El soundtrack de 'Cruel Intentions' capturó el oscuro corazón de la adolescencia

El soundtrack de 'Cruel Intentions' capturó el oscuro corazón de la adolescencia

Esta antología de éxitos comerciales para una peli noventera sobre sociópatas incestuosos, todavía nos pone bien sentimentales.
27.7.17

Al igual que otros artefactos culturales de los años 90 -como las bandas de shoegaze o los pantalones anchos- el drama sexual de adolescentes Cruel Intentions [también conocida en México como Juegos Sexuales], se ha montado en el tren del mame nostálgico últimamente. Recientemente han circulado rumores de un reboot, un musical y hasta una mixtape, todos inspirados por la película. En su momento, Cruel Intentions formó parte de la ola de pelis que intentaron situar a clásicos literarios en la estructura social de una escuela secundaria de los años noventa, habitada por estudiantes de veintitantos años (confróntese: She's All That, Clueless y 10 Things I Hate About You). Una versión edulcorada del blockbuster epistolar del siglo XVIII Les Liaisons Dangereuses, de Choderlos de Laclos, Cruel Intentions contó con un elenco todo estrella de la era: Sarah Michelle Gellar, Ryan Phillippe, Reese Witherspoon y Selma Blair, para dramatizar esta parábola de manipulación y decadencia.

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La peli va de los hermanastros Kathryn (Gellar) y Sebastian (Phillippe), que son unos adolescentes súper ricos, cínicos y mimados, que invierten su tiempo en conspirar, ejecutar y salirse con la suya, en varios tipos de crímenes pasionales, todo con el fin de mantener su estatus social. Ambos son unos sociópatas altamente capacitados que engañan con toda facilidad a los adultos en sus vidas, quienes los ven como jóvenes ejemplares, en vez de la pareja ojete, incestuosa y totalmente al borde de la locura que en realidad son. Annette (Reese Witherspoon) y Cecile (Selma Blair) se ven atrapadas en su juego, con Annette llamando la atención de la pareja por haber escrito un artículo para la revista Seventeen titulado 'Why I Plan to Wait', mientras Cecile es tratada como inocente juguete. Entonces los hermanos deciden llevar a cabo una apuesta: si Sebastian no puede seducir a la santurrona de Annette, Kathryn se queda con su coche y si Sebastian logra seducirla, entonces él podrá poseer a "la única persona que no puede tener" -Kathryn. Naturalmente, mientras la corteja, Sebastian se enamora locamente de Anette y decide entregarse a su afecto recién descubierto, encima de su hermanastra. Al final de la película todos se queman, hay corazones rotos y luego reparados y alguien se muere.

Problematic (screengrab).

Cruel Intentions tiene la misma dosis de sacarina que pelis contemporáneas centradas en la vida romántica de las élites, la diferencia es que en su fuero interno Cruel Intentios es súper oscura. Sí, hay un cameo del culo de Ryan Phillippe; pero también quiere coger con su hermana. Sí, Sarah Michelle Gellar y Selma Blair se dan un beso que comenzó miles de despertares sexuales alrededor del mundo; pero también es un truco raro y explotador. Podrá ser un cuento clásico sobre cómo el engaño y la lujuria son vencidos por el amor verdadero y la monogamia heterosexual, pero también es de los primeros y de los pocos que se trata del revenge porn, terapeutas y un crucifijo lleno de coca. Con el fin de darle vida a esta oscura historia de sexualidad adolescente, el soundtrack tiró de todos los rincones musicales de los años 90, para exprimir esa jodidez agridulce.

Una de las cosas que hacen que el soundtrack se sienta tan de esa época, es que al mismo tiempo es cool y nada cool. La elección de canciones es inconsistente, por decir lo menos. Los nombres omnipresentes como Fatboy Slim, Blur y The Verve conviven junto a artistas de culto perdidos en el tiempo como Day One, Skunk Anansie y Bare Jr. Esta disparidad se explica en parte por el hecho de que el escore original de John Ottman fue rechazado después de que a la peli le fuera muy mal en los screen tests. Los productores le echaron la culpa a la partitura musical y buscaron algunas canciones "alternativas" para complacer a la audiencia adolescente. Por eso la orgía de actos trendy.

Sebastian es el primer personaje que conocemos. "Every You, Every Me" de Placebo suena a la par que la cámara se le acerca y él admira su propio garbo en el espejo retrovisor del coche de súper lujo que conduce hacia Manhattan. La canción -que el líder de la banda Brian Molko ha dicho, se refiere a "todo aquél que ha tenido el disgusto de acostarse conmigo"- está llena de lujuria y anhelo, pero también de oscuridad y violencia ("Carve your name into my arm / Instead of stressed I lie here charmed"). Es la intimidad y la turbulencia del sexo, envueltas en un melodramático y adolescente himno para la generación X. Nos hace entender de inmediato que esta no es una historia de amor normal y complaciente.

El rol de Sebastian cambia todo el tiempo a lo largo de la película, con diferentes estados de ánimo siempre balanceándose. Es un tipo complejo y es muchas cosas a la vez: un juguete para su hermanastra Kathryn, un tipo repulsivo para Cecile y un romántico sentimental para Annette. Su masculinidad pedante triunfa en un aura de malhumor antipático que antecede el glamour sad boy del Drake en la época de Take Care y también, básicamente todo lo que ha hecho The Weeknd. Sólo Sebastian podría apelar piadosamente por indulto mientras entrega la frase "no eres tú, soy yo". Y como para subrayar su cursilería inherente, su gran clímax emocional tiene como soundtrack "Colorblind" de Counting Crows -el equivalente a poner "es complicado" en tu estatus de Facebook, de las canciones para comedias románticas. De pasar de un desesperado-emo-que ruega, a un comprometido-fóbico-rechazado en el espacio de una conversación, "Colorblind" es el acompañamiento melodramático de este Sebastian en busca de una Annette con el corazón destrozado para que pueda corregir sus errores. La intercepta hasta arriba de unas escaleras eléctricas, lo que funciona doblemente como su cumbre emocional metafórica, mientras Adam Duritz gime "I am reeeaaady" una y otra vez.

Cruel Intentions tiene su buena selección de temas que denotan tensión y seducción: la explosiva "You Blew Me Off" de Bare Jr, las suaves vibraciones porno de "Addictive" de Faithless, la melodramática "This Love" de Craig Armstrong, y "Ordinary Life" de Kristen Barry, que quema al rojo vivo. Pero para todos los momentos que tiene que se sienten precipitados, o demasiado literales -como hacer una coreografía que empate las acciones de la peli con las letras de la rola-, el soundtrack cuenta con mucha ironía y subversión. El gratuito beso de Sarah Michelle Gellar y Selma Blair se burla del retozo sexual genérico à la American Pie, escogiendo mejor el malestar generalizado que es "Coffe & TV" de Blur, en lugar de cualquier temita pop-punk apropiadamente adolescente, o un dulce número acústico de tu cantautor promedio. De igual modo, "Trip on Love" de Abra Moore -una fiel copia del tema definitorio del amor adolescente noventero de Sixpence None The Richer "Kiss Me", que además es LA canción "para enamorarse" en Dawson's Creek y She's All That- sirve aquí para reflejar un momento de manipulación, más que de romance. La canción esperanzadora y estimulante de Moore sobre revelar un crush es usada en una escena en la que Sebastian obliga a Cecil a que lo deje besarla "allá abajo". Otra escena de amor bonito es acompañada con "Praise You" de Fatboy Slim, cuando en cualquier otra película adolescente hubieran invertido el orden.

Este sentido de humor retorcido también se nota en la inclusión de "Comin 'Up From Behind" de Marcy Playground -una revisión de su hit "Sex & Candy", sutilmente rebautizada- y que escuchamos en una escena en la que Sebastian arregla para su mejor amigo gay Blaine, que seduzca a Greg, el mejor amigo de Annette, con el fin de que Sebastian pueda emboscar a la pareja a medio camino, tomar algunas fotos y chantajear a Greg para que después éste hable bien de él en el futuro. Claro, la típica historia de adolescentes enamorados.

El desenlace final es tan pomposo y culminante como la canción que lo acompaña: "Bitter Sweet Symphony" de The Verve. La familiar sección de cuerdas se hace cada vez más fuerte, a medida que todos se van yendo mientras Kathryn dice su fabricado obituario sobre la presión social en la adolescencia en el (spoiler alert!) funeral de Sebastian. Annette reparte copias del diario de Kathryn que revelan sus intensiones retorcidas, su infame rosario lleno de coca es vaciado en el suelo, y Annette se lleva el coche de Sebastian, mientras Richard Ashcroft insiste repetidamente en que "sólo es sexo y violencia, melodía y silencio".

Las decisiones musicales se pueden ver de dos maneras: al azar y obvias, o eclécticas y reflexivas. Escuché la banda sonora de Cruel Intentions principalmente en los años incipientes de mi adolescencia. Al salir de esa época, sentí presión social para madurar musicalmente - pasar de Backstreet Boys a Nirvana, por así decirlo. En Cruel Intentions, esos mundos coexisten, colocando melodías "respetables" junto a rolas que son consideradas chafas y dando igual peso a ambos. La banda sonora es amarga, malhumorada e irritable, así como cursi, ingenua y amorosa. Es una nube de emoción de lo melodramático a lo irreal a lo retorcido, y por eso es el reflejo perfecto de la teatralidad de la adolescencia. Menos el incesto, esperemos.

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