Drogas

'Cáñamo', la icónica revista sobre marihuana, aterrizó por fin en Colombia

Hablé de yerba, censura y negocios con las cabezas detrás de la edición colombiana de la revista de cultura canábica más famosa de Hispanoamérica.

por Felipe Sánchez Villarreal; fotos por Mateo Rueda
18 Octubre 2017, 11:32pm

Foto: Mateo Rueda | VICE Colombia

Fue en un Olímpica, antes de pagar el pollo. Ahí la vi, camuflada detrás del abrazo roto de Vargas Lleras y Santos en una portada reciente de Semana. Ahí, asomada entre las Jet-Set, las tetas camufladas de alguna modelo en SoHo y el rosado corrosivo de las revistas . Al pie de la caja registradora, coqueta, una ilustración de una robusta planta de marihuana adornada con un listón de reina de belleza colombiana luchaba por entrar a mi carrito. "Cáñamo", se leía sobre ella en anchas letras rojas. Y en letras negras, más arriba, se me presentaba: "La revista de la cultura del cannabis".

El rumor de que habría una edición colombiana de la revista para marihuaneros más famosa de Hispanoamérica era viejo. En 2008, Moisés López, Jaime Prats y Joaquín Sierra, los socios fundadores de Cáñamo en España, se habían puesto en contacto con el abogado caleño Fernando José Henao para emprender su proyecto de expansión hacia Colombia. "En ese momento no lo logramos. Pero después tuvimos contacto con Sebastián Binfa, que era el director de Cáñamo en Chile, y decidimos traer Weeds como una punta de lanza para tener un medio de comunicación de la industria canábica en Colombia", cuenta Fernando.

Weeds empezó a imprimirse en Colombia en 2013. El periódico, una suerte de Publimetro marihuanero de la casa editorial Cáñamo, fue la primera publicación masiva sobre cultura canábica del país. "Lo distribuíamos de manera gratuita en lugares especializados y afines. En ese momento la cultura del canabis era como un Club de la pelea", comenta Fernando, entre risas. "Tú ibas dejando las publicaciones en determinados sitios y ahí iba llegando la gente a la que le interesaba".

Y el público copió: tanto en Chile como en Colombia, los tirajes de 10.000 ejemplares de cada número siguen circulando sin interrupción bimestralmente.

Carlos Zamudio, director de la edición colombiana de la revista 'Cáñamo'

Pero no era suficiente para ellos. Aun con Weeds en marcha, los directores de Cáñamo y el mismo Fernando no renunciaron al sueño de ver germinar la icónica revista española en los stands de supermercados y papelerías colombianas. Así, después de una serie de trámites que duraron casi un año, este mes imprimieron su primer número made in Colombia. Justo en el vigésimo aniversario de la publicación de la primera Cáñamo española.

—La revista se funda en 1997, a partir de una serie de miembros de estudios del canabis en Barcelona, la asociación Ramón Santos. A partir de allí, una serie de socios decidimos hacer una publicación tomando como referencia algunas que ya había en Alemania —me cuenta Moisés, uno de los socios fundadores—. Éramos una asociación sin ánimo de lucro. Lo que se propuso fue invitar a todos los socios, que aquel momento éramos 3.500, a que quien quisiera participar lo pudiera hacer. Así nació Cáñamo, con diecinueve participaciones. Este año cumplimos veinte años de esa primera revista.
—Al cabo de ocho años, conocimos un colectivo interesante en Santiago de Chile. A partir de este núcleo creamos la edición chilena, que lleva algo más de doce años. Con posterioridad, creamos la edición mexicana en 2015 —complementa Joaquín, el segundo socio—. Acá nos pusimos en contacto de nuevo con Fernando, que ya estaba editando Weeds y tomamos la decisión de lanzar la edición colombiana.

Moisés López y Joaquín Serra, socios fundadores de 'Cáñamo' en España

Su línea editorial es clara: hablar de cultura canábica en el mundo. Los contenidos, curados entre todos los editores de los cuatro países, intentan abarcar la mayor parte del espectro de posibilidades informativas y narrativas en torno a la marihuana. Hay crónicas sobre cultivos, consejos prácticos para tratar las semillas, recetas para hacer comida que trabe, noticias sobre políticas y leyes en torno a la marihuana, perfiles de personajes relevantes en la industria e infografías para el cuidado de las matas. En el número colombiano incluso hay un satírico cómic en el que un "emprendedor norteamericano" charla con un pequeño cultivador de weed y lo quiere convencer de convertir su cultivo en una megaindustria.

Cáñamo es un proyecto de normalización del canabis —sentencia Moisés—. Cuando salió el número uno en España, no salió a la calle hasta que tuviéramos una distribución exactamente igual que la que tenía una revista como Rockdelux, o cualquier revista de coches, de música. Queríamos estar al lado, por igual, que revistas que hablan de cualquier otro tema.
—Eso normaliza, y eso es lo que hemos conseguido ahora en Colombia —refuerza Joaquín—. Acá ese proceso de normalización de la marihuana se ve en que puedas encontrar la revista en los puntos de venta más populares, al lado de revistas de moda, de política, de salud.

Y sí, este primer número colombiano no fue la excepción a ese proyecto. Distribuida por la misma gente de El Espectador, su portada con una mata de marihuana se exhibe en todas las grandes superficies: Olímpica, Carulla, Éxito, Panamericana, Librería Nacional. "Solo para adultos", a 12.500 pesos.

Fernando José Henao, coordinador de la edición colombiana de 'Cáñamo'

—Queremos ser un canal vinculante para todas las voces en torno al canabis. Pero no solo eso: nuestra revista también habla de otras drogas, de prevención de riesgos. La gente más conservadora primero se asombra. Pero luego ves que alguien está mercando con la mamá, pillan Cáñamo y la meten de una al carrito. Ya no meten yogures sino la revista —comenta Fernando, cagado de la risa.
—Eso gusta mucho, que está en todos lados —responde Carlos Ariza, el director de Cáñamo en Colombia—. Está en lugares donde uno no pensaría, allí, de frente.
—Y ahí el hijo puede compartirle cositas a la mamá. Ve, mira esta revista que me encontré o Hey, mira este artículo para tratar con bareta la esquizofrenia de mi primo —continúa, en broma, Fernando—. Eso ayuda a que se reivindique que se puede consumir canabis y ser funcional. Ahí ya no van a ser las ovejas negras de la familia, solo las ovejas verdes.

A pesar de esos intentos de normalizar e informar sobre marihuana, de empoderar ovejas verdes desde una perspectiva seria y rigurosa, los de Cáñamo han tenido varios obstáculos desde su fundación. El primero fue en Venezuela.

Carlos Zamudio y Fernando Henao

—Cuando mandamos una exportación a Venezuela, nos la quemaron. Mandamos los ejemplares sobrantes del número uno y el número dos en el 98 y le prendieron fuego —recuerda Moisés—. Y como llegaron a distribuirse algunas, recibimos llamadas de gente venezolana desesperada, familias que querían encarcelar o meter en un manicomio a sus hijos porque habían consumido marihuana y "no tenían remedios". Eran llamadas de auxilio, no sabíamos cómo reaccionar. Ahí pensamos: si esto va a ser así, mejor echémonos para atrás.
—Es que esa es una campaña de desinformación que lleva más de cien años —apunta Carlos—. Cien años lavándole a la gente la cabeza, diciéndoles que el canabis es un veneno, que es malo, que te va a volver loco. Pero ha estado ahí desde el principio de nuestra historia. Queremos reversarlo a punta de información coherente.

Pero no se echaron atrás, ni por las advertencias ni por los prejuicios conservadores. Ni siquiera en México, cuando este año el Gobierno comenzó a ponerle trabas a su circulación. "En México las revistas necesitan un certificado de licitud para estar en la calle, y ese certificado nos ha sido denegado sobre unas bases rarísimas", dice Joaquín. "Sus argumentos son que estamos conduciendo al vicio a la juventud. El caso no está resuelto, pero hasta que no haya una sentencia, la revista seguirá circulando. Es un caso muy peculiar de un país en que la libertad de expresión no se puede ejercer tan fácilmente".

Aun con esos precedentes, no tienen miedo de que su revista esté en las calles colombianas. El país, dicen, tiene ya las condiciones (culturales, jurídicas e, incluso, políticas) suficientes para que Cáñamo crezca con vigor. "El bien germina ya", declara irónicamente el listón que reviste la mata de su portada, teñido con los colores de la bandera de Colombia. Y sí: ver en los supermercados del país una publicación dedicada enteramente a hablar de marihuana es, hay que decirlo, un síntoma de que algo está pasando aquí.

De derecha a izquierda: ediciones de 'Cáñamo' en México, España, Chile y Colombia

—Todo eso está cambiando, no solamente por los usuarios libres sino también por las mamás. Muchas mamás quieren aprender a cultivar, quieren usar tratamientos a partir de marihuana, medicina artesanal o extracciones —dice Carlos— También hay empresas que están naciendo y se soportan en el comercio de marihuana. Eso es de mucho beneficio para la revista, porque también son nuestros posibles financiadores.
—Sí, la financiación no ha sido tan difícil porque Cáñamo ha crecido a la par que el sector del canabis —cuenta Fernando— Somos como hijos del mismo sector.
—Hijos no, abuelos —corrige, riendo, Moisés.
—Más bien abuelos —copia Fernando— La sinergia de las empresas del sector canábico y nuestra revista se ha dado de manera natural. Es un diálogo transversal con todos los renglones de la industria canábica. Muchas veces el tabú viene de la desinformación, no porque la planta en sí sea mala. Nuestra labor es combatir eso.

Además de la revista, la gente de Cáñamo está metida en la organización de ferias, convenciones y encuentros sobre marihuana en el mundo. Fernando lidera también la Copa Canábica que se llevará a cabo en Cali el mes que viene. En últimas, ese es su objetivo: que la marihuana salga de los parques oscuros y los pipazos en festivales, que sea una opción de consumo sin prejuicios, y que la gente pueda cultivar (y pegarlo) sin que la miren con cara de culo. Por su difusión, parece que lo están logrando.


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