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Una prueba de saliva podría ayudar a revelar por qué los hombres piensan que la carne es de machos

Visita un restaurante especializado en carnes, y sé testigo de las mesas de hombres ricos y poderosos comiendo rib-eyes con hueso más grandes de lo que cualquier persona podría consumir.
Hilary Pollack
Los Angeles, US
Photo via Flickr user anotherpintplease

Desde tiempos inmemoriales, los "hombres varoniles" han comido carne. Veamos la prueba histórica número uno, Los Picapiedra, y verás a Pedro y Pablo comiendo filetes de dino del tamaño de una Volkswagen. O, en la actualidad, visita un restaurante especializado en carnes, y sé testigo de mesas de hombres ricos y poderosos comiendo rib-eyes con hueso y tomahawks más grandes de lo que cualquier persona podría consumir en una sola sentada.

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Aunque puede ser un poco cansado, la ciencia sugiere que muchos todavía asocian la carne con la masculinidad y piensan que el vegetarianismo es un estilo de vida "femenino"; y eso que es en una época en la que sabemos que el consumo de carne roja y procesada se asocia con riesgos para la salud como enfermedades de corazón, cáncer y más, por no hablar del inmenso impacto que la producción de carne tiene en el medio ambiente. Pero la investigación ha demostrado, un tanto increíblemente, que muchos hombres optan por comer carne a pesar de las consecuencias para la salud con el fin de evitar el riesgo de asociación con los "atributos femeninos de una dieta vegetariana". Otros estudios han encontrado que existe una fuerte relación metafórica entre la carne y la hombría. Y ya sabemos que los hombres se atascan de comida cuando comen con mujeres.

Ahora una nueva investigación pretende arrojar más luz sobre los procesos químicos que se activan en tu cerebro masculino cuando pides ese porterhouse de 32 onzas. Un investigador ha llevado a cabo un estudio para comprender esta ansiedad por la carne, y utiliza una prueba de saliva para medir la testosterona y la respuesta al estrés (cortisol) para entender cómo responden los hombres psicológicamente al comer alimentos con carne y alimentos vegetarianos.

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Atilla Pohlmann de la University of Hawaii at Mānoa es vegetariano, pero en su investigación observó las construcciones sociales y biológicas alrededor de la carne. Recaudó dinero para realizar el estudio con la saliva en Experiment.com, una especie de Kickstarter para la investigación científica. Su proyecto, que fue financiado con éxito, se tituló "Meat! Can manhood stomach the punch of the vegetarian alternative?"

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"Me encontré en una dieta sin carne por accidente, sin haber reflexionado de antemano sobre razones morales o beneficios para la salud", escribió Pohlmann en un comunicado que acompañó la campaña. "Tal vez porque no tenía ni idea, estaba tan intrigado por las reacciones inesperadamente fuertes de la gente hacia mi situación dietética. Traté de darle sentido a las complejas dinámicas y conversaciones sociales que giran en torno a las comidas consumidas con amigos omnívoros o familiares".

Pohlmann y otros argumentan que el vínculo entre género y comida, donde los hombres comen carne y las mujeres comen verduras (piensa en Just Salad), puede causar problemas para los hombres al configurar sus dietas. Los hombres pueden comer sanamente en vez de correr el riesgo de un moretón en su machismo. La comprensión de lo que sucede químicamente cuando un hombre come carne o una opción vegetariana podría ayudar a los hombres a elegir alimentos más sanos.

Tal vez los que temen pedir una comida sin carne deben tan solo observar a los atletas vegetarianos profesionales Joe Namith, Hank Aaron, Prince Fielder, o Carl Lewis para acabar con las preocupaciones de que puedan parecer menos que un Übermensch si no optan por la opción con un animal muerto.

Pero bueno, la carne es deliciosa, y sin duda hay un momento y un lugar. Tal vez comer carne no tiene por qué implicar el ego, pero, por otro lado, tal vez así es como los hombres están fisiológicamente cableados. Pohlmann espera aprender más sobre eso, y tal vez ayudar a tomar decisiones de alimentos más saludables sin hacer hincapié en las repercusiones sociales.

Comer menos carne roja también beneficiaría al medio ambiente. Pero, en última instancia, la pregunta podría ser si tienes las agallas para pedir un platillo vegetariano.