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Histórias

Relatos cortos de viajes épicos en ácido

Desde el tipo que secuestró a un enano hasta el que se lastimó intentando hacerle el amor a un árbol.

por Daniela Castro
26 Mayo 2017, 7:33pm

La tradición oral es de las pocas cosas que aún no ha muerto bajo los inclementes edificios pixelados de la sociedad digital. El chisme, los mitos y las leyendas siguen siendo una herramienta importante de cohesión entre los seres humanos, generando un tejido vital en el imaginario colectivo. Se podría decir que en la mayoría de casos, la data sugerida entre las líneas del rumor o del "a mi me contaron que el primo de un amigo..." es información incomprobable, inchequeable o de sospechoso proceder. Pero nos fascina. No hay nada más emocionante que crecer teniéndole miedo a la pata sola, tratando de cazar un hombre lobo o intentado evadir a toda costa ser el blanco de una mente en exceso creativa.

Si cuando uno está sobrio hace cosas que quedan para siempre en la tradición oral del parche de amigos, imagínense el banco de películas que uno puede dejar como patrimonio cultural después de ingerir cosas raras. En este caso, ácido lisérgico, mejor conocido como LSD, famoso por generar los viajes mentales más aleatorios. A continuación, les dejamos el compilado de mitos urbanos, cuentos, relatitos que hemos escuchado sobre los populares papelitos. Obvio, son de esos rumores que no se pueden rastrear ni comprobar de ninguna manera, pero que, por darle una pisquita de sabor a los días, uno mantiene vivos cada que los comparte con los amigos.

Nunca sobra decirles que si van a ingerir sustancias psicoactivas, las testeen y procuren hacerlo en ambientes seguros y en compañía de personas responsables y de confianza. Igual si después de leer las siguientes barbaridades ustedes no se previenen pues qué les podemos decir, son caso perdido.

1. El tipo que creyó que era jugo de naranja:

Esta es la leyenda urbana por excelencia. Hasta donde nos llega el conocimiento, el protagonista de la historia de llama(ba) Silverio. Por ahí dicen que no se creía un jugo de naranja cualquiera, él era una naranja Postobón. Todo pasó por traer un cartón desde Amsterdam pegado al cuerpo, y cuando llegó a Bogotá se puso tan nervioso que empezó a sudar. Claro, su piel absorbió todo el LSD y ¡boom!, Silverio se reunió con su esencia cítrica...

Por ahí hay chismes múltiples del destino de Silve. Unos dicen que un día se tropezó y cuando se cayó le dio un derrame cerebral (porque se regó) y murió. Otros dicen que está en un loquero con un sombrero puesto a manera de tapa para que no se le riegue el jugo. O quizá Silverio está vivito y coleando leyendo esto. Nunca lo sabremos.

2. El feto:

Para todos los amiguitos nihilistas, existencialistas, góticos y demás cosas de esas, les tenemos la historia con el final más triste. Érase una vez un joven que se comió un papel que le despertó la visión más pura de todas. La sustancia le hizo pensar y sentir que volvía al estado fetal y, por lo tanto, no se movía por ningún motivo, pues no quería nacer. Te entendemos compañero, no estás solo.

3. Un dendrófilo enamorado:

Bueno, un dendrófilo acoge la definición de los "tree huggers" o los amantes de los árboles. Existen de esos dendrófilos que de verdad quieren poseer al árbol, como... sexualmente. Sí, eso existe. Como se imaginarán, el romántico en cuestión quería hacerle el amor a un árbol que lo flechó, pero como todo en el amor, el amante acabó terriblemente herido. No solo acabó con terribles laceraciones en su corazón, sino también en la estación que queda debajo de su obligo. Que mi Dios nos ampare.

4. Lucky Charms:

Esta historia también llegó a nosotros en múltiples versiones. Los hechos se dieron así: 1. Un man se trippió, 2. En la loquera se topó con un enano por la calle, 3. Flipó de la dicha porque, según su lógica lisérgica, había encontrado un duende mágico, 4. Se lo llevó a su casa y para que no escapara lo encerró en el clóset. En otras palabras, el personaje secuestró a una persona de baja estatura en sus aposentos. ¿Por qué lo secuestró? Porque insistía que este duende poseía poderes mágicos o algo parecido, y que tenía las direcciones precisas para encontrar la olla llena de oro al otro lado del arcoíris. Hay que estar muy mal de plata para ponerse a secuestrar enanos.

Por ahí una película recreó una escena parecida, pero lo cierto es que este mito ronda por ahí desde mucho antes. La hipótesis es que se inspiraron en la historia:

5. La leyenda del mariachi:

Dice la leyenda que un hombre disfrazado de mariachi desapareció en la primera edición de la fiesta de La Jabonera en el 2007. Esta elegante fiesta se ubicaba entre los maizales que rodean la casa maldita entre Faca y Madrid. Nadie sabe cómo sucedieron los hechos con exactitud, pero todo parece indicar que nuestro artista se trasladó a otra dimensión en medio de la acalorada fiesta de burbujas. Algunos simplemente dicen que se esfumó a otra dimensión mientras sonaban las trompetas, otros dicen que los amigos negaron conocerlo cuando salió de las burbujas como mi Dios lo trajo al mundo.

6. La lactosa intolerante:

Un día cualquiera, en una calle cualquiera, un grupo de personas presenciaron a un individuo que huía con pánico de todo, en especial de las palomas. Después de un tiempo de verlo revolotear asustado pidiendo que lo refugiaran y que, por favor, alejaran a roedores y aves de su persona, el grupo de amigos decidió auxiliarlo. En medio del terror que lo agobiaba, el joven confesó que había consumido "un poquitico" de ácido, y que su cuerpo se había convertido en queso. Pues claro, él estaba convencido de que las palomas y las ratas se lo iban a comer, y que si se exponía prolongadamente al sol o el agua, podía empezar a deshacerse.

7. Ser o no ser:

No sabemos con exactitud si nuestro amigo en cuestión había oído hablar de Sartre o si había leído mucho Hamlet recientemente. Lo cierto es que el man que pensó, en medio de su viaje, que no existía. Su angustia lo llevó al punto de coger el celular y llamar a la mamá para que le confirmara su estadía en la tierra...

Le quedó una buena historia para contar en los almuerzos familiares, eso es lo único seguro.

8. El sueño de las guayabas:

Dicen que en Villa de Leyva (como cosa rara) hubo un viajero lisérgico que decía ser un bocadillo veleño. No dejaba que nadie lo tocara para "no quedarse pegado", y no le gustaba que le diera directamente el sol, por miedo a derretirse. La guayaba nunca ha sido el manjar más apetecido, pero volverse un producto de esta peculiar fruta ha de ser una real pesadilla.

9. En mil pedazos:

Los dos finales alternativos de este cuento son trágicos. Ya saben cómo empieza la narrativa de la historia, pero en el desenlace, el amigo se creía de vidrio. Durante el largo y delicado viaje, el personaje en cuestión evitaba que lo tocaran para que no romperse en mil pedazos, hasta que entre chiste y chanza alguien lo empujó. La primera versión relata que el man se desmayó un rato, la segunda, que le dio un infarto. ¡Esperamos que hayas sobrevivido, querido psiconauta extra frágil!

10. I believe I can fly:

Por último compartimos una historia que hemos oído en varias ocasiones, tanto en Colombia como en otros lugares del mundo. Pero la de Colombia es más pintoresca, así que es la elegida. En algún paseo de olla o de acampada, una personita que creyó que podía volar se tiró de un barranco...Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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