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¡Agúzate!: Las canciones más brutales de '¡Que Viva la Música!'

¿De qué trataría la novela que inmortalizó a Andrés Caicedo si esta estuviera en mute?

por Sebastián Narváez Núñez
29 Octubre 2015, 3:28pm

Los grandes Héctor Lavoe y Andrés Caicedo.

“ Música que me conoces, música que me alientas, que me abanicas o me cobijas, el pacto está sellado. Yo soy tu difusión, la que abre las puertas e instala el paso, la que transmite por los valles la noticia de tu unión y tu anormal alegría, la mensajera de los pies ligeros, la que no descansa, la de misión terrible”.

Andrés Caicedo ¡Qué Viva La Música!

¿De qué trataría la novela que inmortalizó a Andrés Caicedo si esta estuviera en mute?

Pues bien, luego de leerla nuevamente después de unos cinco años, aprovechando el furor de la película homónima que, inspirada en la novela y con mejores expectativas que críticas se estrena hoy 29 de octubre en las salas de cine de Colombia, tendría que responder algo como: “pues de lo mismo que trataría el Chavo del 8 si en vez de vivir en un barril, nuestro gamincito favorito viviera en una casa”.

Para María del Carmen Huertas, la musa caicediana, la música es su casa luego de abandonar su hogar; es decir, básicamente su refugio espiritual, así como el de su generación: un manifiesto sobre lo que significa ser joven y vivir rápido para quemar en el proceso toda la mierda de la que se está rodeado. Y es que, maldita, el fuego de esta mona se atiza con una suculenta selección de rockcito de los Stones y se enciende con el golpe de Ray y Cruz (todo, por supuesto, aderezado por un coctel de psicotrópicos hasta bravo). Para ella, la música es como guía turística que le recorre el cuerpo desde la lágrima al son del blues, hasta las caderas inevitables con el azote de los cueros y la descarga de los vientos. La música es su revelación.

Así pues, damas y caballeros, agucen el oído, que este playlist, aunque no incluye las 99 canciones citadas en el libro de un melómano consumado como nuestro caleño favorito, es suficiente para meterse a fondo en el sonido bestial que dio forma a un imaginario único, tan fértil como trágico, pero sobre todo, tan bonito.

¡Qué viva la música!


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“Qué viva la música”
Ray Barretto


Esta joyita de canción hace parte del LP homónimo publicado en 1972 por el monstruo Ray Barretto a través de Fania Records, sello patronal. Sería tonto hacer un listado de las canciones de la novela de Caicedo sin incluir este temita de percusión furiosa, que invoca el fantasma de María del Carmen por ahí en la pista esquivando miradas y brillando baldosa.


“Moonlight Mile”
The Rolling Stones


A falta de Google Translate, esta mona tenía a Ricardito, El Miserable. La escena del libro es deliciosa: ella, tan monolingüe, necesitaba de un conocedor no sólo de otro idioma, sino de ese rockcito que le sonaba tan cercano a la existencia, y él, conocedor y políglota, fiel sirviente cuyo cometido era satisfacer a la que ni una miradita, ni un besito, sólo antojitos, le daba. ¿Quién sino él para susurrarle la traducción al oído? ¿Quién sino él para indicarle el doble sentido de las primeras líneas de la letra de Jagger? ¡Ay, Ricardito!

“The House Of The Rising Sun”
The Animals


Música ambiente para una caminata existencial, tema perfecto escogido por Caicedo para narrar un atardecer en medio de samanes y ceibas: “…. la queja de Eric Burdon comenzó como a tender un manto de sombra sobre las montañas que avanzó rápido, con límites en forma de cuadrado, dispensándonos, entonces, por primera vez en ese sábado, la sombra total”. La canción de The Animals sirve además para citar la versión en español de Los Speakers, y en el relato se mezcla de manera magistral con la letra de una ranchera antigua llamada “El jinete”, que dice: "Por la lejana montaña va caminando un jinete, anda solito en el mundo y va deseando la muerte".
“White Room”
Eric Clapton


María del Carmen, tan virgencita, se sorprendía con cada rasgueo desconocido de guitarra, con cada descubrimiento de esa música en inglés que no entendía. Tamaña sorpresa y tamaño amor que le inspiró el gringuito Leopoldo Brook que interpretaba en su guitarra “White Room” de Eric Clapton, con su banda Cream, y que no sólo le abrió los oídos y le sumó una canción más a su repertorio, sino que de paso le dieron ganas a la protagonista de «ampararlo, de abrirle trocha en este trópico bestial al que él, de voluntad, había venido». Ay.
“Ruby Tuesday”
Rolling Stones


Y si de enamorarse de intérpretes se trata, la rubia, ya un poco más adentrada y conocedora del rockcito ese que tanta curiosidad le despertaba, era amante y defensora de Brian Jones, el primer cadáver que dejó ese pacto con el diablo llamado Rolling Stones, ese mono a quien ella misma le atribuye todo el éxito de la banda. “Ruby Tuesday” es esa canción con la que “la pelada del nortecito” lo recuerda. «Que no me vengan a decir a mí que Brian Jones murió de irresponsabilidad o flojera; ni siquiera de amor en vano. Las cosas no se dan así como así. Murió fue de desencanto».

“Here Comes The Sun”
The Beatles


Dice Sandro Romero, uno de los amigos más cercanos de Caicedo y heredero de su colección, que Andrés despreciaba a los Beatles, «como buen fan sesentero de los Rolling Stones»; sin embargo, se excusa en su protagonista al ponerla a caminar en gavilla por la avenida sexta de Cali a ritmo de canciones como “Here Comes The Sun”. Algo de respeto les debía tener el caleño, imposible si no.

“I Got The Blues”
The Rolling Stones


Es bien sabido hasta por los lectores más adolescentes que María del Carmen era una pelada bien del nortecito, proveniente de casita burguesa y lujos; la segunda que mejor bailaba pues siempre fue Mariángela la primera, pionera ella también en irse del norte y entregarse a la vida nocturna y la música a buen volumen. Maria del Carmen fue la segunda, sí, aunque heredó el trono luego de que Mariangela se suicidara tirándose del treceavo piso del edificio Telecom, llevando todas las de ganar contra el suelo. Y como muerte es, por lo general, tristeza, esta canción es el himno que acompañaba todo el día a la rubia en su lloriqueo: «me daba por llorar, aliviada porque la tristeza alivia y es rica».
“Play With Fire”
The Rolling Stones


“Play With Fire” habla básicamente de una chica que tiene la vida resuelta, tiene su chofer, sus diamantes y su mamá es heredera de una cuadra en Saint Johns Wood. Hasta ahí todo bien, la machera. Pero antes, en boca del diablo Jagger, una advertencia: “No juegues conmigo, porque juegas con candela”. Ojo, rubia.

“Jala Jala”
Richie Ray & Bobby Cruz


Más allá de la poderosa y siempre gozadora canción de Richie & Bobby que hace que la pista se llene a más no poder, el “Jala Jala” se convierte en una especie de muletilla para nuestra reina, que usa apartes de la canción en cualquier momento y frente a cualquier situación. La diva de Caicedo estaba inevitablemente atravesada, poseída, por esa música que recién descubría.


“Agúzate”
Richie Ray & Bobby Cruz


Lo más memorable de este hit es la detallada manera en la que Rubencito Paces (uno de los amoríos de Carmencita) “recuerda” ese momento de 1969 en el que Richie Ray y Bobby Cruz tocaron un inmenso concierto en la Feria de Cali, y él todo empepado y trabado no sabía qué parte de semejante descarga fue real y cuál producto de su loquera.
“Lo atara la arache”
Richie Ray & Bobby Cruz


Es necesario remitirse a esta señora canción fielmente reproducida sílaba por sílaba en la novela de Caicedo, contada desde la melodía, la improvisación vocal y el ambiente: un bus donde todos sus pasajeros eran negros, «una especie de ensoñación racista» dice la protagonista, una nube negra en la que, como si se tratara de un conjuro, tres radios sonaron al unísono el tema de Richie & Bobby, un paisaje intenso donde el tiempo parecía detenerse al ritmo de la letra sin sentido o tal vez alguna especie de metalenguaje que sólo entenderían las personas de color. Tremendo viaje (o mal viaje).
“Bella es la navidad”
Richie Ray & Bobby Cruz


Mientras leía a Caicedo me entró la curiosidad de saber cómo es que suena una salsa de 33 revoluciones por minuto acelerada a 45 rpm, esa misma que la protagonista define como «El 33 vuelto 45 es como si lo flagelaran a uno mientras baila, con esa necesidad de decirlo todo (...) Es apretujar esquelas de música, enrevesar pianos que habían arrancado en líneas directas, embutir a los bailadores en una tercera realidad, en donde cantantes machos han cambiado de sexo o son entes neutros». Así que tanto esta canción de Richie & Bobby, como “Micaela” de Pete Rodriguez, son delicia de antojo para el bailador desenfrenado e insatisfecho en la pista.
“Fuego en el 23”
Sonora Ponceña


Si todo en la vida es música, todo en la muerte debería serlo. La escogida muerte de la peladita bien del nortecito no podría tener final cualquiera o melodía al azar, sus últimas palabras en el escrito, luego de invitar a enrumbárse y derrumbarse, decían así: «Échale de todo a la olla que producirá la salsa de tu confusión. Ahora me doy, dejando un reguero de tinta sobre este manuscrito. Hay fuego en el 23».Y fuego no le iba a faltar a donde llegara, eso es seguro.

¡Larga vida Andrés!

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