
Alan Weismar, escritorCada cuatro días añadimos un millón de personas al planeta. En el siglo pasado nuestras cifras se cuadruplicaron; la aceleración poblacional fue la más anormal en la historia biológica aparte de las proliferaciones microbianas. Sin embargo, para nosotros que nacimos en medio de todo esto, de toda esta expansión, el tráfico y el hacinamiento nos parecen normales.
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Michael Pollan, experto en alimentos y agricultura
Redacción de Wes Enzima
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Ken Caldeira, investigador en ciencias de la atmósferaLo mejor que podemos hacer en este momento es comenzar una investigación para entender cómo desarrollar sistemas sociales que alienten a la gente a poner de lado sus beneficios personales a corto plazo en favor de beneficios sociales y ambientales a largo plazo. O tal vez podemos desarrollar sistemas sociales que alineen los intereses personales a corto plazo con intereses socioambientales a largo plazo.
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Naomi Oreskes, historiadora del clima
Redacción de Ryan GrimMuchos niegan el cambio climático porque no les gustan sus implicaciones, las cuales abarcan varios campos. En las que yo me enfoco son las del capitalismo de libre mercado y en el miedo de que el cambio climático sea usado como excusa para justificar una expansión masiva del gobierno, la intervención gubernamental en el mercado e incluso la gobernanza mundial. Inclusive hay un capítulo del programa de Jesse Ventura, Conspiracy Theory, sobre Maurice Strong, uno de los negociadores del primer equipo de cambio climático de la ONU durante los 90. Los negacionistas del cambio climático se refieren a este equipo y alegan que el cambio climático es sólo una conspiración de la ONU. Otros dicen que el cambio climático se deslinda de la libertad individual y perjudica el libre mercado.
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David Keith, experto en políticas del climaImagina que un doctor se niega a darle quimioterapia a un paciente con cáncer pulmonar en etapa tres por no reducir su incentivo para dejar de fumar; es decir, que sólo fume una cajetilla al día en vez de dos. Este, en pocas palabras, es el pensamiento éticamente obtuso que ha minado a la mejor apuesta de los humanos para frenar el cambio climático: la geoingeniería solar y de carbono.El primer hecho científico que debemos saber sobre el cambio climático es que el carbono es (casi) para siempre. Imagina que produzco una tonelada de dióxido de carbono al volar por todo el Atlántico. El calor adicional de mi viaje aumentará durante algunas décadas y luego se mantendrá constante durante más de un siglo. Un milenio después, casi una quinta parte de mi tonelada aún estará en la atmósfera afectandoal clima, a menos que la humanidad haga algo para combatirlo.Muchos científicos ven a la geoingeniería como el único método viable para revertir —y no sólo retrasar— los impactos del carbono en el clima. Las tecnologías de geoingeniería solar podrían reducir parcial y temporalmente los riesgos climáticos al reflejar parte de los rayos solares de vuelta al espacio, lo que compensaría el efecto que tienen los gases invernadero al atrapar calor dentro de la Tierra. Las tecnologías de geoingeniería de carbono podrían remover dióxido de carbono de la atmósfera y transferirlo de vuelta a las reservas geológicas, lo que revertiría la huella geológica que la humanidad causa al extraer carbón, gas y petróleo.
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Lauren Markham, periodistaMi novio y yo tal vez cometimos el peor error el año pasado cuando compramos nuestra hermosa casa de 55 metros cuadrados en el oeste de Berkeley, California, a sólo unas cuadras del mar. Por mucho que la amemos, las proyecciones sobre el alza del nivel del mar prevén que nuestra casa esté bajo del agua en pocos años. El debate público sobre la adaptación al cambio climático a menudo se enfoca en áreas rurales —comunidades en el Ártico obligadas a mudarse debido al permafrost en desaparición, granjas que tuvieron que ser evacuadas cuando su manto freático se secó por completo. ¿Pero qué hay de quienes vivimos en las ciudades? Estamos muy lejos de ser inmunes. Ya empezamos a ver a Nueva Orleans hundiéndose y a Nueva York inundándose, y no es difícil imaginar un tsunami que arrastre a Los Ángeles o una ola de frío que acabe con Boston. Tampoco es difícil imaginar a mi pequeña casa volviéndose una pieza de decoración en el fondo de la bahía.Había escuchado del trabajo de un despacho de diseño en San Francisco llamado Future Cities Lab (Laboratorio de las Ciudades Futuras) que soñaba con una nueva versión de la bahía de San Francisco en la era del aumento del nivel del mar. Su modelo era a la vez práctico y encantador y me gustó su optimismo sobre mi ciudad natal: a saber, que cuando mi casa se hunda, yo no debo hundirme con ella. Entonces decidí visitar Future Cities Lab para saber más.Sus oficinas se encuentran en un enorme edificio posindustrial en San Francisco. Dentro hay impresoras 3D creando cosas al tiempo que los diseñadores ensamblan las piezas que estos robots imprimen y prueban la mecánica en una larga mesa cubierta de reglas y herramientas eléctricas. Encima de la entrada está un modelo del puente Bay Bridge, debajo del cual cuelgan lo que parecen ser exuberantes islas flotantes. Dentro de no mucho tiempo, me explicó el cofundador del laboratorio Jason Kelly Johson, la sección occidental del Bay Bridge deberá reconstruirse. ¿Qué pasaría si, en la era del aumento del nivel del mar, el puente fuera hogar de colonias de desplazados que pudieran cultivar, pescar y autosostenerse? Gruesas cuerdas subirían y bajarían las pequeñas islas de acuerdo con la hora del día y con el clima: las bajarían si hubiera mucho viento, las subirían para tener mejores vistas o más sol. Estas cuerdas también colectarían neblina y convertirían el vapor en agua potable y para la agricultura."Cada vez hay más diseñadores que reconocen que el cambio climático está ocurriendo, que llegamos a un punto de inflexión —me dijo Kelly Johnson—. Incluso los grupos ambientalistas están cambiando de tono. Ya no se trata de resolver el cambio climático, sino de vivir con él".El equipo de Future Cities Lab cree que hay emocionantes posibilidades de adaptarse al cambio climático a través de una combinación de principios arquitectónicos, diseño industrial y de exteriores, ecología y robótica que, en conjunto, crean caprichosas pero sensibles visiones futuristas. Kelly Johnson me mostró el proyecto Hydramax, hermano de la colonia de Bay Bridge, que reinventa la bahía de San Francisco una vez que el nivel del mar empieza a subir. Consiste en plumas que recolectan neblina del infame viento húmedo de la bahía y agua de los sifones dentro de una granja hidropónica donde se cultiva el alimento de la ciudad. Los residuos de agua de agricultura luego se llevan a tanques de acuaponía llenos de peces para consumo humano. Alrededor de estos hay una red de parques públicos que funcionan como mercados, y una vez que la neblina se vaya y salga el sol, las plumas recolectadoras de neblina se instalan en un dosel para brindar sombra."Realmente es la idea de que los edificios puedan ser más que espacios para vivir—explicó la cofundadora Nataly Gattegno—. Que en realidad puedas vivir con las cosas que te sostienen en lugar de mantener todo lejos, como hacemos, y que cultives tu comida en el mismo lugar".Si están diseñadas en un nivel de sistemas integrales, las ciudades serán mucho más eficientes que las comunidades rurales o los suburbios debido a su densidad y uso efectivo de los recursos. Pero los tipos de diseños integrales como los de Future Cities Labs rara vez surgen y, en la práctica, son inexistentes."El Cuerpo de Ingenieros del Ejército es muy bueno construyendo paredes de concreto", dijo Kelly Johson mientras conectaba un modelo de Hydramax en 3D: las plumas se movían como tentáculos entre el imaginario aire de la bahía como si abanicaran las olas. "Construir paredes es lo que hacen". Las ciudades amuralladas son una forma medieval de mantener lejos al enemigo, pero si el enemigo es la misma Tierra, una pared no puede hacer mucho (sólo hay que preguntarle a Nueva Orleans). En lugar de eso, tal vez deberíamos buscar formas de vivir en sincronía con los impactos del cambio climático y no a pesar de él.Para revertir el daño que hicimos primero hay que reconocerlo y ver que nuestra forma de vida es demasiado para el mundo. Como humanos y criaturas de hábito y confort, parece que necesitamos acercarnos lo más que se pueda al destino final para ver las cosas claramente. Pero tal vez el inminente apocalipsis ambiental es una oportunidad tanto para adaptarnos al cambiante entorno como para crear entornos más simbióticos del tipo de los que habrían evitado este colapso en primer lugar.Sus diseños son llamativos e inteligentes, pero lo que me atrajo de Future Cities Lab fue su visión de un nuevo mundo de cooperación ambiental que también sea hermoso, un lugar donde me gustaría vivir. A menudo, explicaron Gattengo y Kelly Johnson, el diseño ambiental es puramente utilitario. Por ejemplo, los paneles solares o las turbinas de viento: función, no forma. ¿Pero por qué el diseño ecológico debe sacrificar lo estético? ¿Por qué nuestras ciudades no pueden ser ecológicas y hermosas? ¿Por qué no pueden ser como Tesla: sexy y consciente, el más inteligente, el más eficiente?History Channel invitó a Future Cities Lab a un concurso para rediseñar la ciudad de Washington para que minimice el impacto del aumento del nivel del mar. Gattegno y Kelly Johnson crearon proyecciones científicas que ponían la Explanada Nacional bajo el agua. Parecía que no había forma de evitar que se ahogara. Su diseño incluía una red de colonias adaptadas —una se enfocaba en usar energía eólica, otra en la agricultura sustentable, otra en purificación del agua— que, juntas, podrían reinventar la manera en que los humanos vivimos en la cambiante Tierra. "Lo que pensamos era que, ya que esta es la capital, teníamos la responsabilidad de que la ciudad ofreciera liderazgo en modelos de vida alternativos".El proyecto fue uno de los ocho finalistas. "El diseño de otros finalistas era literalmente una ciudad amurallada", dijo Kelly Johnson."Creo que nuestro diseño asustó a los jueces—dijo Gattegno—. Pero creo que el nuestro era mucho más optimista que los demás".Future Cities Lab es el eterno ganador de medallas de plata. Ver sus diseños como optimistas requiere de una nueva forma de pensar que se encuentra en algún lugar entre los polos muy estadounidenses de negación y derrotismo. Aceptar que el cambio está llegando, adoptarlo y rediseñar la manera en que vivimos con un sentido tanto de deber como de alegría es algo bastante radical. Pero yo siento que cuando algo ocurra y nuestras casas empiecen a hundirse, iremos a tocar la puerta de Future Cities Lab preguntando por aquellas plumas recolectadoras de niebla.Después de visitar el laboratorio manejé a casa por la sección occidental del Bay Bridge. Me imaginé cómo sería vivir en un pedazo de tierra suspendido entre el puente y la bahía, entre el obsoleto producto del hombre y la fascinante amenaza del mar. Tal vez es exactamente allí donde pertenecemos: entre lo que la naturaleza construyó y lo que el hombre construyó, repensando radicalmente el espacio entre ambos.Lauren Markham es becaria del 11th Hour Food and Farming de la Universidad de California, en Berkeley.