¿Se puede rescatar el legado del Dubstep de la cámara histórica de lo pedorro?
El publico en el Fabric en 2009 / Foto: PYMCA/UIG vía Getty Images

¿Se puede rescatar el legado del Dubstep de la cámara histórica de lo pedorro?

Mirando en retrospectiva a tres compilaciones seminales, es posible imaginar un mundo donde el género se apegara a sus raíces y evitara a los “bros”.
24.8.17

El momento en que probablemente todo el mundo se dio cuenta de que el dubstep estaba pasando llegó en 2007, cuando Caspa y Rusko soltaron Fabriclive. En lugar de meter unos pocos sub-basses por ahí para dar una leve sensación de malestar y mantener al oyente comiéndose las uñas, el mix de Caspa y Rusko era el equivalente de tener a dos tipos a lado de cada oído gritando "WOWOWOWOWOWOWOWOWOW" durante una hora y diez minutos. El mix fue tan visceral, novedoso y directo que incluso alguien que nunca había escuchado música electrónica podía encontrarse absorto. Con eso, el dubstep se convirtió en un arma cargada, un cliché para ser explotado por artistas de todas las bandas que querían lograr que su público agarrara la fiesta cabrón. Britney Spears hizo una canción dubstep. Rihanna también, y hasta Korn (aunque, por desgracia, no al mismo tiempo). Skrillex pasó. Las tropas del dubstep sobresaturaron casi instantáneamente la música popular, poniendo al género en un camino directo hacia el fracaso del cual nunca se pudo recuperar.

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Por supuesto, estoy pasando por encima de largos periodos históricos, pero, de nuevo, esa fue la consecuencia involuntaria de Fabriclive de Caspa y Rusko, que le dieron vuelta al guión, irrumpiendo en la continuidad y cambiando el curso de un género en el proceso. Del mismo modo que el 2-Tone ska fue una versión británica punk del ska jamaiquino, el dubstep comenzó con productores británicos haciendo dubs de canciones 2-step garage en un intento por emular a los ingenieros de grabación jamaiquinos que en los b-sides de sencillos reggae utilizaban tracks originales como material primario de trips experimentales con vocales irreales, enfatizando la sección rítmica mientras se le introducían efectos fantasmagóricos y chiflidos al asunto. Y dado que tipos como King Tubby, Lee "Scratch" Perry, y más tarde Scientist convirtieron esa práctica en su propia forma de arte, era natural que el dubstep también lo hiciera, tomando vida propia en los dosmil, cuando productores como Skream, Benga y Pinch exploraron la capacidad de prosperar que tenía la música para bailar fuera del espacio negativo. Estos dubs digitales allanaron el camino para tipos como Burial, que incorporó melancólicos samples de R&B en sus producciones, y Joker, que injertó los teclados del G-funk en el angustioso modelo del dubstep.

Pero para 2011, parecía que el dubstep había pasado un punto de no retorno. Recuerdo haber ido a un festival por esos tiempos y ver a Skream y Benga, colaboradores frecuentes y dos de los pioneros del género, tocando un set que era más Skrillex que un enfrentamiento entre sonidos –un soundclash, pues– (quizás no es casualidad, pero Skrillex tocó dos veces ese fin de semana, atrayendo multitudes que harían ver pequeñas las de otros actos). Fue por estos tiempos que apareció un trío de compilaciones que, en retrospectiva, pueden ser vistas como un intento de arrebatar el dubstep a los "bros" para reafirmar su estilo underground, al tiempo que reafirma su fidelidad a sus raíces jamaiquinas.

Tal vez la más directa de estas compilaciones es Greensleeves Dubstep Chapter 1, de la disquera de dancehall británica llamada –¿cómo crees?– Greensleeves. La colección incluyó a pesos pesados del dubstep como The Bug, Kromestar, y Digital Mystikz –que tiene cuatro créditos en el álbum– remixeando tracks de jefes del dancehall como Mavado, Gyptian, y Vybz Kartel, así como de originadores como Yellowman y Barrington Levy. El capítulo 1 de la compilación dubstep de Greensleeves deja en claro la relación entre el dub y el dancehall jamaiquinos, y el dubstep británico y el grime, el estilo de hip-hop británico que se desarrolló paralelamente al dubstep y cuyos artistas colaboraron entre sí con frecuencia.

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El rework de The Bug de "Badman Forward Pull Up" de Ding Dong es más o menos un himno del grime, y cuenta con un verso invitado de Flow Dan de Roll Deep para ponerle la cereza al pastel. Mientras que el disco cuenta con su cuota justa de drops poco cavernosos y no sutiles –hay puntos en la reversión hecha por Kromestar de "Here I Come" de Barrington Levy o en la visión elaborada de L.D. de "Nah Let Go" de Gyptian que amenazan con hacerte chirriar la dentadura– los wubs clásicos del dubsteps no están para nada forzados, recontextualizados como un rocksteady hiper-futurístico para echar ska en la luna.

Para un acercamiento menos directo al sonido, está Scientist Launches Dubstep Into Outer Space, en el cual Scientist (el güey que mencioné en el párrafo anterior) generó 12 contribuciones originales de cartas fuertes como Guido, Kode9, y Shackleton. Escuchar el disco es una experiencia intensamente física. Primero estás apagado, los tracks son intergalácticamente espaciales, y el bajo englobando todo es tan poderoso que puedes sentirlo incluso en el par de bocinitas de tu laptop. Mientras tanto, hay una edición en vinilo del álbum, que incluye las mezclas originales, así como las reversiones de Scientist que vienen en una aparente cantidad incontable de discos.

Algunos discos exigen tu atención estrictamente a través de su música, y mientras que Scientist Launches Dubstep Into Outer Space ciertamente hace eso, escuchar el álbum en formato físico alienta el compromiso real con tu tocadiscos. Algunos lados funcionan a 45 rpm, otros a 33, y muchos lados sólo tienen un par de canciones dentro. Estás cambiando constantemente los discos y la velocidad de tu tornamesa, y al final de la experiencia, es como si las distancias entre los surcos no fueran sólo la fuente de los sonidos, sino que los están creando activamente al momento de reproducirlos (No hace falta decir que es mejor escuchar Scientist Launches Dubstep Into Outer Space después de haber fumado un chingo de mota –a menos que seas un adolescente, en cuyo caso por favor no fumes hierba, y definitivamente no le digas a tus papás que un artículo de Noisey te sugirió fumar marihuana).

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Tectonic Recordings, el sello que lanzó la compilación de Scientist, está establecido en Bristol, lo que nos lleva a la próxima parada de nuestro tour de dubstep chingón, Worth the Weight: Bristol Dubstep Classics de Punch Drunk. Hay muchas coincidencias entre los primeros dos discos –ambos tienen colaboraciones de Guido, RSD y el fundador de Tectonic Recordings, Pinch– pero mientras que Scientist Launches Dubstep Into Outer Space se centró en aclarar las conexiones entre el dub jamaiquino y el dubstep, las canciones que destacan en Worth the Weight ofrecen una contra-narrativa de música electrónica al tipo particular de dubstep de "bros" que se había apoderado de la música pop.

"The Grind" de Peverelist es un himno paranoico de dub-techno, mientras que "Komonazmuk" de Bad Apple se siente como un camino en la jungla que fue encontrado por un submarino en el fondo del océano. Mi canción favorita en el disco es probablemente "Hypnotized" de Forsaken, que se centra en un sample de "Oops (Oh My)" de Tweet, transformándolo en un lánguido lamento drum 'n' bass (o, al menos, lo más lánguido que un lamento drum 'n' bass pueda ser).

Muchos de los tracks del disco son testamentos a los orígenes del género, producciones que comienzan con plantillas preexistentes de dance para darles un psicodélico giro de fantasía en drogas. El disco termina con "Stuck in the System" de Joker y "Pixel Rainbow Sequence" de Hyetal, dos canciones que sugieren una línea de tiempo alternativa al género que nunca pudo progresar. "Stuck in the System" ofrece samples orquestales de stop-start con toda la grandiosidad que una producción de Heatmakerz implica, mientras que "Pixel Rainbow Sequence" contrarresta arpegios de teclado pixeleado con una línea de bajo que parece poseer una mente propia. Las canciones son tan agresivas como cualquier cosa brostep que se haya producido, pero conservan un lado experimental que honra el espíritu del dub en sí.

Es 2017, y el brostep que alguna vez plagó el género, ahora está bien pinche muerto. Los intrusos rápidamente se movieron al trap-EDM, mientras que el artista insignia del género, Skrillex, ahora está produciendo canciones de house tropical para Justin Bieber. Con la retrospectiva ofrecida por la historia, estas compilaciones nos muestran lo que este genuinamente avanzado génerohubiera podido ser por siempre. Ahora que el estúpido bagaje cultural del género no existe más, tenemos la oportunidad de reescribir la historia como si el disonante dubstep de festivales jamás hubiera existido. Lo mejor del tiempo es su poder para cambiar el contexto, y lo mejor del lenguaje es su poder para crear juegos de palabras, así que con eso en mente, es hora de tomar los grandes dubs del pasado y caminar hacia el futuro.

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