Cultură

Esto es lo que pasa cuando se te rompe una bolsa de cocaína en el estómago

Hablamos con una médico de urgencias para que nos explique qué pasa cuando a una mula se le rompe una bolsa de droga en el intestino.
1.4.16

El 22 de marzo, un pasajero lituano llegó a Barcelona y se coló con su equipaje en la Línea 9 del metro. De repente empezó a comportarse de manera muy extraña y a causar problemas tal y como contaban los testimonios de los allí presentes. Los vigilantes de seguridad del metro del aeropuerto no pensaban para nada que el hombre que caía fulminado delante suyo después de reclamarle que pagara el billete era realmente una mula, un hombre-envase que se dedica a llevar dentro de su cuerpo cocaína para poder colarla en el país. Una práctica que se ha extendido en España por culpa de la crisis y que es tan rentable como letal.

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Cuando le explotó la bolsa que llevaba en el estómago, cayó al suelo, empezó a temblar y a sacar espuma por la boca. Desde el servicio de emergencias médicas no pudieron hacer nada para salvarle, 15 gramos acabaron con su vida. Cuando los médicos forenses abrieron el cadáver, encontraron 35 cápsulas de cocaína dentro de su organismo.

Las mulas tienen más miedo de ser cazados que de la muerte

Casos como este, en el que explota la bolsa de cocaína, son bastante aislados. Hablando con médicos de urgencias de hospitales nos explican que tratan sucesos como el del otro día más o menos una vez al año. Antes, en los 80, era mucho más frecuente este tipo de accidentes. Por lo general las bolsas de droga las cagan. Son de un tamaño y una forma ideal para la evacuación y están protegidas para tolerar los ácidos clorhídricos que contribuyen a nuestra disolución alimentaria. Algunos traficantes utilizan preservativos y otras bolsas más específicas para el transporte del material algo más seguras que los condones. Normalmente se reparten a lo largo del intestino, estómago, vagina o ano. A partir del 2011 las técnicas de tráfico cambiaron y se empezaron a utilizar las cápsulas líquidas, que no son detectadas por las placas. Para los médicos fue entonces mucho más difícil detectar la substancia que se ha ingerido. "Es un poco como trabajar a ciegas –nos comentan- los pacientes casi nunca quieren admitir qué substancia han tomado y en qué cantidad, cosa muy importante para determinar el tratamiento". Y es que en algunos casos las mulas tienen más miedo de ser cazados que de la muerte.

Fernando Caudevilla, médico experto en cannabis, cocaína y drogas de síntesis, me ayuda a profundizar en el tema: "La práctica se conoce como body packer. Con mucha diferencia, la droga más frecuentemente asociada a los body packers es la cocaína. El número de paquetes transportados oscila entre 2 y 200. Cada envoltorio o paquete puede contener 2-50 g de la sustancia y suelen tener las siguientes características: color blanco-amarillento, forma rectangular de 2-6 cm de longitud, contenido en forma de polvo compacto y suelen envolverse en tubos de látex resistente. En más del 90% de los casos detectados en aduanas a través de radiografías no hay sintomas, simplemente se espera a que se eliminen con la defecación o con laxantes. Entre un 0.6 y un 3% de los casos se pueden romper las bolsas y ahí aparecen los problemas.

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A pesar de esos avances técnicos, las bolas de coca son aún el método preferido por las mafias de la droga. Cuando uno de los envoltorios se rompe la defunción está casi asegurada. "Su gravedad depende, sobre todo, de la cantidad de cocaína que se libere en una bolsa rota —dice Caudevilla—. "Una dosis normal de cocaína puede oscilar entre 50-100 mg, por lo que no es lo mismo la rotura de una bolsa de 2 g (20- 40 dosis) que de 50 g (500- 1000 dosis)". Los síntomas pueden ser "desde leves (agitación, taquicardia, hipertensión…) hasta muy graves (convulsiones, hemorragias digestivas y cerebrales, arritmias graves, peritonitis…). Si hay pocas bolas y los síntomas son moderados se tratan los síntomas del paciente y se administran laxantes en gran cantidad. Si hay muchas, están mal colocadas, no se eliminan o los síntomas son muy graves se extraen con cirugía". Aunque los casos graves son pocos (la cocaína no se absorbe bien en el intestino), su mortalidad es de un 70%. "Cuando esto pasa cada minuto cuenta – nos explica por su parte una doctora de urgencias de un conocido hospital de Barcelona – muchos de ellos te llegan en estado muy crítico. Si tenemos sospechas de que se trata de uno de esos casos les hacemos una radiografía con contraste de bario. El bario además tiene un efecto laxante. Si comprobamos que estamos en lo cierto y es un caso grave llevamos al paciente a quirófano de inmediato para sacarle la droga de su organismo".

Sin embargo no todos tienen la suerte de llegar con vida al hospital. La cocaína les provoca un cuadro psicótico y un estado nervioso que el personal de la ambulancia intentan lidiar a base de Diazepam endovenoso. Si la droga se ha esparcido por todo el cuerpo ya hay poco que hacer. Uno de los efectos habituales de la cocaína es la vasoconstricción. Por eso la muerte por infarto o vasoconstricción cerebral es la causa de muerte más común entre los consumidores y es fulminante en una sobredosis.

Cuando uno de los envoltorios se rompe la defunción está casi asegurada. Sudoración, hiperactividad, temblores, convulsiones, latidos irregulares y finalmente muerte repentina

Cuando la droga es inyectada vía rectal es mucho más fácil de extraer. Allí el trabajo de los urólogos es fundamental en el caso que la mula no pueda defecar la mercancía, pero por lo general se intenta que la evacuación sea vía rectal. Si la bolsa se sitúa en la vagina es mucho más traumático, pues se debe extraer de forma manual y sin utensilios para que no se acabe de romper. Nos cuentan que en Argentina el problema se ve que es tan frecuente que en un hospital cerca del aeropuerto de Ezeiza, el Hospital Interzonal Alberto Eurnekian, hay una unidad específica para tratar este tipo de pacientes.

El tema es que en los aeropuertos las mulas se las saben todas para driblar los controles. Las sillas de ruedas son un escondite fantástico para aquellos que quieren pasar material. Hablamos con Arnau, un extrabajador del aeropuerto que se dedicaba a acompañar a personas de movilidad reducida. Su función era básicamente acompañarles hasta la puerta de embarque: recogía al sujeto en cuestión en una silla de ruedas propia del aeropuerto y les pasaban por unos escáneres especiales, más grandes de lo que es habitual. En el caso que el artilugio pitase se intentaba cambiar a la persona de silla y se procedía al cacheo.

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"En uno de estos casos me pasó una cosa realmente muy rara", nos explica. "Se trataba de un señor de unos sesenta o así, con su maletita y su chaquetita. Lo que más me llamó la atención es que se quejaba todo el rato. El señor estaba en su silla de ruedas por lo que le tuvimos que cambiar de silla. Durante el cambio no paró de chillar '¡ai ai ai ai!' Cuando pasó por el control su silla pitó, así que lo trasladaron a la salita de justo al lado y le cachearon. No le podía ni tocar porque chillaba de dolor. El guardia de seguridad le palpó por encima pero no le hizo quitarse la chaqueta ni tampoco los zapatos. Cuando te encuentras con personas así a veces da como cosa tocarles, y más si ves que les duele. A veces te puedes encontrar con gente que lleve hierros o algo. Como era de prever cuando el guardia empezó a cachearle el señor chilló. Recuerdo que después le hicieron un test de aquellos que hacen con unos papelitos anti-droga. El señor nos dijo algo como: 'por favor venga, que quiero estar tranquilo…' En aquel momento ves como el señor se está allí quejando y claro… te sabe mal. Cuando le llevé a la puerta el hombre se recuperó milagrosamente, se levantó de la silla y caminó de forma totalmente normal. Esta vez fue súper evidente de lo que se trataba". Más que indicios, eran evidencias. En otras ocasiones las señales eran más sutiles. Nos dice que le habían preguntado más de una vez por dónde pasaban las sillas de ruedas y al cabo de un rato aparecían sentados en una de ellas.

De triquiñuelas hay a patadas. Desde pasar droga dentro de bocadillos de chorizo hasta insertarla dentro de una cáscara de nuez o de un plátano. Las mulas se lo saben todo para pasar la mercancía, y también para esconderla una vez pasada la frontera.

Encontramos un testimonio que nos llama especialmente la atención. No nos quiere decir su nombre, pero asegura que hace tiempo le habían ofrecido tener droga en su casa, un sitio cercano al aeropuerto, a cambio de mucho dinero. Se trata de una persona que pasaría totalmente desapercibida, no consumidora y que ella misma se califica como responsable. No nos ha querido decir si aceptó el trato o no. Lo que sí que nos ha confesado es que conocía gente que se había llegado a sacar más de dos mil euros la semana guardando cocaína en su casa en poca cantidad. La recogida era en bares muy concurridos por jóvenes, sin cámaras de video vigilancia y con un ambiente sano y para nada sospechoso. Ese sistema de diseminación parece ser bastante eficaz y menos arriesgado, pues se reparte la droga en porciones para que sea más difícil encontrarla.

Me pregunto quién es capaz de arriesgar su vida por dinero. ¿Cómo son las personas que venden sus órganos como escondite? Husmeo entre un informe del Ministerio del interior donde se representa en un gráfico los detenidos por tráfico de drogas. Está un poco anticuado y pienso que en tres años las cosas seguro han cambiado. Según dicen el 84% de los detenidos por cuestiones de drogas son hombres, mientras que un 16% son mujeres. Por lo que a la nacionalidad se refiere el 65% de los detenidos por tráfico de drogas son españoles y muchos de ellos son decomisados en el interior del territorio. Aun así, según la droga las tendencias cambian. Si nos centramos en la cocaína normalmente las aprehensiones se realizan en el puerto o en aguas internacionales.

Transportar a través de mulas quiere decir que en vez de toneladas llegan kilos. Es por eso que las operaciones antidroga van a cazar allí donde más hay, por lo que todas esas estadísticas no son significativas, al final la policía va a buscar donde más hay y en todo caso. Lo que les interesa no son las mulas ni la gente que guarda fardos en su casa, sino las mafias detrás de las mulas, mientras ellos, los que se meten 15 bolsas de coca en los intestinos o debajo de la almohada, son los eslabones más débiles de una cadena imposible de abarcar en su totalidad. Pero mientras el negocio funcione ya se las apañaran para pasar el producto llueva, nieve o explote en la barriga, al final es la ley de la oferta y la demanda.