Identidad

Esto es lo que piensan algunas usuarias de la copa menstrual

Varias mujeres nos cuentan su experiencia con la copa menstrual. Y hay experiencias de todo tipo.
26.4.16
Imagen vía Wikipedia

"La copa es un retroceso". "Si todas las mujeres llevaran copa, olería muy mal". Estos son solo alguno de los comentarios que se dejaron ver la semana pasada a través de las redes sociales. El germen de la discusión: la propuesta del partido de la CUP Manresa que instaba a los colegios y centros de formación a informar a los jóvenes de este método tan alternativo como silenciado. Este partido denunciaba que desde las escuelas se "adoctrina" a los propios jóvenes a usar métodos que pueden ser perjudiciales para su salud y que además son caros y anti-ecológicos. Al margen de la discusión copa sí/copa no, lo que quedó claro es que existe un desconocimiento total respecto a este y otros métodos como la esponja marina o las compresas de tela. La copa menstrual lleva utilizándose 80 años en España. Aunque comenzaron vendiéndose en tiendas de productos naturales, ahora se pueden conseguir en muchas farmacias o en internet.

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Como no dejábamos de leer comentarios bochornosos en Internet y hombres –¡hombres!– opinando sobre este aparato que jamás han probado, nos dispusimos a encontrar testimonios de mujeres que han usado o usan la copa menstrual y tienen algo que aportar. Aquí están sus opiniones.

ALEJANDRA, 28 AÑOS

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Durante mucho tiempo me mostré reticente a probar la copa porque jamás JAMÁS he usado un tampón, así que meterme un artilugio de goma dentro de la vagina durante los días de regla me parecía algo extremo e impensable. La primera vez que me la intenté meter tardé unos 20 minutos en insertarla, tuve que usar un espejo y todo para poder ver qué se estaba cociendo por ahí abajo. Para sacarla también fue un show: después de unos 15 minutos por fin conseguí sacarla no sin antes derramar toda la sangre en el suelo. Ahora ya me he acostumbrado, meto y saco la copa con toda facilidad y solo puedo decir que es UN PUTO SUEÑO. No notas para nada que llevas nada ahí adentro. En mi caso solo la vacío una vez al día y cuando la saco ni siquiera está llena (antes usaba dos o tres compresas tamaño súper al día). Además, mi novio hace dibujos con mi regla así que si en alguna de estas sesiones de arte no me apetece espatarrarme, simplemente me saco la copa y moja el pincel en ella para dibujar.

NOA, 27 AÑOS

Desde que uso la copa SOY FELIZ. Estar siempre pendiente de tener tampones es una agonía. No me digáis que no os da rabia eso de ir amiga por amiga preguntándoles en voz baja "¿tienes un tampax?", como si les estuvieras pidiendo algo ilegal. Lo único que deseas en ese momento es que te digan que sí y no tener que recurrir a la "compresa casera de papel higiénico". Llamadme loca, pero con la copa he descubierto que hay algo muy especial en el hecho de ver tu propia regla, ser consciente de la cantidad, el color, la textura. Voy a decir algo un poco hippie, pero ahora le tengo más cariño a mi regla. Qué diablos, me gusta ver cómo el váter o la ducha se tiñen de rojo con algo que sale de mí porque soy mujer. Eso sí, la copa también me ha dado algún susto: cuando me la quito en el trabajo, no puedo lavarla, me la tengo que poner de nuevo así. Un día, cuando la doblé para ponérmela de nuevo, se me desdobló sin querer proyectando pequeñas gotitas de regla por todo el suelo. Suerte que fue el suelo y pude limpiarlo, porque las paredes del baño son blancas y habría podido crear auténticas constelaciones menstruales. No fue tan grave, pero yo me agobié como si estuviera viviendo la escena de la sangre de El Resplandor.

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ÁGATA, 36 AÑOS

Tenía varias amigas aventureras que contaban maravillas sobre la Mooncup y lo bien que les iba cuando estaban en países exóticos en los que no tenían acceso a los habituales productos de higiene femenina y el ahorro que les suponía. Pero lo que más me interesó a mí fue su parte ecológica. ¡Esto es la bomba! Pensé. Hay que probarlo. Lo compré por internet y en nada lo tuve en casa. La realidad y el día a día fue un poco más desencantador… Para mí, no fue tan práctico usarla. ¡Con las ganas que tenía! Vaciarla puede resultar "sencillo" pero, ¿dónde la limpio? ¿supongo que te la vuelves a colocar sin enjuagar, no? Reconozco que la comodidad pudo conmigo… Por otro lado, entiendo que los cambios necesitan un período de adaptación. Redactando estas líneas me he animado de nuevo. Puede que lo vuelva a probar.

Imagen vía usuario de flickr: gaelx

LAURA, 30 AÑOS

Dos ex compañeras de trabajo me aseguraron que la copa había cambiado su vida así que tras días de investigación decidí a ir a una farmacia e interrogar al pobre farmacéutico que de copas sabía poco más que el precio. Sangro y coagulo mucho y compré el tamaño grande (aunque la veía muy pequeña para la cantidad que expulsa mi cuerpo) y un cacito para hervirla como me habían recomendado, y hasta aquí nuestra maravillosa relación. Yo también quiero que cambie mi vida pero lo intenté tres meses y aquello no funcionaba. Sufría todo el día sin saber si estaba llena, cuando iba al baño, en efecto, aquello rebosaba, y claro, al doblarla para poder sacarla salía sangre por todas partes antes que la copa. En el baño de mi casa aún, pero claro, no me la imagino en un concierto. Es ideal si la puedes llevar todo el día pero yo necesito vaciarla mínimo tres veces y cuando mis amigas me cuentan lo felices que son, yo me pongo muy triste. ¿Segundas partes nunca fueron buenas?

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CARME, 46 AÑOS

Conocí la copa menstrual hace unos once años. Un profesor de mi hija, que había estado en EE. UU y cuya mujer lo usaba, lo explicó en clase. En ese momento la busqué, pero no la encontré. Al cabo de un tiempo di con ella en Internet y empecé a usarla. En casos de situaciones extremas, yo no uso la copa. Cuando sé que voy a ir a un sitio en el que sé que no podré limpiarla ni vaciarla, utilizo otros métodos. Es lo bueno de que sea opcional. Pero, por lo demás, estoy súper contenta, va muy bien, es higiénico y muy ecológico. Nunca he cogido ningún tipo de infección.

Foto vía Wikimedia.org

CRISTINA, 29 AÑOS

Mi reciente historia con la copa es breve y escurridiza. En un intento por difundir su uso (sin ni siquiera haberla probado), hice un pedido masivo para las chicas de la oficina para que así no tuviéramos excusas. Cuando llegaron las copas no hubo demasiado entusiasmo, así que me encargue de notificar su presencia una y otra vez, pero finalmente no muchas quisieron adquirir el ecológico formato. Después de muchos días intentando que las chicas se llevaran la copa, la caja con el preciado contenido desapareció de la oficina por arte de magia. Buscamos y buscamos, pero nadie sabía nada… Una compañera me concedió la suya, imagino que por la pena que le daba que después del esfuerzo por divulgar el uso de la copa y el pedido, yo me quedase sin ninguna. Y llegó el día de usarla. Y no pude meterla. Y, de momento, aquí termina mi historia con la copa.

ANDREA, 27 AÑOS

Hasta hace algo más de un año no me había planteado la posibilidad de usarla, pero unas amigas hicieron un pedido grande y no me lo pensé demasiado. La primera vez no me resultó demasiado cómoda, sobre todo al ponérmela, pero en cuanto se adaptó no tuve mayores problemas. Entré en pánico la primera vez que intenté quitármela —aquí coincido con la mayoría de amigas que la usan— porque no conseguía sacar aquello de mi cuerpo. Lo cierto es que básicamente era cuestión de práctica y ahora no concibo mi menstruación sin ella. A veces me paso con la euforia y obligo a todas las mujeres que se cruzan en mi camino a que la usen, pero no me importa ser la loca de la copa menstrual en el curro si consigo convertir a alguna por el camino. Es, definitivamente, el mejor invento del mundo.

ELIANNE, 28 AÑOS

Llevo utilizándola más de 6 años. Mis ecoamigas treintañeras me introdujeron en el mundillo cuando yo era aún tierna e inocente. La primera vez que escuche de ella, en una cena, puse cara de asco absoluto. Pero la semilla de la curiosidad se había instalado, y he de añadir que nunca fui muy fan de los tampones, debido a que con 13 años leí el prospecto con todos sus efectos secundarios y no pude dejar de pensar en enfermedades siempre que los usaba. Con los años me alegro de haber superado mis prejuicios con la copa y haberme lanzado a la piscina. Usarla te sitúa en un selecto club de libertad, horas sin necesidad de preocupación (quizás el primer día de sangrado tienes que estar más pendiente). Y para aquellas que deben vaciarla más a menudo, hay soluciones. Como llevar una botellita de agua en situaciones "extremas" (si extremo se considera un baño del Primavera Sound).