Cultură

La nostalgia noventera solo nos distrae de nuestra vida miserable

Pero hay algo en este renovar que se siente, bueno, muy familiar.
15.11.17
Collage: Mateo Rueda | VICE Colombia

Este artículo fue publicado originalmente en Tonic, nuestra plataforma especializada en temas de salud.

En este momento no tienes que mirar muy lejos para encontrar una nostalgia noventera, especialmente si lo que buscas es algo para comprar. Puedes jugar Super Nintendo en casa o jugar los clásicos de SEGA en tu teléfono; puedes comprar cereal de Oreo en cualquier tienda y descargar las fuentes de tus series noventeras favoritas.

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Incluso puedes ver el reencuache de Twin Peaks (y muy pronto) el de Roseanne y Will & Grace. Es más, GAP ya anunció el lanzamiento de su línea de ropa "Archivo noventero" (porque me imagino que sobrevivir a la presidencia de Trump no es un mierdero completo si no se acompaña de unos micro shorts de talla alta).

El mejor podcast del momento es Truu Stowray, en el cual el exDJ de MTV, Dave Holmes (quien llegó a su pico cultural en los noventa) y el exfrontman de Soul Coughing, Mike Doughty (de los noventa) hacen una reminiscencia de la primera temporada de Real World (¡de los noventa!). Es obvio que los noventa están de regreso pero hay algo en este renovar que se siente, bueno, muy familiar.

Mientras investigaba sobre la nostalgia noventera me tropecé con el 90sFest, un festival musical "para la generación #tbt" que debutó en Brooklyn hace dos años. Estuve en la inauguración del evento y vi a varios artistas como Coolio, Lisa Loeb y Smash Mouth, que me recordaron lo que se siente ver música en vivo, como si estuviera en mis veintes. Asistí obligado pero terminé disfrutándolo mucho, cantando cada canción, incluso aquellas que, cuando tenía veinte, fingí ser demasiado cool como para que me gustaran. Fue un fin de semana profundamente estúpido y todavía lo recuerdo con cariño.


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Se siente raro sentir nostalgia sobre esa época en la que fuiste nostálgico. Como una serpiente comiéndose la cola: un Uroboros alimentándose con memorias de sí mismo viendo especiales de Seinfeld.

Lo que sobresale hoy de la nostalgia (sea de los noventa o de otro periodo) es que dejó de ser valiosa. La nostalgia solía llegar en intervalos de veinte años. En los setenta, sentimos nostalgia por los cincuenta, traslapando recordatorios soleados del pasado como en Grease y Happy Days. En los ochenta, los sesenta se convirtieron en nuestro catnip de nostalgia cultural. En los noventa, películas como Dazed and Confused, Boogie Nights, y básicamente todo lo que hizo Quentin Tarantino, nos hicieron sentir cálidos frente a los setenta. Pero hoy nos sentimos nostálgicos por todo, (cada década, cada movimiento pop que experimentamos o que escuchamos de segunda mano, es material de molienda del molino nostálgico) y extrañamos todo al mismo tiempo.

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La vida se nos ha convertido en una gran lista de Buzzfeed, que oscila entre los veintisiete chistes que solo entiendes si has visto Star Wars; las cuarenta y siete fotos que solo entenderás si fuiste una chica de los ochenta, y las veintidos imágenes que muestran lo diferente que era el internet en 2007 comparado con el de ahora. Lo único en lo que parecemos ponernos de acuerdo es en que la actualidad apesta, y en que algún punto del pasado distante o reciente (dependiendo de tu experiencia o de tu medio favorito) fue discerniblemente mejor.

Como señaló recientemente National Review, "la nostalgia es nuestro modo nacional". Y si quieres ser más específico, como resumió el teclista de Hold Steady en su reseña para Slate sobre el libro de Lizzy Goodman, Meet Me in the Bathroom, nuestra cultura se ha convertido en una "nostalgia cuajada vertiendo cuesta abajo en incrementos de cada cinco años". Somos adictos a la nostalgia. Pero es una adicción dañina, o una obsesión que hace más daño que bien.


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En el siglo XVI, cuando el doctor Suizo Johannes Hofer acuñó la palabra nostalgia (que la describió como una "enfermedad neurológica causada esencialmente por fuerzas demoniacas"), era impensable la nostalgia compulsiva que experimentamos hoy (si masturbarte o ser homosexual eran razones suficientes para que te internaran en un manicomio, imaginen lo que el compromiso con un "Throwback Thursday" podía decir sobre tu estado mental).

Pero aunque ya no acusemos a las personas que aguan ojo con los especiales de Buffy The Vampire Slayer, sí hay muchos críticos que no simpatizan con esa mierda. Ross Douthat, un columnista del New York Times, llamó a la nostalgia, un síntoma de la decadencia. "No la decadencia de las orgías y el libertinaje", aclaró, "sino la decadencia de la deriva, del estancamiento, y de la repetición". La nostalgia ha sido acusada de todo desde "una añoranza de una impresión esterilizada del pasado" hasta causa de una "desconexión del presente y por ello, una ceguera hacia el futuro". Así que básicamente, la nostalgia es mala para el pasado, el presente y el futuro.

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Lo que Michael Chabon escribió para el New Yorker el pasado marzo fue un poco más generoso. La nostalgia está bien, escribió, mientras sea la correcta. "Nostalgia, la más sincera y significativa, es la experiencia emocional —siempre momentánea y frágil— de tener lo que perdiste o nunca tuviste, de ver lo que no viste, de conocer a quien no conociste, de beber café en los cafés que ahora son studios de yoga", escribió. "Es el sentimiento que te sobrecoge cuando un mínimo de la belleza desvanecida del mundo es temporalmente restaurado". No estoy seguro si lo que quiere decir es que estuvo bien que hubiera visto la nueva serie de Twin Peaks en vez de llevar a mi hijo de seis años al parque. Pero eso fue lo que entendí.

Chuck Closterman, en su nueva colección de ensayos, X, pide menos definiciones de la nostalgia basadas en argumentos emotivos, a los que se refiere como un "simple subproducto de la repetición accidental". El se siente nostálgico por el álbum de Ozzy Osbourne, Bark at the moon, no porque sea particularmente significativo para él, sino porque era uno de "seis cassettes" que tenía cuando era adolescente. "Los ochenta fueron una época en la que podía tumbarme en la cama y escuchar canciones aleatorias de Ozzy sesenta y cinco veces en el transcurso de un año", escribió. "No es una experiencia emocional. Es una experiencia mecánica".


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Nada de esto importa ya porque, como nos recordó Forbes recientemente, 2016 fue el "año en el que la nostalgia alcanzó un pico". Todo es culpa del internet, obviamente. En la edición de junio de The Atlantic, una historia llamada "The End Of Forgetting" [el fin del olvido] advirtió que la nostalgia está en peligro porque ya no es más una rareza. "Hoy, gracias a los dispositivos, podemos experimentar la nostalgia a manera de demanda".

El mes pasado, Wired publicó una historia con un titular inquietante: "Disfruten la ola de nostalgia dosmilera, podría ser el último reencauche", tratando de convencernos de que "nuestros momentos compartidos de conciencia cultural se vuelven cada vez más raros". Más adelante, cuando por fin recordemos los highlights del pop de nuestra época actual, ¿estaremos todos mirando al mismo lado?

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Pero de nuevo, si algo de esto suena conocido, es porque el fin de la nostalgia se anunció desde 1997, por el satírico periódico The Onion. "U.S. Dept. Of Retro Warns: 'We May Be Running Out Of Past'" [algo como, el Departamento de lo Retro advierte: podemos estar quedándonos sin pasado"] afirma el titular. Tomémonos todos un instante para sentir nostalgia por aquel momento en el que la revista Wired fue satirizada por ser unos imbéciles alarmistas teniendo dos décadas de anticipación.

La academia, al menos en Estados Unidos, no ha tenido mucha más suerte explicando la nostalgia. En un estudio publicado en 2014 por el Journal of Consumer Research, se señaló que la nostalgia hace que la gente consuma más y gaste más plata. Lo cual no representa una sorpresa para nadie que posea más de una edición especial de Star Wars en su biblioteca personal. Investigadores de la Universidad de Cornell y de la UC Santa Cruz estudiaron las preferencias musicales de los universitarios, descubriendo que la conexión emocional más profunda se da con lo que escuchas en tu juventud. Una declaración igual de impactante a la que señala que el primer desamor es el peor.


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Los investigadores en el Reino Unido han logrado ser un poco menos obvios y ofrecer evidencia más prometedora sobre los efectos positivos de la nostalgia, incluso si no se trata de la aprobada por Chabon. Varios estudios de la Universidad de Southampton sugieren que las personas satisfechas mirándose el ombligo con sus nostalgias acaban sintiéndose menos deprimidas y solas, y pueden ser mejores en el pensamiento creativo. Erica Hepper, una psicóloga de la Universidad de Surrey, ha estudiado amplia y profundamente la nostalgia y cree que en vez de mantener a las personas atadas al pasado, la nostalgia puede de hecho "hacernos más optimistas frente a nuestro futuro y más motivados a trabajar por las metas que nos son importantes". "También puede ayudarnos a lidiar con la vida en sus momentos malos, combatiendo los sentimientos de angustia y restaurando un sentido de bienestar", complementa.

¿Algo de todo esto les suena conocido? ¿Quién, especialmente este año, necesita una razón para sentirse esperanzado sobre el futuro y una pequeña ayuda para circunnavegar sus angustias existenciales? Sabes bien de quien estoy hablando.

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Entre más escuchas a los psicólogos y a los académicos explicar la nostalgia, más parece una balsa salvavidas que te ayuda a escapar de los amigos y familiares que no pueden parar de compartir memes anti-Trump. David Gerber, profesor emérito de historia en la Universidad de Buffalo, dice que la nostalgia moderna se ha convertido en la manera en que las personas "lidian con una pérdida y hacen la transición hacia otro lugar y momento de la vida. Tiene el valor que con frecuencia se le asocia a la pena. Lamentamos lo que hemos perdido, pero recordamos con cariño el placer que una vez nos dio, y de alguna manera, nos prepara para continuar".

Si la nostalgia no consiste en continuar, al menos es un mecanismo para ignorar el show de mierda que ha sido el 2017. Como señaló la columnista de Guardian, Brigid Delaney, en un ensayo reciente, "En estos días oscuros, por fin he reconocido la importancia de la nostalgia". En un año terrible donde es fácil olvidar lo que se sentía asistir a "un gran concierto sin temer que un terrorista pusiera una bomba, o hiciera una tormenta en el lugar con armas y explosivos", Delaney ha aprendido a apreciar la nostalgia "como un baño caliente". Es la razón por la cual los Demócratas estupefactos se han sentido nostálgicos, señala Hepper. "La nostalgia puede ser provocada por una experiencia de transición en la vida (…) para ayudarte a lidiar con los cierres, los retos y la incertidumbre".

Pero la nostalgia no es solo un mecanismo de lidia; de hecho puede haber sido lo que nos llevó a esta situación política, en primer lugar. "Cuando nosotros como individuos experimentamos nostalgia por el pasado, permanecemos capaces de comprender que no todos en el país tienen idealizadas las mismas memorias" dice Stephanie Coontz, autora de The Way We Never Were: American Families and the Nostalgia Trap. "Pero cuando nosotros como sociedad cultivamos nostalgia por el pasado, tomamos una experiencia idealizada, destacada precisamente por ser rara, y la proyectamos como una norma universal para todos".

Que fue como (presuntamente) terminamos con una carrera presidencial que enfrentó a un nostálgico sentimiento ("Necesitamos hacer a Estados Unidos blanca y cristiana, ay, quiero decir, great again) contra otro ("Recuerdan cuando un Clinton estaba en el poder?). Yo estaba en la Universidad y el mundo era menos complicado!! Los noventas fueron increíbles!! Puedes defender que la nostalgia provocada por Trump fue más convincente, y que ahora que ganó la nostalgia está ayudando a los defensores de Clinton a sobrellevar la pena. "¿Clinton no es presidente? bien. Aplacaré la pérdida con Power Rangers y unos jeans de talle a la cintura".

¿Ya sabes de todos esos amigos que piensan que la presidencia de Trump no estará tan mal porque, al igual que en los años de Reagan, significará la emergencia de grandes bandas de Punk? Tal vez se equivocan. El punk como respuesta a presidencias terribles es taaan del siglo XX. En el 2017, es más posible que los detractores de un gobierno semi fascista respondan con olas de nostalgia. Los años 80 tuvieron los Minutemen, pero en la deprimente adolescencia actual, solo tendremos las películas de Hey Arnold! para mantenernos cuerdos.