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Música

Z’ev

Al habla con el maestro golpeador.
15.11.11

Esperaba encontrármelo asestando inclementes porrazos al fuselaje de un avión que antes habría derribado él mismo en pleno aire lanzándole una baqueta, o haciendo oscilar, las manos protegidas con guantes de seguridad, una lámina de titanio del diámetro del globo terráqueo, o entrechocando por encima de su cabeza un racimo de bidones de plástico con grave riesgo para su integridad física y la de los de alrededor, pero no: a mi llegada a la sala, Stefan Joel Weisser, más conocido como Z'EV (así, en mayúsculas) y un poco menos por otros nombres, de negro riguroso y con menos pelos que Filemón Pi, se encuentra sentado con aire apacible ante un kit de batería electrónica que toca con movimientos seguros, sin aspavientos, sin chispas volando ni aparente riesgo de ir a aplastarse el pulgar con una maza. No es que me importe; los sonidos que extrae de su kit de percusión, aunque tienen un aire prefabricado, inundan el espacio de la sala como fantasmas de ataque rápido e igualmente rápida desaparición, dejando a su estela, tras unos segundos de silencio, una especie de magnética reverberación que es el equivalente sonoro de una emanación de algún gas letal. Aunque sin planchas metálicas, láminas y otras chatarras susceptibles de ser aporreadas, la actuación prevista para un par de horas más tarde promete. Además, es Z'EV, y es su primera visita a Barcelona. Podría salir tocando un tamboril y a mí no podría darme más igual. Al hombre le cuadra el calificativo de leyenda, lo viste sin que le tire de las sisas; se le tiene por uno de los pioneros absolutos de la cultura industrial de finales de los 70, un adelantado en el uso de los materiales de derribo con fines musicales, prácticamente un místico por sus estudios de la cábala y la numerología, un estudioso de las percusiones balinesas y africanas tres décadas antes de que se pusieran de moda, una especie de médium que, mediante el sonido, hace de puente entre el mundo tangible y el intangible… Leyenda, en suma, aunque eso sí, una leyenda un poco más bajita de lo que esperaba. De nuevo mis preconcepciones. Para más inri, la leyenda se ha dejado en casa una cámara de vídeo que necesita para su actuación y los de la organización andan locos buscándole una. Puesto que de sonido la cosa parece que rueda, y mientras espera que llegue la cámara, Z'EV accede a sentarse conmigo y explicarme que uno de los nombres que recibió a su nacimiento –allá por 1951 en Los Ángeles–, el hebraico de Sha'ul Z'ev, tiene, efectivamente, un significado: "Vendría a ser… Una traducción en particular sería la de 'ser del otro mundo', el más allá, pero no en un sentido negativo, en su acepción de 'infierno' o 'hades' sino la clase de otro mundo que representa Deméter, la diosa madre de la agricultura para los griegos. Esa clase de otro mundo". Z'EV ha transitado otros mundos: a finales de los 60, tras desmontar Ariel, el grupo de jazz que compartía con Carl Stone y con el que llegó a hacer una audición para el sello de Frank Zappa, Bizarre, (¡menudo catálogo ha-bría sido! Captain Beefheart, Wild Man Fischer y Z'EV), se dedicó a la poesía visual y sonora y al estudio de las tradiciones percusivas de distintas partes del mundo en el California Institute of the Arts. Allí entró en contacto con el gamelan, donde se empapó de la percusión del noroeste de África y, posiblemente, donde empezaron a cobrar forma las constantes de su trabajo en años venideros: el primitivismo, la sinestesia artística, la performance audiovisual cuando esto era algo nuevo. Aprovecho para preguntarle si existe algún vínculo, formal, religioso o el que sea, entre la música tradicional percusiva de Bali, Java y las africanas. "El rol que tiene la música en todas estas culturas es muy parecido", responde. "Prácticamente todas ellas tienen un componente ritual y un componente social. En lo formal, la percusión africana suele ser pentatónica, se basa en cinco notas, al igual que la balinesa y la de Java, a diferencia de la música tradicional europea, basada en siete notas". Acto seguido se lía a explicarme el papel de la flauta ("probablemente el primer instrumento, si descontamos la percusión y la voz") en las sociedades antiguas. Un servidor, como muchos otros, descubrió a Z'EV, y a varios otros, a través de The Industrial Culture Handbook, un volumen publicado por Re/Search en 1982 que alegremente metía al hombre en el saco de la escena industrial, del que le consideraban pionero. "Creo que todos los que nos vimos metidos en eso pensamos lo mismo. ¿La qué?" Z'EV no oculta su escepticismo. "Ese libro surgió como una recopilación de entrevistas que había hecho V. Vale, que había empezado con un fanzine punk llamado Search and Destroy y luego, con Re/Search, pasó a un formato más profesional. Juntó sus entrevistas, a gente muy diversa, y le puso ese título". El término "industrial" se lo sacaron de la manga Throbbing Gristle, pero fue ese libro el que le dio, si no legi-timidad, al menos popularidad. "No era un movimiento como el dada, el surrealismo, el futurismo, el accionismo o el situacionismo, donde un grupo de gente de ideas similares se ponía de acuerdo. En la cultura industrial había cierta afiliación mutua, unas ideas compartidas, pero la mayoría de movimientos artísticos tienen una noción de género, un manifiesto, y no había eso en el industrial". Tampoco veo excesivo parecido entre los Gristle, SPK, Monte Cazazza y Boyd Rice, adeptos al lado mórbido de las cosas, y Z'EV, cuya música y personalidad son, tal como yo lo veo, más positivistas. "Bueno, es que mi música es básicamente instrumental y, por eso, abierta a interpretaciones", repone él. "Si incluyes letras sobre temas sórdidos y morbosos, da igual que hagas pop; se te tachará, como poco, de irónico. Ahora bien, hay críticos que han calificado mi trabajo sonoro de muy oscuro. Hay gente que aprecia en él una imaginería horrible". He ahí lo de las interpretaciones… "Por su carácter instrumental, por el hecho de ser puro sonido, actúa como un espejo que refleja la personalidad del que lo escucha. Si lo que tienes en tu mente es oscuro, verás cosas oscuras allí donde mires". The Industrial Culture Handbook apareció de forma algo tardía, cuando ya el movimiento, en su primera encarnación, había dejado de existir tras el cese de actividades de Throbbing Gristle y la salida de Chris Watson de Cabaret Voltaire. Al igual que los demás, Z'EV siguió adelante, en su caso adentrándose más en la numerología y en la respuesta sonora de los materiales: "Últimamente trabajo con recursos electrónicos, pero en mis piezas acústicas, el material que predomina es el acero inoxidable. Tengo algunos instrumentos de titanio, pero el mundo ha cambiado mucho y resulta muy difícil viajar con ellos. Demasiado costoso. El acero inoxidable, como material, es casi perfecto: el fenómeno acústico que produce no se suma, sino que se multiplica". Aprovecha para recalcar que él, antes que percusionista, se considera "un fenomenologista. Trabajo con fenómenos acústicos, físicos y metafísicos. El primero es el lado físico del segundo". ¿Te refieres a los armónicos que se generan? "En parte. En lo que hago no tiene tanta importancia el ritmo, el percutir sobre algo, como la forma en que el sonido resultante se propaga por el espacio". Los armónicos, en tanto que fenómeno físico, son frecuencias de sonido que se pueden medir, son cuantificables. Matemática pura. Z'EV, sin embargo, rechaza que su trabajo vaya por ahí. Tras ponernos de acuerdo en que las obras de Xenakis son logros científicos antes que placeres auditivos, me cuenta que su interés por los números estriba en que estos "son una especie de lente entre el mundo visible y el mundo invisible. Los números sirven para investigar cómo las cosas se manifiestan en este mundo. Mi relación es con los números, no con la numerología per se, porque la numerología es un sistema muy específico. Yo parto de la clase de tradiciones que son la base del pensamiento de Tales, que fue el maestro de Pitágoras". Hablando de todo, Z'EV: ¿en qué medida es necesario estar en buena forma física para hacer una música tan fuertemente basada en la percusión? ¿Sigues algún programa de entrenamiento? "¡No, en absoluto! Ni siquiera en los viejos tiempos, cuando lo que hacía era más físico. De todos modos, la percusión no tiene por qué ser más exigente que otros instrumentos. No es necesario estar aporreando cosas todo el tiempo. Toma, por ejemplo, a Miles Davis con la trompeta. No le hacía falta llenar el espacio de notas. Le bastaba con tres o cuatro, puestas en el lugar correcto. La verdad es que he perdido fuelle. En 2008 apenas tuve conciertos y me pasaba todo el día delante del ordenador, componiendo. Tendría que reunir la disciplina necesaria para ponerme de nuevo en forma…" Parte de las obras compuestas en estos últimos tiempos deberían aparecer el año que viene en un DVD que publicará el sello francés Nuun y que contendrá "una pieza electrónica de percusión audiovisual y dos obras de poesía visual". De ahí en adelante, la meta de Z'EV, aparte de ponerse en forma, seguirá siendo la misma que desde los 60 hasta ahora: "Seguir aprendiendo. Vivir y aprender. Nunca se deja de aprender". Apago la grabadora. Informan por ahí que la cámara de vídeo acaba de llegar. Esto es sincronía.