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Cómo hacer desayuno con tu propia vagina

Cada vagina alberga cientos de distintos tipos de bacterias y organismos. La bacteria dominante se llama lactobacilo, que también es utilizada por las personas para cultivar leche, queso y yogurt.
16.2.15
Foto vía mellowynk/Flickr

Este artículo fue publicado originalmente en Motherboard, nuestra plataforma de ciencia y tecnología.

La idea se me ocurrió cuando una amiga y yo discutíamos sobre las propiedades probióticas de la vagina. "¿Por qué hay todo un libro de cocina dedicado a recetas con semen y no hay NADA en Google sobre nuestro flujo vaginal?", nos preguntó una amiga por mensaje.

Entonces tomó una cuchara, un sartén, un termómetro para caramelo y comenzó la tarea de crear yogurt de su vagina, —lo último en cocina de origen local.

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Cecilia Westbrook es amiga mía, tiene una maestría y un doctorado en la universidad de Wisconsin, en Madison. Hemos bromeado sobre crear nuestro propio yogurt a partir de secreciones vaginales —bromas sobre los beneficios dietéticos del sexo oral o sobre ponerle "Queeffer" (queef: pedo vaginal) al producto— pero hicimos una búsqueda en Google y nada. Ni siquiera literatura médica. La curiosidad aumentó y Cecilia comenzó a investigar en serio. ¿Qué otra opción tenía además de intentarlo ella misma?

Cada vagina tiene cientos de distintos tipos de bacterias y organismos. Estos organismos —conocidos como flora vaginal— producen acido láctico, peróxido de hidrógeno y otras sustancias que mantienen a la vagina saludable. La bacteria dominante se llama lactobacilo, que también es utilizada por las personas para cultivar leche, queso y yogurt.

Pero Westbrook no creó su yogurt sólo por las bromas asombrosas, y sin duda no lo hizo porque tuviera hambre. Ella sabe tanto sobre química vaginal que pensó que comer yogurt hecho a base de sus propios jugos sería algo bueno para ella. En serio.

La razón son los probióticos, unas bacterias amistosas que cuando se ingieren se cree que mantienen nuestros intestinos saludables. Seguramente has visto publicidad de yogurts probióticos que sirven para tu estómago. También hay a la venta probióticos específicos para la vagina que prometen mantener tu vagina saludable asegurando que allá abajo haya más bacterias "buenas" que malas.

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"Puedes tomar un probiótico oralmente y hacer que las bacterias terminen en la vagina" dice Larry Forney, microbiólogo de la Universidad de Idaho. "Entonces la idea de comer yogurt para tratar tu vagina te hace reflexionar por un momento y decir '¿Acaso no hay problema con las cañerías?' Pero de alguna forma funciona".

En teoría, al menos. ¿Y qué puede ser más sano, pensó Westbrook, que consumir bacterias saludables de tu propia vagina y cultivarlas para comerlas después?

El "método de recolección" fue con una cuchara de madera. Ella armó un control positivo —hecho con yogurt verdadero para comenzar el cultivo— y un control negativo —solamente con leche— e incorporó su propio ingrediente al tercer lote de yogurt. Lo dejó de un día para otro y la magia de la biología creó un frasco de tamaño bastante respetable.

Su primer lote de yoghurt sabía amargo, picante y era casi como un hormigueo en la lengua. Lo comparó con el yoghurt indio y lo comió acompañado de moras azules.

Resultó que ésta no era una buena idea en absoluto.

De acuerdo con Forney, "Cuando recolectas secreciones vaginales no sólo estás recolectando el lactobacilo. Estás recolectando todo". Y es posible, día tras día o de mujer en mujer, que "lo que estas usando en tu yogurt ya no esté dominado por el lactobacilo, si no que sea una bacteria que podría ser patógena", explicó.

A veces esta falta de balance puede causar infecciones por hongos y otras experiencias desagradables. No quieres que esos organismos terminen en tu desayuno. Incluso una vagina saludable hospeda bacterias que pueden ser malignas si son cultivadas.

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"Es una mala idea en general", dice Forney. "Pero hay un elemento que tiene cierto atractivo: está usando bacterias de su propia vagina".

Ya que cada mujer tiene un balance distinto de bacterias o lactobacilos, los probióticos vaginales pueden ser cuestionables. Pero si una compañía o universidad creara probióticos personalizados con la flora microbial de la vagina de una misma mujer, sería más efectivo que los productos que se venden en el supermercado, explica Forney.

Los beneficios a la salud por comer tus propios probióticos personales pueden no ser tan positivos como esperaba mi amiga, pero hay algo de mérito en su plan. "Me gusta lo que está haciendo, pero es riesgoso porque ella no sabe lo que hace y puede terminar con un mal lote", dijo Forney.

La Administración de Comidas y Drogas de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) está de acuerdo. Theresa Eisenman, encargada de prensa en el centro de salud de los alimentos y la nutrición en la misma oficina, dijo: "las secreciones vaginales no son consideradas 'comida' y pueden transmitir enfermedades. Un producto alimenticio que contiene secreciones vaginales y otros fluidos del cuerpo se considera que está adulterado".

En otras palabras, como sucede con la leche cruda y con algunos tipos de queso, no vas a encontrar "el yogurt vaginal de Ceci" en un supermercado.

Westbrook ya había hecho un segundo lote cuando me enteré de que hacer yogurt desde tu propia vagina no es algo que todos deberían hacer. Pero pese a la oposición de Forney y la FDA, ella se siente bien. Aunque no va cultivar más.

"De cierta forma es muy obvio. Por supuesto que puedes hacer yogurt desde tu flora natural, pero, ¿a quién se le puede ocurrir hacerlo?", preguntó Westbrook. "Claro que mi feminista interior quiere hablar de cómo hay belleza en conectar tu cuerpo con tu comida y explorar el poder que tiene tu vagina. Parte de eso es una mística hippie y la otra parte es sentirte bien con tu cuerpo, especialmente en una cultura que está tan incómoda con el cuerpo femenino".

Westbrook dice que su segundo lote sabía aún más agrio, como a leche ligeramente pasada. Esto es prueba de que, tristemente, comer yogurt hecho de secreciones vaginales no es lo mismo que comerse una verdadera vagina.

Esta historia es parte de la semana editorial del sexo en Motherboard, una serie de artículos enfocados en sexo, ciencia y tecnología. Lee más artículos aquí.