Chile continúa lleno de las minas terrestres sin explotar que puso su dictador

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Chile continúa lleno de las minas terrestres sin explotar que puso su dictador

Augusto Pinochet dejó más 100.000 minas detrás y desenterrarlas está tomando mucho tiempo.
12.11.14

Abelino Paicil ocupa sus días parado al borde de un terreno, viendo como varios jóvenes desentierran minas antipersonales. A menudo este hombre de 59 años se acuerda de cuando él era joven y estaba en esos mismos terrenos plantando las mismas minas.

"Están sacando lo que nosotros sembramos" dice Paicil, un enfermero que trabaja para una compañía del ejercito chileno dedicada a sacar minas en Tierra del Fuego, la poco amistosa y sureña región de Chile. "Me gusta mirar. Me gusta ver como cambian las cosas".

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Las cosas han cambiado mucho. En 1980, cuando Paicil estaba plantando las minas en los terrenos a lo largo del Estrecho de Magallanes, Chile estaba viviendo bajo el régimen dictatorial del General Augusto Pinochet y también en la mitad de varias disputas limítrofes con tres de sus vecinos: Perú, Bolivia y Argentina.

Pinochet, convencido que una invasión terrestre era inminente, compró minas antipersonales a Estados Unidos y Bélgica, y las enterró a un ritmo frenético. En poco años Chile puso más 180.000 explosivos a lo largo de sus fronteras. Han estado sepultadas desde entonces, esperando al enemigo.

Nunca encontraron al enemigo. En cambio han batallado con las patas de vacas y llamas de poca suerte. Han explotado bajo humanos ciento setenta y siete veces, 29 de estas detonaciones fueron fatales, la más reciente es del 2012 cuando un ciudadano peruano cruzó la frontera sin documentos y saltó una cerca, estaba oscuro y piso una mina antipersonal. El año pasado un ciudadano colombiano sobrevivió a circunstancias similares, pero perdió su pierna derecha.

Albelino Paicil es enfermero en la Compañía de Desminado Humanitario del Ejército de Chile. Cuando era joven ayudó a enterrar estas minas que ahora son removidas por cientos de soldados en las fronteras de Chile. Paicil está parado en el borde del terreno en caso que ocurra un accidente. Imagen: Katie Worth

Pese a lo anacrónico que parece una mina antipersonal en uno de los países  más robustosestables de la región, económicapolíticamente, Chile sigue siendo acechado por casi 100.000 minas antipersonales que están en sus fronteras, un pedazo del legado de Pinochet que la nación aun no supera.

Para la Compañía de Desminado Humanitario del Ejército de Chile que está en los campos minados de Tierra del Fuego, el legado toma la forma de un traje protector de 35 kilos y una batalla diaria con el feroz viento de la zona.

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Durante un ventoso día de mitad de verano en febrero de este año, el enfermero Paicil se sentó en el parachoques de una ambulancia, cerca de su supervisor, el mayor Alejandro Perez. Juntos miraban a los soldados escudriñar el terreno en busca de explosivos perdidos. Una docena de soldados arrastran los pies bajo el incomodo equipo, utilizando detectores de metal. Otros soldados cortan el pasto tras ellos para demostrar que es seguro caminar. Un oficial chequea el viento. Si llega a 70 kilómetros por hora se acaba el día de trabajo: que te bote el viento en un campo de minas no está aconsejado.

Es política ¿Cierto? Las cosas cambian.

Hasta el momento el viento sólo sopla a 60 kilómetros por hora, entonces continúan en la búsqueda de explosivos. En su primer paso por el campo encontraron 416 minas, 14 menos que lo indicado en los registros históricos. Días antes, durante la segunda búsqueda, encontraron cinco más. Ese día no encontraron ninguna.

Casi siempre fallan en encontrar cada mina en los registros, dice Perez. Algunas explotaron hace años y no quedan huellas. Otras se movieron con el agua y es posible que estén en el fondo de un estanque cercano. Ocasionalmente una persona de la zona encontró una y se la llevó a casa.

Una vez que la compañía ha buscado dos veces en el terreno con el equipo de desminado, lo declaran limpio. Sacan las cercas y los carteles y, luego de una ceremonia local atendida por ciudadanos, vecinos y líderes locales, se permite el uso privado o publico de la tierra por primera vez en más de 3 décadas y media.

Los soldados avanzan a través de los campos usando detectores de metal para encontrar las minas. Otro soldado lo sigue, cortando el pasto para indicar las áreas en las que ya han buscado. Imagen cortesía del Mayor Alejandro Perez.

Hoy la amenaza de una invasión armada terrestre es historia. Chile está desenterrando sus minas, un proceso difícil que ha sido criticado por su extrema lentitud. El 2001 Chile  ratificó el tratado de Ottawa, aceptando desenterrar y destruir todas sus minas antipersonales para el año 2012. Chile inicialmente aceptó estos términos, pero eventualmente pidió una extensión hasta el 2020 dado la lentitud del proceso.

Líderes de la campaña de desminado culpan a las extremas condiciones de la frontera en los Andes por el lento progreso: muchas minas fueron enterradas a más de 4500 metros sobre el nivel del mar, la mayoría están enterradas bajo la nieve muchos meses del año y otras están en lugares tan alejados que los militares deben construir casas y comodidades básicas para que sus equipos de desminado trabajen ahí.

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A medida que pasa el tiempo, la fecha para terminar de sacar las minas se acerca y muchos en las esferas internacionales están escépticos debido al lento avance de Chile. Abigail Hartley, jefe de políticas e información pública del Servicio de Acción contra las Minas de Naciones Unidas, dice que es común que países como Chile pidan extensiones para terminar de limpiar los terrenos con minas.

"Pero es molesto porque no lo necesitan" ella dice. "Chile podría haber terminado el año 2012 si realmente hubiesen puesto sus esfuerzos en ello".

Harley cuenta que Afganistán, uno de los países  más amenazados por las minas antipersonales, está limpiando cerca de 100 kilómetros cuadrados de minas al año. Chile sólo tiene que limpiar 23 kilómetros cuadrados en total y hasta ahora sólo han logrado limpiar 10. "¿Qué ha estado haciendo Chile?" se pregunta Hartley.

Otras personas en la comunidad internacional tienen un punto de vista más clemente con el ritmo de Chile. Kerry Brinkert, director de la  Unidad de Soporte e Implementación de la Convención para Prohibir las Minas Antipersonales, describió a Chile como "ciudadanos de buenas maneras, han estado haciendo progresos sostenidos y están usando todos sus recursos en hacerlo" dice, agregando que no es razonable comparar a Chile con Afganistán, quienes han recibido muchos millones de dólares en ayuda internacional para limpiar las minas. "Peras y manzanas" dice.

De acuerdo al Coronel Juan Mendoza, jefe de la Comisión Nacional de Desminado de Chile, la extensión no fue producto de la lentitud, mas bien de la dificultad del terreno que deben recorrer y su compromiso con la precaución y la seguridad.

Primero, Chile tuvo que buscar exhaustivamente cualquier información sobre dónde estaban las minas. Algunas veces era obvio, campos minados estuvieron cercados por años o aparecían en registros que dejó la dictadura. Pero en otros casos la Comisión de Desminado tuvo que confiar en los testimonios de la comunidad. Ya que Chile está usando todos sus propios recursos para remover las minas, el gobierno tuvo que crear compañías de soldados y marineros para el desminado y entrenarlos para utilizar el equipo que compraron recientemente para hacer este trabajo.

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Y el país ha logrado progresos. De acuerdo a la Comisión de Desminado, en los 13 años que han pasado desde que Chile firmó el tratado, el país ha removido 85.054 de las 181.814 minas que están en sus fronteras, limpiando 88 de los 199 campos minados. Pero el 53% restante debe ser limpiado en los próximos 6 años para poder cumplir la obligación con el tratado de Ottawa.

Al ser consultado si Chile logrará la fecha tope, el Coronel Mendoza titubea. "Este es el gran desafío" dice. "En condiciones normal creemos que podremos lograrlo".

"Circunstancias normales" no son las que ocurrieron el 2012 en el desierto de Atacama, en el norte de Chile, donde una inusual tormenta en el lugar más seco del planeta Tierra movió las minas desde las montañas y a través del terreno, algunas incluso explotaron en el camino. Otras minas se cubrieron de lodo. Minas que estaban muy cerca de la superficie ahora están muchos metros bajo tierra, dificultando su detección con el equipo estándar.

"Estamos buscando esas minas centímetro a centímetro" dice Mendoza. "Ya no están en el lugar que deberían".

El especialista privado Cristian Garnica, busca minas usando un vehículo a control remoto hecho en Eslovaquia, el Bozena 5. Imagen: Katie Worth.

Al igual que Paicil, Mendoza esta deshaciendo el trabajo de su juventud. En 1979 Medonza era un teniente en el ejercito de Pinochet y ayudó a crear muchos de los campos minados que ahora debe rastrear. Mendoza es pragmático sobre la curva teatral que ha tomado su carrera.

"Es política ¿Cierto? Las cosas cambian" dice. "Poner campos minados fue necesario en esa época. Pero ahora debemos completar el trabajo que hemos comprometido con la comunidad internacional".

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Si los campos minados fueron necesarios es debatible. Chile peleó con sus tres vecinos por problemas limítrofes durante todo el siglo 20. Estas disputas fueron amenazas en la década del 70, cuando Chile y Argentina se acercaban a la guerra por un puñado de islas inhabitadas en el canal Beagle. Los militares chilenos creían que Argentina podría invadir y temían que Perú y Bolivia pudieran tomar ventaja del caos y seguir el ejemplo, según cuenta Patricio Navia, profesor de estudios latinoamericanos en la New York University.

"Pinochet no estaba paranoico" dice Navia. "Él plantó las minas en las fronteras del sur porque Argentina estaba amenazando con invadir, y puso las minas en las fronteras del norte porque si Argentina invadía, Perú y Bolivia no podrían haber resistido. Iban a atacar también".

Existe otra posible motivación que también inspiró el ruido de sables, dice Nara Milanich, una profesora de estudios latinoamericanos del Barnard College. Pinochet sabía que los chilenos se unirían alrededor de su gobierno si sentían que su territorio estaba siendo amenazado. "Uno puede imaginar que un beligerante y expansionista dictador podría tomar ventaja de una historia de tensiones para obtener apoyo en sus políticas" dice Milanich.

En este sentido, las minas antipersonales son tanto un símbolo y un ejemplo del legado de Pinochet, el que está enterrado en el día a día de la vida de los chilenos. El general llegó al poder en un violento golpe de estado en 1973 el que, con ayuda de la CIA, sacó del poder al Presidente Salvador Allende, el primer líder socialista elegido democráticamente. En las semanas y años después del golpe, el régimen de Pinochet torturó y mató a cientos de disidentes y envío al exilio a 200.000 chilenos.

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Muchos países latinoamericanos de la época fueron conducidos por dictadores violentos y autocráticos. Pero la influencia de Pinochet en su país fue singular: a diferencia de las juntas de Argentina u Honduras, donde el liderazgo cambió muchas veces, Pinochet mantuvo un déspota e indiscutido poder por 17 años, permitiéndole dar forma a políticas que todavía están en uso.

Ahora ha pasado más tiempo desde que Pinochet abdicó el poder del que lo ocupó, pero tanto Navia como Milanich dicen que, incluso 24 años después que acabó su dominio, ningún chileno está libre de los principios que implantó en el marco político, económico y cultural del país.

"Podemos decir que Chile es Luke Skywalker y Pinochet es Darth Vader. Pinochet es el padre del Chile de hoy y es inevitable que el país siempre vivirá con ese legado" dice Navia.

Pese a lo tedioso del trabajo, nunca faltan voluntarios para la compañía de desminado del ejercito, dice Perez. Hoy Chile está en paz, entonces los soldados no ven combate. "Las personas que desminan están haciendo algo que harías en tiempos de guerra, entonces te da cierto estatus dentro de la institución" dice Perez. Nadie tiene permitido trabajar más de tres años en el desminado, dice Perez. "Después de tres años una persona puede perder respeto por el campo minado. Después de tres años es cuando suceden los accidentes".

Pero cuando Paicil estaba plantando estas minas, ninguna precaución fue tomada. Estaba asignado a la compañía como enfermero, pero cuando se aburría lo dejaban plantar pese a que no tiene entrenamiento. Era un trabajo emocionante que disfrutaba. En estos días, su trabajo es quedarse al borde del campo ventoso, esperando un accidente que hasta ahora y en esta compañía no ha ocurrido. "Es bastante más aburrido estos días que cuando era joven" dice.