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Lecturas largas o lo que sea

Manrique, uno de los ejes del underground paisa, agoniza

Uno de los focos musicales más emblemáticos de Medellín está cambiando bruscamente y pone en riesgo su legado histórico.

por Juan Sebastián Barriga Ossa
01 Diciembre 2016, 1:30am

Fotos cortesía Tobías Arboleda.

Incrustada en el nororiente de Medellín desde los años 40, la comuna tres, mejor conocida como Manrique, se ha convertido en una de las zonas más emblemáticas de la ciudad. Más de 23 barrios forman este empinado territorio que ha sentido la historia de la urbe de una forma que, literalmente, ha hecho temblar sus andenes. En Manrique han nacido decenas de músicos, artistas y escritores emblemáticos. Pero al mismo tiempo, esta comuna ha visto correr litros de sangre por sus calles y ha sentido en cada esquina el horror de la guerra.

Desde sus inicios Manrique ha sido un barrio obrero, humilde y fiestero que le ha aportado mucho a la cultura musical de la ciudad y del país. Su artería principal es la carrera 45, que atraviesa todo el sector y por décadas ha sido el punto de encuentro y sociabilización de la comuna. Durante los años del tango y la milonga, este río de cemento era el lugar dónde había que estar. Aquí se encuentra la Casa Gardeliana, lugar emblemático del tango de medallo, creado en honor a Carlos Gardel quien murió en un accidente aéreo en las montañas de Medellín en el 35. También había varios lugares para tomarse un trago y escuchar tango, y por muchos años, los últimos viernes de cada mes, la calle se cerraba para darle paso a la Tangovía: un encuentro en el que la gente se reunía a escuchar música y bailar sobre la calzada, tan importante que incluso iban artistas extranjeros, celebridades y toda la cosa.

Pero este melancólico sonido de cabarets hecho con acordeones, nacido en Francia e inmortalizado en Buenos Aires, no es el único que recorre las calles de la comuna tres. Abanderados por la emisora Latinaestereo, los salseros también se tomaron parte de la vida rumbera de Manrique, de donde salieron grupos como el Conjunto Miramar o Tito Montoya y su Orquesta Pachanga. Pero los movimientos que más han marcado este territorio y toda la ciudad, sin duda, son el punk y el metal.

Junto con Castilla y Aranjuez, Manrique se convirtió en epicentro de la escena underground de los 80 y los 90. En estas calles se forjaron grupos como Masacre, Kraken, Siete, Frankie Ha Muerto, Nepentes y muchos más. Aquí quedaba ese recordado parqueadero de buses que se convertía en sala de conciertos por las noches y por donde pasaron todos los nombres clásicos del ultramental. El pavimento de esta comuna vio como cientos de punkeros crestones y metaleros mechudos se juntaban en combos y se tomaban las calles para hacer música. Aquí se rodó parte de Rodrigo D No Futuro e incluso existe un mito que cuenta que el primer disco de Metallica que sonó en Medellín, estaba en Manrique.

Este ambiente rockero surgió por dos razones. Uno es la pobreza y el abandono de la zona y el otro es la violencia que aterrorizó en la comuna durante años. La Terraza, el escuadrón de sicarios de elite de Pablo Escobar, tenía su cartel general en los barrios más altos de la zona. Los habitantes de Manrique estuvieron sometidos a toques de queda, tuvieron que esquivar balas y pasar noches escondidos debajo de sus camas durante el reinado de esta banda. Pero lo peor vino después de la muerte del el capo, cuando "Don Berna" y sus fuerzas paramilitares le declararon la guerra a La Terraza y la erradicaron a punta de plomo y bombas. 

Todo esto lanzó más de una generación a las calles decidida a combartir tanta precariedad a punta de música. "A pesar de la guerra teníamos que seguir. Nosotros hacíamos comparsas y fiestas para demostrar que la ciudad no solo era eso y que el arte era una herramienta vital para llegar al corazón de la gente. Así fue como combatimos sin combatir", dice Trucupey, músico de salsa de Manrique.

Muchas década barrio ha vivido entre ese contraste de ser un foco cultural vibrante y activo, que se ha alzado como un grito de resistencia, y el ser un centro de violencia y pobreza. Pero en los últimas años, las dinámicas de la comuna han cambiado. El paisaje ya no es el mismo y la inquieta creación cultural del sector ha menguado.

Gran parte de la culpa de este cambió la tiene el Metroplus. Después de un proceso de construcción muy demorado, en 2011 se inauguró este sistema de transporte sobre la carrera 45. La vía principal del barrio, el punto desde donde se bombeaba la cultura de Manrique fue transformada por completo. Según Juan Diego Álzate, del grupo de teatro Casa Clown, esto cambió las dinámicas de transporte de la gente del barrio. Los buses desaparecieron y la gente fue obligada a adoptar una formas más largas de movilización para entrar y salir de la comuna.

Además la demora en la finalización de la obra causó el cierre de muchos de los locales que estaban sobre esa vida, los cuales acabaron siendo reemplazados por lugares de reggaetón y electrónica. La vida nocturna cambió, la forma de andar por las calles también y mucha gente simplemente se fue para otros lados.

"El barrio ha vivido una transformación muy rápida y los espacios y sus habitantes se han alterado", comenta Tobías Arboleda, artista plástico de la comuna. Él también cuenta que antes de las obras mucha gente iba a parchar a Manrique, pero como moverse es más difícil, la gente simplemente ha dejado de ir.

Prácticamente el Metroplus mató a la 45, desplazó mucha gente a otras partes de la ciudad y convirtió a esta arteria en un foco de comercio y flujo de dinero, porque ahora todo el mundo está obligado a caminar hasta la avenida para coger el bus.

Pero también hubo un elemento oculto y oscuro que influyó en que la cultura, y sobre todo el rock, menguara en Manrique. Puede ser que la violencia de narcotráfico y el paramilitarismo haya disminuido, pero no desapareció porque existen bandas que son el rezago de estas. Grupos armados que ejercen un control silencioso sobre varias de las calles de Medellín y quienes imponen su voluntad a la fuerza.

Una fuente del barrio que prefirió el anonimato, comentó que hace unos años, algunas personas fueron amenazadas en las calles por gente armada. El periodista Juan Miguel Álvarez explica que: "En Medellín hay una obsesión por el orden y la asepsia, y eso se conjuga con la violencia del narcotráfico y el paramilitarismo quienes estaban muy de acuerdo con este modelo". Además comenta que estos nuevos grupos ejercen un control territorial estricto y todo lo que se salga de dicho control debe ser erradicado. Por eso el ver gente con pelo largo, vestida de negro que se toma la calle es una afrenta contra este control violento. 

Pero todo esto no significó que la gente dejó de crear, solo que se está viviendo un proceso de reinterpretación del espacio. "Quizá el reconociendo de ese nuevo espacio, generó que se le perdiera un poquito el sentido o que se le tuviera que cargar de un nuevo sentido del que todavía la gente no se ha apropiado del todo", opina Álzate. A pesar de eso, algo no se puede negar, Manrique ya no es el mismo

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