VICE presenta: Diez testimonios de mujeres acosadas en las aulas colombianas

Durante meses llegaron a nuestro correo historias de mujeres que sufrieron de acoso sexual universitario. Acá los tienen.

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18 octubre 2017, 12:48am

Montaje: VICE Colombia. 

Imaginen una sala llena de mujeres y que en ella alguien pregunta si alguna ha sido víctima de agresión sexual: ¿cuántas levantarían la mano?

Algo así sucedió este fin de semana con la actriz Alyssa Milano y su hashtag de #MeToo o #Yo También, otra campaña para visibilizar la violencia sexual en contra de las mujeres. A través de su cuenta en Twitter, la actriz invitó a las mujeres a que, si en algún momento habían sido víctimas de acoso o agresiones sexuales, respondieran con ese hashtag.

La respuesta fue inmediata, y se esparció como pólvora alrededor del mundo. No solo usando el numeral, sino contando el testimonio de su agresión, más de 61,000 mujeres han respondido a la publicación de la actriz hasta la fecha, y la cifra no parece detenerse ahí.

Miles de mujeres colombianas también se han unido a la campaña, contando sus testimonios. Es por esto que el día de hoy nos unimos a la campaña con diez testimonios de nueve mujeres que nos cuentan sus experiencias con el acoso y la agresión sexual en las aulas universitarias, uno de los lugares donde más se experimenta esta forma de violencia. Los testimonios se recopilaron durante nuestro especial sobre #AcosoEnLaU, una situación que se debe seguir visibilizando en el país.

Compartimos los testimonios de estas mujeres que se atrevieron a denunciar sus experiencias, esperando que la campaña salga de lo virtual y empece a hacernos más conscientes de estas dinámicas violentas en nuestra vida diaria.


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'Un profesor también intento pasarse conmigo a cambio de recibir ayuda'

"Antes de ingresar a la universidad me presenté a la carrera de Trabajo Social en 2012, pero no pasé. La mamá de un amigo supo esto y me dijo que iba a intermediar con un profesor amigo de ella, para ver si existía la posibilidad de que yo ingresara a esta carrera.

"Nos encontramos los tres en una cafetería de la universidad. Recuerdo que el profesor me tomaba de la mano por debajo de la mesa y ponía mi mano en su entrepierna. Yo, asustada, no supe qué hacer y él siguió haciéndolo, sin soltarme la mano. Cuando nos fuimos la mamá de mi amigo me pidió mi número celular. Yo se lo di.

"Al otro día el profesor me llamó muy temprano en la mañana a decirme cosas: "¿Cómo amaneciste? ¿Bonita? ¿Estás más bonita de lo que estabas ayer?". Después de eso, me siguió llamando todos los días, hasta que un día lo insulté y no volvió a llamarme.

"Solo hasta que entré a la carrera entendí que eso era acoso. Nunca conté lo sucedido. Hoy, que ya estoy terminando mi carrera, me entero de que este profesor aún se encuentra trabajando en la universidad como asesor de práctica".

'Yo también me sentí indefensa con un profesor estando en su oficina'

"Me sigue pasando con mi profesor de Historia. Cuando empecé semestre él se acercó a mí y fue muy amable porque soy nueva en la ciudad. Se ofreció a guiarme y me dijo que cualquier cosa que necesitara, podía contar con él.

"Me pareció un acto de buena fe. Pero con el tiempo me di cuenta de que al final de las clases siempre buscaba quedarse a solas conmigo para hablar de mi día, de mi vida privada. La semana pasada fui a su oficina a entregarle un trabajo para el que me dio plazo. Cuando se lo entregué, me dijo: 'este trabajo está muy bueno, pero no mejor que tú. ¿Qué haces hoy por la noche?'. Quedé asombrada, intenté responder como si fuera algo normal. Me invitó a salir y no acepté, con la excusa de que mis papás iban a venir este fin de semana. Ahora no sé qué pasará cuando lo vuelva a ver".

'A mí también me echaron de la universidad por el acoso sistemático de un profesor'


"Soy estudiante de Diseño Gráfico y desde inicios de 2016 me acosa uno de los profesores de la institución.

"Él me dictaba clase y me contactó por una red social. Un día me saludó, hablamos, y un par de horas después la conversación se volvió incómoda: empezó a hablarme de fetichismo, blogs eróticos y me proponía que intercambiáramos pornografía. Luego de eso me empezó a invitar a salir varias veces, yo siempre le dije que no.

"La esposa del profesor también me dictaba clase, pero yo nunca le conté nada. Y a pesar de que no tuve problema con ninguna de las dos materias, empecé a dejar de asistir a la clase del profesor. Tuve incluso que cambiar mi manera de vestir, pues uno de los fetiches de él son las medias veladas… Hasta me iba desarreglada a clase para que él no me notara y no me hiciera ningún comentario. Con el tiempo mis compañeros de clase se dieron cuenta, pero ninguno hizo nada.

"Al final de semestre ambos profesores fueron jurados de mi proyecto editorial. A pesar de eso él intento acercarse a mí varias veces, no le importaba que su esposa estuviera. La entrega era de traje formal, y después de mi presentación el profesor no perdió la oportunidad de escribirme por Facebook para decirme lo 'bonita' que me veía en medias veladas. Ignoré su mensaje, esperando que por fin se rindiera con su acoso.

"El segundo semestre de 2016 intenté a toda costa no inscribir materias con el profesor, pero no lo logré. Me sentía igual de incómoda viendo clases con él, seguía yendo igual de desarreglada y empecé a faltar a clase. Esta vez el acoso empezó a afectar mi desempeño en la clase, así que lo denuncié ante las directivas de la universidad.

"Pero era demasiado tarde. Una depresión inmensa se apoderó de mí, algo que ya me había sucedido antes, y dejé de ir no solo a las clases del profesor, sino a todas las clases. Una psicóloga intentó iniciar terapia conmigo, y me remitió a un psiquiatra para retomar el tratamiento que tenía antes. Ese semestre terminé perdiendo la mayoría de materias y aparte de eso la universidad nunca me notificó sobre las acciones que iban a tomar sobre el caso y el profesor.

"El pasado mes de agosto me enteré de un proceso legal en mi contra. El profesor me había denunciado por injuria y calumnia, y la universidad me avisó de esto ocho días después de expulsarme por 'faltas graves', explicándome que había causado la supuesta difamación, cuando ni siquiera había sido yo. Tuve tres días para responder a la expulsión. Hice una carta de apelación, y la universidad no me ha respondido nada".


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'Yo también recibí, sin pedirlas, fotos de mi profesor desnudo'


"Fue en 2012, en la Facultad de Ingeniería Civil. Un profesor comenzó enviándome una solicitud de amistad a Facebook. Desde el inicio leí su mala intención: era joven, demasiado amable y se ganaba la confianza de todos nosotros muy fácil. Cada vez que me veía conectada me hablaba, me preguntaba si tenía novio. Luego me invitó a una salida de campo.

A mí me dio mala espina. Me alejé y luego lo bloqueé. Él me pedía que eliminara las conversaciones de Facebook pero yo nunca lo hice. Un día le conté a un amigo y él fue a enfrentar al profesor, a decirle que yo no estaba sola. Empecé a evitar inscribir materias con él, pero se empezó a fijar en mis amigos: cualquiera que viera clase con él y se hablara conmigo, lo corchaba.

Con el tiempo salió el famoso Whatsapp, y empezó a mandarme fotos desnudo por ahí, y a pedirme lo mismo. Siempre me pedía que fuéramos novios, que él no tenía a nadie, pero eso no era lo que decían en los pasillos. Supuestamente él salía con varias alumnas y las llevaba de salida de campo.

"No terminé la carrera allá, pero el profesor todavía me llama cuando se acaban los semestres para invitar a tomarnos algo".

'A mí también me cogió la cola un profesor en la universidad'

"Hace un par de años era deportista de la universidad. Semanalmente pasaba bastantes horas en el gimnasio y la cancha, espacios que compartimos toda la comunidad universitaria. Iba regularmente al gimnasio, los jueves, siempre junto a mi entrenador. Con el tiempo un entrenador de otro equipo empezó a observarme y a intentar entablar conversaciones conmigo; a mí me generaba desconfianza, y procuraba estar cerca de mi entrenador y mi equipo.

"Un día estaba en el gimnasio calentando en las bicicletas estáticas mientras esperaba a mi entrenador. Sin ninguna razón llegó el entrenador acosador a saludarme de beso, aprovechándose de que estaba sola, y me beso "sin querer". Me bajé de la bicicleta muy asustada y me fui al baño de mujeres, llamé a mi entrenador y le dije que estaba en el baño, que me avisara cuando llegara.

"Cuando llegó empecé a llorar, le conté lo sucedido y me dijo que iba a hablar con el jefe de entrenadores. Al otro día me comentó que había contado lo sucedido y le dijeron que iban a vigilar al entrenador en cuestión.

"Unas semanas después de lo sucedido, me encontré al entrenador acosador bajando las escaleras de la cancha. Intenté evitar que cruzáramos caminos, pero era imposible. Justo cuando pasé al lado de él, extendió su mano y agarró mi cola los pocos segundos que pudo.

"Corrí hasta abajo donde estaban mis amigos. A pesar de todo, nunca tuve el valor para denunciarlo o decirle algo. Hoy en día él sigue siendo entrenador en la universidad. Yo ya no entreno, pero cuando lo veo en cualquier otro lado del campus procuro ir en otra dirección antes de que él me vea".

'Yo también fui agredida sexualmente usando el arte como excusa'

"En otra ocasión fui acosada por un profesor de mi facultad, fuera de las aulas. Estudio arte y él era profesor mío. En varias ocasiones he posado desnuda para algunos compañeros de clase y artistas que necesitan una modelo en sus trabajos, es una práctica normal. Para nosotros no hay nada de sexual en ver a una persona desnuda haciendo escorzos mientras dibujamos.

"El profesor acosador era una persona de confianza. Ya había visto clases con él durante un semestre y nunca pareció ser agresivo o abusador con nadie. Durante las vacaciones el profesor me escribió preguntándome si quería posar para él. No vi nada extraño en la propuesta y acepté. Su taller es en su apartamento, así que allá llegué, muy tranquila como lo había hecho para otros compañeros. Después de dibujarme unos 45 minutos se levantó y me dijo que quería comentarme sobre un proyecto, mostrándome algunos dibujos: eran dibujos de vaginas, dibujadas como una mezcla de los genitales femeninos y una flor cala.

"Quedé encantada con los dibujos, y él me preguntó si accedería a posar con las piernas abiertas para que él pudiese verme y así retratarme dentro de esta serie. Acepté, me acomodé de manera que no me cansara y en ese momento me puse muy nerviosa, pues nunca había posado de esa manera. Saqué mi celular y empecé a ver mis redes sociales para distraer mis nervios.

"De un momento a otro, el profesor mandó mi cara hacia mí y alcanzó a lamer mi vagina. Yo enseguida cerré las piernas, estaba muy nerviosa y no quise ni hablar. Él empezó a disculparse, diciendo que me veía tan linda que no se pudo contener. Yo simplemente me puse mi ropa y me fui. El tipo se volvió a disculpar por Facebook y al empezar el semestre me abordó en la universidad para pedirme disculpas nuevamente. Yo solo le decía que se olvidara de todo y huía. Duré muchos días odiando ir al baño, bañarme, o sentir mi vagina rozar con mi ropa interior. Hoy en día no puedo disimular que lo odio cada vez que me lo cruzo en un pasillo de la facultad, sin embargo nunca puse una queja formal en ninguna institución".

'A mí también me acosó un profesor raro'

"Cuando era estudiante de comunicación social me tocó soportar el acoso de un profesor que traspasa los límites de lo extraño. El personaje me pedía salir a tomar algo y si le decía que no, se desesperaba y me bloqueaba, luego me desbloqueaba para decirme que lo sentía. También me pedía fotos de mis cejas. Fue rarísimo".

'Yo también fui acosada en la universidad y nunca denuncié'

"Yo ya tengo treinta años y esto fue en segundo semestre de universidad, hace mucho tiempo, pero nunca denuncié el caso. Para contextualizar: yo mido 1,50 metros y en esa época solo pesaba 42 kilos. Un día le pedí a un profesor una explicación para un proyecto final y el man me puso cita en un salón. Yo llegué a la cita muy inocente a explicarle el proyecto, mientras lo único que él hacía era mirarme lascivamente. Después de toda la explicación le pregunté '¿Qué opina, profe?', y me respondió lleno de morbo: '¿Sabe qué opino? Que yo me la quiero comer para saber qué se siente tirar con una niña de ocho años'. Se cagó de la risa y no me dijo nada de lo del proyecto. Me imagino que el hijueputa solo quería una oportunidad para decírmelo a ver yo qué hacía.

"Yo nunca denuncié esto y seguí yendo a su clase, haciéndome la marica. Pero otras compañeras sí lo denunciaron, la universidad tomó cartas en el asunto y lo terminaron echando. Muchos hombres se quejaron del despido, alegando que él era un muy buen profesor. Bueno, pero también era un acosador y un misógino".

'Yo también fui agredida sexualmente por mi manera de ser'

"Soy estudiante de biología. En primer semestre mi compañero de química general confundió mi desparpajo al hablar de sexo y mi humor sin filtro con lo que, él pensó, era un deseo sexual hacia él. Una mañana en la sala de balanzas analíticas, mientras pesaba un compuesto inorgánico, el tipo se acercó hacia mí por la espalda y, aprovechando que estábamos solos, me sostuvo con fuerza y rozó su pene contra mí. Le dije que no un par de veces pero hasta que no le dejé claro el asco que me daba no me dejó tranquila. No supe qué hacer, simplemente me sentí pasmada.
He tenido que ir a salidas de campo con él en los últimos meses y la incomodidad siempre está presente. Simplemente no hallo qué hacer al respecto, ya que eso sucedió hace más de un año".

'Yo también decliné invitaciones por parte de mi profesor'

"Tenía 18 años y estaba de vacaciones luego de mi primer semestre. Un día recibí una llamada en mi casa, de un profesor que me dio clase ese semestre. Un tipo casi de 40. Yo en ese entonces ni siquiera sabía que era un beso con lengua y pensé que él me llamaba para algún tema relacionado con la universidad pero resulta que no… El profesor me estaba llamando para invitarme a salir. Me imaginé a este tipo pidiendo en admisiones el teléfono de mi casa para despertarme en vacaciones y ensayando todo lo que me iba a decir.

"Luego de una larga conversación, en la que trataba de explicarle que no quería salir con él porque era muy mayor y además mi profesor, se puso furioso y me gritaba por teléfono: '¡¿Pero por qué no quieres?!'.

"Me asusté mucho, le colgué, y en el segundo semestre me volví una niña llena de pánico, que se escondía de ese señor en la universidad todos los días. Cada que pasaba cerca de él, mis amigas me decían que el profesor me miraba la cola de la forma más desgraciada. Un día me hice en el último computador de una sala para que no me viera. La amiga con la que estaba se paró al baño, y al minuto él estaba sentado en esa silla. No lo miré ni lo hablé. Todo el rato el profesor habló solo mientras yo hacía como si no existiera, hasta que se cansó. Esa fue la última vez que lo vi en la universidad".

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