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Las medidas de prevención de abusos sexuales en festivales españoles son escasas

Los principales festivales de España no disponen de protocolos específicos para prevenir abusos o violaciones. Pero diversos colectivos de barrio están empezando a aplicar medidas en sus fiestas mayores que podrían servir de referente.
22 Junio 2016, 8:20am
VÍA WIKIMEDIA COMMONS

"Si te follan borracha, te jodes. Aprendes a beber". "¿Qué esperan si se ponen como las cabras?". "Que no se emborrachen ni se droguen y fin del problema". Son solo algunos de los comentarios que circulan por Internet en respuesta a un artículo sobre las violaciones y agresiones sexuales silenciadas en festivales.

Precisamente, un informe de 2014/2015 sobre consumo de drogas y abusos sexuales en contextos de ocio nocturno de Noctambul@s subraya este hecho atendiendo a un discurso que se repite entre una muestra de jóvenes de entre 18 y 36 años. En él se incide en que existe una presencia mayor de agresiones sexuales en contextos de ocio en los que el consumo de alcohol y drogas es mayor. También destaca la "normalización" de un tipo de agresiones sexuales (tocamientos en conciertos, acoso verbal, etc.) que en determinados ambientes nocturnos gozan de mayor impunidad.

Según datos del Ministerio de Interior, en 2014 se produjeron 1239 delitos por agresión sexual con penetración, lo que equivale a alrededor de una violación cada siete horas; y el total de delitos contra la libertad sexual superó los 9000 casos. A la espera de la publicación de los datos oficiales del año 2015, este informe refleja una tónica común que parece repetirse año tras año con sutiles variaciones. El número de violaciones nunca baja de las 1000 y los delitos contra la libertad sexual oscila normalmente entre los 6000 y los 7000 casos desde el año 2009. Todo esto teniendo en cuenta que estos datos no registran aquellos abusos cotidianos o delitos no denunciados.

Existe una presencia mayor de agresiones sexuales en contextos de ocio en los que el consumo de alcohol y drogas es mayor

El informe de Noctambul@s destaca en un apartado específico el contexto de "festivales, conciertos, raves o fiestas masivas" en los que debido a la tipología del evento —son citas puntuales, una vez al año— el público está más entregado, lo vive de forma más intensa y también bebe más y consume más drogas. Según los datos del informe, esto implica un mayor riesgo para la mujer quien casi siempre se encuentra en una posición de mayor vulnerabilidad.

"El consumo de drogas juega un papel muy distinto en función de si el consumidor de estupefacientes es la víctima o el agresor. En la mayoría de situaciones se piensa que el consumo en un agresor sexual es un atenuante y se utiliza para justificar una agresión sexual. En cambio, cuando quien ha consumido es la mujer y ella es la víctima, el consumo juega de culpabilizador, como si la chica no se hubiera autoprotegido lo suficiente", explica a Broadly Miquel Missé, del Observatorio Noctambul@s.

El año pasado fuimos a Zaragoza a ver una banda de rock que no tocaba en Barna. El lugar era pequeño y no había mucho aire. La gente estaba bastante apretada. A mi derecha había una pareja; o eso entendí. Veo que ella tenía la cabeza baja, en uno de los hits, digamos, de la banda. Raro. Y el de atrás, el que pensé que era su novio, parecía que estaba haciendo algo raro también. En el siguiente tema, con el flash de las luces, vi lo que pasaba: ella se había desmayado y él le estaba metiendo mano. Al yo mirar, otro más cerca también giró, trataron de hablarle a ella, y al percatarse de la situación la levantaron pasándola hacia delante, hasta las vallas de seguridad del escenario, porque atrás había demasiada gente. Claro está que al ver a la gente, el que la estaba apoyando de atrás se hizo el disimulado.

Este testimonio, así como otros a los que hace referencia el informe Relación entre consumo de drogas y abusos sexuales en contextos de ocio, dejan entrever un tipo de comportamiento sociocultural muy arraigado que tiene mucho que ver en la forma en cómo se establecen las relaciones en entornos de este tipo y como se legitiman ciertas conductas.

"Lo que hemos visto en estos dos años de trabajo es que muy a menudo estas agresiones no se identifican como formas de violencia sexual. Están completamente normalizadas e incluso erotizadas por la publicidad, la música, etc. Es decir que no sólo no se denuncian, sino que no se perciben como formas de relación abusivas. Hay que hacer un trabajo muy profundo en relación a nuestra cultura del consentimiento", añade Missé.

España, a la cola en medidas preventivas en espacios de ocio

El Festival Glastonbury (Reino Unido) habilitará en esta edición y por primera vez un espacio exclusivo para mujeres o personas que se identifiquen con este género. La opinión al respecto está dividida entre quienes valoran la idea de reservar un espacio para el pensamiento feminista y el empoderamiento, y entre aquellos que opinan que esta segregación de sexos no acompaña a los fines teóricos que persigue el lugar. Según sus organizadores, el "Sisterhood" (así es como se llamará este espacio) reivindica un espacio de seguridad, comfort y actividades, así como la promoción de la igualdad y la no discriminación a partir de talleres y actividades.

El FIB, el Arenal Sound, el Viña-Rock o el DCODE no cuentan con protocolos específicos de actuación contra violaciones o abusos

Carla Alsina, investigadora social y miembro de IRÍDIA (Centro para la Defensa de los Derechos Humanos) no entra a valorar directamente la propuesta de Glastonbury, pero defiende que "muchas veces reivindicar los espacios no mixtos sirve para pensarnos, construir espacios de seguridad y tener un lugar de apoderamiento colectivo y no solo individual. ¿Es necesario esto en un festival? Seguramente el hecho de que se promueva es porque de momento no se está encontrado otra solución y eso ya indica alguna cosa", recalca.

En España no existe ninguna iniciativa parecida en ninguno de los festivales más grandes como el FIB, el Primavera Sound o el Arenal Sound. Y más allá de espacios restringidos a mujeres tampoco existen protocolos específicos de actuación para hacer frente a este tipo de agresiones.

"En los contextos de ocio nocturno, las políticas para combatir las violencias sexuales son francamente minoritarias. Lo que sí podemos constatar es que en los últimos años, diversos municipios han desarrollado iniciativas para prevenir estas agresiones en sus fiestas mayores. El impacto de estas políticas locales tardará en verse porque están luchando contra un modelo cultural muy sexista. Pero en cualquier caso, consideramos que son muy buenas prácticas que deberían extenderse a otros municipios", explica Missé.

De hecho, el colectivo del Poble-Sec Feminista —del cual forma parte Alsina— es un claro ejemplo de estas buenas prácticas. Se trata de un colectivo vecinal que el año pasado puso en marcha un protocolo de actuación contra las violencias machistas para las fiestas de su barrio. Este protocolo, aunque extremadamente local, es pionero España y sigue la estela de otros colectivos que también han redactado sus propios protocolos paras fiestas populares como las de Bilbao o Sanfermines. Entre otras cosas, estos protocolos definen perfectamente qué es una agresión sexual y cómo hay que actuar frente a un caso de este tipo. Las medidas siempre pasan por apoyar y proteger la intimidad de la víctima y expulsar al agresor del recinto. El informe, entre otras cosas, también indica que hay que informar por megafonía que se ha expulsado a alguien por culpa de una agresión sexista y que no se tolerarán actitudes sexistas (obviamente sin dar información de la persona agredida). Otra forma de prevenir las agresiones es a partir de campañas de comunicación como la que puso en marcha el año pasado el ayuntamiento de Zaragoza para los Pilares.

"Cuando trabajamos en la prevención de violencias machistas en las fiestas del barrio, en realidad estamos hablando de que estas fiestas nocturnas no produzcan violencia. Se trata de generar otro modelo de relaciones sociales, otro modelo de cultura", explica Alsina. Estos protocolos responden a las recomendaciones de la Unión Europea en materia de violencias machistas y si bien se están empezando a extender tímidamente en fiestas locales, parece que aún están lejos de ser una prioridad para festivales o macro-eventos.

Ni el FIB, ni el Arenal Sound, el Viña Rock, el DCODE o el Primavera Sound no disponen de protocolos de actuación específicos o campañas de concienciación. Miguel Alguacil, responsable de seguridad de festivales como el Arenal Sound o el Viña Rock, apunta a que la Guardia Civil y la empresa privada son quienes controlan el festival y se encargan de prevenir este tipo de delitos.

Según Alguacil, el Arenal Sound no ha registrado ni un solo delito de violación o abuso sexual en los últimos años, algo que para la activista feminista Carla Alsina es directamente "imposible". Desde el Festival DCode también aseguran que nunca ha habido ningún incidente de este tipo y lo atribuyen entre otras factores a que el suyo es un festival de día y no hay que acampar.

Por su parte, el FIB se muestra algo más prudente y admite que "eventualmente sí que se han podido encontrar con casos de este tipo siendo los más frecuentes intentos de abuso de hombres hacia mujeres". Desde el momento en que son comunicados, proceden a aislar a la víctima para que explique lo ocurrido y posteriormente ponerlo en conocimiento de las autoridades pertinentes. Desde el Primavera Sound inciden en la importancia de formar al personal de seguridad para que esté atento a posibles casos de abusos o agresiones sexuales, aunque también aseguran no haberse encontrado frente a incidentes así.

Para Alsina, más allá de los protocolos o la existencia de pautas precisas, también se trata de "señalar" determinados modelos culturales e incidir en ellos. "Entendemos que un festival o una discoteca que mediante su programación fomenta la cultura de la violación con bandas machistas, o que genera medidas discriminatorias, o que no piensa en los espacios con perspectiva de género también está fomentando de alguna manera la violencia".

El informe de Noctambul@s señala un claro ejemplo de cómo la distribución del espacio también puede fomentar la violencia: "En la mayoría de festivales el acceso a los baños suele estar masificado, de manera que muchas chicas optan por orinar en el espacio público para evitar las largas colas que de ellas se derivan. Este hecho las expone a los jóvenes que circulan por los alrededores. Algunos de ellos aprovechan esta situación para intimidarlas a través de miradas obscenas, gritarles piropos lascivos, grabarlas con el móvil e incluso realizarles tocamientos".

La excepción tal vez la encontramos en el Festival Sónar y el Festival Circuit, que se han adherido por primera vez al distintivo Q de Festa, una iniciativa que, entre otras cosas, está desarrollando un protocolo específico para la prevención de abusos sexuales en espacios de ocio. Precisamente este sello se ha fijado en otros protocolos ya existentes como los anteriormente citados del Poble-Sec, el de las fiestas populares de Gràcia (Barcelona) o el de Donosti. Su propósito es alcanzar espacios de ocio privado cada vez más grandes y establecer unas líneas en común a nivel europeo. Aunque aún está en un proceso muy embrionario, ya se han adherido 44 espacios.

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