En el equivalente de dinero hoy en día, él dejó unos 35 millones de libras después de su muerte. Ruebens también estaba bastante contento en su mansión en el campo, y Titian tampoco estaba nada mal. Desde entonces, se nos ha olvidado que el artista pueda ser cualquier otra cosa, diferente a un indigente.

La fuente primaria de desprecio para Hirst, Emin y el resto de los artistas jóvenes y británicos que se hicieron conocer en la década de los 90, parece ser que lograron fusionar el arte con el dinero, se reían y después se emborrachaban en The Colony Room en Soho todas las noches. Y eso dejó a los críticos boquiabiertos. Si Damien Hirst hubiera tenido una cabeza nublada y barbada, si se hubiera metido en un agujero de mierda, si se hubiera encontrado con la quiebra con la misma frecuencia que un comerciante se encuentra con sus clientes, no sería tan denigrado como lo es hoy. Su audiencia siente que no se puede relacionar con él porque él es rico y ellos no. Porque es un artista y los artistas tienen que ser miserables todo el día, Damien debió haber vivido en la miseria. Esto es pura mierda.

Lo más importante de lo que nos tenemos que dar cuenta es que una pintura o una novela o incluso una película se pueden hacer contrarrestando cualquier tipo de tormenta personal que el dueño pueda estar pasando. Como dije, van Gogh estaba completamente desquiciado y era una pesadilla tener que lidiar con él. No tenía ninguna conciencia de sí mismo y bebía como un pez. Para el momento en el que llegó a París, ya estaba rebosando de sífilis, y en Bélgica, donde acababa de abandonar la escuela de bellas artes, sus dientes se habían podrido de manera tan grave, que se vio obligado a que le quitaran diez dientes de una sola sentada. También vivía con epilepsia, porfiria aguda intermitente y envenenamiento de plomo. Entonces lo podemos perdonar por sentirse un poco jodido de vez en cuando. Y sin duda estaba jodido, pero ese sentimiento no es el responsable del trabajo que produjo. Van Gogh no creó lo que creó por las cosas tan horribles que le estaban pasando, creó lo que creó a pesar de aquellas cosas. Era el trabajo de van Gogh hacer lo que hizo y se puso los pantalones y lo hizo.

(Imagen de Hirst via)

No deberíamos tener adolescentes que abandonan la escuela como unos putos ignorantes, puramente porque les han metido toda esta basura de historia de que escribir y pintar están atados la fragilidad humana. Enséñenles de Picasso. No estoy diciendo que vivió una vida llena de fiestas y sin ninguna lágrima, pero sí tuvo una vida larga y llena de éxitos constantes con mucha fertilidad inventiva como artista. Muéstrenles ejemplos de que sí se puede hacer buen arte desde una vida tranquila. Denles conferencias sobre Caravaggio, lo van a amar.

Nos estamos devolviendo a 300 años antes de van Gogh: la época de la Contrarreforma. Caravaggio, nacido en Milán, se va para Roma después de haberle pegado a un policía. Tiene 21 años. La iglesia está metida en un lío: están desesperados por arte. Cientos de artistas están corriendo a la ciudad y Caravaggio es indudablemente el mejor. Sus pinturas le llaman la atención al Cardinal del Monte, quien saca un montón de sus obras de la tienda del frente e invita al artista a vivir en el Palazzo con una habitación, un estudio y comida; algo como un patrocinio. Con la compañía de poetas, filósofos y músicos, todos rodeándolo, Caravaggio crea su mejor trabajo.

Mientras tanto, él se creía cualquier cosa que en la versión italiana era un artista de la Contrarreforma. Se juntaba con cualquier tipo de personas: prostitutas, soldados, guardias romanos, su inquilino y hasta con otros artistas. En un expediente judicial, se describe cómo le tiro un plato de alcachofas en la cara a un mesero por traerlas con mantequilla y no con aceite de oliva. Por este tipo de comportamientos, siempre estaba entrando y saliendo de la cárcel. ¿Qué hacía para salir? Tenía amistades en puestos importantes. Y pintando. Haciendo lo que amaba. Haciendo lo único en lo que era bueno.

En 1606 todo se va a la mierda. Discutiendo con un hombre llamado Ranuccio Tommassoni sobre el marcador de un partido de tenis, éste saca su espada del forro y lo apuñala en el pito; y lo mata. Horrorizado, se escapa a Nápoles y vive con un amigo suyo durante un año —hace algunas pinturas— antes de terminar en Malta. Empieza a disfrutar la vida como un Caballero de la Orden, hasta que le pega un tiro a alguien en la pierna y lo vuelven a mandar a la cárcel.

¿Acaso sirvió su tiempo completo? No, es Caravaggio. Escapa de su celda, desciende 200 metros por un precipicio, nada, se sube a un bote y llega finalmente a Sicilia. En Roma, el Cardinal Scipione Borghese emite una orden de ejecución: tráiganme el cuerpo de Caravaggio (o con su cabeza bastará). Caravaggio estaba cagado del susto todos los días. En una ocasión, unos matones le dan una paliza y lo dejan afuera de una taberna para que se muera. Sin embargo, todavía tiene un enorme talento para pintar, entonces se recupera lo suficiente para crear su nueva pintura llamada “David con la cabeza de Goliat”. En esta imagen Caravaggio no se pinta a sí mismo como el héroe, David, sino como la cabeza decapitada de Goliat. Lo que está diciendo es “aquí tienen, aquí les doy mi cabeza, ¿ya me pueden perdonar?”. Enrolla el lienzo y lo manda a Roma donde el Papa Paulo V decide perdonar su sentencia de muerte.

Cuando el bote está listo para zarpar hacia Roma, Caravaggio no lo está. Pierde el barco y trata de seguirlo a pie por las orillas de las playas, antes de morir a los 38 años, probablemente por una fiebre causada por un sistema inmunológico débil.

Pero miremos esto. Caravaggio no tuvo que escavar ningún episodio de su niñez para lograr inspirarse. No lo necesitaba. Una plaga viciosa mató a su padre y abuelo el mismo día cuando tenía cinco años, pero eso no jugó ningún papel en su trabajo. Utilizó a los vagabundos de Roma como sus modelos y nunca le aduló a nadie. Él pintaba para la gente. Ahora el arte se ve como casi lo opuesto. Como si fuera una sociedad de élite, que no merece ninguna interpretación del hombre común.

No quiero que pienses que el universo continúa solamente por ti, ni quiero que pienses que el universo está haciendo todo lo que puede para lograr hacer que tú te sientas significante. Nada creativo se ha, o puede ser creado, desde la negatividad. Nabokov tenía razón —alguien que tenga o pretenda tener una visión nihilista de la vida humana, simplemente es ridículamente poco observador—. El mundo está saltando de arriba abajo como un perro que lo único que quiere hacer es jugar contigo. Todavía hay gente que está esculpiendo talentos genuinos con la esperanza de poder lograr hacer unas cuantas maravillas en este planeta. Entonces para de pretender que eres una puto desarraigado porque fumas cigarrillos que tu mismo enrollas en vez de comprar la cajetilla. Aféitate esta barba pseudo-bohemia y ponte a trabajar en crear algo diferente a algo que sea separatismo, porque a esta sociedad le serviría un poco de gente decente en este momento.

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