Las mujeres que miran dentro de sus vaginas con un palo para selfies
Illustration by Aparna Sarkar
Identidad

Las mujeres que miran dentro de sus vaginas con un palo para selfies

Los humanos llevan miles de años creando imágenes de sexo y genitales. Aun así, el “palo para selfies sexuales”, que puede retransmitir en directo un orgasmo vaginal, sigue siendo un producto de uso muy limitado.
3.5.16

Si pudieras ver qué aspecto tiene el interior de tu vagina cuando tienes un orgasmo, ¿te gustaría hacerlo? Se trata de un fenómeno fisiológico que sigue siendo invisible, pero productos como el Gaga Lighted Camera Vibrator o el Siime Eye tienen la intención de remediarlo.

Desarrollado hace dos años por la compañía de juguetes sexuales de lujo Svakom, este juguete fue creado con la finalidad de cubrir determinado nicho del mercado: la falta de vibradores impermeables de alta gama con cámaras internas en la punta. Este palo no solo incorpora un vibrador resistente al agua "recargable y silencioso", sino que también incluye un disco de software "para quienes poseen un PC". No queda demasiado claro cuántas unidades se vendieron inicialmente, pero la pasada primavera, cuando los sex shops online lo rebautizaron como "palo para selfies sexuales" en un inteligente giro estratégico, el hasta entonces poco conocido juguete empezó a suscitar toda una serie de fuertes reacciones en la web.

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El diario The Independent lo describió como "aberrante fruto del amor entre una endoscopia y un vibrador que supone una prueba irrefutable de que el único objetivo de la humanidad consiste ahora en hacerse selfies en absolutamente cualquier lugar que le sea posible".

"Puedes verlo todo, hasta la más mínima contracción muscular. Realmente sexy", comentó sarcásticamente una bloguera del Huffington Post. Al parecer, muy poca gente quería comprender por qué existía ese dispositivo y mucho menos parecían querer tener uno.

Los humanos llevan miles de años creando imágenes de sexo y genitales, por eso en esta era de fotos de pollas —tanto solicitadas como no solicitadas—, la cantidad de odio libre de ironía que ha suscitado el palo para selfies sexuales resulta desconcertante. Sin duda, este palo de selfies añade leña al fuego del ya caldeado debate en torno a la cultura de las selfies: sus detractores califican las imágenes como epidemia del narcisismo mientras que sus defensores afirman que la práctica es una revolucionaria nueva forma de autoamor. Los más alarmistas consideran que el palo para selfies sexuales bebe de la metáfora onanista de la "observación en bucle" de las selfies —la idea de que el autor, el administrador del sitio web, el editor y el espectador de la foto son todos la misma persona— y la vuelve literal.

Pero la búsqueda de la observación de los momentos de placer en el interior de las mujeres, nunca vistos hasta ahora, no es tan solo una ramificación de la obsesión que muestra nuestra generación por documentar y compartir cada segundo de nuestras vidas; lo cierto es que el deseo de capturar los signos internos del placer y la excitación lleva mucho tiempo existiendo en los márgenes de la cultura y la ciencia. La repulsiva fascinación que provoca el palo de selfies en particular tiene sus raíces en un debate mucho más antiguo, uno que lleva tiempo tratando de definir la polémica frontera que separa la pornografía de las imágenes médicas.

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Cada siglo ha contado con su propia tecnología para reproducir imágenes que resultan al mismo tiempo excitantes y anatómicas, según me explicó Thomas Lacqueur, investigador de la historia de la medicina y la sexualidad, cuando le pregunté por la conexión existente entre las imágenes anatómicas y la obscenidad. Mucho antes de que existiera la videocámara, escandalosos textos escritos durante el Renacimiento como Three Books on the Dissection of the Parts of the Human Body ("Tres libros sobre la disección de las partes del cuerpo humano") y Aristotle's Masterpiece ("La obra maestra de Aristóteles") mostraban lascivos grabados junto a consejos médicos completamente legítimos.

Estas imágenes médicas y anatómicas del cuerpo han estado tradicionalmente sujetas a interpretaciones estéticas, eróticas y artísticas. Incluso en una época tan tardía como el principio del siglo XX, indica Lacqueur, las publicaciones sobre planificación familiar se consideraban pornografía. El origen de las "selfies" genitales en concreto se remonta a las esculturas florentinas de cera del siglo XVIII, que representaban el interior del cuerpo humano. Los historiadores siguen sin ponerse de acuerdo acerca de si estas esculturas eran de carácter clínico, erótico o ambos.

Según Lacqueur, la frontera entre los dos siempre ha sido difusa. "Casi desde los inicios de la pornografía, la medicina se ha encargado de reproducir una imagen pornográfica más respetable", explica. "La medicina gira en torno al cuerpo y, por un lado, es fría y científica, pero por el otro el modo en que representa las cuestiones tiene mucha relevancia".

No he oído el caso de nadie que haya enviado vídeos vaginales no solicitados a otra gente como sucede con las fotos de pollas. Interprétalo como quieras

En el siglo XIX los grabados, las esculturas de cera y las ilustraciones del cuerpo humano dieron paso a las fotografías, las películas en Super 8 y las cintas VCR. Con la llegada del endoscopio y de otros minúsculos y ligeros dispositivos similares, finalmente fue posible crear imágenes de partes interiores que en otro tiempo habían resultado inaccesibles. Aunque los hombres llevan al menos dos siglos teniendo la capacidad de hacerse fotos a sí mismos o a mujeres desnudas, Lacqueur indica que las mujeres "no podían hacer una foto de su propio interior hasta hace bien poco".

Antes de que se inventara el palo para selfies sexuales ya existían los dispositivos mecánicos en forma de consolador con cámara incorporada, creados en la década de 1960 por los investigadores sexuales William Masters y Virginia Johnson. Tal y como se reprodujo en la serie del canal Showtime 'Masters of Sex', la pareja generaba datos sobre los orgasmos femeninos pidiendo a las mujeres que se masturbaran usando un consolador de alta tecnología, bautizado por el personal de su clínica como "Ulysses". Thomas Maier, el biógrafo de Johnson y Masters, recreó el viaje inaugural del Ulysses en su libro Masters of Sex (el texto principal en que se basó la serie de Showtime): "Nadie había fotografiado antes el interior de una mujer durante el coito, documentando la reacción femenina ante la entrada y la penetración del falo. Este ingenioso dispositivo permitía filmar a todo color sin distorsión de la imagen".

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En 1995, el científico holandés Pek van Andel capturó por primera vez con éxito a una pareja manteniendo relaciones sexuales dentro de una máquina de resonancias magnéticas. "Pudimos demostrar que la resonancia magnética de un intercambio sexual en dos posiciones es algo factible y artístico, pero no tan artístico como las imágenes dibujadas por Da Vinci", explicaba el informe redactado por su equipo, reconociendo completamente que las imágenes de la resonancia magnética poseían valor tanto fisiológico como estético. A pesar del carácter científico de este estudio, afirma Andel, el experimento fue rechazado una y otra vez por los críticos, algunos de los cuales lo consideraban un chiste obsceno. Sin embargo, van Andel no cree que estas imágenes sean pornográficas, sino que las interpreta, si bien de forma bastante artística, como un homenaje al dibujo realizado por da Vinci durante el Renacimiento que representaba una pareja copulando. "La imagen depende del ojo del observador", me dijo van Andel por Skype. "Es tan solo cuestión de la perspectiva desde la que lo observes".

Resulta que las reminiscencias médicas que posee el palo para selfies sexuales no son algo accidental: este juguete se comercializó originalmente como método para que las mujeres pudieran comprobar su propia salud sexual e incluso se describía en sus vídeos promocionales como un "vibrador-endoscopio". Emmeline Peaches, crítica de juguetes sexuales, ha probado el palo para selfies sexuales en sus propias carnes y cree que la experiencia es "en realidad más médica de lo que la mayoría ha sugerido hasta ahora".

Peaches me explicó que estaba deseosa de probar ese "peculiar" juguete y afirma que se aseguró de comprar un espéculo para utilizar junto con el palo, un tándem que ella considera obligatorio para conseguir imágenes claras. Pero cuando Peaches probó el Svakom de alta tecnología, la experiencia le dio una sensación más "clínica" que sexual. "Cuando todo estaba dentro de mí y vi por fin mi vagina en la pantalla, la experiencia me pareció increíblemente irreal. La imagen era sobre todo rosa, bastante borrosa y estaba parcialmente obstruida por los fluidos internos y el lubricante", me explicó en un email.

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"Al principio no me pareció real, hasta que empecé a contraer los músculos y vi los movimientos reflejados en la pantalla", afirma. "Fue justo entonces cuando me di cuenta de que me sentía totalmente desvinculada de lo que estaba viendo. Daba igual cuánto moviera los músculos, la experiencia no me pareció nada armoniosa". Aunque afirma que tenía la esperanza de acabar maravillándose ante los movimientos de su vagina, la experiencia no le resultó en absoluto sexual.

Teniendo en cuenta el cariz médico que tuvo su propia experiencia usando el palo para selfies sexuales, Peaches cree que es probable que muchas otras usuarias ignoren "el potencial de placer de este dispositivo" y lo utilicen en su lugar para "conocer un poco mejor su propio cuerpo".

Según este punto de vista, el palo para selfies sexuales trae a la mente no solo imágenes ambiguamente médicas, sino también una tradición feminista más antigua de control de la propia salud. Los usos médicos del palo para selfies sexuales se remontan a los esfuerzos realizados por el Colectivo de Boston del Libro para la Salud de las Mujeres. En 1969, en el punto álgido del movimiento de liberación de la mujer, las feministas de la segunda ola crearon un panfleto para ayudar a las mujeres a conocer sus cuerpos al margen del establishment médico y de su mirada clínica masculina. Reeditado con el nombre de Nuestros cuerpos, nuestras vidas en 1971, aquel panfleto se extendió rápidamente a modo de éxito underground que animaba por primera vez a las mujeres a observar su interior con ayuda de un espéculo y un espejo. Como parte de esta herencia, el palo para selfies sexuales puede considerarse como "otro paso más hacia la autodocumentación del sexo", afirma Lacqueur.

Por el momento, el palo para selfies sexuales sigue siendo un producto de uso minoritario. Como sucedió con el vídeo sexual de la resonancia magnética o con las reveladoras películas de Masters y Johnson, la tecnología provoca ira porque está íntimamente relacionada tanto con las prácticas médicas como con el placer. Y una vez más, como también es un producto perteneciente a la 'cultura de las selfies' y está diseñado para las mujeres, básicamente se convierte en blanco fácil para los trolls.

"Sin duda creo que en esta cuestión subyace un elemento de género", explicó Peaches a Broadly en un email. Está convencida de que las reacciones culturales generalmente negativas hacia los genitales femeninos podrían contribuir a que las mujeres no se sientan cómodas utilizando el palo. Por el contrario, el Belfie stick —un palo para tomar selfies del propio culo— no ha recibido el mismo nivel de escarnio por parte de los comentaristas de la red. "Una parte de mí se pregunta si su acogida no habría sido diferente en caso de haber presentado [el palo para selfies sexuales] como un dispositivo de placer 'para que los hombres lo utilicen con las mujeres' en lugar de como un producto para selfies", añadió Peaches.

Tanto si el palo para selfies sexuales es un símbolo de liberación como si no lo es, ni sus detractores ni las imágenes que genera son nada nuevo. Al final puede que sean las propias usuarias las que hacen que este palo de selfies sea algo tan único. "No he oído el caso de nadie que haya enviado vídeos vaginales no solicitados a otra gente como sucede con las fotos de pollas", indicó Peaches. "Interprétalo como quieras".