COLOMBIA

Las campañas contra el acoso sexual universitario resisten al matoneo

Opinión // Desde que empezamos a trabajar, muchas personas se han sentido amenazadas por nuestros afiches y eventos.

por Sofia Diaz Echeverri
15 Febrero 2017, 11:43pm

Ilustración por Julia Kuo

Mucho antes de que VICE empezara a visibilizar el acoso universitario, varios grupos de estudiantes veníamos trabajando sobre el tema con una sola finalidad: obtener respuestas concretas por parte de las universidades. ¿Qué se puede hacer? ¿Cómo el acoso sexual —entre profesores y alumnas, entre pares, entre compañeros— puede ser visibilizado y tratado? 

En la Universidad de los Andes, que es donde yo estudio, el Grupo de Investigación en Derecho y Género (IDEGE), y algunas personas de otras facultades se habían movilizado en torno a esta problemática desde hace años, y hace poco más de dos años un grupo de estudiantes nos vinculamos a IDEGE y creamos la campaña No es Normal. 

Queríamos hacer pedagogía: recopilar testimonios y exponerlos, hacer presentaciones cortas, campañas alrededor de problemáticas específicas, conversatorios. Al poco tiempo creamos PACA (Pares de Acompañamiento Contra el Acoso), en donde brindamos asesoría y acompañamiento a las y los estudiantes que crean estar enfrentándose a una situación de acoso. 

Por supuesto, hay gente que se siente amenazada por nuestros afiches y eventos. 

Imagen vía No Es Normal U. Rosario.

Algunos creen que es impositivo el hecho de cuestionar ciertos comportamientos cotidianos (como el que se ve en el afiche): para algunos estas son conductas normales. Pues no. Las estudiantes, la mayoría al menos, no lo sentimos así y exigimos que esto sea visible para poder convivir en un ambiente seguro.

Nuestro objetivo en No es Normal es que antes de que usted haga el chiste sexista piense qué es lo que hay detrás de ese comentario que parece inofensivo (qué clase de estructura lo sustenta, cómo está usted viendo a quien se lo hace). Confiamos, de paso, para los que nos ven como los adalides de la destrucción del humor occidental, en que se puede hacer humor de calidad sin pasar por encima de alguien más, es sólo cuestión de proponérselo.

Un ejemplo, cortesía de la autora. 

Creemos que una clase vale la pena si —y solo si— las personas del salón que la ocupan se sienten cómodas. Y eso solo pasa, por citar un ejemplo de muchos, cuando el profesor deje de coquetearle a una estudiante. ¿No? ¿Es mucho lo que pedimos? ¿Exagerado? Pedir un mínimo de cambios en sus costumbres no significa que vayamos a arrebatarle la diversión en su vida: significa que estamos buscando que haya tranquilidad en la de muchas otras, las que están al lado suyo.

Pese a esto, las críticas a la campaña, principalmente a No es Normal, han sido constantes desde que arrancamos. Pero fue en 2014 cuando aparecieron los primeros contradictores que llevaron sus reproches más allá de los clásicos comentarios esporádicos de pasillo. Unas páginas en Facebook utilizaban nuestro logo y formato de los afiches para publicar contenido que era completamente opuesto a lo que defendíamos: El machismo no se va, Macho Cabrón, El espacio del Macho Opresor, y Pseudointelecutualoides, pseudointelectualoidaes Everywhere... Se unieron y encontraron su fortín en espacios oficiales en la universidad para publicar afiches y promover ese tipo de ideas.  

Mucho cuidado: estábamos en contra de eso. Ellos tenían derecho, al igual que nosotras, de pensar como quisieran. Ambos, de hecho, hacíamos lo mismo: publicaciones, afiches, en fin. El problema vino cuando estas páginas empezaron a usar nuestros logos para pervertir nuestro mensaje; que nuestros logos fueran acompañados de frases violentas; que no asistieran a espacios de debate cuando los invitábamos a hacerlo. 

Después de eso, en 2016, recibimos varios mensajes por parte de un estudiante de la universidad en los que se nos acusa de ser una "parranda de idiotas y resentidos (sic) de que les tocó vivir como mujeres, homosexuales y demás, entonces se la pasan maullando de cosas que no se sabe ni siquiera que son ciertos (sic)".

Nuestra respuesta siempre ha sido la misma: publicar un afiche en el que reaccionamos al contenido violento, invitar a las personas que nos atacan a un debate —casi siempre con poco o ningún éxito— y reunirnos a comentar lo sucedido. 

Pero ¿qué pasa con la gente que se siente atacada constantemente y está rodeada por personas que le dicen que nada malo está pasando, que exagera? ¿Cómo buscar sentirse más seguro si las personas más cercanas a uno repiten que lo que usted siente como insulto es sólo un chiste? ¿O que lo que sintió como violación fue solo una borrachera más? 

En No es Normal y PACA queremos que la gente sea consciente del poder de sus acciones y se responsabilice por ellas. Queremos que sepan que el chiste violento puede sentirse como un puño en la cara. También queremos que sepan esto: si reaccionan frente a lo que parece un chiste pueden estar quitándole un peso incalculable de encima a la persona que está en el salón. O a aquella que no ha acumulado la fuerza suficiente para reaccionar. O la que prefiere dejarlo pasar. 

Páginas como El machismo no se va, y comentarios como el del ejemplo anterior, no sólo atacan a ciertas personas, sino que se convierten en aliados de la violencia. En grupos como estos (por no nombrar otros más conocidos) no participan de manera activa muchas personas, pero sí hay suficientes seguidores que están recibiendo un mensaje de apoyo cuando deciden discriminar, violentar o acosar a alguien más. Es ahí donde los grupos como No es Normal o PACA cobran más relevancia. En PACA, por ejemplo, nos hemos reunido con personas que lo único que quieren  en ese momento es ser escuchadas, ya que  en los círculos que frecuentan les han dicho que lo que les pasó se lo buscaron, que era algo normal, o que era algo sin importancia.

PACA y No es Normal abre espacios fundamentales en la vida universitaria porque se convierten en generadores de redes de apoyo que permiten que se construyan círculos seguros dentro de un ambiente hostil para muchas personas. Lo que buscamos no es señalar a otros, callarlos o censurarlos por capricho. 

Nuestro verdadero propósito es generar una red que busque reflexionar frente a lo que decimos, que reaccione y que se oponga a cualquier tipo de violencia. Una red a la que queremos que no sólo se vinculen estudiantes sino que las directivas comprendan que están obligadas a formar parte de ella. 

Esto no es una pataleta de feministas, es una reacción solidaria a lo que muchas personas se enfrentan en su diario vivir.

* Sofía Díaz estudia derecho en la Universidad de los Andes y es miembro de PACA.