Intenté disfrutar del sexo anal por primera vez

El sexo anal nunca me ha gustado, pero conozco a montones de personas que les encanta. Intenté descubrir por qué.

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28 Julio 2017, 9:01pm

Foto cortesía de la autora

Este artículo fue publicado originalmente en Broadley*

Tengo la sensación de que a todas las mujeres les encanta la estimulación anal. Quizá me viene porque a mí no (me encanta la estimulación anal) y en este tipo de narrativa me considero una perdedora. Naturalmente, las mujeres obsesionadas con el sexo anal que me imagino también están más buenas, son más relajadas y han experimentado más que yo.

Para ser sincera, no odio el sexo anal porque es imposible odiar algo que no has probado (excepto el crossfit). Sin embargo, en general no suelo creerme que las mujeres, hetero o no, disfruten con los juegos por detrás: conforme proliferan los artículos sobre sexo anal, sobre butt plugs o tapones anales y sobre culos en general, me sorprendo a mí misma preguntándome, ¿En serio?

Ocasionalmente pregunto a la gente si a las mujeres con las que se han enrollado les gusta y la respuesta a menudo es sí. No necesariamente tiene que haber una loca penetración anal, pero las mujeres con las que se han acostado disfrutan con un dedo o una lengua ahí. ¡La sexualidad es un vasto y diverso caleidoscopio de preferencias! Tengo confirmación de que las mujeres lo desean aunque yo nunca lo haya deseado ni haya pensado siquiera en profundidad sobre el tema aparte de cuando vi ese episodio de comida de culo en Girls, que me dejó absolutamente loca.


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Aun así, para muchas de las mujeres con quienes hablé para este artículo, los culos son un duro tabú. Cuando pregunté a una mujer si alguna vez dejaba que su novio explorara su culo, me respondió, "¿Debería contestarte a este email mientras estoy en los juzgados esperando un juicio? Probablemente no, ¡pero allá voy!". Me dijo que nunca había querido tener nada dentro del culo, citando un montón de motivos personales: "(i) mi higiene, (ii) la higiene de la otra persona, (iii) la falta de recompensa física (entiendo que es diferente en el caso de los hombres, en cuyo nombre no puedo hablar ni hablaré), (iv) desviación del evento principal, en el que mi culo no tiene absolutamente nada que ver".

Otra mujer me dijo: "No me gusta el sexo anal y en realidad no sé si es porque me da la sensación de el hecho de que te guste es ceder ante el patriarcado o si es porque realmente no me gusta. Pero he odiado todas las cosas [relacionadas con el culo] que he probado". Y otra: "Varios hombres han intentado aventurarse ahí atrás en el pasado y yo literalmente no he obtenido nada de ello excepto incomodidad". Y otra más: "'Nada de sexo anal' es ahora mi precio de admisión si quieres tener sexo conmigo".

Mi versión favorita procedió de una amiga que constantemente está estreñida.

"Yo no practico juegos anales, sobre todo porque vivo constantemente estreñida y una vez, buscando en internet posibles curas, encontré una comunidad de personas que se insertaban el pulgar en el culo para estimular la defecación y después se volvieron dependientes de ello. Esa es la única manera que tienen ahora de hacer caca", me dijo. "Así que tengo la sensación de que podría provocar mis ganas de hacer popó, lo cual sería muy bueno viendo las cosas desde una perspectiva general, pero no en el momento ni el lugar adecuados, claramente. Me preocupa volverme dependiente de ello".

El tapón anal "Ditto"

Sin embargo, muchas mujeres con las que hablé disfrutan de la estimulación, ya sea durante el sexo anal o como complemento de la masturbación. "Cuando empecé a masturbarme en el instituto me metía un dedo en el culo", me contó una amiga. "Pero ahora con los vibradores te juro que soy demasiado vaga y tengo la sensación de que todas mis necesidades están cubiertas. Aunque he estado pensando en traer un tapón anal al dormitorio".

Yo, que nunca me quiero perder nada, deseaba darle una oportunidad. ¿Quizá podría entrar ocasionalmente por la puerta de atrás? Pedí un "Ditto", el tapón anal vibrador de la marca We-Vibe. Pero antes de introducírmelo, busqué el consejo de un sexólogo especializado en culos. El Dr. Ian Kerner estuvo más que feliz de charlar conmigo una bonita mañana de junio.

"La zona del ano está llena de terminaciones nerviosas que contribuyen al placer, de modo que no hay motivo por el que tu culo no debería formar parte de dicho placer", me dijo Kerner. "Los individuos y las parejas siempre están interesados en nuevas zonas de excitación y conexión, así que los juegos anales pueden suponer una poderosa adición para tu placer personal".


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El hecho de que los juegos anales sean en cierto modo tabú añade un elemento psicológicamente estimulante, según él.

"Es una zona en la que la gente normalmente no está muy experimentada, así que ser capaz de explorarlo por ti sola, pero especialmente con una pareja, introduce áreas de excitación, vulnerabilidad e intimidad que incrementan enormemente tu sensación de conexión sexual", dijo. "Es bueno empezar con un juguete como un tapón anal. Incluso si lo usas para su inserción parcial o completa, te aconsejaría que primero lo pruebes sola. Utiliza lubricante, empieza a fantasear y a masturbarte, disfrutando de la estimulación clitoriana o vaginal que más te guste. Llévate a un estado agradable y cálido de excitación".

Había estado hablando con él usando el altavoz del móvil en un rincón apartado del patio trasero de una cafetería y, al final de nuestra conversación, una mujer ―que estaba en el otro lado del café y había salido afuera después de que empezara mi conversación telefónica― se me acercó sonriendo y me dijo, "Necesitas unos auriculares. Es demasiado temprano por la mañana para masturbación y sexo anal". Me estaba echando la bronca por mis desviaciones sexuales ¡y yo ni siquiera sabía si tenía una desviación sexual! (Además, ¿te puedes creer que alguien piense que algún momento del día es demasiado temprano para la masturbación?).

Aquella noche, me llevé a un "estado cálido de excitación", siguiendo los consejos del Dr. Kerner. De hecho, utilicé el tapón vibrador como usaría cualquier otro vibrador, estimulando mi clítoris al principio. Vaya, qué vida la mía, pensé cuando empezaba a untar el aparato con lubricante. Lo llevé hasta mi parte trasera y lentamente lo introduje. La sensación era agradable porque la vibración siempre es agradable, pero no sentí ninguna excitación adicional. Lo introduje un poco más, finalmente entero, pero todo lo que sentí fue un agradable masaje. Imagino que si los juegos anales hubieran sido algo con lo que yo fantaseara, me habría sentido increíblemente excitada, pero como no es el caso, eso no pasó.

Sin embargo, no sentí dolor, de modo que, ¿era agradable? Me sentí cómoda, lo cual es mucho más de lo que esperaba. Tras cinco minutos ―un intento bastante bueno― lo apagué y me recompensé por ser tan aventurera con un sándwich que llevaba tres tipos diferentes de embutido.


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