Hablamos con una dominatrix financiera española

Esclavos a los que les excita hacer regalos caros y dejar que su ama disponga de sus tarjetas de crédito mientras les humilla exigiendo más dinero. La dominación financiera es el nuevo BDSM.

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25 Febrero 2016, 4:00am


Todas las fotografías cortesía de Domina Lucía

La hermandad masculina heterosexual coincide en que lo peor que le puede suceder a un tío es ostentar ese estatus a caballo entre la amistad más pura y el sexo sucio, o lo que es lo mismo, ser un pagafantas; en inglés, estar en la friend zone . Si os atrevéis y escribís alguna de estas palabras en Google Imágenes, surgirán millones de memes que dirigen su atención a aquellos hombres que han experimentado esta humillación o tienen la desgracia de estar pasando por ella. Según esta corriente de pensamiento ancestral, si una mujer te dice cosas como que eres adorable o te abraza mucho sin motivo aparente, es que ha escrito tu nombre en el cuaderno de no follables.

Aunque os resulte extraño, algunos tíos consideran que cuando invitan a una mujer a tomar algo, o quedan con ella porque supuestamente son colegas, esta les recompensará con sexo. Es habitual que algunos hombres usen este privilegio masculino para atacar a aquellas que exigen la igualdad: si queréis derechos fundamentales, entonces, ¿por qué no pagáis por vuestras cosas?

Una amiga vivió durante un año en una residencia universitaria de Virginia. Después de algún tiempo allí, consiguió entender que cuando un tío le proponía tomar algo o ir al cine, inmediatamente aquello se convertía en una cita y había que ponerse de tiros largos. Es obvio que lo que en realidad querían era meter la polla o casarse. En el ámbito local, en la sesión de tarde de los domingos, en la discoteca de mi pueblo, si un tío te invitaba a un Blue Tropical, pagabas tu parte con un morreo con lengua. Si en cambio tenían el detalle de pedirte un Malibú con piña, dejabas que te tocasen una teta.

Confieso que cuando empecé a documentarme sobre nuestra protagonista, Domina Lucía, experimenté momentos críticos entre la satisfacción gonzo y el puritanismo judeocristiano. Su servicio estrella es la dominación financiera: se trata, básicamente, de contar con una corte de esclavos pagafantas que salivan por satisfacer los caprichos de su ama. A mí nunca me ha importado que me paguen así que, a lo mejor, no soy tan mojigata como pensaba. Cada vez más mujeres han decidido empezar a hacer de esta brecha del sistema patriarcal su propio negocio.

VICE: ¿Cómo te iniciaste en esto de la dominación financiera? ¿Te excitaba?

Domina Lucía: Hace cinco años, recibí una llamada a mi línea 803 de un desconocido que quería ingresarme dinero en mi cuenta para comprarme unos zapatos. En ese momento, yo no sabía nada sobre la dominación financiera, pero empecé a indagar sobre este fetiche y me di cuenta de que en EEUU estaba muy extendido, a pesar de que en España no. Después de eso, empecé a meterle más presión a este tío y me ingresó más dinero para satisfacer mis caprichos. Y sí, ¿a quién no le va a excitar que le regalen cosas, le paguen facturas o directamente le metan dinero en su cuenta para gastárselo en lo que le dé la gana? Para eso tienes que saber cómo utilizar su mente y yo siempre he sabido cómo hacerlo.

Es clave en este fetiche que los hombres a final de mes se queden sin blanca y en cambio su dominatrix viva en un mundo de lujo y opulencia.

El esclavo financiero deja de gastarse su dinero en cosas como comer fuera o hacer regalos a sus mujeres. Por el contrario, todo lo invierte en su ama financiera, hasta tal punto que en los últimos días del mes están sin un duro y tienen que ingeniárselas para sobrevivir sin mendigar. Aun así, les excita tanto ver a su ama colmada de regalos gracias a esa pasta que tanto les costó ahorrar, que disfrutan con ello.

¿Existe una gran demanda de este servicio?

El tema de la dominación financiera no está muy extendido por aquí y no se sabe demasiado sobre el asunto. Por otro lado, creo que quizá hay mujeres que no se han dado cuenta, pero es probable que sus maridos hayan utilizado su dinero para este fin en algún momento de sus vidas.

Si tuvieses que hacer un retrato robot del cliente habitual, ¿cómo sería?

No existe un único perfil, puede ser desde una persona acomodada económicamente hasta alguien con pocos ingresos. El cliente habitual es un tío que de cara a la sociedad tiene una vida "normal", pero que tiene un fetiche oculto, que es ver a su ama como un ser superior al que satisfacer en todo lo que ella le ordene.

Cuéntame en qué consiste una sesión habitual de dominación financiera.

En el tiempo que estoy en línea por la webcam, intento sacarle a mi esclavo todos los tributos posibles, aprovechando que en ese momento está tan excitado que solo piensa en complacerme.

Mis esclavos se encargan de hacerme la vida más sencilla.

Normalmente, ¿escoges tú los regalos?

Depende de lo que necesite en cada momento. Me han comprado un portátil, un iPad, aire acondicionado para mi casa, joyería, lencería... Lo más bestia que han hecho ha sido ingresarme directamente las pagas extras íntegras de verano y de invierno.

¿En qué consiste controlar sus finanzas? ¿Les retienes sus tarjetas?

Voy controlando sus gastos diarios o mensuales y comprobando que no han tenido ningún gasto extra en caprichos. Por el momento, no me ha echo falta retener ninguna tarjeta.

Supongo que por teléfono, por ejemplo, es complicado saber si realmente tu esclavo te va a pagar.

Para saber que verdaderamente hay un sumiso financiero detrás, lo primero que hago es exigirle un tributo (mi tiempo es oro y no me gusta perderlo). Una vez compruebo que ha realizado el pago, empiezo a invertir mi tiempo en él para averiguar más cosas sobre su vida y empezar a dominarlo económicamente y mentalmente.

¿Cómo funciona el fetiche del chantaje? ¿Puedes amenazar con ponerte en contacto con su mujer o jefe?

Principalmente, el chantaje lo hago bajo un contrato de esclavitud con una cláusula de liberación. El esclavo la rellena con sus datos personales y la firma dando su consentimiento. A día de hoy, nunca he necesitado chantajear a ninguno de mis esclavos.

Detrás de este tipo de prácticas intuyo una predisposición rancia en la que el hombre se excita porque cumple el papel tradicional de hombre: proveer a la mujer de regalos y alhajas.

Sí, existe esa tendencia, pero en este fetiche el sumiso no cumple exactamente ese papel sino todo lo contrario: su mayor excitación es obedecer y satisfacer a su ama para así hacerle la vida más fácil.

He visto que además de este servicio, ofreces al cliente que se quede con algo tuyo, desde bragas hasta meos, cagadas y tampones usados.

Para ellos, quedarse con alguna de estas cosas es un premio. Poseer alguna de mis prendas, flujos, compresas y un sin fin de cosas que yo haya llevado en algún momento determinado del día es un fetiche más. Lo más demandado es el calzado y la lencería. Una compresa suelo cobrarla alrededor de unos 40 a 70 euros, según el tiempo que se la quieran quedar.

Existe un impuesto por paja y por micropene [en la web hay fotos de los penes enviadas por los esclavos]. ¿Has visto pollas anormalmente pequeñas?

Sí, por eso me pagan su impuesto midiéndose su micropene y exhibiéndolo a los demás para conseguir una mayor frustración y humillación. No hay nada que les guste más que verme reírme de su micropene o les exija que antes de pajearse pasen por el cajero.

¿Qué facturas personales tienes cubiertas cada mes gracias a tus esclavos?

Podría decir que la mayoría. Mis esclavos se encargan de hacerme la vida más sencilla.