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Cultură

Cómo sonará el 2012

He visto el futuro y da miedo, para qué negarlo
3.1.12

Un día, cuando sólo tenía cuatro años, mi padre me guió por un laberinto de callejuelas detrás de un mercado hasta el rancio cuartucho de una vieja curandera mexicana, que me sostuvo la cara entre sus manos y exclamó que yo tenía “el don”. “El reloj”, dijo ella, “este pinche rompió el reloj de mierda”, lo que venía a significar que “Este niño tiene el don de la videncia”. Con estas credenciales, dejaré que sean otros los que escojan el mejor producto del año pasado. Yo usaré mis dotes visionarias para revelaros lo que estará de moda este año entrante. Éstas son las dos “tendencias” más relevantes que conformarán los nuevos sonidos del 2012.

IGNORANCIA

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Todos sabemos que el último día del calendario maya es el 21 de diciembre de 2012, día en el que los campos magnéticos debían desmandarse, el agua convertirse en fuego y un rayo de antimateria llegado desde el mismísimo centro de la galaxia inundar el cielo de una aterradora luz-que-no-es-luz, arrancando ojos y lenguas de cada cráneo en un estallido indoloro de desintegración universal.

Casi al mismo tiempo que el síndrome Asperger se convertía en requisito para toda carrera como cantautor, la gente empezó a hablar del genio de Brian Wilson en nuevos términos. Antiguamente Wilson había sido admirado por su talento harmónico y compositivo, destrozado por la ingesta de demasiados tripis y la mala orientación de su psicoterapeuta. Sin embargo, a medios de los 90 los rockeros empezaron a valorar a Wilson menos por su música y más por su incapacidad de tirar adelante, preservando así su inocencia infantil. La candidez de los enfermos mentales se convirtió en el valor más importante del pop.

Pues bien, esta tendencia histórica culminará en masivos orgasmos de ignorancia durante el 2012. Más y más cantantes se acercarán al micrófono como si nunca antes hubiesen visto semejante aparato, y se pasarán la mayor parte de su concierto mirándolo fijamente con terror atávico. Los músicos no podrán ni sostener sus instrumentos –el mero hecho de imaginar el tipo de civilización corrupta que podría haber producido inanimadas máquinas de sonido les hará llorar. Los fans aplaudirán el proceso de “desaprendizaje” de sus héroes. Y Pitchfork, entre otros órganos de opinión respetados, no tendrán más opción que subirse al carro. Estad atentos a la irrupción de piezas musicales que marcarán el cambio con títulos como “Nunca aprendí a atarme los zapatos” o “El placer de jugar con mi propia mierda”.

HOMEGENEIDAD

La cantidad inabarcable de música grabada impide que mucha gente sensible la escuche. Amigos míos han llenado sus discos duros de 200-gigabytes con siglos de música hurtada sin jamás escuchar ni una sola nota. Los fans siempre han preferido adquirir música a escucharla, pero es que ahora, sólo por tener un ordenador o un Smartphone ya te has apropiado de todos los sonidos musicales jamás grabados. Menuda colección ecléctica y de puta madre tenemos todos ahora, ¿eh?

Preveo que el viejo problema de catalogar la música según estilos se volatilizará unos meses antes de que lo haga el mundo. Los superfans de mañana andarán por las calles en completo silencio, luciendo todos camisetas idénticas en las que sólo pondrá MÚSICA. Todo juicio de valor quedará anulado. Quizá algunas personas seguirán emitiendo opiniones tales como “Me encanta (tal músico)! (Tal músico) está en sintonía con los sentimientos (musicales) de (tal sector demográfico), y es como si (tal músico) hablara por mí!” o bien “(Tal músico) es un estafador que sólo se aprovecha de las opiniones de sus hijos en (tal escena/movimiento/moda) para ganar (divisa nacional)!”, pero todo el mundo tachará a estas personas de antediluvianas, negadoras del holocausto, fundamentalistas de Weezer o incluso cosas más marginales.

Sucumbiendo tras años de acoso y derribo por parte de lumbreras de la talla de Beck, los muros que han separado géneros tan diversos como el canto gutural de Tuva y el hardcore cristiano se vendrán abajo, juntando a la población de la Tierra en una violencia unánime. Poco después de desaparecer las clasificaciones de género, la división arbitraria de los sonidos en canciones, sinfonías, conciertos, por no hablar de notas y ritmos, desaparecerán. Cuando la civilización suelte su último estertor, y tú estés clavándole una paliza al desconocido que intente robarte la última lata de Whiskas Temptations, el single número uno del Billboard será el estruendo de todos los sonidos jamás grabados sonando a la vez, para toda la eternidad.