Cultura

La otra feria del libro

Bogotá es el escenario de otra feria del libro que no es la FILBO. Esta es la FLIA, una feria literaria alternativa en constante construcción.

Juan Pablo Gallón

Juan Pablo Gallón

Afiche de la quinta FLIA, que ocurrió el pasado 29 y 30 de marzo. Fotos por: Christina Gómez.

Instrucciones para publicar un libro:

1. Tenga una idea. Convénzase de que es buena. Asegúrese de que lo es al menos para usted.
2. Recolecte recuerdos, imágenes, momentos.
3. Busque en sus cajones y sus cuadernos los escritos que hizo un día desparchado, deprimido, bajo el viaje de algún tónico o sicotrópico.
4.Vuelva a escribir.
5. Revise su pieza. Entréguesela a su mamá para que se la lea o consulte estos dos recursos: Diccionario panhispánico de dudas o Fundéu.
(Nota: ya sabemos que lo suyo es el anarquismo, pero la ortografía es un acto de pura decencia, incluso para el punkero más podrido).
6. Imprímala.
7. Sáquele copia.
8. Regálesela o véndasela a sus amigos.
9. Repita este proceso y después llámese, con confianza a usted mismo, autor, editor, escritor.

Do it Yourself.
Hágalo usted mismo.

Esa es la consigna de una comunidad, de un parche horizontal instalado, por el momento en Bogotá, que desde 2010 ha decidido llevar a cabo la otra feria del libro.

Le decimos la otra no porque se oponga a la que acabó de finalizar, sino porque es diferente a la misma.

¿Cómo diferente?

Una se llama la FILBO donde las siglas condensan el nombre Feria Internacional del Libro de Bogotá, la otra, se conoce como la FLIA, Feria del Libro Independiente y Autogestiva, una letra A en su sigla que se puede cambiar, a su deseo, por alguno de los siguientes adjetivos:

Aguerrida.
Anárquica.
Amorosa.
Anti-sistema.
Anti-imperialista.
Autorregulada.
Abierta.
Alegre.

Manos mecánicas programadas. Jessica Espinoza (strajessesespinoza.blogspot.com)

Diferentes porque la primera va por su versión 27 y la segunda apenas por su quinta, porque la primera se hace en Corferias en un área gigantesca y la segunda ocurre donde se pueda, donde les presten el lugar o donde la lluvia de Bogotá no les empape los libros que con tanto esmero han hecho. Diferentes porque a la primera asistieron, en su última versión, 452.000 visitantes y se vendieron 22.000 millones de pesos, mientras que en la segunda, en su última versión, que ocurrió en marzo de este año, llegaron unas cuantas veinteneas de asistentes, 80 puestos de libros y unas ganancias que no alcanzan ni para pagar un arriendo.

Diferentes porque en la primera había libros de Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Mario Mendoza, Becca Fitzpatrick, Stephenie Meyer y Roncagliolo y en la segunda obras del Colectivo Sursystem, Andrew Bernal Trillos, Jessica Espinoza, Dilson Aguirre, Mateo Ramírez, chicos y chicas conocidos solo en nichos alternativos muy específicos o por sus respectivos padres de familia y parejas sentimentales, autores esmerados, editores comprometidos que publican sus ideas y relatos a través de editoriales con nombres como Chiquitico, Ediciones Carnicería Literaria o Katarina Kartonera.

Diferente no es mejor ni peor, diferente es eso simplemente... Diferente.

Página de El patrono. Una historia publicada en Sursystem 06,

¡La FLIA somos todos!

¡Siempre Libres!

Son estas algunas de las declaraciones, los tambores y arengas de la Feria del Libro Independiente y Autogestiva, una apuesta alternativa que nació en Buenos Aires en 2006 y que se ha regado por toda Latinoamérica como el sonido de una buena cumbia.

La cosa se pensó, sobre todo en Argentina, como un modo de enaltecer el trabajo independiente y cojonudo de cientos de escritores autoeditados y de editores que trabajaban de manera compartida al margen de la industria más mainstream y establecida, artistas, literatatos, simples bohemios con historias enredadas en la lengua que querían dar a conocer lo que hacían sin necesidad de tener que limpiarle la chaqueta, lustrarle las botas o lamerle el fundillo a las grandes casas editoriales que parecen decretar lo que se puede o no publicar, las que parecen fiscalizar lo que tiene derecho o no a ser presentado al público.

Muchos autores desperdigados por la ciudad vendiendo sus poemas o sus escritos entre cartulinas y hojas escritas a mano en medio de la calle o el transporte público se juntan, se organizan horizontalmente, sin jefes ni gerentes y crean la otra feria del libro en la capital Argentina. Un modelo que se vendría enredado a Bogotá en la maleta de un par de estudiantes de cine de la Universidad Nacional, quienes importarían el modelo, el espíritu y la actitud frentera de esta Feria del Libro Independiente y Autogestiva al país.

Libros y fanzines que hacen parte del archivo que se ha ido creando con los años de la FLIA en Colombia.

En 2010, personajes como Mateo Ramírez, Sonia Ro y otro combo importante comienzan a darle forma y figura, entre reuniones caseras y espacios de ocio en medio de clases universitarias, a la primera FLIA en Bogotá que ocurriría en abril de 2011, la cual se llevaría a cabo en una casa cultural en Teusaquillo, contaría con la presencia de 30 puesteros y lograría los fondos necesarios para arrancar de la misma manera en que muchos emprendimientos colombianos logran los primeros fondos para arrancar:

...Con una fiestica.

Un micrófono abierto para que cualquiera intervenga, lea y diga lo que le venga en gana, una serie de mesas en las que la gente presenta sus trabajos, y un escenario siempre dispuesto para que suenen las bandas de punk local, que han sido siempre compañeras de esta movida librera, son algunos de los elementos que componen el ADN de esta feria.

Una que definida a varias voces es: "resistencia y alternativa. Un colectivo de artistas y escritores de todos los caminos que se reúnen para crear un espacio cultural y alternativo abierto para todos. Invitamos a escritores, editores, editoriales independientes (de las que publican más por gusto y pasión que por números en un papel), artistas, organizaciones sociales, medios alternativos, artesanos y todo tipo de creadores para compartir y difundir sus trabajos y esfuerzos", tal y como se advierte en su página web.

Ilustración de Abisal, Azul Luna.

Espacio de encuentro y plataforma para la distribución independiente esta feria del libro se ha convertido en uno de los principales canales, al menos en la ciudad. para que todos aquellos autores a los que otras editorialeas más establecidas les han dicho "no, gracias", puedan publicar y presentar al público sus trabajos.

"La posición de la FLIA es mantenerse independiente tratando de que todo se haga a través del colectivo", dice Sonia Ro, describiendo el ánimo de autogestión de la feria, un ánimo que tiene tufillo a anarquismo, uno que como ella misma describe "no se entiende como una ausencia de reglas, sino como un acto de autorregulación".

Proactividad, ganas de hacer y de crear sin necesidad de que alguien ordene o diriga en eso se fundamenta la FLIA la cual "no tiene representantes y eso es algo que es importante que quede claro. Todos somos la FLIA y cualquiera podría hablar sobre la feria", dice Sonia Ro una de las autoras y editoras que ha estado desde el comienzo en el proyecto haciendo la salvedad de que ella puede dar su visión, pero dicha visión no engloba el pensamiento colectivo de la FLIA que como organización es un acto cultural colaborativo y supremamente horizontal.

Por su parte Andrew Brenal Trillos, otro de los autores y editores quien hace parte de ese grupo que gestiona la Feria se suma como una voz más diciendo: "La FLIA es una espacio para que la gente que crea y la que distribuye se encuentren. La feria crea el espacio, le da la oportunidad a las personas de que presentan su obra y finalmente el curador termina siendo el público".


A la izquierda: portada de Sursystem (música, globalización, mestizaje). A la derecha: el libro de Andrew Bernal Trillos, De Nuevo Esta Mujer.


La última versión de la feria, la número cinco, que tuvo lugar en Teusaquillo el pasado 29 y 30 de marzo, contó con la presencia de 80 puesteros, se tomó la calle e hizo un declaración de que la movida crece y se fortalece en la ciudad. Ahora están en la lucha para poner andar la sexta que, esperan ocurra en agosto o septiembre, una fecha variable pues siempre el destino de la feria depende de que encuentren un espacio para poder llevarla a cabo.

Teusaquillo, Chapinero, la Perseverancia, estos barrios son algunos de los que han sido epicentros y anfitriones de la FLIA en Bogotá, sin embargo, la feria busca dislocarse, expandirse y visitar otros espacios para facilitar con su presencia el acceso a los libros. En el panorama está la posibilidad de llevar la feria a lugares como Soacha, Fontibón y la plaza del 20 de Julio.

"La idea es que la feria llegue a donde los libros no están llegando", dice Sonia, quien advierte la posibilidad de que la FLIA con sus libros y su espíritu DIY puedan ofrecer a la población en general alternativas a los medios, las telenovelas y los periódicos; una opción distinta para acceder a libros que no necesariamente cuesten $20.000 o $50.000 pesos; así como una cierta bofetada educativa que dice: "que solito sí puede papito". Una bofetada un tanto necesaria en un país donde la gente se lee 1,9 libros al año y en donde el 30% de los hogares del país no tiene libros.




A la izquierda: En el Abras de Fernanda Castell. A la derecha: No se entiende nada, Diego Seoane, ediciones las desenladrilladores

Fernando Medina, un profesor universitario que colabora en la organización y producción de la feria asegura que la feria es un espacio "diverso en el que cada cual puede formarse su propio panteón fanzineroso o construir nuevas maneras de gestión cultural diferentes a las propuestas por modelos tradicionales cerrados y jerarquicos". Un espacio que invita o al menos levanta, con buena fe, preguntas como: ¿toda esa horizontalidad es beneficiosa para la calidad de lo que se publica? ¿Es provechoso en términos de contenido la idea de que no haya una curaduría?

Una inquietud que se responde de manera coherente a los cimientos y agendas propias de un emprendimiento como lo es la FLIA.

"La FLIA apoya el derecho a decir, a hablar y a plantear", advierte Sonia.

"Lamentablemente la curaduría implica un tipo de exclusión y la FLIA es incluyente, eso ha sido claro. Como organización, la FLIA, no puede decir qué está bien o mal, porque quién puede decir eso, quién puede ser juez y determinar que algo está funcionando o no ", advierte por su parte Andrew Bernal.

El ecosistema librero independiente se autorregula y comienza a colonizar espacios importantes dentro de la ciudad, los lectores, los autores y las editoriales.

Una avanzada desde la frontera que espera hacer mella en las dinámicas de consumo, producción y distribución de los libros, objetos análogos y digitales que en Colombia poco se leen, poco se escriben, poco llegan, poco se comparten.

Pueden conocer más sobre la FLIA, escribirles y conocer sus actividades en:
http://fliabogota.blogspot.com/
https://www.facebook.com/flia.bogota
fliabogota@gmail.com

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