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transas

La industria mexicana del secuestro virtual

Los hoteles reportan entre cinco y siete llamadas de extorsión a la semana, pero se estima que son muchas más.
18.2.14

Ilustraciones por Julio Derbez.

—¿Hola?

—Buenas noches, señorita. Disculpe, hablo de la recepción. Estoy aquí con un grupo, están armados. Son de una organización criminal, pero no se alarme.

Imagina que es la una de la madrugada y recibes esta llamada en tu cuarto de hotel en cualquier lugar de México. Si alguna vez has contestado una llamada de ese tipo, sabes del frío que te recorre la espalda, hasta los pies. Ahora imagina que eres un turista en la Ciudad de México y no tienes idea de que este tipo de llamadas existen. Esto es lo que le pasó a Verónica, una turista de California que estaba de vacaciones con su novio, Steve, en la capital, en octubre de 2013.

Conocimos a Verónica después de que una amiga en común se comunicara con VICE para decirnos que habían “asaltado” un hotel del Centro Histórico. En realidad, nunca hubo un asalto en sí. Escuchando la historia por primera vez, parecía que se trató de una llamada de extorsión “cualquiera”, pero no fue así. Se trató de la nueva transa: el secuestro virtual.

“No sabíamos lo que estaba pasando. Nos decía que era de la organización criminal ‘más grande’. Nos dijo: ‘No le hablen a la policía, no digan nada. Si no cooperan, les va a ir muy mal’”, nos contó Verónica a dos días de haber recibido una llamada extraña en un lujoso hotel en el centro de la ciudad.

“Yo pensaba que de verdad había hablado con el recepcionista; nuestro cuarto estaba en el segundo piso. Nos seguía diciendo que conocía a todo el mundo. Nos dijo: ‘Si no me hablas con la verdad, voy a matar a tu novio’. Fue ahí cuando pensé: Mierda…” No importaba que su novio estuviera a su lado, la amenaza sonaba real y su miedo en este punto se profundizaba.

“Después nos dijo: ‘Quiero que te vistas y tomes un taxi al oxxo, ¿sabes lo que es oxxo?’” contó Verónica. “Le dije que sí pero que no iba a ir, y luego me pidió mi nombre completo. Se lo deletreé y no lo entendió, entonces me dijo que me iba a pasar a alguien que hablaba inglés. Me pasó a otro tipo que hablaba inglés y ahí fue cuando noté algo raro: escuché a otra persona en el fondo teniendo la misma conversación que tuvieron conmigo: ‘Buenas noches, hablo aquí de la recepción. Estoy aquí con un grupo…’, sonaba como un call center”.

Cuando a Verónica le pasaron al hombre que hablaba inglés, él le dijo: “Así que esto es lo que quiero que hagas: quiero que bajes y tomes un taxi, vayas al oxxo y compres dos teléfonos. Luego regresa y te doy más instrucciones, pero no quiero que me cuelgues el teléfono”.

“Le dije: ‘No, señor, yo no me voy de este hotel’, y después de negarme un rato, me pidió que le diera el dinero a alguien en la recepción para que cargara saldo a unos teléfonos. Me dieron dos números y me pidieron que los repitiera como cinco veces. Me preguntó cuánto dinero tenía y le dije que mil pesos, y me dijeron que le pusiera 500 pesos a cada uno. ‘Y quiero que traigas el recibo, pero tú vas a bajar sola, chicanita’, me dijo. Le contesté que no quería separarme de mi novio y me negué varias veces. Entonces me dijo: ‘Bueno, bajen los dos pero no le digan a nadie lo que está pasando. Si esta llamada se corta, voy a llamar otra vez. Y si no me contestas, los voy a matar”.

Entonces bajó Verónica y habló con el recepcionista. “Le intenté dar algún tipo de señal, así que moví las manos exageradamente. Le pedí que mandara alguien a cargar los teléfonos. Me preguntó si quería hacer una llamada. Le dije que no, que necesitaba cargar los teléfonos. Le dio el dinero a los guardias de seguridad y le pedí los comprobantes. En la recepción todo se veía normal. Estaban limpiando el restaurante. Todo parecía normal ahí”.

Verónica nos dijo que después de darle los números al guardia de seguridad esa noche de octubre, regresó a su cuarto, aún con miedo. No sabía cómo iba a terminar su situación.

“Regresamos al teléfono y alguien tocó la puerta. Era el recepcionista y preguntó si estábamos bien. Le dije que sí en voz alta porque el tipo del teléfono seguro estaba escuchando. Luego me dijo en voz baja que iba a llamar a la policía”.

“El tipo del teléfono me preguntó quién era. Le contesté que era el recepcionista avisando que ya habían ido a cargar los teléfonos. Después me dijo cosas sucias: ‘Mira, señorita, ¿sabes lo que es hacer el amor? Yo quiero escucharlos hacer el amor’. Contesté que no. ‘¿Sí me escuchas, sí me entiendes?, porque si no te lo hace tu novio, yo voy a subir a hacértelo y te va a ir muy mal’”.

Volvieron a tocar la puerta de su habitación. “Abrimos y era la policía. Eran diez o 12, con linternas. Además estaba el recepcionista y los guardias de seguridad. Todos se veían nerviosos menos los guardias. La policía preguntó qué pasaba y sólo le contesté ‘el teléfono’ y se lo señalé. Un policía fue al teléfono y dijo ‘No hay nadie en la línea…’”

Y así terminó su secuestro. Unos amigos fueron al hotel a recoger a Verónica y Steve. No metieron una denuncia. Días después, recuperaron sus mil pesos, pero sólo cuando el hotel donde se quedaban esa noche les reembolsó el dinero, y su estancia.

Esto mismo le ocurrió al grupo de música electrónica español Delorean, quienes fueron víctimas de un secuestro virtual el 7 de octubre de 2013, cuando se encontraban en México para participar en el festival de música Mutek. Medios internacionales como NME, Pitchfork, BBC y otros cubrieron el suceso y pusieron atención en el tema, pero pocos reportes explicaron con profundidad cómo funciona el delito. VICE intentó buscar de nuevo la versión del caso con los managers del grupo, pero los miembros de Delorean se negaron a retomar el tema.

En el caso de Delorean, sus secuestradores se identificaron como miembros de los Zetas. “Advirtieron” al grupo de un tiroteo en su hotel, en la zona trendy de la Colonia Roma (esto era mentira), por lo que tenían que moverse a otro.

Al llegar al nuevo hotel, según los reportes de la prensa, los integrantes de la banda fueron amenazados por teléfono, separados en pares y enviados a diferentes cuartos. También se les ordenó sacar dinero de cajeros automáticos, comprar nuevos celulares y tirar los suyos, para evitar cualquier contacto con su familia, la policía o los organizadores del festival. Las amenazas hacían pensar a los músicos que estaban siendo vigilados en cada momento. Pasaron alrededor de 30 horas antes del “rescate”, aunque nunca hubo contacto visual ni físico con los agresores, y nunca fueron directamente privados de su libertad.

Pero ni Verónica ni los integrantes de Delorean han sido las únicas víctimas. En los últimos meses, se han dado a conocer más y más casos de extranjeros que han recibido llamadas similares en sus cuartos de hotel. Han salido casos en Cozumel, Acapulco y Cuernavaca, entre otros destinos turísticos. Verónica, aunque es chicana y viaja seguido a México, estaba fuera de Estados Unidos cuando recibió esa llamada en la madrugada. La voz era de un desconocido que la estaba amenazando y burlándose de su acento.

Podríamos decir que el secuestro virtual es un derivado del secuestro exprés, muy conocido en México hace algunos años, el cual consistía en levantar a la víctima en un automóvil y pasearla por horas. Durante ese tiempo el rehén era agredido, despojado de sus pertenencias y obligado a vaciar sus cuentas bancarias en cajeros automáticos. En cambio el secuestro virtual se ejecuta por medio de una llamada telefónica, en la que los criminales anuncian el secuestro (falso) de algún familiar de la víctima, y usan este pretexto para obligarla a depositar dinero a cuentas bancarias.

En el caso del secuestro virtual, las víctimas nunca ven a sus agresores, y la comunicación es únicamente por teléfono. El secuestrador exige dinero con amenazas. Obligan a los secuestrados a moverse de lugar. Una vez ahí, los secuestradores “encierran” a sus víctimas para después pedir un rescate a los familiares. Si llegas a este punto, ya caíste.

Puede que así funcione esta industria, desde cuartos llenos de personas capacitadas en la técnica del secuestro virtual, haciendo llamada tras llamada hasta que una pega.

La verdad es pocos secuestros de cualquier tipo son denunciados a las autoridades, y ni ellas mismas conocen la tasa real del problema, o no la comparten. En 2012, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) estimó que ocurrieron más de 105 mil secuestros en el país, de todo tipo. Mientras, la cifra oficial de secuestros registrada por el Sistema Nacional de Seguridad Pública en 2012 fue sólo de 1,317 —es decir, 80 veces menos de lo que la cuenta el INEGI.

Si los secuestros virtuales ocurren dentro de los hoteles, ¿qué dicen los hoteleros? Para saberlo, llamamos a Armando de la Cruz Uribe Valle, presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles, y le pedimos más información sobre este delito.

El empresario nos explicó que la asociación empezó a juntar datos sobre los secuestros virtuales en hoteles desde junio de 2013. Las cifras, de nuevo, son grises. “Es relativo. Más o menos nos reportan de los diferentes hoteles entre cinco y siete de estas llamadas por semana. Pero podríamos pensar que son más de los que se reportan”.

Le preguntamos cómo es que pasan estas llamadas por las líneas del hotel. “Es porque se usan los sistemas automáticos, que son los que dirigen la llamada directamente a un cuatro, si conoces el número”, respondió, y añadió que el rastreo de tales llamadas corresponde a las autoridades, y eso sólo se puede realizar una vez que se levante una denuncia.

“Mucha gente no la hace. Pero por información que nos han dado sabemos que algunas llamadas vienen de penales en el norte del país. De acuerdo con la policía, en algunos penales de Tamaulipas se estudia la metodología de la extorsión para saber cómo hacer las llamadas”.

En 2013 varios medios nacionales publicaron notas apuntando que la mayoría de las llamadas, tanto de extorsión como de secuestro virtual, provienen de esa región, y específicamente, desde los penales. También dependencias de seguridad como la del DF y la de Veracruz han dicho que la mayoría de estas llamadas en sus localidades se hacen en los estados de Tamaulipas y Sinaloa. (Hay un video viral en YouTube donde dos hermanos graban una llamada de extorsión en la que primero creen que es una broma y le preguntan al supuesto secuestrador: “¿Eres tú, Chuy?” Luego terminan burlándose del extorsionador, hasta que el criminal pierde la calma y les mienta la madre).

Buscando frenar este fenómeno, Uribe Valle nos contó que la asociación de hoteleros se está coordinando con autoridades locales y con la Secretaría de Turismo para informar a los turistas sobre el riesgo de secuestros virtuales. Entre las acciones se encuentran la impresión de folletos y una campaña de comunicación para informar sobre estas llamadas. También buscan implementar botones de pánico en las recepciones de los hoteles.

Por “razones de seguridad”, el empresario no nos compartió más detalles.

Los hoteles entonces se han enfocado en esfuerzos preventivos, y el combate a los delincuentes se lo dejan a la policía. Pero recordamos lo que nos dijo después Verónica sobre su caso.

“Mi instinto me dice que fueron los guardias de seguridad. Estaban relajados. Además, nos ofrecían otro cuarto. Se sentía raro. Nos decían que no nos preocupáramos. Ya nos queríamos ir pero insistían en que nos quedáramos. ¿Pero por qué los de seguridad nos ofrecían el cuarto en lugar de los de la recepción? Después vino el gerente de seguridad. Dijo: ‘Lo siento, pero esto es muy común en México. Mire, tenemos cinco huéspedes y todos recibieron la llamada’, pero nadie más salió”.

Como todas las grandes transas y las grandes industrias en México, que de vez en cuándo resultan ser lo mismo, es difícil hacer un panorama completo de los secuestros virtuales y saber dónde se originan, qué tan frecuentes son y hasta dónde llegan sus redes. A pesar de que los extranjeros en hoteles sean el grupo más vulnerable, todos en México somos blancos potenciales.

¿De veras no hay manera de frenar este tipo de delincuencia? Tal vez recuerdes que en 2010 el gobierno y las compañías de telefonía nos obligaron a dar nuestros datos personales al Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil (Renaut), para poder tener un número celular. Poco tiempo después varios medios publicaron que esa base de datos estaba a la venta en internet.

O quizás recuerdes que entre 2011 y 2012 el gobierno gastó cinco mil millones de pesos en equipo de espionaje, con lo que ahora supuestamente puede intervenir conversaciones de teléfonos móviles, el acceso y extracción de mensajería instantánea (SMS), correos electrónicos, listas de contactos y fotografías, además de herramientas para activar de manera remota la cámara fotográfica y el micrófono de cualquier celular.

Si los secuestros virtuales se suman a las extorsiones, entonces son un montón de llamadas peligrosas por ahí. Y si no se está usando ese equipo y ese dinero para encontrar y detener a quienes hacen estas llamadas, sería bueno saber para qué se están usando.

Por lo pronto, parece que la industria de los secuestros virtuales proviene mayormente desde los penales de México. Pero mientras no se desmantele alguna red de corrupción que de alguna manera esté encubriendo a estos call centers de secuestro y extorsión dentro de las propias cárceles, las autoridades no pueden parar la delincuencia de criminales que están detenidos.

Hasta que eso no pase, sólo guarda la calma cuando te llamen para amenazarte, y no olvides preguntar “¿Eres tú, Chuy?”