Las fotos clandestinas que un colombiano hizo en un estricto hospital ruso

Francisco estuvo internado un mes sin saber hablar una palabra de ruso ni saber qué enfermedad padecía.
24.8.17
Todas las fotos son cortesía de Francisco Jauregui. 

Imagínese a usted mismo enfermo, inapetente, adolorido. Imagínese el panorama y súmele que usted no sabe qué tiene. ¿Ya? Ahora siga imaginando y piense en que usted está rodeado de personas que hablan otro idioma: nadie le entiende el colombiano que habla naturalmente. ¿Ya? ¿Ya lo imaginó? ¿Seguro? Médicos hablando enfrente suyo con los enfermeros, estos hablando con los aseadores, unos y otros entre sus propios grupos, la televisión también haciendo sonar palabras de las que usted no coge ni el principio. ¿Ya? Ok. Finalice el cuadro con una cuarentena: usted está recluido por mucho tiempo.

Esto fue lo que le pasó a un bumangués que decidió irse a Moscú a estudiar hace cuatro años. En abril de este año, Francisco Jáuregui, comunicador social, empezó a sentirse enfermo en Rusia: no comía, no se sentía bien. Al llamar una ambulancia —porque allá primero lo chequean a uno en la casa— le advirtieron que su condición podría ser infecciosa. Y ahí empezó el calvario: debían —le dijeron— internarlo en un hospital de cuarentena hasta que se mejorara.

"Los rusos son muy paranoicos con el tema de las infecciones", me dijo cuando lo llamé a Rusia. Yo lo entiendo: Rusia ha tratado de ponerse las pilas, entre otros temas sanitarios, con la prevención del VIH, una de las enfermedades que lo ponen casi en la cumbre de los países con más contagiados. Asimismo, según Francisco, la gran Rusia es una de las naciones que pide más requisitos para entrar al país: a él le pidieron un examen de VIH, uno de vacunas y una placa toráxica.

Cuando llegó al hospital de cuarentena, se dio cuenta de que estaba en la mitad de la nada: un conjunto de edificios en medio de bosque y dentro, muchos cuartos herméticos. Nada más. Mientras entraba, lo cambiaron de ropa, le quitaron sus pertenencias y lo encerraron en un cuarto con otros seis enfermos con los que compartía un baño.

Nadie hablaba inglés ni español.

En Rusia, según me contó Francisco, los hospitales son especializados. Hay uno de cardiología, otro de deportistas, uno para problemas respiratorios y este, de cuarentena, en la mitad de la nada. Hay uno en cada "región" y es ahí donde llevan a los enfermos cercanos. "El de cuarentena es diferente: te internan, no puedes salir, nadie te puede visitar, los objetos electrónicos están restringidos porque es un aislamiento total con el mundo exterior. Convives con un montón de gente que tiene enfermedades infecciosas, como hepatitis, sida, tuberculosis. Me friquié porque al ver esto pensé que estaba muy enfermo".

Pasaban los días y Francisco, al especializarse desde hace un par de años en Moscú en fotografía y producción audiovisual, vio la necesidad de documentar su soledad. "Yo no sabía ruso, si acaso podía pedir un pan —me dijo—. Entonces, con el tiempo, empecé a comunicarme con señas hasta que aprendí palabras como 'náuseas' o a entender por fin que mis exámenes estaban todavía malos y que tenía que esperar una semana más".

Los días eran los mismos, la misma rutina. Se despertaba, le hacían exámenes de sangre, de orina, ecografías, le daban de comer y lo dejaban estar en su piso. Ya. Para salir, me dijo que era necesario estar del todo sano y tocaba pasar puertas cerradas con llave. "Parecía una prisión".


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Después de insistir mucho logró que una enfermera le metiera de contrabando su celular para, por un lado, documentar como proyecto personal lo que lo rodeaba y, por el otro, tener una salida de emergencia por si las cosas salían verdaderamente mal. "Mi mayor miedo fue que me operaran: yo, sin saber, solo firmaba papeles quién sabe diciendo qué".

Al final, después de varios días de incertidumbre y espera, Francisco me dijo que su estado de salud mejoró y que además logró entender que lo que tenía era una gastroenteritis que se convirtió en pancreatitis. En el proceso, alcanzó a tomar 500 fotos a escondidas con el celular con las cuales armó un photobook que ya tiene impreso y planea publicar para que las personas vean lo que significa estar internado en una clínica de cuarentena en la mitad de la nada en Rusia.

Esto fue lo que fotografió con su celular sin que nadie se diera cuenta:

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