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Un científico podría desarrollar el trago que no da guayabo

David Nutt trabaja en un compuesto que evitaría los efectos adversos del trago, desde el guayabo hasta la cirrosis.

por VICE Staff
06 Octubre 2016, 10:50pm

Cuando uno está tomando, el guayabo no parece una gran preocupación. Al día siguiente, haber tomado no parece una buena elección. Por la cabeza pasan los lamentos de siempre: "maldita sea", "me quiero morir", "no vuelvo a tomar". Todo parece derrota. Pero hay una buena noticia: un científico está usando sus neuronas, las mismas que usted sacrifica por el trago, para desarrollar un compuesto que emborracha y no da guayabo.

Un avance que le caería como anillo al dedo a Colombia, donde, según cifras del Ministerio de Salud, el 48% de la población consume alcohol por lo menos una vez al mes y la edad promedio en que se empieza a tomar es apenas 12 años.

David Nutt, neuropsicofarmacólogo, cuando trabajaba para el Departamento de Salud británico, se preguntaba por qué no había una alternativa segura para el alcohol si eran tan conocidos sus efectos adversos. Luego de salir del gobierno de ese país por la puerta de atrás (por una declaración en contra de la política estatal de drogas), Nutt se dedicó a crear algo que nombró Alcosynth. Algo así como alcohol sintético. Parecido al Synthehol de Star Trek.

En un comunicado de prensa, el investigador explicó que el Alcosynth imita los efectos positivos del trago, como que relaja y causa euforia, pero previene la sed, el vómito y el dolor de cabeza. Si todo sale como Nutt espera, "para 2050 el Alcosynth podría reemplazar por completo el alcohol".

¿Cómo va a hacerlo?

Nutt explica que "sabemos mucho sobre cómo actúa el alcohol en el cerebro: esa ciencia ha avanzado mucho durante los últimos 30 años". Él y su equipo se han dedicado a buscar sustancias que trabajen en el cerebro de manera similar al alcohol. "Sabemos en qué partes del cerebro suceden los buenos efectos del alcohol. Sin tocar las partes malas, podemos evitar los malos efectos", dice Nutt, y agrega que el Alcosynth combina bien tanto con un mojito como con un Tom Collins, y que podría ser 100 veces más seguro que el alcohol común.

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Además, explica un artículo sobre ese compuesto en el portal Live Science, que se podrían reducir los efectos letales del alcohol. Allí, Nutt dice que una diferencia clave es que cuando el cuerpo procesa el alcohol sintético no produce un compuesto llamado acetaldehído, que el alcohol produce cuando es tomado por una persona. El acetaldehído, agrega un experto en drogas consultado por ese portal, "es una toxina que aparece en el cuerpo si consumimos alcohol más rápido de lo que nuestro metabolismo puede procesarlo".

Esa toxina causaría daño en los tejidos, incluso en los del corazón, aumentando las posibilidades de enfrentar enfermedades cardíacas. Además, para las personas que toman mucho, podría llevar a la cirrosis.

Nutt ha dicho con entusiasmo que, como si fuera poco, el Alcosynth, como el alcohol normal, imita el neurotransmisor GABA, que entre otras cosas podría reducir la ansiedad. Sin embargo, por ese anuncio le han saltado críticas. Scott Edwards, un profesor del Centro de Estudios de Drogas de la Universidad de Louisiana, aclaró a Live Science que el neurotransmisor GABA es uno de los más abundantes en el cerebro, por lo que hay que ser extremadamente cuidadoso: un aumento en la actividad del GABA podría causar pérdida del juicio y afectar la motricidad.

El profesor Nutt no ha revelado todavía muchos detalles específicos sobre los compuestos que está desarrollando. No lo ha hará, dice, hasta que se le reconozca la propiedad intelectual sobre ellos. Pero esa falta de información se ha convertido en incertidumbre y en especulaciones. Por un lado, están los entusiastas que celebran el desarrollo del Alcosynth como una posibilidad para reducir las muertes asociadas al alcohol y, de paso, los efectos colaterales del guayabo, como la falta de productividad.

Por otro lado, están quienes advierten que hay que esperar a examinar en detalles cuáles son los compuestos de los que está hablando Nutt. Se ha especulado, por ejemplo, que el alcohol sintético podría ser un derivado de la benzodiacepina: un fármaco para combatir la ansiedad, los ataques de pánico y el insomnio, que puede llegar a ser altamente adictivo. La acusación de que el alcohol sintético podría ser de tanto cuidado como el Valium ha prendido alarmas.

Nutt negó que tuviera que ver algo con la benzodiacepina pero no agregó nada más. Insiste en que lo mantendrá en secreto hasta que, como dijo en su cuenta de Twitter, "reciba una inversión de 10 millones de dólares" para seguir su investigación. Él cree que tendrá que dar una pelea dura porque hay mucho intereses que se oponen a que su investigación llegue al público, como los de las grandes productoras de licor, que temerían una competencia como esa.

Mientras algo más pasa, o mientras el profesor cambia de opinión, el gran invento queda en el limbo. Pero hay esperanzas para creer que estamos más cerca que nunca de emborracharnos sin pensar en el día siguiente.

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