Μoda

Por qué una modelo demanda a una compañía de tampones después de haber perdido una pierna

"No puedo subirme a un rodadero, no quiero ponerme un vestido de baño, no puedo saltar al mar aunque quisiera. Este producto me jodió".

por Tori Telfer
18 Junio 2015, 11:25pm

Foto b Jennifer Rovero/ Camraface

A los 24 años Lauren Wasser tenía la vida resuelta. Medía 1.60 metros, era hija de dos modelos, tenía pelo rubio, ojos azules y una estructura ósea semejante a la de Lara Stone. Renunció a una beca completa para jugar baloncesto en una de las escuelas para atletas con más prestigio en Estados Unidos y se dedicó al modelaje, una trayectoria que empezó a sus dos meses de edad cuando apareció en la revista Vogue de Italia junto a su madre. En su tiempo libre, tomaba clases de improvisación, jugaba baloncesto y diariamente recorría cuarenta y ocho kilómetros en bicicleta. Tenía un apartamento en Santa Mónica, California, y era un diamante del jet set de Los Ángeles.

"Todo estaba basado en las apariencias", dice. "Yo era esa chica que llamaba la atención de todos, y ni siquiera lo sabía". Lauren tenía numerosos amigos. De hecho, cuando estos se reunieron en la clínica St. John's para despedirla, la fila le daba la vuelta al hospital.

Todo comenzó en octubre 3 de 2012. Lauren dijo que se sentía un poco apagada, como si le estuviera comenzando una gripa. También tenía el periodo, así que corrió a la tienda de la esquina para comprar más de los mismos tampones de siempre, Kotex Natural Balance. El recado parecía completamente ajeno al vago malestar que comenzaba a permear su cuerpo. Después de todo, Lauren ya llevaba 11 años de su vida lidiando con su periodo y, en este punto, Kotex era simplemente parte del ritual.

Como en la mayoría de los casos, fue su mamá quien le enseñó todo sobre los tampones, cuando tenía 13 años. Le mostró cómo se usaba el aplicador y le advirtió que debía cambiarse el tampón cada tres o cuatro horas. Las reglas eran simples y, como le ocurre a todas las mujeres, estas se convirtieron en una rutina inconsciente. Por eso, Lauren afirma que ese día reemplazó su tampón en la mañana, la tarde y la noche.

En la noche del 3 de octubre, Lauren decidió pasarse por la Avenida Melrose a saludar a una amiga que cumplía años. "Traté de actuar normal", dice, aunque en realidad se tambaleaba por mantenerse recta. "Todo el mundo me decía que me veía terrible". Por eso decidió dirigirse a su casa en Santa Monica, se quitó la ropa y se quedó profunda. Todo lo que quería hacer era pernoctar.

Lo siguiente que recuerda es haber sido despertada por su Cocker Spaniel ciego, que ladraba agresivamente. Alguien gritaba desde la puerta del apartamento: "¡Policía! ¡Policía!". Lauren se arrastró hasta la puerta y un policía entró para inspeccionar el lugar. La mamá de Lauren, que recién salía de una operación, estaba preocupada por la falta de comunicación de su hija.

"No había podido sacar a mi perro, así que había popó y pipí por todas partes", dice. No sabe cuánto tiempo estuvo en cama y no puede recordar si era de día o de noche. El policía echó un vistazo y le dijo que llamara a su madre. Después se fue.

Lauren logró alimentar a su perro con algunas zanahorias que quedaban en la nevera y luego llamó a su mamá, que le preguntó si necesitaba una ambulancia. "Pero estaba tan enferma que ni siquiera pude tomar la decisión por mí misma", cuenta Lauren. "Le dije que quería volver a la cama y que la llamaría en la mañana". "Esto es lo último que recuerdo". Al día siguiente, su mamá mandó a un amigo de Lauren a visitarla junto con un policía. La encontraron bocabajo sobre el piso de su cuarto.

Lauren fue llevada de urgencias al Hospital St. Johns con fiebre de 41 ° y a diez minutos de la muerte. Sus órganos internos se estaban apagando y estaba teniendo un paro cardíaco. Los doctores no podían estabilizarla y nadie tenía ni idea qué estaba pasando. La situación cambió de rumbo cuando llamaron a un infectólogo, quien preguntó de inmediato: "¿Está usando un tampón?". Así era. Se lo sacaron y lo mandaron al laboratorio. La prueba salió positiva para síndrome de Choque Tóxico [TSS, por sus siglas en inglés].

Photo by Flickr user Brad Cerenzia

El TSS, como se conoce desde 1978, es básicamente una complicación por la presencia infecciones bacterianas, que normalmente incluyen estafilococos ( o Staphylococcus aureus). No es sólo una condición femenina, pero se ha comprobado, con una serie de investigaciones sobre muertes en los 80, que existe una relación entre el TSS y el uso de tampones. Un tampón por sí sólo no es capaz de producir un TSS, la persona ya debe ser portadora de la bacteria y esta debe estar activa en alguna parte de su cuerpo. Más o menos el 20 por ciento de la población entera carga con esta bacteria.

Tampones, y cosas parecidas, han sido usadas por mujeres para controlar su ciclo menstrual por siglos. Pero en los últimos 50 años, la composición de estos materiales ha cambiado considerablemente. En vez de ingredientes naturales, ahora el algodón y los materiales sintéticos (como el rayón y el plástico) son los más comunes en productores masivos de tampones, como Playtex, Tampax y Kotex. Estas fibras sintéticas, combinadas con la absorbencia del tampón, pueden crear el ambiente perfecto para que florezca el estafilococo. Cuando la productora industrial Proctor & Gamble lanzó por primera vez los tampones Rely extra absorbentes en los 80, se generó una tormenta entera de TSS que terminó en varias muertes. Según un estudio dirigido por el Yale Journal of Biology and Medicine, "la carboximetilcelulosa gelatinizada, presente en los tampones, actuó como un agar en una placa de Petri [recipiente de laboratorio] y creó un medio viscoso en el que la bacteria podía crecer".

Es el dolor más aplastante que jamás he sentido. No sé como sería posible describirlo.

En el hospital, los doctores le decían a la mamá de Lauren que rezara, y que preparara el ataúd. A Lauren le indujeron un coma. Las noticias de su hospitalización se filtraron por Facebook y muchos amigos, familiares y conocidos se reunieron fuera del hospital para darle el último adiós.

Lauren, por supuesto, no recuerda nada de esto. Ni "las plegarias por Lauren" en Facebook, ni sus amigos que salían nerviosos de su habitación. Tampoco recuerda que le tuvieron que cortar su hermoso pelo mono, opacado por tantos días de hospital. Lo que sí recuerda es haberse despertado desorientada, con 36 kilos de fluidos inyectados en su cuerpo y convencida de que era texana.

"Mi barriga era enorme. Tenía tubos por todas partes y no podía hablar", dice. Al lado de su cama, había un tubo negro lleno de toxinas que acababan de sacar de su torrente sanguíneo. Miró por la ventana y vio un montón de casitas blancas afuera, que su atontada mente asociaba con el suroeste. Su cuerpo estaba hinchado y se sentía completamente extraña. "Pensé que probablemente había tenido una sobredosis de comida", recuerda. "No tenía ni idea de lo que estaba pasando". A parte de lo desorientada que estaba, tenía una sensación de quemazón en las manos y en los pies que no paraba. La infección se había convertido en gangrena.

Tres años después, mientras me cuenta su historia en un café de Los Ángeles, Lauren todavía no tiene palabras para describir lo que sentía: "Es el dolor más aplastante que jamás he sentido. No sé cómo te lo pueda describir", dice. Por la gangrena, Lauren fue llevada a la Universidad de California (UCLA) para que recibiera Oxigenoterapia Hiperbárica. Allí fue puesta en una cámara a presión para que la sangre volviera a sus piernas.

Mientras que Lauren esperaba su tratamiento, hubo un momento en el que se quedó sola en su habitación. Había una cortina, y detrás de ella había una mujer hablando por teléfono. Lauren podía oír su conversación. La mujer estaba insistiendo en que algo era urgente y que algo tenía que pasar lo más pronto posible. Después dijo: "Tengo una joven de 24 años que va a necesitar una amputación de pierna derecha por debajo de la rodilla".

"Pensé, Dios mío, está hablando de mí", dice Lauren. "Voy a perder mi pierna".


Foto por Jennifer Rovero/ Camraface

Mientras Lauren estaba en el hospital, su mamá comenzó una demanda masiva contra Kimberly-Clark Corporation, la empresa productora y distribuidora de Kotex Natural Balance Tampons, y contra las tiendas Kroger y Ralph's, por distribuir este producto. La marca Kotex no es, necesariamente, más propensa al TSS que otras marcas. Simplemente, la demanda es contra esta marca porque es esa la que Lauren estaba usando. La familia Wasser pretende llamar la atención sobre el uso de materiales sintéticos en la industria de tampones en general. La queja insiste en que todos los acusados por su "negligencia, arbitrariedad, imprudencia y tortura son responsables de alguna manera de la hospitalización por TSS de Lauren". (Un vocero de Kimberly-Clark se negó a hacer su declaración sobre este artículo porque su compañía "no puede comentar sobre procesos legales que se estén llevando a cabo").

El abogado de Lauren, Hunter J. Shkolnik, está acostumbrado a verle el lado oscuro a los productos que la mayoría de la gente asume como inofensivos. Por ejemplo, una vez manejó un caso sobre un ingrediente en un jarabe de tos que producía infartos. "Me gustaría poder decir que este [ el caso de Lauren] me sorprendió. Pero no lo hizo", dice. "El tampón no ha sido modificado desde las primeras epidemias de TSS. Lo único que hicieron fue incluir en las contraindicaciones: 'Ah, sí... De pronto te puede dar un Choque Tóxico'. El material sigue siendo el mismo desde hace décadas". Para evitar la ira de la FDA [Administración norteamericana que regula drogas y alimentos], dice Shkolnik, las empresas ponen una simple advertencia en la caja. Se llama un "pase-express-para-salir-de-la-cárcel", afirma el abogado de Lauren.

Esta etiqueta ha sido obligatoria en todas las cajas de tampones desde los años 80. Pero Shkolnik argumenta que las advertencias en la caja de Lauren no eran lo suficientemente claras, especialmente en lo que se refiera al uso de tampones durante la noche. Esto es lo que decía: "Cambia tu tampón cada 4 - 8 horas, incluyendo la noche". La familia Weisser argumenta que esto es confuso porque "durante la noche" puede significar más de 8 horas, especialmente en mujeres jóvenes que pueden dormir hasta 10. "[Las compañías de tampones] deberían decirte: 'No dormir con el tampón puesto. Usa una toalla higiénica'", dice Shkolnik.

Por supuesto, la mayoría de las mujeres sabe que hay una advertencia del Síndrome de Choque Tóxico en las cajas de tampones y, sin embargo, esto no le dice nada. Esta advertencia suele decir:

El tampón se ha asociado al Síndrome de Choque Tóxico. TSS es una enfermedad rara, pero grave que puede causar la muerte. Lea y guarde la siguiente información. Usar por máximo ocho horas seguidas.

Shkolnik admite que esta advertencia de la FDA es la parte más difícil del caso. "Parte de nuestro trabajo es mostrarle al jurado que el tema no es la advertencia de la caja, sino el hecho de que hace 20 años existen materiales que podrían hacer los tampones más seguros, y las empresas han decidido no usarlos. Las compañías dicen que estos tampones son 'naturales', cuando en realidad están hechos con materiales artificiales que pueden ser peligrosos. Su publicidad hace que las mujeres jóvenes piensen: 'Ah, estos son los de algodón natural', cuando en realidad no existe nada natural, cuando no son de algodón porque si lo fueran no habría riesgo de TSS".

El Doctor Philip M. Tierno, profesor de microbiología y patología de la escuela de medicina de NYU, ha hecho varias investigaciones independientes sobre la relación entre tampones y choques tóxicos. Tierno está de acuerdo en que el algodón sería más seguro. "La mayoría de los tampones está hecha de rayón viscoso y algodón, y muchas veces sólo tiene rayón. Pero en los dos casos, estos tampones producen las condiciones óptimas, tanto físicas como químicas, para que se produzca la toxina TSST-1, si el Staphylococcus aureus ya está presente en las condiciones normales de la vagina", explica. "El Síndrome de Choque Tóxico puede producirse si la mujer no tiene los anticuerpos o las defensas suficientes para combatir la bacteria. Sin embargo, los ingredientes sintéticos del tampón son un problema. Si fueran cien por ciento de algodón, los tampones serían menos riesgosos, o tal vez no lo serían de ninguna manera".

Foto por Jennifer Rovero/ Camraface

En el hospital, a Lauren la pusieron en una horripilante situación: tuvo que firmar unos papeles en los que autorizaba la amputación de su pierna derecha de la rodilla para abajo. "Mis dos piernas se estaban empezando a momificar", dice. "Tenía que actuar rápido". El tobillo y el talón también habían sufrido daños importantes y los doctores pensaron en amputarle también su pierna izquierda. Pero Lauren luchó por que no pasara. "Lo vi como un chance 50/50", me dice. "Hicimos dos injertos de piel de bebé, los cuales milagrosamente y gracias a Dios salvaron mi pie. Hoy, no siento mis tobillos. Mi talón ya logró curarse completamente, pero es hipersensible y no tengo almoadilla ahí.

Como Lauren es todavía muy joven, su cuerpo está produciendo más calcio para contrarrestar el daño de su pie izquierdo. Paradójicamente, esto puede incrementarlo. "Camino en piedras, literalmente", me dice. Lauren tiene cirugías de control muy frecuentes y tres años después todavía está adolorida. Los doctores le advierten que es muy probable que necesite otra cirugía en la vida, cuando tenga aproximadamente 50 años.

Me tomó un tiempo darme cuenta de que todavía valía la pena, de que todavía era hermosa.

"Me quería matar cuando llegué a casa", me cuenta. "Yo era esta chica y de pronto no tengo una pierna, estoy en silla de ruedas, tengo medio pie y ni siquiera puedo caminar sola al baño. Cuando estoy en la cama, siento que no me puedo mover, siento que esas paredes son mi cárcel". Ocasionalmente, Lauren se levantaba de la cama por el comezón del síndrome del Miembro Fantasma [ante la ausencia de estímulos de entrada que corrijan el estado de un miembro amputado, un área en el cerebro genera por su cuenta las sensaciones que considera coherentes. El resultado es piquiña o dolor en el miembro que ya no está]. La única cosa que la mantuvo lejos del suicidio fue la imagen de su hermano, que en ese entonces tenía 14 años. "No quería que llegara a casa y se diera cuenta de que me rendí", confiesa.

Lauren dice que le tomó un largo tiempo acostumbrarse a su nueva identidad. "Lloraba un largo rato en la ducha, mientras que mi silla de ruedas me esperaba afuera", dice. "Esto te jode. Pasé toda una vida pensando que era una atleta o una mujer hermosa. Pero esto era una cuestión física de la que no tenía control. Me tomó un tiempo darme cuenta de que todavía valía la pena, de que todavía era hermosa".

Lauren recibió mucha ayuda de su novia fotógrafa, Jennifer Rovero, quien le tomó cientos de fotos mientras se recuperaba y convirtió el proceso en una suerte de terapia. Mientras que se toman fotos, Lauren y Jennifer tienen la costumbre de preguntarle a las niñas y adolescentes sobre el TSS. Les preguntan si les parece algo real y la mayoría dice que no.

Este año, Lauren quiere presentarse en el Congreso con la representante Carolyn Maloney. La congresista de Nueva York está tratando de aprobar el Acta Robin Danielson, nombrado así por una mujer que murió de TSS en 1988. El acta "establecería un programa de investigación sobre los riesgos que conlleva la presencia de dioxina, fibras sintéticas, fragancias químicas y otros componentes en los productos de higiene femenina". El programa ya ha sido negado nueve veces.

Para ser claros: lo que buscan Lauren, sus abogados y Maloney es la transparencia y no necesariamente la prohibición de usar tampones. Los tampones son convenientes y cuando se trata de controlar el periodo, usarlos tiene mucho sentido.

Pero hoy en día, Lauren no soporta ver comerciales de tampones con chicas jugando en las playas o deslizándose de un rodadero en shorts perfectamente blancos, porque no advierten sobre el TSS. "No puedo subirme a un rodadero, no quiero ponerme un vestido de baño, no puedo saltar al mar aunque quisiera", dice ella. "Este producto me jodió".

Lauren quiere que los tampones tengan advertencias grandes y claras sobre los riesgos potenciales, algo así como los cigarrillos. "Sabes que los cigarrillos te pueden matar, entonces cuando los compras es porque quisiste hacerlo", afirma. "Si hubiera tenido más información acerca del Síndrome de Choque Tóxico, nunca habría utilizado tampones". Desde entonces no los utiliza.

Photo by Jennifer Rovero/ Camraface

Lauren y su novia no toman fotos de la prótesis de su pierna, en vez de eso, se enfocan en su cara. Pero hoy, me mostraron fotos de su última sesión. En ellas, Lauren está parada y utiliza maquillaje oscuro en los ojos. Su prótesis calza unos tenis New Balance. Tiene la actitud de una modelo que juega baloncesto. Ya han pasado tres años desde su accidente tóxico en el hospital, la cámara hiperbárica, y del vendedor de prótesis que la visitaba en el hospital para que viera sus opciones, que para ella eran impensables. Actualmente se ríe sobre su situación y hasta habla de su prótesis como su "pequeña pierna" y su "pequeño pie".

Le pregunté si seguía jugando baloncesto y si pensaba que su vida se dividía en un antes y después, si había partes de ella que atravesaban la barrera de lo que había pasado, o si le gustaría otro final para esta historia. "Si tienes un juego, lo juegas hasta el final", me responde.

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